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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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La necesidad de ficción
Cuenta la leyenda urbana que un guionista tuvo una idea genial mientras dormía. Despertó sobresaltado, la apuntó en un papel y volvió a dormir. Al día siguiente comprobó decepcionado que en el papel había escrito "chico conoce a chica". Esta historia nos la contó en tercero nuestro profesor de guión cinematográfico, Alejandro Hernández.

En sueños a veces se tienen ideas que parecen excelentes. Vivimos en ellas mientras soñamos y constituyen así nuestro mundo, un mundo de ficción que nos satisface plenamente mientras dormimos. Incluso aunque los sueños sean angustiosos no queremos abandonarlos. A veces también es posible controlaros: podemos rebobinar, adelantar, centrarnos en una imagen, volver a soñar lo ya soñado... es tan confortante amarrarse a un mundo de ficción que el despertar puede ser muy duro.

Cuando estamos despiertos también soñamos. Mezclamos trozos de realidad y los interpretamos a nuestro gusto para fingir que controlamos la cotidianidad y creamos un mundo a medida. Es fácil crear una historia a partir de miradas, de palabras a medias y de gestos ambiguos y vivirla en nuestras cabezas. Mientras vivimos en esta ficción actuamos movidos por las reglas del juego que nos hemos forjado. El despertar, entonces, es doloroso. Resulta fatídico el desplome de la realidad, el derrumbe de la ficción. Una ficción que fue tan efímera como toda obra de ficción (y como toda obra maestra).

Lástima que no podamos escribir el guión de nuestros días. Si pudiéramos controlar el mundo, crueles humanos, no acabaríamos con las guerras ni el hambre sino que, guiados por nuestro afán egoísta (egoístamente humano), moveríamos todos los hilos para conseguir una mirada de la persona que amamos, una mirada precisa, como la que hemos soñado, con el mismo significado que nosotros le damos y no con el significado anodino de la realidad.

Es de lamentar que en este vida todo sean imaginaciones nuestras, cosas que creemos que están pasando y sólo son fruto de nuestros deseos ocultos e inexplicables. Pero más hay que lamentar que nos neguemos a dejar de ver los principios que han fundado todo. Mientras desmontamos los fundamentos seguimos pensando que nuestra particular ficción sigue siendo real y que es el mundo el que se equivoca. Y nos quedará siempre la sensación de estar aguardando una ficción mayor que de verdad nos colme. Es la absurda capacidad de esperanzarse que posee el ser humano.

Lástima, reitero, que la vida no sea un guión porque alguno de sus trozos, inventados o no, merecen retenerse en la memoria y dejarles tomar cuerpo. Los bombones compartidos en un banco, como en Forrest Gump. O esa sensación de calor placentero del sol de invierno. O esos minutos de silencio tan intensos que pueden saborearse. O esos besos que no se dan. O esas risas calladas, cómplices, breves y eternas. O el tren partiendo en dos las luces de Madrid al entrar en la estación, mientras suenan solos de guitarra en mis oídos y pienso en ti. O este instante, en un noche de ansiedad, cuando me he despertado para escribirte... y añorarte.
 
Comentario:
Céntrate en la realidad, que es lo que tienes, y no en las miradas, que sólo son ilusión. Y tú sabes porque lo digo
 
Comentario:
Si la vida y la realidad fuesen sólo una, nuestra existencia sería insoportable e insufrible. Si nuestro cerebro careciese de la capacidad para evocar y recrear momentos, olores, sabores, incluso sensaciones como las caricias y los besos, esta vida sería una auténtica putada. Si no fuese posible compensar la rutina, el desagrado, la angustia, el miedo, los deberes y las obligaciones con eso que llamamos ficción, sueños o evocación, entonces apaga y vámonos.

Precisa reflexión... o ensayo o lo que sea.
No