<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[ALGO DE TODO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Porque no podría centrarme en una sola cosa]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[La mirada de "El niño"]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_384.htm]]></link><description><![CDATA[No me atrevo a decir que <i>El niño con el pijama de rayas </i>(2007), de John Boyne, sea una novela corta para niños. No me atrevo porque está dirigida, inequívocamente, al público adulto. Es más, <b>está dirigida a la ingenuidad del adulto</b>. Si por algo se caracteriza <i>El niño...</i> es la distancia que impone respecto a los hechos. Unos hechos que difícilmente pueden interpretarse de otra manera distinta a lo que son, una de las páginas más oscuras de la historia del siglo XX y un profundo agujero negro en la historia de la Humanidad, <b>son tratados en esta novela como "algo que pasa al otro lado de la valla". </b>Ese algo indefinido, que desde el principio se parece más a una aventura, es el genocidio de miles de judíos en Auschwitz. Y este punto de partida, tan novedoso como arriesgado, tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles.<br/><br/>A su favor hay que decir que <b>obliga al lector a cambiar su perspectiva. </b>Obliga a mirar el mundo de otra manera, desde unos ojos limpios e inexpertos que se cuestionan una y otra vez el mundo que los rodea. Obliga a aceptar sugerencias en vez de evidencias y obliga a luchar contra la rabia y la ira que embarga al lector conforme avanza en la lectura. <i>El niño... </i>hace que deseemos ir más allá, profundizar en algo que queremos ver y que se nos vela.<br/><br/>La otra ventaja es que vemos "este lado de la valla", esto es, el corazón de la familia del opresor. Bruno, el protagonista, nos ofrece una precisa visión de lo que ocurre de puertas para adentro: la seriedad del padre, la frustración de la madre, la adolescencia de la hija y todos los tejemanejes que suceden en toda familia. De este modo, asistimos a los desacuerdos de la familia del comandante de Auschwitz, que <b>no siempre está de acuerdo con él y no siempre por razones de moralidad. Y vemos que no todo se puede reducir a buenos y malos, héroes y villanos.</b><br/><br/>Y la mayor virtud de <i>El niño... </i>es también su debilidad. Parece increíble que un niño de nueve años (que no es tan pequeño) asista a todo esto sin enterarse de nada. Está muy bien que Bruno, al principio, no sepa de qué va la cosa pero, con el avance de la novela, <b>la ingenuidad de Bruno se vuelve exasperante.</b> Y esto se eleva al cubo cuando Shmuel, "su nuevo mejor amigo para toda la vida", que vive desde dentro la tragedia, tampoco se entera. <b>Entiendo (y coincidirán conmigo la mayoría de los lectores) que un niño no puede entender (los adultos tampoco lo entendemos) <i>por qué</i> sucedió, pero lo que no se puede desconocer, y menos si lo tienes ante tus ojos, es <i>qué </i>pasó. </b>Shmuel puede dudar la primera vez que desaparece alguien, pero no puedes negar la evidencia de una desaparición tras otra durante un año. Y esto le resta credibilidad a una novela que, si hubiera cambiado la perspectiva en algún momento, aunque fuera como un guiño, hubiera sido perfecta.<br/><br/>Pese a este pequeño inconveniente, <i>El niño con el pijama </i>de rayas es una novela que no debería faltar en ninguna estantería y que los colegios e institutos deberían empezar a recomendar.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Una de médicos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_383.htm]]></link><description><![CDATA[Uno de los problemas de la sanidad pública española es que se dan muchas cosas por supuestas. La falta de información sobre cualquier procedimiento es abrumadora y su consecuencia más habitual es que tengamos que hacer las cosas dos y hasta tres veces.<br/><br/>Hace una semana fui a una revisión de la alergia. Llevo vacunándome, con mediano éxito, cada mes durante un año. La alergóloga me preguntó si seguía con síntomas, le dije que sí y me aconsejó que siguiera vacunándome. Le faltó decirme "hala, pa' casa". Me dio un papelico para continuar el tratamiento y una cita para el año que viene. Me dijo que seguramente ni siquiera me tendrían que autorizar el tratamiento, que en la farmacia me lo suministrarían.