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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
El tiempo pone todo en su sitio
Las dos últimas veces que he compartido piso con gente que no conocía de antes me he sentido como un bicho raro. Mientras que cualquiera de ellas llegaba del trabajo o de la Universidad y se sentaba a ver la televisión tranquilamente yo normalmente estaba delante del ordenador pasando apuntes, viendo series o películas o navegando por Internet.

El primer año creí que era porque mis dos compañeras de piso llevaban cuatro años viviendo juntas y estaban acostumbradas la una a la otra. Charlábamos y reíamos juntas, pero la relación no llegaba más allá. Ni siquiera nos sentábamos a ver la televisión juntas porque era tan diminuta que se necesitaban prismáticos. Además, estuve bastante tiempo en Ciudad Real trabajando, además de los fines de semana.

Este año la dueña del piso nos conoció el mismo día a mi otra compañera y a mí, por lo tanto teníamos todas las mismas posibilidades de trabar amistad con las demás. Desde octubre vivíamos las tres juntas. Aunque los días extras han desaparecido de mi agenda mensual, sigo trabajando fines de semana, por lo que ellas dos se quedaban solas y pasaban mucho tiempo juntas. Así que salvo excepciones yo seguía a mi bola, delante del ordenador hasta las tantas, leyendo algún libro o haciendo alguna práctica, y tampoco me preocupaba mucho no tener una relación íntima con ellas.

En los últimos días ellas habían cuajado una estrecha amistad de la cual me mantenían al margen, de modo que pedían comida a un restaurante chino y ni siquiera me preguntaban si quería.

Todo esto hasta el miércoles pasado. Mientras comentaba con la dueña del piso asuntos acerca de la factura de la luz me sorprendió con la noticia de que la otra chica se había marchado. Me dijo que le habían dado un piso de alquiler protegido y que se iba a vivir allí junto con su novio; en un principio dije que me alegraba por ella y pregunté hasta cuándo se quedaba. Entonces me dijo que ya se había ido.

Para poneros en situación os diré que la dueña del piso se había marchado el puente a su casa porque estaba enferma y una vez allí le llegó un sms de nuestra compañera diciendo que se marchaba del piso ese mismo fin de semana. Ella tuvo que llamarla y explicarle que esas cosas al menos requieren una llamada telefónica, que si habían estado meses compartiendo piso había suficiente confianza como para decirle en persona que se iba. Así que ese mismo sábado nuestra compañera empaquetó sus cosas y se mudó. Sin dar mayor explicación.

Así me lo contó mi ya única compañera. Estaba indignada por el modo en que todo había ocurrido y se le notaba que guardaba también algo de resentimiento. Además, me explicó que no sólo nuestra ahora ex-compañera se había comprometido a quedarse todo un año sino que su novio iba a ocupar mi habitación una vez que yo la abandonara en enero. Y así, de repente, se quedó compuesta y sin novio, que se suele decir.

Sentí pena por ella y comentamos experiencias sobre gente que se había comportado de forma irresponsable (por aquello de que "mal de muchos..."). No obstante, sentí una pequeña satisfacción y no pude menos que recordar aquella famosa frase que dice que "el tiempo pone todo en su sitio".

Me he llevado bien con mi compañera desde el principio. El primer día la avisé de que me quería quedar sólo unos meses y así lo aceptó. Pero nuestra relación se tornó extraña a partir de que me puso problemas para poder instalar internet (en una historia demasiado larga para contar aquí). Desde entonces habíamos charlado en un par de ocasiones y poco más. Sin ninguna ventaja y sin ningún inconveniente. Mientras tanto ellas hasta sentaban entre medias a sus respectivos novios cuando veían la televisión en el sofá. Y aunque a mí no me suele importar demasiado lo que piense la gente de mí, salvo aquella a la que quiero, sentía que las cosas deberían ser de otra manera.

Así que a la espera estamos de encontrar a una nueva compañera. ¿Habrá aprendido la dueña del piso la lección?
No