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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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Memorias de Granada
Día 1
María, Juana, Alberto y yo rumbo a Granada en mi coche. Parada en Guarromán para satisfacer las ansias alimenticias. A mitad del viaje comenzó a llover, así que una vez llegados a Granada tuvimos que arrastrar maletas por calles estrechas, empedradas e inundadas. El apartamento que habíamos alquilado nos sorprendió desde el primer momento, aunque por las fotos de la página web sabíamos que iba a estar bien. El mayor descubrimiento fue que ¡el retrete tenía chorritos! Chorritos de agua para lavarse (supuestamente) y aire caliente para secarse. La curiosidad pudo más que la razón y al tocar los botones comenzaron a salir chorritos y casi se nos inunda el baño.

Nos reunimos con una amiga y fuimos a tapear. Comimos unas roscas y unas codornices escabechadas, nos hicimos fotos absurdas en una silla flamenca que había en el baño y después nos desparramamos por una tetería. Por la tarde tocó el primer contacto con el turismo que, aunque breve, fue intenso (al menos en cuanto a risas). Y por la noche, agotados, estuvimos haciendo el tonto en el sofá cama del salón.


Día 2
Subimos en autobús suicida y traqueteante a la Alhambra. Pasamos allí toda la mañana, quedando fascinados y desilusionados a la vez. Ya sabemos que siempre, en el recuerdo, las cosas y los lugares parecen más grandes y más bonitos de lo que son en realidad, pero en el caso del Generalife quedé bastante descontenta. Claro que ellos no tienen la culpa de que sea la época de podar los rosales y de que ninguna flor se atreviera a asomar sus colores en un día lluvioso, pero lo cierto es que eché en falta un poco de sensación primaveral. Por lo demás, disfrutamos subiendo y bajando escaleras y haciendo decenas de fotos hasta que el cansancio nos venció.

Cogimos otro autobús hasta el Mirador de San Nicolás, donde caminamos entre perroflautas y tomamos una cañita y una tapita de migas. Bajamos caminando por el Albaicín hasta la orilla del río y buscamos sitio para comer. Dudando entre un sitio y otro terminamos comiendo pasadas las tres de la tarde en el Fresh&Co, el cual (pese a que se come bien) me causó una pésima impresión y me enfadé. Y es que veníamos cargados con abrigos, paraguas y cámaras fotográficas y no nos dejaron sentarnos y dejar las cosas antes de intentar meter kilos de ensalada en un solo plato y sostenerlo en una bandeja. Y además, cuando me quejé, las explicaciones que me dieron eran de todo menos convincentes. A pesar de todo sobrevivimos y comimos medianamente bien (bueno, he comido mejor, todo hay que decirlo...)

Mientras María y Juana iban a dormir un rato, Alberto, mi amiga cuasi granadina AnaIs y yo fuimos a tomar algo a la cafetería El Tren, donde nos juntamos con Marina (otra amiga) y su hermano. El sitio era precioso (por lo visto forma parte de una cadena de cafeterías de la que yo nunca había oído hablar) y estaba en el centro. Altamente recomendable. Después de eso fuimos a dormir un rato.

Cenamos en los bares de la Calle Elvira. Las tapas son enormes (cenamos con dos o tres tapas) y la cerveza no es demasiado cara para ser el centro. Después fuimos a una tetería y nos sentamos en una mesa situada en una especie de altillo. El lugar era muy bonito, pero a esas horas no nos hicieron unos crepes para terminar de llenar la panza.