<br/><br/>Cuando me vacuno, siempre pregunto si me quedan suficientes dosis (porque el tratamiento hay que pedirlo con un mes de antelación, por aquello de que tienen que prepararlo especialmente, o eso dicen). Llevaba un par de meses sin preguntar, lo justo para que, alarmada, la enfermera que me vacunó esta vez me dijo que no me quedaba nada para el mes que viene, que tenía que pedirlo muy rápido porque en agosto los laboratorios no trabajan. <b>Qué sorpresa.</b><br/><br/>Así que me voy a la farmacia y, obviamente, me dicen que Inspección Sanitaria (que a mí me suena como la CIA, por lo menos) me tiene que autorizar la vacuna. Entiendo que haya tratamientos que se pidan como excusa para traficar con ellos, como la morfina o los fármacos para seropositivos, pero... <b>¿a alguien se le ocurre traficar con una vacuna de alergia común?</b><br/><br/>Al día siguiente a las 8.30 de la mañana me voy a Inspección Sanitaria, para no pillar cola, y me encuentro con que no abren hasta las 9. Así que media hora de espera en el coche, dando cabezadas sobre el volante. Otra media hora de espera (porque a la gente le debe gustar esperar en sitios con la puerta cerrada), presenciando discusiones entre pacientes e "inspectores" hasta que, al llegar a la mesa donde me tienen que sellar la receta, me dicen que <b>"ese papelote grande que tengo" no es una receta sino un "informe para el laboratorio" y que "sin receta yo no puedo hacer nada".</b><br/><br/>Me voy al consultorio médico y me dicen que para que me firmen una receta tengo que pedir cita al médico de cabecera, porque aunque lleve un informe médico completísimo hecho por un especialista tiene que ser un médico el que lo recete. Pido cita para ese mismo día, porque así me da tiempo de volver a coger el coche, ir a Inspección, volver al centro, aparcar y encargar la vacuna a la farmacia. Me dan cita para el día siguiente a media mañana. Uf, con las prisas que me metió la de la vacuna cualquiera se espera...<br/><br/>De modo que me voy de compras para hacer hora hasta que termine la consulta del médico y colarme vilmente. Espero pacientemente a las 13.30 y, <b>en cuanto veo un hueco aprovechando la ausencia de una señora, me cuelo en la consulta y suplico a mi médico que me firme una receta. </b>Se ríe de mí (y, con él, los residentes estos tan graciosos que tienen y que miran todo con tanta atención) y me la firma.<br/><br/>Mierda (perdón), son las 13.55: no me da tiempo a volver a Inspección. Tendrá que ser otro día.<br/><br/>Esta mañana, contra todo pronóstico, consigo la Autorización, así en mayúscula (con lo que me ha costado conseguirla). Ya que he perdido tanto tiempo podía pedir más y empezar a traficar con ellas y, al menos, sacaría algo de beneficio, porque lo que es la vacuna en sí no tiene mucha utilidad (salvo ayudarme a superar mi miedo a las agujas).<br/><br/>Y aquí estoy, haciendo hora para suplicar a la farmacéutica que suplique al laboratorio que se dé prisa para que el mes que viene yo pueda tener mi próxima dosis. <b>Qué yonqui suena todo esto...</b><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Ese gran escaparate]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_382.htm]]></link><description><![CDATA[Mientras veía la ceremonia de inauguración de los JJOO de Pekín pensé en la importancia que tienen los medios de comunicación en estos eventos. No me refiero sólo al despliegue tecnológico del que hacen gala, sino de <b>la responsabilidad social que debe acompañar sus informaciones sobre temas no estrictamente deportivos</b>. <br/><br/>A nadie se le escapa, pese a las escasas informaciones que están apareciendo en los medios sobre los múltiples lados "oscuros" de la sociedad china, que la celebración de los Juegos es sólo un gran escaparate y, como tal, <b>su labor es tanto presentar como embellecer lo que hay en el interior. </b>Echo de menos reportajes y documentales sobre la realidad de la sociedad