Enamorada...
Desde pequeña, siempre estuvo enamorada del amor. Durante toda su infancia entregó su pequeño corazón a una fantasía. Aunque le temblaba la voz cuando hablaba con él, cuando jugaban en el recreo, su amor fue un amor de cartas perfumadas escondidas en la mochila, de esperanzas basadas en las canciones de Disney. El único consuelo que recibió fue un beso tonto en la comisura de los labios mientras jugaban al conejo de la suerte.
Fue la adolescencia el tiempo de búsqueda del amor perdido. Siempre trató de encontrar en otros el cariño que ella imaginó que existía. Hubo momentos malos: los rechazos, las envidias, los celos, los abandonos, los "seremos amigos"... Y hubo momentos buenos: las miradas encendidas, los besos en los portales, las poesías en los tejados, la luz de una farola colándose por la rendija de la persiana en una buhardilla imaginada... Tras muchos relatos fingidos, tras muchos poemas en la basura, tras infinitas canciones de amor, se convenció de que el amor no existía. Y con el paso de los meses, y de las personas, supo que tenía que dejar de perseguir fantasmas débilmente reflejados en espejos.
Y cuando dejó de buscarlo, el amor la encontró a ella. Fue un amor dulce, tranquilo y sensato. Nada que ver con la pasión encendida de las mejores escenas del cine, nada que ver con el fervor de los encuentros de una noche que le relataban sus amigas, nada que ver con las complicadas relaciones que aparecían en las revistas del corazón... El amor fue extremadamente sencillo. Dos personas que se quieren, se entienden y se comparten. Hasta entonces había vivido el amor a través de representaciones, de figuraciones culturales exageradas que imponían una tremenda frustración a sus momentos felices.
Fue entonces cuando descubrió que no le gustaban las cosas sencillas. La vida, sin intrincados recovecos, parecía perder el brillo especial de los colores saturados. No hay nada más feliz, más completo, que el amor imaginado. A la luz del sol, el precioso amor siempre parece desteñir, como cubierto de lluvia. Siempre quiso tener lo que no tenía.
Apareció él. Aunque antes de él fueron muchos otros. Recuerdos recreados a partir de situaciones inexistentes. Sensaciones experimentadas a partir de fascinaciones propias. Apareció él y, al igual que apareció, desapareció con el tiempo, con la realidad. Nunca existió nada entre ambos, nunca su relación pareció traspasar la barrera de la fantasía, de las redes tirantes que los desunían. Y el barniz de la realidad acabó con su paciencia, dejó de insistir y decidió acercarse al amor que tenía a su lado en la cama, palpable y constante.
Pronto comenzó a añorar añorarlo. A echar de menos echar de menos sus conversaciones cotidianas. A dejar de desear derretirse en su boca como una chocolatina. A olvidarse de mirar continuamente su asiento vacío. Pronto olvidó los sueños en los que había soñado con sus brazos. Después desapareció la inquietud horas antes de verlo. Lo que nunca olvidó fue recordarse que lo amaba, convencerse de que lo necesitaba para subsistir en un mundo sin ilusión. Comenzó a escribir una relación nunca existente sobre deseos que no deseaba. Y siguió enamorada de enamorarse, enamorada del amor.
Y el amor verdadero siguió palpable a su lado en la cama, sin atreverse a moverse para no despertarla.
Fue la adolescencia el tiempo de búsqueda del amor perdido. Siempre trató de encontrar en otros el cariño que ella imaginó que existía. Hubo momentos malos: los rechazos, las envidias, los celos, los abandonos, los "seremos amigos"... Y hubo momentos buenos: las miradas encendidas, los besos en los portales, las poesías en los tejados, la luz de una farola colándose por la rendija de la persiana en una buhardilla imaginada... Tras muchos relatos fingidos, tras muchos poemas en la basura, tras infinitas canciones de amor, se convenció de que el amor no existía. Y con el paso de los meses, y de las personas, supo que tenía que dejar de perseguir fantasmas débilmente reflejados en espejos.
Y cuando dejó de buscarlo, el amor la encontró a ella. Fue un amor dulce, tranquilo y sensato. Nada que ver con la pasión encendida de las mejores escenas del cine, nada que ver con el fervor de los encuentros de una noche que le relataban sus amigas, nada que ver con las complicadas relaciones que aparecían en las revistas del corazón... El amor fue extremadamente sencillo. Dos personas que se quieren, se entienden y se comparten. Hasta entonces había vivido el amor a través de representaciones, de figuraciones culturales exageradas que imponían una tremenda frustración a sus momentos felices.
Fue entonces cuando descubrió que no le gustaban las cosas sencillas. La vida, sin intrincados recovecos, parecía perder el brillo especial de los colores saturados. No hay nada más feliz, más completo, que el amor imaginado. A la luz del sol, el precioso amor siempre parece desteñir, como cubierto de lluvia. Siempre quiso tener lo que no tenía.
Apareció él. Aunque antes de él fueron muchos otros. Recuerdos recreados a partir de situaciones inexistentes. Sensaciones experimentadas a partir de fascinaciones propias. Apareció él y, al igual que apareció, desapareció con el tiempo, con la realidad. Nunca existió nada entre ambos, nunca su relación pareció traspasar la barrera de la fantasía, de las redes tirantes que los desunían. Y el barniz de la realidad acabó con su paciencia, dejó de insistir y decidió acercarse al amor que tenía a su lado en la cama, palpable y constante.
Pronto comenzó a añorar añorarlo. A echar de menos echar de menos sus conversaciones cotidianas. A dejar de desear derretirse en su boca como una chocolatina. A olvidarse de mirar continuamente su asiento vacío. Pronto olvidó los sueños en los que había soñado con sus brazos. Después desapareció la inquietud horas antes de verlo. Lo que nunca olvidó fue recordarse que lo amaba, convencerse de que lo necesitaba para subsistir en un mundo sin ilusión. Comenzó a escribir una relación nunca existente sobre deseos que no deseaba. Y siguió enamorada de enamorarse, enamorada del amor.
Y el amor verdadero siguió palpable a su lado en la cama, sin atreverse a moverse para no despertarla.
Comentario:
Cuando leí el post y vi que tenías dos comentarios, pensé que serían sesudas reinterpretaciones del texto, análisis de la casuística del amor, un simple yo también me siento/sentí así... en fin, estamos en exámenes :D
Es curioso, pero me siento muy reflejado en casi todo el texto. Las cosas de la vida, el amor es universal, te piensas que eres único y siempre hay alguien que te hace descubrir que eres uno más. Sin embargo, todo lo que sientes, aunque lo haya sentido un montón de gente antes, durante y después de ti, es único y maravilloso. Y amar el amor siempre es mejor que amar su ausencia.
Es curioso, pero me siento muy reflejado en casi todo el texto. Las cosas de la vida, el amor es universal, te piensas que eres único y siempre hay alguien que te hace descubrir que eres uno más. Sin embargo, todo lo que sientes, aunque lo haya sentido un montón de gente antes, durante y después de ti, es único y maravilloso. Y amar el amor siempre es mejor que amar su ausencia.
Comentario:
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Comentario:
lim(d(h/gl+f)+(agl*s)/gl)=df
gl-->infinito
df cod.
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df cod.





