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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
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Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
No es película para tanto
Muchos premios (y mucha publicidad) le llueven a Bardem por su interpretación en No country for old men (Joel y Ethan Coen, 2007) y, sin duda, es lo mejor de la película. Javier Bardem interpreta a un psicópata que mata no sólo por el placer de matar sino, más bien, por costumbre, por necesidad. Su personaje, Anton Chigurg, es la espina dorsal de un relato donde se reflexiona sobre la inutilidad de la violencia y su sobredimensión en la vida cotidiana. Matar (y morir) es presentado de forma natural, sin sonrojos, de modo totalmente aséptico. Matar (y morir) está determinado por la suerte, por el lugar en el que te encuentres en un momento dado. Matar (y morir) parece algo consustancial al ser humano de una forma mucha más violenta de lo que estamos acostumbrados a asumir.

Frente a Bardem, Josh Brolin da vida a Llewelyn Moss, un hombre corriente, aficionado a la caza que, como en una película de Cronenberg, se ve abocado a una situación imprevista. Pese a esta circunstancia, Moss es el alter ego de Chigurg en el sentido de que se adapta a la violencia con inusitada naturalidad, sin que ello repercuta en su visión de la vida más de lo necesario. Incluso su mujer, una Kelly Macdonald que intenta interpretar lo más decentemente posible el absurdo e inútil personaje de Carla Jean Moss, asume la irrupción de la violencia extrema en su vida sin mayores dificultades.

Y ya. No country for old men no es nada más. El resto, sobra. Lo interesante, lo bien trabajado, es la espiral de violencia a la que se llega con la más absoluta asepsia y falta de consideraciones morales. Una buena puesta en escena, tendente al hiperrealismo pero con cierta atmósfera fantasmal. Los paisajes desérticos donde los Coen insertan a unos personajes igualmente desérticos moralmente parecen un auténtico espejismo. Todo parece estar desgajado de la realidad, sin ubicar en un lugar concreto y, sin embargo, se respira absoluta verosimilitud. No sé decir a ciencia cierta por qué me recuerda a Abierto hasta el amanecer (Robert Rodríguez, 1996). Sin embargo, no se puede asistir a esta película, especialmente a su inicio, sin recordar el sabor de viejas glorias del western.

No country for old men peca de querer atender demasiados frentes. Intenta incluir, frente a la espectacularidad de la violencia, una esfera moral, reflexiva, a cargo de Tommy Lee Jones. Perfecto está en su papel, como casi siempre, pero su personaje, y toda la trama que integra, sobra. Lastra una película que, pese a durar dos horas escasas, consigue hacerse lenta. El final parece no llegar nunca y, cuando llega, no ofrece ninguna satisfacción al público. Quizá el objetivo sea que el espectador comprenda que tanta violencia no ha llevado a nada, pero es triste comprobar que una trama perfectamente planteada y espectacularmente bien llevada a cabo decae bruscamente porque no consigue llegar a buen puerto.

En el duelo entre los personajes protagonistas se echa en falta un tercero en discordia. Supuestamente esta es la función de un personaje como Carson Wells, interpretado por Woody Harrelson y echado a perder por culpa de un escaso peso en el guión. Su presencia en el filme es corta (dos o tres escenas) y se le podía haber sacado mucho más partido. Woody Harrelson podía haber utilizado sus antecedentes como asesino desenfrenado en Asesinos natos (Oliver Stone, 1994) para aportar peso al papel. De este modo, cuando vemos su mirada de loco, su temeridad, no podemos evitar acordarnos del entrañable psicópata maníaco Mickey Knox. Y todo eso queda en nada. Los Coen tiran a la basura la que podía haber sido la tercera gran baza para ganar atractivo.

No country for old men podría haber sido más, mucho más, aunque los premios dirán lo contrario y quizá también el público y los críticos. Definitivamente es una buena película. Pero le faltan muchos enteros para alcanzar la consideración de obra maestra.
No