china (aunque sé que alguno están emitiendo), en ningún caso para boicotear una celebración ni para presentar a los occidentales como superiores, sino para que nadie se lleve a engaño. <br/><br/>A todo esto he recordado un ensayo que escribí para la asignatura de Periodismo Internacional, a principios de 2008. Creo que puede resultar interesante, así que os lo cuelgo aquí:<br/><a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/algodetodo/files/El_precio_de_los_JJOO.doc">El_precio_de_los_JJOO.doc</a><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Crueldad sin fin]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_381.htm]]></link><description><![CDATA[<b>Ken Follet ha puesto sobre el papel, como ya hiciera en <i>Los Pilares de la Tierra</i> (1989), todo un ensayo sobre la crueldad humana.</b> <i>Un mundo sin fin </i>(2007) es cruel como la vida misma, con esa suerte de maldad que te obliga a seguir leyendo en busca de un rayo de esperanza. Con unos personajes de gran complejidad, Follet explora las grandezas y las miserias humanas en un entramado de historias que mantienen al lector aferrado a las páginas (y con los puños cerrados por la ira). Transcurra como transcurra cada trama, siempre llega, de una manera un otra, la indignación. <b>Y esa indignación, como el mundo, parece no tener fin.</b><br/><br/><i>Un mundo sin fin</i> recoge dignamente la herencia de su predecesor. <b>El autor utiliza los mismos mecanismos para lograr los mismos fines, eso no es nuevo, pero lo sigue haciendo magistralmente. </b>Consigue que empaticemos al instante con cada uno de los personajes y que vivamos su angustia como si fuera nuestra. Las zancadillas se suceden y sólo confiamos en la fortaleza de nuestros personajes queridos para salir adelante. <b>Pero el sufrimiento, como el mundo, parece no tener fin.</b><br/><br/>Desconozco si la descripción de la realidad histórica es adecuada. En este caso, poco importa. Porque estas tramas y estos personajes podrían colocarse en cualquier época y tendrían el mismo sentido. De hecho, no hay mucha diferencia respecto a <i>Los Pilares de la Tierra</i>, a pesar de mediar, si no me equivoco, unos doscientos años de diferencia. Los anhelos son los mismos y las barreras sociales, también. Si trasladáramos estas historias a nuestros días poco cambiarían, sólo que los malvados tendrían otros nombres y otras ocupaciones. <b>La ventaja de lo atemporal es que siempre cala hondo e intensifica la identificación. La novela histórica contemporánea no busca tanto la exactitud como la empatía.</b> Y ahí reside su grandeza. Quien busque algo diferente a <i>Los Pilares... </i>se decepcionará pero ¿para que cambiar algo si de por sí es perfecto? Y la perfección, a veces, parece no tener fin.<br/><br/>Al final, rompiendo los esquemas de la tragedia, llega la resolución esperanzadora.<b> Una esperanza que, como toda esperanza, tiene un poso de tristeza, de abandono y de decepción</b>, pero que es esperanza al fin y al cabo. Follet dosifica vestigios de claridad que nos hacen creer que no todo es oscuridad, pero esta luz sólo aparece como un ancla al que aferrarse. <b>La esperanza, como el mundo, como el universo de Follet, parece no tener fin. </b><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Terminar para empezar]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_380.htm]]></link><description><![CDATA[Anoche, mientras trabajaba, pasaba el tiempo pensando en que llegaría a casa y mi novio me habría preparado la cena. Sabía que me esperaría para cenar juntos, que nos contaríamos qué tal había ido el día, que miraríamos la televisión o nos tumbaríamos en la cama para leer cualquier cosa, sabía que apagaríamos la luz y él estaría a mi lado. <b>Que él estará siempre a mi lado.</b><br/><br/>Me lo dijo el otro día, en uno de mis incontrolables arrebatos de ansiedad. No ha pasado aún, pero ahora tengo confianza en que no estoy sola y me convenzo pensando que sólo necesito tranquilidad. Y orden.