Inolvidable Seda
Acabo de leer Seda, de Alessandro Baricco (gracias Carmen y, por extensión, Julio).
Se trata de una novela que se lee en poca más de una hora pero deja una huella imborrable en la memoria. Su peculiar forma de narrar, con las frases cortas y las repeticiones, atrapa desde el inicio. Logra, con la más exquisita delicadeza, trasladar la emotividad de un instante a nuestra sensibilidad.
Como el autor aventura en la contraportada de mi edición, "Ésto no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia". Imagino que a lo largo de años y años nos suceden muchas anécdotas, pero sólo una Historia, la historia que recordaremos al final de nuestros días, por insignificante que pueda parecer, porque ha marcado el ritmo de nuestros sentimientos. Supongo que, al final de nuestra vida, sólo habrá una historia que deseemos poner por escrito, que merezca la pena contar. Quizá por ello Baricco dibuja a nuestro protagonista, Hervé Joncour, como alguien "que asiste a su propia vida y considera improcedente cualquier aspiración a vivirla". Joncour es un espectador de sí mismo, anodino, insulso y, sin embargo, capaz de experimentar la más grande historia de amor sin palabras. Nosotros, con él, asistimos a su insignificante gran historia y, desde ese momento, no podemos dejar de sentir cierta desazón interior, como si cada uno de nosotros, lectores, espectadores, vividores de sentimientos ajenos, también asistiéramos a nuestra propia existencia.
El gran logro de Seda es, sin duda, contar tanto con tan poco. En pocas líneas, trazadas con precisa maestría, viajamos, amamos, soñamos, añoramos, enriquecemos, lloramos y nos conformamos. Un vida concentrada en un rato de lectura, pero un rato, y una vida, tan intensos que se convierten en inolvidables.
Se trata de una novela que se lee en poca más de una hora pero deja una huella imborrable en la memoria. Su peculiar forma de narrar, con las frases cortas y las repeticiones, atrapa desde el inicio. Logra, con la más exquisita delicadeza, trasladar la emotividad de un instante a nuestra sensibilidad.
Como el autor aventura en la contraportada de mi edición, "Ésto no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia". Imagino que a lo largo de años y años nos suceden muchas anécdotas, pero sólo una Historia, la historia que recordaremos al final de nuestros días, por insignificante que pueda parecer, porque ha marcado el ritmo de nuestros sentimientos. Supongo que, al final de nuestra vida, sólo habrá una historia que deseemos poner por escrito, que merezca la pena contar. Quizá por ello Baricco dibuja a nuestro protagonista, Hervé Joncour, como alguien "que asiste a su propia vida y considera improcedente cualquier aspiración a vivirla". Joncour es un espectador de sí mismo, anodino, insulso y, sin embargo, capaz de experimentar la más grande historia de amor sin palabras. Nosotros, con él, asistimos a su insignificante gran historia y, desde ese momento, no podemos dejar de sentir cierta desazón interior, como si cada uno de nosotros, lectores, espectadores, vividores de sentimientos ajenos, también asistiéramos a nuestra propia existencia.
El gran logro de Seda es, sin duda, contar tanto con tan poco. En pocas líneas, trazadas con precisa maestría, viajamos, amamos, soñamos, añoramos, enriquecemos, lloramos y nos conformamos. Un vida concentrada en un rato de lectura, pero un rato, y una vida, tan intensos que se convierten en inolvidables.
Comentario:
Increible la forma de escribir de Baricco,¿verdad? Pues sigue con Océano Mar, te lo paso cuando lo termine. La palabra que lo define es Conmoción, su lectura es una constante conmoción.
Un auténtico descubrimiento.
Un auténtico descubrimiento.





