Terminar para empezar
Anoche, mientras trabajaba, pasaba el tiempo pensando en que llegaría a casa y mi novio me habría preparado la cena. Sabía que me esperaría para cenar juntos, que nos contaríamos qué tal había ido el día, que miraríamos la televisión o nos tumbaríamos en la cama para leer cualquier cosa, sabía que apagaríamos la luz y él estaría a mi lado. Que él estará siempre a mi lado.
Me lo dijo el otro día, en uno de mis incontrolables arrebatos de ansiedad. No ha pasado aún, pero ahora tengo confianza en que no estoy sola y me convenzo pensando que sólo necesito tranquilidad. Y orden.
No me he mudado aún. Vivo entre dos casas, el trabajo y la biblioteca. No sé dónde tengo la ropa ni los libros ni nada de lo que configura mi mundo. Tengo una gran facilidad de adaptación, nunca he tenido problema y eso que me he mudado bastantes veces en los últimos años. Pero esto es distinto. Sé que es un gran paso en mi vida y no tengo tiempo de pararme a pensar en ello, a disfrutarlo, saborearlo y escupirlo.
Tengo muchísimas cosas que hacer. Quiero que los días se paren para poder seguir con mi proyecto, el que parece avanzar lento como mi recién comprada tortuga, pero quiero que pasen rápido para que se acabe este insoportable verano (y para cobrar mi sueldo de este mes que parece no terminar nunca). Los días están llenos de horas que no pasan y de otras que pasan muy rápido. Siempre estoy en el lugar equivocado haciendo algo menos urgente de lo que en realidad tengo que hacer. Y mientras a mi alrededor todo el mundo corre, todos avanzan y yo me quedo atrás.
Apenas salgo. Ni tengo dinero ni tengo ganas. Prefiero intentar saber dónde estoy antes de huir por bares, discotecas y terrazas. Prefiero asentarme, afianzarme, tomar conciencia de dónde estoy y por qué. Prefiero ir poco a poco. Prefiero dar pasitos seguros que dar zancadas. Y, sin embargo, en este momento mi vida sólo me pide zancadas, cada vez más grandes, cada vez más rápidas.
Sé que llegará un día en el que me podré tumbar a relajarme sin la presión de estrujar al máximo cada pequeño instante. Llegará un domingo en el que tenga la perspectiva de todo un día libre para mí, para vivir en el sofá, entre libros y películas o entre café y conversaciones amenas. Llegará ese día, sí, pero de momento no llega. Y yo lo espero mientras cuento cada momento que me falta para terminar este estado de standby que me enfurece y adormece a partes iguales.
Hay personas de cuya vida sólo sé por sus nick de Messenger. El año pasado una compañera que estaba a punto de terminar la carrera escribió: “quiero terminar para empezar”. En aquel momento lo entendí bien, sabía a qué se refería (ninguno de mis compañeros puede decir que a ese respecto la Universidad nos ha engañado) pero no lo comprendía en toda su dimensión, como ahora lo hago. Quiero terminar para empezar. Quiero terminar para empezar, aunque no sepa el qué.
Me lo dijo el otro día, en uno de mis incontrolables arrebatos de ansiedad. No ha pasado aún, pero ahora tengo confianza en que no estoy sola y me convenzo pensando que sólo necesito tranquilidad. Y orden.
No me he mudado aún. Vivo entre dos casas, el trabajo y la biblioteca. No sé dónde tengo la ropa ni los libros ni nada de lo que configura mi mundo. Tengo una gran facilidad de adaptación, nunca he tenido problema y eso que me he mudado bastantes veces en los últimos años. Pero esto es distinto. Sé que es un gran paso en mi vida y no tengo tiempo de pararme a pensar en ello, a disfrutarlo, saborearlo y escupirlo.
Tengo muchísimas cosas que hacer. Quiero que los días se paren para poder seguir con mi proyecto, el que parece avanzar lento como mi recién comprada tortuga, pero quiero que pasen rápido para que se acabe este insoportable verano (y para cobrar mi sueldo de este mes que parece no terminar nunca). Los días están llenos de horas que no pasan y de otras que pasan muy rápido. Siempre estoy en el lugar equivocado haciendo algo menos urgente de lo que en realidad tengo que hacer. Y mientras a mi alrededor todo el mundo corre, todos avanzan y yo me quedo atrás.
Apenas salgo. Ni tengo dinero ni tengo ganas. Prefiero intentar saber dónde estoy antes de huir por bares, discotecas y terrazas. Prefiero asentarme, afianzarme, tomar conciencia de dónde estoy y por qué. Prefiero ir poco a poco. Prefiero dar pasitos seguros que dar zancadas. Y, sin embargo, en este momento mi vida sólo me pide zancadas, cada vez más grandes, cada vez más rápidas.