<br/><br/>No me he mudado aún. Vivo entre dos casas, el trabajo y la biblioteca. No sé dónde tengo la ropa ni los libros ni nada de lo que configura mi mundo. Tengo una gran facilidad de adaptación, nunca he tenido problema y eso que me he mudado bastantes veces en los últimos años. Pero esto es distinto. <b>Sé que es un gran paso en mi vida y no tengo tiempo de pararme a pensar en ello, a disfrutarlo, saborearlo y escupirlo.</b><br/><br/>Tengo muchísimas cosas que hacer. Quiero que los días se paren para poder seguir con mi proyecto, el que parece avanzar lento como mi recién comprada tortuga, pero quiero que pasen rápido para que se acabe este insoportable verano (y para cobrar mi sueldo de este mes que parece no terminar nunca). <b>Los días están llenos de horas que no pasan y de otras que pasan muy rápido.</b> Siempre estoy en el lugar equivocado haciendo algo menos urgente de lo que en realidad tengo que hacer. <b>Y mientras a mi alrededor todo el mundo corre, todos avanzan y yo me quedo atrás.</b><br/><br/>Apenas salgo. Ni tengo dinero ni tengo ganas. Prefiero intentar saber dónde estoy antes de huir por bares, discotecas y terrazas. Prefiero asentarme, afianzarme, tomar conciencia de dónde estoy y por qué. Prefiero ir poco a poco. <b>Prefiero dar pasitos seguros que dar zancadas. </b>Y, sin embargo, en este momento mi vida sólo me pide zancadas, cada vez más grandes, cada vez más rápidas.<br/><br/>Sé que llegará un día en el que me podré tumbar a relajarme sin la presión de estrujar al máximo cada pequeño instante. Llegará un domingo en el que tenga la perspectiva de todo un día libre para mí, para vivir en el sofá, entre libros y películas o entre café y conversaciones amenas. Llegará ese día, sí, pero de momento no llega. Y yo lo espero mientras cuento cada momento que me falta para terminar este estado de <i>standby</i> que me enfurece y adormece a partes iguales. <br/><br/>Hay personas de cuya vida sólo sé por sus <i>nick</i> de Messenger. El año pasado una compañera que estaba a punto de terminar la carrera escribió:<b> “quiero terminar para empezar”.</b> En aquel momento lo entendí bien, sabía a qué se refería (ninguno de mis compañeros puede decir que a ese respecto la Universidad nos ha engañado) pero no lo comprendía en toda su dimensión, como ahora lo hago. Quiero terminar para empezar. <b>Quiero terminar para empezar, aunque no sepa el qué.</b><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Cultura popular]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_379.htm]]></link><description><![CDATA[“Para aquellos que han adquirido la competencia cultural necesaria para adoptar una disposición estética es posible mirar de una forma diferente las series de televisión: percibir la visión estética de un creador individual donde una vez hubo una historia sin un autor discernible; reflexionar sobre el significado de la forma incluso cuando uno se sumerge en el placer de una extensa narrativa; reconocer la hebra de las referencias culturales e históricas trazadas en la fabricación de una historia; <b>apreciar la sutil subversión de las convenciones del género y las expectativas de la audiencia y, lo más importante, celebrar la trascendencia del arte en la experiencia de cada día y las formas más mundanas de cultura popular. </b>Las series de televisión han provocado muchas reacciones a lo largo de los años, pero sólo recientemente se han consagrado culturalmente como obras de arte”.<br/><br/>Christopher Anderson en Drama Overview, en <i>The Essential HBO Reader</i>, página 25.<br/><br/>Y ahora… preguntadme por qué estoy metida en este proyecto de fin de carrera. A veces, en medio de la ansiedad, del miedo, del cansancio… una recuerda por qué hace las cosas que hace.<br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Sombría decadencia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_378.htm]]></link><description><![CDATA[<i>El ángel sombrío</i>, escrita por Mika Waltari en 1979, es una interesante novela sobre la caída de Constantinopla. <b>Su principal aporte a la novela histórica es el detalle y el rigor con el que están contados cada uno de los movimientos.</b> Día a día, Jean Angelos (el sombrío protagonista), narra desde sus ojos de privilegiado testigo todo lo que acontece a su alrededor.