Tiempo perdido
Hay días en los que no se hace nada de provecho, ni siquiera descansar. Esos días no deberían existir. De hecho, esos días no existen. Es como si no existieran.
Últimamente sólo voy a clase los jueves, que tengo unas prácticas obligatorias, y algún que otro día según los turnos que me he repartido con mis compañeras. Cada viaje en AVE me cuesta casi 30 euros, levantarme a las seis de la mañana y comer fuera de casa, así que cuando vengo pretendo aprovechar el día.
Ayer a las nueve de la noche una amiga me avisó de que no había clase a primera hora. Conduje entonces hasta la estación del AVE y pude cambiar el billete que tenía comprado para llegar a Madrid una hora más tarde, aunque de todas formas tenía que esperar otra hora antes de ir a clase. Es lo que tiene que el AVE no sea un cercanías, pero hay que agradecerles los estupendos horarios que dejaron con la última remodelación tras el incremento de trenes.
Así pues, me he levantado a las siete y media (ya había vida en la ciudad aparte de los barrenderos), me he tomado un café con mi novio en la cafetería de la estación y he leído y dormitado durante los cincuenta minutos que dura el viaje. A las diez menos cuarto he llegado a Getafe y he estado con una amiga en la biblioteca leyendo unos textos. Mientras charlábamos en las escaleras ha llegado el profesor que teníamos a segunda hora para informarnos de que se suspendía la clase para que pudiéramos acudir a una reunión sobre un proyecto de Primer Empleo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Como no me interesaba me he ido con otra amiga a la cafetería para ponernos al día de nuestras cosas, pues últimamente nos vemos menos.
Mientras hacíamos hora para la última clase, que es la práctica obligatoria que me condiciona a ir a clase todos los jueves, nos ha interceptado una chica mexicana para proponernos una entrevista para un documental. Durante cinco minutos hemos hablado, delante de las cámaras, sobre la relación entre padres e hijos en España. La excusa es un documental, que se llamará "Expedición 1808" y que están haciendo unos jóvenes mexicanos sobre las diversas independencias en Latinoamérica y las diferencias sociales respecto a España. Esto es, sin lugar a dudas, lo más interesante que he hecho en todo el día.
El profesor ha llegado con media hora de retraso a la práctica obligatoria. Internet ha dejado de funcionar y no se podía descargar el texto que necesitábamos para fingir una entrevista (que, ante el asombro de muchos, es lo que nos enseñan a hacer aquí... o ni siquiera). Así que, en vez de dejarnos el texto en la carpeta común y permitirnos entregar las prácticas impresas, ha pospuesto la práctica para la semana que viene. Alegría para todos, lógicamente. Pero yo, entonces... ¿para qué he venido?
Ahora estoy haciendo hora para comer con una amiga hasta las cinco, que he quedado con una profesora que no sé si estará y, de estar, no sé si podrá ayudarme. Después podré marcharme y, Dios mediante, llegar a mi casa para ver tranquilamente el partido del Getafe. Sólo falta que también suspendan el partido...
No me digáis que este último año no está siendo una completa pérdida de tiempo. Menos mal que me anima mi proyecto de fin de carrera, con el que tengo hasta septiembre. Debe ser que en esta Universidad es difícil entrar... pero luego no te dejan escapar.
Últimamente sólo voy a clase los jueves, que tengo unas prácticas obligatorias, y algún que otro día según los turnos que me he repartido con mis compañeras. Cada viaje en AVE me cuesta casi 30 euros, levantarme a las seis de la mañana y comer fuera de casa, así que cuando vengo pretendo aprovechar el día.
Ayer a las nueve de la noche una amiga me avisó de que no había clase a primera hora. Conduje entonces hasta la estación del AVE y pude cambiar el billete que tenía comprado para llegar a Madrid una hora más tarde, aunque de todas formas tenía que esperar otra hora antes de ir a clase. Es lo que tiene que el AVE no sea un cercanías, pero hay que agradecerles los estupendos horarios que dejaron con la última remodelación tras el incremento de trenes.
Así pues, me he levantado a las siete y media (ya había vida en la ciudad aparte de los barrenderos), me he tomado un café con mi novio en la cafetería de la estación y he leído y dormitado durante los cincuenta minutos que dura el viaje. A las diez menos cuarto he llegado a Getafe y he estado con una amiga en la biblioteca leyendo unos textos. Mientras charlábamos en las escaleras ha llegado el profesor que teníamos a segunda hora para informarnos de que se suspendía la clase para que pudiéramos acudir a una reunión sobre un proyecto de Primer Empleo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Como no me interesaba me he ido con otra amiga a la cafetería para ponernos al día de nuestras cosas, pues últimamente nos vemos menos.
Mientras hacíamos hora para la última clase, que es la práctica obligatoria que me condiciona a ir a clase todos los jueves, nos ha interceptado una chica mexicana para proponernos una entrevista para un documental. Durante cinco minutos hemos hablado, delante de las cámaras, sobre la relación entre padres e hijos en España. La excusa es un documental, que se llamará "Expedición 1808" y que están haciendo unos jóvenes mexicanos sobre las diversas independencias en Latinoamérica y las diferencias sociales respecto a España. Esto es, sin lugar a dudas, lo más interesante que he hecho en todo el día.
El profesor ha llegado con media hora de retraso a la práctica obligatoria. Internet ha dejado de funcionar y no se podía descargar el texto que necesitábamos para fingir una entrevista (que, ante el asombro de muchos, es lo que nos enseñan a hacer aquí... o ni siquiera). Así que, en vez de dejarnos el texto en la carpeta común y permitirnos entregar las prácticas impresas, ha pospuesto la práctica para la semana que viene. Alegría para todos, lógicamente. Pero yo, entonces... ¿para qué he venido?
Ahora estoy haciendo hora para comer con una amiga hasta las cinco, que he quedado con una profesora que no sé si estará y, de estar, no sé si podrá ayudarme. Después podré marcharme y, Dios mediante, llegar a mi casa para ver tranquilamente el partido del Getafe. Sólo falta que también suspendan el partido...
No me digáis que este último año no está siendo una completa pérdida de tiempo. Menos mal que me anima mi proyecto de fin de carrera, con el que tengo hasta septiembre. Debe ser que en esta Universidad es difícil entrar... pero luego no te dejan escapar.
Comentario:
Pues yo, después de un día tan estúpido, me fui a casa a juguetear con mi nuevo portatil, y por tanto, a no estudiar ni el huveo. Y terminé jugando al solitario cuando se supone que estoy muy liada con todo. Pero es que no me daba tiempo ya de hacer nada porque me iba al Coliseo... para que después perdiera el Geta injustamente.
Comentario:
Pues sí, qué día más tonto. A todas las clases canceladas, súmale que he faltado a la piscina para ir al médico pero me he tenido que volver a casa porque mi doctora estaba en huelga. Está en su derecho y, en vez de montarles un pollo a las del mostrador, como han hecho todas las señoras que iban delante de mí (estarían enfurruñadas porque se han perdido un trozo de telenovela para ir al ambulatorio) he pedido cita para otro día, he preguntado con mucha educación un par de dudas y me he ido a casa a hacer... pues a hacer nada, porque estoy malita :(





