Fin de semana electoral
En un periódico las elecciones no duran un día, sino que cambian sus rutinas al menos un mes antes y seguirán proporcionando noticias al menos un mes después. Todo cambia y a mí me ha tocado vivirlo este año.
Por un lado está el agotamiento de trabajar más horas y la desorientación de hacerlo de manera distinta. Porque los cambios, aunque sean pequeños, se notan. Por otro lado está la emoción de ver cómo llegan los resultados, las expresiones de unos y otros, las consideraciones antes y después... y lo peor de todo es la larga espera hasta que se confirman todas las predicciones y todos los vuelcos de gobierno. Que no son cosas como para tomarse a broma. Es como un Madrid-Barça pero con mayor repercusión. Hagan sus apuestas...
Lo bueno (o lo malo, según se mire) es que todo el mundo trabajó este fin de semana. Más horas o menos, con mucho que hacer o sólo como colaboración, todos pasaron por la redacción para cumplir con sus obligaciones electorales, y no me refiero al voto. El ambientillo, aun teniendo en cuenta la tensión, era bueno. Y tuvieron el detalle (que bien lo podían hacer todos los sábados) de llevar bocadillos para cenar. Así que vi a gente que hacía semanas que no veía.
Y al fin, esta mañana, el periódico en la mano.
Por un lado está el agotamiento de trabajar más horas y la desorientación de hacerlo de manera distinta. Porque los cambios, aunque sean pequeños, se notan. Por otro lado está la emoción de ver cómo llegan los resultados, las expresiones de unos y otros, las consideraciones antes y después... y lo peor de todo es la larga espera hasta que se confirman todas las predicciones y todos los vuelcos de gobierno. Que no son cosas como para tomarse a broma. Es como un Madrid-Barça pero con mayor repercusión. Hagan sus apuestas...
Lo bueno (o lo malo, según se mire) es que todo el mundo trabajó este fin de semana. Más horas o menos, con mucho que hacer o sólo como colaboración, todos pasaron por la redacción para cumplir con sus obligaciones electorales, y no me refiero al voto. El ambientillo, aun teniendo en cuenta la tensión, era bueno. Y tuvieron el detalle (que bien lo podían hacer todos los sábados) de llevar bocadillos para cenar. Así que vi a gente que hacía semanas que no veía.
Y al fin, esta mañana, el periódico en la mano.





