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Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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Volvamos al cole
Yo sólo os lo aviso: en septiembre, todos volvemos al cole, aunque no nos incumba.

En unos días, todo se relacionará con la vuelta al cole, una expresión que, en mis tiempos (no tan lejanos) no se utilizaba como tal. Debió venir en el saco de la Logse. Los telediarios, a falta de mejores noticias, nos calcularán promenorizadamente los gastos que conlleva.

Los últimos veranos los he pasado trabajando en una mercería y, a la vuelta de las vacaciones, sólo se vende medio metro de velcro blanco adhesivo por alumno, letras adhesivas orladas con un osito o un elefantito estudioso y cinta blanca de algodón para colgar el baberito y la toallita en la percha. El resto de cosas permanecen cubiertas de polvo en las estanterías porque son las librerías las que hacen el agosto.

Desde que se generalizaron los vales para el material de estudio, que ya es gratuito en toda la educación primaria y parte de la secundaria, han proliferado las mochilas de las Bratz y de las Tortugas Ninja con brillos fluorescentes, los estuches de dos pisos con sensores luminosos y los sacapuntas pegados a osos horribles. Una librera me comentó que, desde que el material es gratuito, las librerías ganan más dinero porque los padres se lo gastan en "los complementos". Dado que los libros se pueden aprovechar y no valen para nada... ¿por qué no deleitar a mi hijo con el estuche brillante de Jordi Labanda en la versión infantil?

Mi hermano y yo nos llevamos cuatro años e íbamos al mismo colegio: los libros no eran gratuitos y nunca nos sirvieron los mismos porque los cambiaban continuamente. Con algo de suerte, pude aprovechar los de lengua cuando hice el bachillerato porque, para colmo, cursé el de letras, así que todos los de química y física fueron relegados a una caja de cartón. En mi casa jamás se habló de qué cara era la vuelta al cole porque mi madre nos confeccionaba los estuches con los restos de pantalones vaqueros, y con ellos íbamos tan felices. Aún llevo orgullosa a la Universidad el que me cosió en tercero de la ESO.

Lo que más recuerdo es la ceremonia de forrar los libros. Comprar el tubo rígido de celofán transparente e ir forrando uno a uno cada uno de ellos, tan nuevos, con ese olor tan especial, lavándose las manos antes de comenzar para no profanar aquella materia divina. Los libros eran una caja de sorpresas que en diciembre ya odiábamos pero, el primer día, la mochila pesadísima que nos provocaba escoliosis viajaba repleta de libros nuevos y perfectos.

¡Y qué me decís de los cuadernos! Creo que el amor por la primera hoja de una libreta de rayitas es común a todas las generaciones. Qué pulcramente escribíamos en la primera hoja, tan fuerte que se marcaba en las diez siguientes, con una letra redonda, de cuaderno Rubio. Según pasabas las hojas, los trazos se iban emborronando. ¡Y la caja de 12 lápices Alpino, afilados, ordenados perfectamente! El primer trazo, siempre tan definido, y el color blanco que siempre se quedaba sin achicar, porque ¿dónde demonios se escribía con un lápiz blanco? El azul y el verde eran los primeros que se gastaban, y poco a poco se astillaba la madera, y la caja ya no era la misma, y volvíamos a suspirar por la de 24 colores.

Así es la vida. Sólo durante los primeros días, vuelvo al cole. El 2 de septiembre ya se habrá vuelo insoportable. Y el 2 de octubre por la noche me acordaré de que voy a la Universidad, y llevaré siete folios doblados por la mitad, metidos en el bolso, y un bolígrafo bic. Y escribiré entusiasmada, y nos tomaremos un café a la salida de clase, y esa tarde no habrá nada que hacer porque no tendremos deberes. Nos habremos encontrado con los compis, que habrán cambiado y se habrán cortado el pelo, y vendrán morenos de sus vacaciones. Y eso no cambia nunca, nunca, en el cole, en el instituto o en la Universidad: siempre esperamos ver las caras conocidas.
 
Comentario:
Paradoja la de querer volver ahora mismo... y cuando estás inmerso en la rutina diaria de los quehaceres de siempre, desear que termine cuanto antes!!...
A ver si nos vemos prontito!! Eso sí, como dices, con cambio de look, más morenos y más guapos. Besitos
 
Comentario:
A mi siempre me fastidiaba tener que volver al cole y aun hoy por hoy siento cosquillas nada placenteras cuando pienso que tengo que volver a la universidad...Creo que ya es crónico.

En fin, qué bonito es el verano y que pena que dure poco.

un besito y hasta prontito
la dama
 
Comentario:
A mi me ponia nerviosa el ritual de forrar los libros porque eran los míos y los de mi hermana. Y tienes razón, adoraba mi libretita blanca...pero dejaba de hacerlo en cuanto empezaba a rayarla :)).
Esto de "volver al cole" ya no hay quien nos lo quite de encima...
Beso!
No