... Y Bullock resucitó...
Charleroi espera por segunda vez al Madrid, deseoso de ganar una Copa Uleb que ya se le escapó hace años. La cita es el martes 10 de abril.
El equipo de Joan Plaza se ha impuesto a los Unics Kazan con una contundencia asombrosa. Ya que en la idea hicieron gala del peor baloncesto visto en muchos años (y aún así sólo perdieron de siete puntos), la vuelta les ha devuelto la ilusión y, sobre todo, la confianza perdida. Felipe Reyes ha confirmado, por si a alguien le quedaba alguna duda, que es absolutamente imprescindible para el equipo y Sekulic ha conseguido hacerse un hueco nada desdeñable debajo del aro. Hervelle peleó como siempre, incansable. Bullock por fin despertó de su letargo de los últimos partidos y volvió a sus cifras habituales (hoy, 27 puntitos), para gran alegría de una afición que hizo retumbar Vistalegre.
Sin embargo, el revulsivo de un partido que comenzó lento fue Raúl López, que supo mantener un ritmo al que los rusos no pudieron acostumbrarse. A Charles Smith le pudo la ansiedad de meter puntos y se retiró con una actuación no demasiado buena. Tunceri, aún no recuperado del todo, hizo lo que pudo y dio asistencias muy valiosas. El gran desaparecido sigue siendo Marko Tomas, que últimamente anda algo descolgado del juego de sus compañeros.
En cuanto al equipo ruso, que realmente nunca llegó a brillar, sólo Darjus Lavrinovic se salva de la quema. Comenzaron peleando, conocedores de que tenían que defender sus siete puntos de ventaja, pero su juego se tornó pronto desordenado, inconstante. Cuando el Madrid alcanzó la ventaja que necesitaba desplegó todo su arsenal, comenzó a dominar, a sentirse cómodo en la pista y a disfrutar de su propio juego. Bullock encontró su poder perdido y asombró con alguna que otra canasta de manual baloncestístico. Felipe, más que asombrar, deslumbró con un juego potente, agresivo y, a la vez, seguro. El Madrid todavía se permitió flaquear en el último cuarto y el Unics Kazan creyó ver ciertas posibilidades de una épica remontada, posibilidades que pronto quedaron enterradas en una ventaja irremontable.
Con este panorama el Real Madrid viaja a Bélgica para enfrentarse con el Lietuvos Rytas, un equipo joven con ganas de ganar títulos pero cierta inexperiencia. La final promete ser vibrante y, pase lo que pase, al menos el Madrid ya tiene garantizada su participación en la próxima Uleb.
El equipo de Joan Plaza se ha impuesto a los Unics Kazan con una contundencia asombrosa. Ya que en la idea hicieron gala del peor baloncesto visto en muchos años (y aún así sólo perdieron de siete puntos), la vuelta les ha devuelto la ilusión y, sobre todo, la confianza perdida. Felipe Reyes ha confirmado, por si a alguien le quedaba alguna duda, que es absolutamente imprescindible para el equipo y Sekulic ha conseguido hacerse un hueco nada desdeñable debajo del aro. Hervelle peleó como siempre, incansable. Bullock por fin despertó de su letargo de los últimos partidos y volvió a sus cifras habituales (hoy, 27 puntitos), para gran alegría de una afición que hizo retumbar Vistalegre.
Sin embargo, el revulsivo de un partido que comenzó lento fue Raúl López, que supo mantener un ritmo al que los rusos no pudieron acostumbrarse. A Charles Smith le pudo la ansiedad de meter puntos y se retiró con una actuación no demasiado buena. Tunceri, aún no recuperado del todo, hizo lo que pudo y dio asistencias muy valiosas. El gran desaparecido sigue siendo Marko Tomas, que últimamente anda algo descolgado del juego de sus compañeros.
En cuanto al equipo ruso, que realmente nunca llegó a brillar, sólo Darjus Lavrinovic se salva de la quema. Comenzaron peleando, conocedores de que tenían que defender sus siete puntos de ventaja, pero su juego se tornó pronto desordenado, inconstante. Cuando el Madrid alcanzó la ventaja que necesitaba desplegó todo su arsenal, comenzó a dominar, a sentirse cómodo en la pista y a disfrutar de su propio juego. Bullock encontró su poder perdido y asombró con alguna que otra canasta de manual baloncestístico. Felipe, más que asombrar, deslumbró con un juego potente, agresivo y, a la vez, seguro. El Madrid todavía se permitió flaquear en el último cuarto y el Unics Kazan creyó ver ciertas posibilidades de una épica remontada, posibilidades que pronto quedaron enterradas en una ventaja irremontable.
Con este panorama el Real Madrid viaja a Bélgica para enfrentarse con el Lietuvos Rytas, un equipo joven con ganas de ganar títulos pero cierta inexperiencia. La final promete ser vibrante y, pase lo que pase, al menos el Madrid ya tiene garantizada su participación en la próxima Uleb.