Sé que llegará un día en el que me podré tumbar a relajarme sin la presión de estrujar al máximo cada pequeño instante. Llegará un domingo en el que tenga la perspectiva de todo un día libre para mí, para vivir en el sofá, entre libros y películas o entre café y conversaciones amenas. Llegará ese día, sí, pero de momento no llega. Y yo lo espero mientras cuento cada momento que me falta para terminar este estado de standby que me enfurece y adormece a partes iguales.
Hay personas de cuya vida sólo sé por sus nick de Messenger. El año pasado una compañera que estaba a punto de terminar la carrera escribió: “quiero terminar para empezar”. En aquel momento lo entendí bien, sabía a qué se refería (ninguno de mis compañeros puede decir que a ese respecto la Universidad nos ha engañado) pero no lo comprendía en toda su dimensión, como ahora lo hago. Quiero terminar para empezar. Quiero terminar para empezar, aunque no sepa el qué.
Comentario:
Pues no es mala idea, no... Lo consultaré con mi pijama más gracioso a ver qué opina sobre exhibirse ante todo el mundo en internet. Eso sí, a día de hoy que la becaria y yo podamos posar juntas en una foto es un poco difícil... quizá en septiembre, jeje.
Comentario:
Yo tambien entiendo perfectamente como te sientes patri. La mejor manera de superar tu estado es practicando una actividad en grupo, que sea divertida y te haga sentir mejor. Y que mejor terapia que enseñar el culo con un pijama gracioso junto a tus amigas (la becaria).
Saludos y animate tonta.
Saludos y animate tonta.
Comentario:
Esto de que va... de a ver que vida es la peor? La verdad, chicas, estamos en una época de cambios. Yo estoy un poco como soybecaria. Cuando salgo de casa, las tiendas están cerradas; cuando llego a casa, las tiendas están cerradas. vivo en la redacción. Los planes los tengo que hacer a partir de las 9 de la noche. Y los fines de semana, cuando me propuse estudiar, no tengo ganas y prefiero disfrutar un poco con mis amigas y ni familia.
Mi proyecto... ese sí que está en standby. Ya voy dilucidando, muy a lo lejos, qué voy a hacer el año que viene.
Cuando me fuui a París, en mi espacio ya desaparecido escribí que me sentía en una montaña rusa. Creo que aún no he bajado, y no es cosa de los viajes, sino de la época en la que nos encontramos. Después de unos meses en la parte más baja de la montaña rusa, ahora vuelven las curvas y lñas rampas, y empiezo a ver cuál es el siguiente tramo.
De todas formas: ¡Ánimo! Dicen que esta época no se vuelve a vivir. Y a mi me gusta, a pesar de todo. Mejor vivirlo con una sonrisa.
Mi proyecto... ese sí que está en standby. Ya voy dilucidando, muy a lo lejos, qué voy a hacer el año que viene.
Cuando me fuui a París, en mi espacio ya desaparecido escribí que me sentía en una montaña rusa. Creo que aún no he bajado, y no es cosa de los viajes, sino de la época en la que nos encontramos. Después de unos meses en la parte más baja de la montaña rusa, ahora vuelven las curvas y lñas rampas, y empiezo a ver cuál es el siguiente tramo.
De todas formas: ¡Ánimo! Dicen que esta época no se vuelve a vivir. Y a mi me gusta, a pesar de todo. Mejor vivirlo con una sonrisa.
Comentario:
Pues te estreno los comentarios. Sé perfectamente cómo te sientes. Yo no me estoy mudando pero estoy hasta el cuello. Además, salgo tardísimo todos los días, así que tengo la sensación de que no tengo más vida que la redacción y de que llevo siglos sola, sin ver a mi novio ni a mis amigos. Del proyecto ya ni hablamos (si el tuyo va lento, el mío va marcha atrás)
Tú al menos tienes la suerte de tener a alguien a tu lado físicamente. Cuando yo llego a casa, están todos durmiendo. Con un poco de suerte, mi novio no puede dormir ese día y puedo charlar un ratito con él por Internet (pero poquito, que al día siguiente madruga).
Tú al menos tienes la suerte de tener a alguien a tu lado físicamente. Cuando yo llego a casa, están todos durmiendo. Con un poco de suerte, mi novio no puede dormir ese día y puedo charlar un ratito con él por Internet (pero poquito, que al día siguiente madruga).