<br/><br/>En su estancia en Constantinopla, adonde ha llegado en busca de morir por una causa justa, se encuentra con la mujer de su vida, amor que encuentra muchas dificultades a causa de los terribles momentos que viven. <b>Elabora así un discurso sobre la decadencia moral y material de un imperio, la traición y los valores humanos.</b><br/><br/><i>El ángel sombrío</i> es un buen libro, algo espeso de leer al principio porque el lector tarda en acostumbrarse al lenguaje, a los escenarios y al momento histórico. <b>A mediados de la novela la historia discurre con mucha mayor fluidez, a caballo entre las descripciones y la tensión</b>. Se echa en falta un clímax más elaborado por parte del autor, dado que la historia "real" (por decirlo de algún modo) no puede tener más clímax por sí misma. No obstante, ese desapego de la realidad casa muy bien con el estilo y el ambiente de la novela en su conjunto, por lo que es irreprochable.<br/><br/>Hará gozar a los amantes de la novela histórica.<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[El instante]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_377.htm]]></link><description><![CDATA[En un instante, dicen -y digo-, te puede cambiar la vida. En un instante la vida, así de simple, puede desaparecer.<br/><br/>A las 3.45 de la madrugada del domingo un coche embistió al nuestro, donde viajábamos mi novio y yo, por detrás en un tramo de la A-42 cercano a Getafe. En un instante. Recuerdo que mi novio dijo, mirando por el retrovisor: <i>"uy, ese, cómo va..."</i> y después <b>el choque y las vueltas y el mundo girando alrededor y mis gritos y mi novio aferrado al volante y más vueltas y el quitamiedos y la noche y la angustia y el espacio-tiempo eternos e inasibles.</b> Es doloroso querer agarrarte a algo y no poder. Es triste que el tiempo no te conceda esas últimas palabras que quedan tan elegantes y profundas en la pantalla grande. Si no hubiera habido suerte lo único que tendría de mi novio sería su recuerdo girando a mi alrededor.<br/><br/>Pero hubo suerte. <b>Hubo suerte.</b> No nos pasó nada. Ni un rasguño. El coche se desplazó bastantes metros hacia adelante, haciendo trompos, hasta quedarse mirando en la misma dirección. <b>Hubo suerte</b>. Porque era una autovía de tres carriles (lo que impidió que chocáramos con la mediana o con el quitamiedos), porque no había tráfico (lo que impidió que alguien más nos embistiera) y porque el coche que nos golpeó siguió una trayectoria distinta. <b>Hubo suerte.</b> Dios bendiga a la suerte.<br/><br/>Cuando el coche paró sólo pude preguntar a mi novio: <i>"¿estás bien?"</i>. Era lo único que me importaba. No necesitaba que me respondiera, puesto que sabía que lo estaba. <b>Durante todo el tiempo que estuvimos girando lo así del brazo porque no quería que se fuera, no quería que nada lo alejara de mí, no quería que se me escapara la felicidad de las manos, </b>la felicidad que hasta el instante anterior habíamos estado viviendo.<br/><br/>Es curioso cómo en esas circunstancias no hace falta hablar. Mientras girábamos sabía que él estaba sintiendo lo mismo. Sin necesidad de que dijera nada, <b>sabía que estaba haciendo todo lo posible para que yo tampoco me fuera.</b> Sabía que quería protegerme y salvarme, pasara lo que pasara. <b>Es curioso cómo en un instante se puede amar tanto a la otra persona, cómo puedes sentir su miedo en tu miedo y cómo se está tan segura de qué está sintiendo.</b><br/><br/><i>"Si te llega a pasar algo..."</i>, dijo al salir del coche, mientras vomitaba en la cuneta, y no hizo falta completar los puntos suspensivos.<br/><br/>A los chicos que viajaban en el otro coche tampoco les pasó nada, pese a que impactaron con la mediana. La Guardia Civil vino a ayudarnos, previa llamada al 112, y nos ayudó a señalizar y a retirar los coches y después tomó declaración a los dos conductores. El seguro mandó una grúa y un taxi, que nos llevó a casa (a más de cien kilómetros de allí) mientras nuestro coche viajaba rumbo a un taller. No sabemos qué pasará con él, el jueves nos darán una solución.