La mirada de "El niño"
No me atrevo a decir que El niño con el pijama de rayas (2007), de John Boyne, sea una novela corta para niños. No me atrevo porque está dirigida, inequívocamente, al público adulto. Es más, está dirigida a la ingenuidad del adulto. Si por algo se caracteriza El niño... es la distancia que impone respecto a los hechos. Unos hechos que difícilmente pueden interpretarse de otra manera distinta a lo que son, una de las páginas más oscuras de la historia del siglo XX y un profundo agujero negro en la historia de la Humanidad, son tratados en esta novela como "algo que pasa al otro lado de la valla". Ese algo indefinido, que desde el principio se parece más a una aventura, es el genocidio de miles de judíos en Auschwitz. Y este punto de partida, tan novedoso como arriesgado, tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles.
A su favor hay que decir que obliga al lector a cambiar su perspectiva. Obliga a mirar el mundo de otra manera, desde unos ojos limpios e inexpertos que se cuestionan una y otra vez el mundo que los rodea. Obliga a aceptar sugerencias en vez de evidencias y obliga a luchar contra la rabia y la ira que embarga al lector conforme avanza en la lectura. El niño... hace que deseemos ir más allá, profundizar en algo que queremos ver y que se nos vela.
La otra ventaja es que vemos "este lado de la valla", esto es, el corazón de la familia del opresor. Bruno, el protagonista, nos ofrece una precisa visión de lo que ocurre de puertas para adentro: la seriedad del padre, la frustración de la madre, la adolescencia de la hija y todos los tejemanejes que suceden en toda familia. De este modo, asistimos a los desacuerdos de la familia del comandante de Auschwitz, que no siempre está de acuerdo con él y no siempre por razones de moralidad. Y vemos que no todo se puede reducir a buenos y malos, héroes y villanos.
Y la mayor virtud de El niño... es también su debilidad. Parece increíble que un niño de nueve años (que no es tan pequeño) asista a todo esto sin enterarse de nada. Está muy bien que Bruno, al principio, no sepa de qué va la cosa pero, con el avance de la novela, la ingenuidad de Bruno se vuelve exasperante. Y esto se eleva al cubo cuando Shmuel, "su nuevo mejor amigo para toda la vida", que vive desde dentro la tragedia, tampoco se entera. Entiendo (y coincidirán conmigo la mayoría de los lectores) que un niño no puede entender (los adultos tampoco lo entendemos) por qué sucedió, pero lo que no se puede desconocer, y menos si lo tienes ante tus ojos, es qué pasó. Shmuel puede dudar la primera vez que desaparece alguien, pero no puedes negar la evidencia de una desaparición tras otra durante un año. Y esto le resta credibilidad a una novela que, si hubiera cambiado la perspectiva en algún momento, aunque fuera como un guiño, hubiera sido perfecta.
Pese a este pequeño inconveniente, El niño con el pijama de rayas es una novela que no debería faltar en ninguna estantería y que los colegios e institutos deberían empezar a recomendar.
A su favor hay que decir que obliga al lector a cambiar su perspectiva. Obliga a mirar el mundo de otra manera, desde unos ojos limpios e inexpertos que se cuestionan una y otra vez el mundo que los rodea. Obliga a aceptar sugerencias en vez de evidencias y obliga a luchar contra la rabia y la ira que embarga al lector conforme avanza en la lectura. El niño... hace que deseemos ir más allá, profundizar en algo que queremos ver y que se nos vela.
La otra ventaja es que vemos "este lado de la valla", esto es, el corazón de la familia del opresor. Bruno, el protagonista, nos ofrece una precisa visión de lo que ocurre de puertas para adentro: la seriedad del padre, la frustración de la madre, la adolescencia de la hija y todos los tejemanejes que suceden en toda familia. De este modo, asistimos a los desacuerdos de la familia del comandante de Auschwitz, que no siempre está de acuerdo con él y no siempre por razones de moralidad. Y vemos que no todo se puede reducir a buenos y malos, héroes y villanos.
Y la mayor virtud de El niño... es también su debilidad. Parece increíble que un niño de nueve años (que no es tan pequeño) asista a todo esto sin enterarse de nada. Está muy bien que Bruno, al principio, no sepa de qué va la cosa pero, con el avance de la novela, la ingenuidad de Bruno se vuelve exasperante. Y esto se eleva al cubo cuando Shmuel, "su nuevo mejor amigo para toda la vida", que vive desde dentro la tragedia, tampoco se entera. Entiendo (y coincidirán conmigo la mayoría de los lectores) que un niño no puede entender (los adultos tampoco lo entendemos) por qué sucedió, pero lo que no se puede desconocer, y menos si lo tienes ante tus ojos, es qué pasó. Shmuel puede dudar la primera vez que desaparece alguien, pero no puedes negar la evidencia de una desaparición tras otra durante un año. Y esto le resta credibilidad a una novela que, si hubiera cambiado la perspectiva en algún momento, aunque fuera como un guiño, hubiera sido perfecta.
Pese a este pequeño inconveniente, El niño con el pijama de rayas es una novela que no debería faltar en ninguna estantería y que los colegios e institutos deberían empezar a recomendar.
Comentario:
No lo he leído, la verdad. Nunca me ha llamado la atención y, cuando vi qué personas de mi alrededor lo han leído, se me quitaron las ganas. Me han dicho que es "más de lo mismo", no aporta nada nuevo. Esa visión diferente ya la tenemos en "La vida es bella", que, en su momento, sí aportaba algo nuevo.
Ahora estoy con "Die Welle" (lo siento, creo que no está traducido al castellano, aunque han hecho una peli y no creo que tarden mucho en estrenarla en España). Está muy bien, porque enseña algo que apenas se ha planteado: cómo y por qué funcionan los fascismos y se convierten en movimientos de masas. Llevo muy poquitas páginas, porque mi velocidad de lectura en otros idiomas no es muy alta. Pero promete.
Ahora estoy con "Die Welle" (lo siento, creo que no está traducido al castellano, aunque han hecho una peli y no creo que tarden mucho en estrenarla en España). Está muy bien, porque enseña algo que apenas se ha planteado: cómo y por qué funcionan los fascismos y se convierten en movimientos de masas. Llevo muy poquitas páginas, porque mi velocidad de lectura en otros idiomas no es muy alta. Pero promete.