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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Más sentido que sensibilidad
No suelen gustarme Los Clásicos (así, con mayúsculas). Pocas veces me he sentido enfervorizada leyendo uno de esos libros que tienen que estar junto a la cabecera de la cama. Los leo, reconozco su talento, sus virtudes y su importancia dentro del conjunto de la literatura universal... pero no me llegan al alma.

Comencé a leer hace unos días Sentido y sensibilidad, de Jane Austen. Me costó horrores pasan de la página 200, pero me tengo prometido a mí misma no dejar nunca ningún libro a medias porque nunca sabes qué va a llegar después (a veces me he arrepentido, pero ya es costumbre). Alrededor de la mitad del libro, cuando conseguí por fin reconocer a simple vista a los personajes, distinguir apellidos e hilar parentescos, empecé a cogerle el gustillo.

Poco a poco descubrí una novela bien construída y con unos referentes claros. Sentido y sensibilidad constituye, más que nada, un retrato de lo cotidiano, donde se mezclan pequeñas esperanzas y desencantos. Página tras página aprendí a querer a los personajes, a identificar sus fortalezas y debilidades y así llegué al final de la novela pudiendo comprender el leve balanceo, ni siquiera alternancia, entre el sentido común y la exacerbada sensibilidad de las protagonistas.

La obra muestra también un delicado, por intrincado, universo puramente femenino, donde poco se indaga sobre el carácter de los hombres, más allá de sus modales y su riqueza (excepto en el giro final de la trama). Se trata de un vivo retrato de los tejemanejes de una sociedad.

No obstante, no contaré este libro entre mis favoritos. No puedo achacar mi falta de identificación con la obra a la distancia histórica, pues he leído muchos otros libros donde sólo por curiosidad se sabe en qué año se desarrolla la trama. La clave del problema está en trasponer ciertos matices concretos a la universalidad de cualquier época. Según los entendidos, esta obra cumple a la perfección cualquier intento de extrapolar su crítica y fina ironía a la época actual, al igual que El Quijote sigue presente entre nosotros, vivito y coleando. Entiendo que esto sea cierto, pero no encuentro esta conexión tan fuerte como para merecer que relea un libro.

No