<br/><br/>Pasamos el domingo descansando e intentando hacernos a la idea de lo que había pasado. Los nervios ya se pasaron, ahora quedan las explicaciones a los familiares, las negociaciones con el seguro y la vuelta a la conducción normal. Es inevitable sentir miedo cada vez que algún coche asoma su morro por una cochera, que una moto adelanta o que es necesario adelantar a un camión. <b>Es inevitable sentir miedo, pero hay que seguir adelante. </b><br/><br/>Yo sólo me asombro de lo que pudo haber pasado y no pasó. Es cierto que aquel chaval no tenía que haberse tomado unas copas ni haber conducido a 160 kilómetros por hora, no tenía que haber intentado cruzar tres carriles en una autovía ni tenía que haberse despistado al calcular las distancias. Pero eso no lo podemos controlar.<b> Podemos controlar el ahora en adelante. </b>Y siempre que estás en la carretera, la mayoría de las circunstancias no están bajo tu control. <b>Pero podemos contarlo. Y eso es lo que importa. Puedo contar el instante en el que me hundí en sus ojos y supe que me quería y supe quería estar a su lado, para todo. Y eso es lo que importa.</b><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[Cristalino Baricco]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_376.htm]]></link><description><![CDATA[Existen un sinfín de palabras exactas para describir algo, excepto cuando se habla de Alessandro Baricco. Tras leer <i>Tierras de Cristal</i> me he quedado sin palabras, puesto que él absorbe todas. Absorbe todas las palabras del mundo y las coloca de la forma exacta, precisa, de manera que puedan provocar innumerables sensaciones y profundas reflexiones. Es imposible leer a Baricco de un tirón y, sin embargo, cada línea pide continuar la siguiente. Es imposible leer a Baricco sin releer, sin fijarse en cada punto, en cada coma, en cada espacio en blanco. <b>Es imposible leer a Baricco sin mirarse dentro. Es imposible leer a Baricco y que, después, el mundo no cambie.</b><br/><br/><b>Baricco es como el cristal: aparentemente transparente pero impenetrable, aparentemente eterno pero inflamable. Baricco es grande y cada una de sus obras es un cielo abierto sobre el que volar.</b><br/><br/>No cabría aquí una sinopsis de <i>Tierras de Cristal</i>. Es una pequeña historia creada a partir de múltiples historias que sólo en yuxtaposición parecen tener sentido. Es una galería de personajes enormes en su pequeñez, pequeños en su grandeza. Es una vía por caminar. Es una locomotora que estalla a toda velocidad. <i>"Pero el tren.. aquello era exacto, era tiempo convertido en hierro, hierro corriendo sobre dos raíles, secuela precisa de antes y después, incesante procesión de travesaños... y sobre todo... era velocidad... velocidad. La velocidad no perdonaba".</i><br/><br/>Es imposible no remitirse a sus obras anteriores, <i>Seda</i> y <i>Océano Mar</i>. Es imposible no creer que distintas historias son al mismo tiempo la misma historia, <b>el universo Baricco</b>. La gran belleza. La historia sin fin. El mundo. La vida. La observación diminuta de la vida. Indescriptible.<b> Leedlo y el mundo cambiará a vuestro alrededor.</b><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item><item><title><![CDATA[PhotoEspaña 08: acto de PHE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/algodetodo/c_375.htm]]></link><description><![CDATA[Es el primer año que he acudido a las exposiciones de <a target="_blank" href="http://www.phedigital.com/festival/">PhotoEspaña.</a> Me gusta la idea en la que se basa porque <b>da la oportunidad de conocer las mejores salas de exposiciones de Madrid </b>algo que, para los que no estamos iniciados en el tema, siempre es prometedor. No sé si por ser primeriza o por mala suerte, creo que he ido a las peores exposiciones, así que mi balance no puede ser del todo positivo.<br/><br/><b>La Fábrica (en la calle Alameda) exponía la obra de Félix Curto, llamada <i>Menonitas</i></b>, fuera de la Sección Oficial del festival. Aunque pretende mostrar la vida rural de los habitantes de la Pampa Argentina (una comunidad religiosa llamada Guatraché, según leo en la web), las imágenes (de excelente calidad y brillante composición) solamente me recordaron a los anuncios de Levi's. Excepto alguna que otra fotografía, especialmente aquellas donde <b>la inocencia de los niños contrastaba con la dureza del campo</b>, el resto no inspiraron en mí la menor admiración.