logotipo

img_google
ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Crueldad sin fin
Ken Follet ha puesto sobre el papel, como ya hiciera en Los Pilares de la Tierra (1989), todo un ensayo sobre la crueldad humana. Un mundo sin fin (2007) es cruel como la vida misma, con esa suerte de maldad que te obliga a seguir leyendo en busca de un rayo de esperanza. Con unos personajes de gran complejidad, Follet explora las grandezas y las miserias humanas en un entramado de historias que mantienen al lector aferrado a las páginas (y con los puños cerrados por la ira). Transcurra como transcurra cada trama, siempre llega, de una manera un otra, la indignación. Y esa indignación, como el mundo, parece no tener fin.

Un mundo sin fin recoge dignamente la herencia de su predecesor. El autor utiliza los mismos mecanismos para lograr los mismos fines, eso no es nuevo, pero lo sigue haciendo magistralmente. Consigue que empaticemos al instante con cada uno de los personajes y que vivamos su angustia como si fuera nuestra. Las zancadillas se suceden y sólo confiamos en la fortaleza de nuestros personajes queridos para salir adelante. Pero el sufrimiento, como el mundo, parece no tener fin.

Desconozco si la descripción de la realidad histórica es adecuada. En este caso, poco importa. Porque estas tramas y estos personajes podrían colocarse en cualquier época y tendrían el mismo sentido. De hecho, no hay mucha diferencia respecto a Los Pilares de la Tierra, a pesar de mediar, si no me equivoco, unos doscientos años de diferencia. Los anhelos son los mismos y las barreras sociales, también. Si trasladáramos estas historias a nuestros días poco cambiarían, sólo que los malvados tendrían otros nombres y otras ocupaciones. La ventaja de lo atemporal es que siempre cala hondo e intensifica la identificación. La novela histórica contemporánea no busca tanto la exactitud como la empatía. Y ahí reside su grandeza. Quien busque algo diferente a Los Pilares... se decepcionará pero ¿para que cambiar algo si de por sí es perfecto? Y la perfección, a veces, parece no tener fin.

Al final, rompiendo los esquemas de la tragedia, llega la resolución esperanzadora. Una esperanza que, como toda esperanza, tiene un poso de tristeza, de abandono y de decepción, pero que es esperanza al fin y al cabo. Follet dosifica vestigios de claridad que nos hacen creer que no todo es oscuridad, pero esta luz sólo aparece como un ancla al que aferrarse. La esperanza, como el mundo, como el universo de Follet, parece no tener fin.
No