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Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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Dueños del cine negro
Dice Cahiers España, en su edición de mayo, que Dueños de la calle (David Ayer, 2008) ni tiene la elegancia de L.A. Confidential (Curtis Hanson, 1997) o La Dalia Negra (Brian de Palma,2006) ni aporta nada nuevo al cine negro, que ahora vuelve a ponerse de moda. Y tiene razón. Pero eso no quita que sea una buena película.

Comparte con L.A. Confidential y La Dalia Negra el género y el autor de la novela en la que se basan, James Ellroy. Nada más. L.A. Confidential es una obra maestra, pero no por ello todas las películas que adapten a James Ellroy tienen que serlo, a pesar de que este autor sea considerado uno de los grandes de la novela policiaca norteamericana L.A Confidential destaca no sólo por su elegancia, cualidad que le es innegable, sino por la intricada caracterización de personajes, lo cual constituye la verdadera trama y se erige como su gran valor. Y Dueños de la calle no tiene nada que ver con eso.

(Respecto a La Dalia Negra, poco puedo hablar puesto que no la he visto -está en esa lista interminable de cosas pendientes- pero Brian de Palma da ciertas garantías.)

El cine negro ha vuelto a ponerse de moda, eso es indudable (desde aquí una servidora da gracias a la industria hollywoodiense). Aunque Dueños de la calle tiene más de cine policiaco que de cine noir en sentido estricto. La influencia de David Ayer se nota en la estética videoclipera (al estilo de sus películas previas: The fast and the furious, S.W.A.T, y Training Day, por ejemplo.) Keanu Reeves está correcto y no sé si su inexpresividad es una demanda bien cubierta del personaje, pero el resultado es más que aceptable. Forrest Whitaker convence también en su papel de jefe de policía de conductas controvertidas.

Por otra parte, la excelente calidad que rodea a la ficción televisiva en los últimos años empieza a hacer notar su influencia en el cine. Como sopresa tenemos a Hugh Laurie que, aunque está bien en este nuevo registro, no puede evitar algún deje de House que lastra su personaje y lo hace menos creíble. Amaury Nolasco (el que fuera Sucre en Prison Break) sigue demostrando que le falta consistencia a la hora de interpretar (aunque esperemos que pronto cambie de registro para dejar de ser, siempre, sólo "el latino").

Y, por último, la violencia. Es irremediable destacar que impregna cada escena. Sorprendentemente, la presencia de sexo (que suele ir de la mano en cualquier relato) es casi inexistente; sólo se desvela en los diálogos, excesivamente gremiales pero coherentes con la trama. La violencia, pese a que se presenta como un espectáculo, consigue transmitir la dialéctica entre el bien y el mal, entre la honestidad y la corrupción. El personaje de Keanu Reeves (Tom Ludlow) se decanta siempre por el uso de la violencia para contrarrestar a "los malos" y sólo muy avanzada la película se da cuenta (más o menos) de que ha sido sólo un peón más en un juego gigantesco donde lo menos importante es la protección "de los buenos".

No obstante, Dueños de la calle no es ningún ensayo sobre el bien y el mal, como a veces pretende ser. Hay que olvidarse, en cierto modo, de las pretensiones no culminadas de la película y centrarse en la extraña sensación que invade al espectador, que durante días ha visto a la corrupción policial impregnarse en la realidad más cercana (y me refiero a Coslada), de que esas casi dos horas de ficción quizá alberguen algo de realidad.
No