<br/><br/>El <b>Instituto Cervantes</b>, edificio imponente donde los haya, presentaba varias exposiciones diferentes, todas ellas dentro de la Sección Oficial, unidas por un mismo tema: los viajes. A continuación, las que más me gustaron:<br/>- <b>Pablo López </b>captura con su cámara las imponentes selvas de America Latina y también la aglomeración de sus ciudades. Pese a que la composición de colores de las selvas de Chiapas era exhuberante, la presencia del hombre parecía interferir de alguna manera. Al contrario, en las <b>panorámicas urbanas </b>el hombre no estaba presente, lo cual le daba mucha más fuerza.<br/>-<b>Mateo López </b>presenta en <i>Diarios de una motocicleta </i>una instalación donde recoge recuerdos de su viaje desde Bogotá a Medellín. Las fotografías están colgadas en folios, como si fuera la habitación del autor, y hay un tríptico gratuito que contiene toda la información como si de un cuaderno se tratara. Personalmente me gustó más este catálogo que la exposición en sí.<br/>-<b>Ana Paula Paiva y Fernando Martinho </b>fotografiaron el primer año de vida de su hijo mientras viajaban por toda América Latina. En mi opinión, es la mejor exposición de todas las que he visto. Aunque algunas fotografías parecían un <i>space</i> personal, hay que reconocer la altísima calidad compositiva de la mayoría de ellas. Destaca la <b>contraposición de abismos y primeros planos</b>, de espacios planos con formas sugerentes y de la inmensidad de la naturaleza con la vida cotidiana de un bebé. La mirada de los padres cala en todas las fotografías de forma que se crea cierto magnetismo hacia la vida de estas personas.<br/><br/><b>Minerva Cuevas y Ramón Mateos presentan en la Casa de América su trabajo <i>Interferencias</i>. </b>Yo no entiendo de arte. Yo no entiendo de fotografía. Pero <b>esta obra me pareció... absurda</b>. Me pareció un increíble desperdicio de dinero en tecnología para una cosa que no merecía la pena. Minerva Cuevas proyecta pequeñas películas sobre planetas, galaxias y animales que parecen diapositivas del colegio. Ramón Mateos expone, en una sala totalmente a oscuras y en varias pantallas pequeñas, personas cantando frente a la cámara como en un coro. Junto a ellos, una instalación de videoarte. Aunque en la web se explica la concepción artísticas de los autores, he de decir que a mí y a mi acompañante sólo nos provocó... risa.<br/><br/><b>Yasumasa Morimura es el autor de <i>Requiem for the XX Century</i></b>, obra sobre la identidad que transforma a los grandes iconos en meros disfraces donde la puesta en escena y la fuerza del discurso son todo. Aunque no lo entendí muy bien (el discurso de un <i>hitler </i>ficcionado era en japonés traducido al inglés), me pareció una idea interesante e innovadora, pero he de decir que tampoco me emocionó.<br/><br/><b>FNAC propuso, acorde a su imagen comercial, una exposición llamada <i>Smoking is bad</i>, a cargo de varios autores.</b> En ellas aparecían personas famosas (Nick Nolte, Steve McQueen, Javier Bardem...) fumando en poses sugerentes. Apenas pude disfrutar de esta exposición, que en principio prometía, porque acababa de terminar un concierto de <i>hiphop</i> y los fans estaban intentado hacerse fotos con sus ídolos.<br/><br/>La alegría de la Plaza Colón para un partido de Eurocopa nos impidió (entre que nos revisaron la mochila, hicimos fotos a los hinchas españoles disfrazados y contemplamos los litros de alcohol derramados e ingeridos) entrar a la exposición de <b>Eugene Smith en el Teatro Fernán Gómez.</b> He visto las fotografías en internet y son deliciosas así que puedo decir, casi con seguridad, que hubiera sido mi preferida. Como me quedé con las ganas, sólo puedo decir que toca esperar a la próxima edición de PhotoEspaña. Para entonces, espero acertar con las exposiciones que elija.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(algodetodo)]]></author></item></channel></rss>