Día 3
Queríamos visitar el Monasterio de la Cartuja, así que después de subir en autobús a la zona universitaria atravesamos una verja que parecía llevar al lugar, pero al volver y querer salir por el mismo sitio nos encontramos la puerta cerrada, así que tuvimos que caminar durante media hora entre flores y hierbas y pensar seriamente en saltarnos la valla antes de que un alma caritativa viniera a liberarnos. Descubrimos entonces la verdadera entrada al Monasterio, pagamos los 3,50 euros de rigor (¿por qué en Granada no hay descuento para estudiantes?) y visitamos un monumento que de estar bien restaurado hubiera sido precioso. Tiene un claustro muy pequeñito con naranjos y limoneros y una iglesia que es una maravilla, aunque algo sobrecargada. Sin embargo, el refectorio, la capilla y el resto de habitaciones están muy descuidadas y dan sensación de abandono. De esto nos habló un catalán afincado en Granada, que estuvo charlando con nosotros durante veinte minutos sobre los monumentos de la ciudad.

Bajamos al centro y descubrimos la Plaza del Triunfo, con una preciosa fuente, amplios espacios abiertos y algún que otro porrero y viejo verde. Visitamos el Hospital de San Juan de Dios (porque la iglesia estaba cerrada ya) y quedé impresionada, tal y como había dicho el catalán granadino, de la necesidad de restauración que tenían los maravillosos frescos de las paredes. Aún así me gustó más el Hospital que el Monasterio que habíamos visitado, pues tenía unos patios preciosos que invitaban a la siesta veraniega.

Allí nos recogió nuestra amiga Marina y conocimos a una compañera suya, Abi. Nos llevaron de bares y comimos unas cuantas tapas. Después fuimos al café Bohemia, donde mis amigas y yo, frikis a la fuerza, quedamos alucinadas. Las paredes estaban cubiertas de carteles de películas antiguas, aunque también de cantantes y anuncios. Había aparatos de radio y cine como decoración y un piano, así como libros que podías leer allí mismo. Además los cócteles, batidos y cafés eran deliciosos. Me hubiera quedado allí horas y horas. Pero tuvimos que abandonar e irnos a dormir un rato, pues queríamos salir esa noche. Los jueves universitarios granadinos, nos habían dicho, eran los mejores.

Salimos María y yo a dar una vuelta mientras los demás seguían durmiendo. Visitamos el Corte Inglés y la exposición al aire libre de Rodin. Volvimos enseguida al apartamento.

La idea era hacer botellón allí (aprovechando que los vecinos ingleses también daban mucho ruido) y luego salir de marcha. Pero finalmente cenamos allí, bebimos unos cubatas y escuchamos canciones frikis ("Me huele el pito a canela", "Cunnilingus post morten", "Sucedió en Bekelar", "Atún"...) y vimos vídeos de youtube (caídas y meteduras de pata variadas) hasta las cuatro de la mañana, hora a la que Alberto y yo acompañamos a mi amiga AnaIs a casa mientras dábamos un paseo.


Día 4
María se marchó por la mañana porque tenía que trabajar a mediodía. Juana, Alberto y yo nos levantamos a las once y recogimos todo para a las 12 abandonar el apartamento. Dejamos todo en el coche y fuimos de compras y de cañas. Descubrimos una taberna del siglo XVI, llamada El Toro, con un patio precioso y un toro de bronce con el que nos fotografiamos. Después comimos en Centro de Granada (en la plaza Bib Rambla) y nos tomamos el último café y el último pastel antes de marchar de nuevo a casa.


Y así terminaron nuestras merecidas vacaciones y, supuestamente, nuestro viaje de fin de carrera. Ahora nos debatimos entre el cansancio y la morriña, en el último día antes de volver a clase. Hemos conocido una ciudad encantadora y, por si me leen, tengo que dar las gracias a AnaIs, a Marina, a Ángela y a Abi por habernos tratado tan bien y habernos ofrecido su ciudad en bandeja. A AnaIs no me va a dar tiempo a echarla de menos, pero las demás saben que si alguna vez vienen a Ciudad Real haremos todo lo que podamos para que se vayan con un buen recuerdo, la tripa llena y los pies doloridos.
 
Comentario:
Pues cuando quieras lo repetimos porque nos lo hemos pasado tan bien que tres días han sabido a poco. Saluda a las muchachas de mi parte.

Besos,
yo
No