Negrura
Estoy sumida en una pesadilla.
Quiero despertar, que haya un ruido, algún sonido, algo que me obligue a abrir los ojos, salir de este negro túnel, porque todo esto es un sueño, tiene que ser un mal sueño.
Mamá, ven a despertarme. Dame un beso, hazme cosquillas, quítame esta negrura que me envuelve y no me deja levantar.
Cántame una canción al oído, dime que todo está bien, que todo pasará.
Recuérdame lo fuerte que soy, dime el lugar secreto del que tomé mi fuerza otras veces. No recuerdo dónde lo dejé.
Ya no lo recuerdo.
Estoy tan cansada.
Cayendo, cayendo...
Aún quedan horas hasta el amanecer y ya estoy en la ciudad tomando mi primer café del día.
Solo, negro, amargo.
Como mi soledad, llena de amargura.
Remuevo el fondo de la taza buscando el dulce del azúcar. No hay dulzura, sólo el sabor acre y áspero de la tristeza.
Cuando el día vuelva a clarear nada mejorará, porque nada ha de cambiar. Seguiré sumida en la oscuridad, porque la llevo dentro de mi corazón y enganchada a mi piel, corriendo libre por mis venas.
Yo, simplemente viviré mi actuación, sonreiré cuando deba sonreír, lloraré cuando nadie pueda verme y maldeciré cuando nadie pueda oírme.
Quiero estar furiosa, porque la furia me salvaguarda, me mantiene en pie, me da fuerzas para seguir. Pero la furia no es permanente, es cambiante y cuando se transforma en tristeza, en pena y desolación me deshago por dentro, me despoja de mis fuerzas y me hace, de nuevo, vulnerable.
No quiero ser vulnerable, no puedo permitírmelo, porque me hundo.
Haciendo aguas
Mi vida, después de treinta años, se ha ido a pique.
Ya no tiene sentido seguir peleando por alguien que no lo merece.
Que no me merece.
Ni mis lágrimas, ni mis desvelos, ni sus mentiras ni sus traiciones.
Ni una más.
La vida conocida y la que podría haber sido se ha desmoronada como un castillo de naipes.
En apariencia sólido, estable.
En la realidad, boicoteado y hundido, pisoteado.
Así no se puede seguir luchando, por nada ni por nadie.
Ahora solo queda volver a empezar...
Cuando el amor entró por la puerta, la felicidad salió por la ventana
Llevándose en su vuelo la confianza, la autoestima, el deseo, la fuerza y el coraje para encarar el día a día.
En el camino quedan los restos del naufragio, viejas fotos amarilleadas por el tiempo, un alma rota, la tristeza, el dolor de la herida abierta, una vez más. Lágrimas y lamentos. Sombras. Oscuridad.
Huellas de pisadas sobre un tiempo pasado, edificado con mimo y esfuerzo de años, tantos y tan antiguos como su memoria aún puede recordar.
Y en el alfeizar de la ventana, mecido por el viento, se tambalea el boceto de un futuro incierto, aquél que un día pareció construirse sobre unos cimientos sólidos y firmes y sin embargo, hoy es pura fragilidad.
esto es todo, amigos

Sí, y hasta aquí llegué.
Porque aún queda una semana, pero ya empieza a oler a brisa marina, a pantalones remangados paseando al atardecer por la orilla del mar, a baños de sol y arena.
A días nublados y brumosos, con esa luz que confiere el cantábrico y a días brillantes, sacados de un calendario.
Días para el descanso y el relax, para jugar con los niños a las palas, volar cometas y volver a ser, como cada verano, cazadores de olas.
Pasear por el muelle viejo y sentados en él, de noche, contemplar la lluvia de estrellas, sin saber nunca quién de nosotros llegó a contar más.
Días para intentar averiguar si mañana será día de playa o de lluvia, con sólo echar una mirada al despertar de la Peña, por si acaso ya llegó el nordeste a la costa.
Y es que ya empieza a oler a marmita, a ruedas de bonito, a cocido montañés y a quesada.
A verde marinero y a bahía esmeralda…
Creo que es el mejor momento para los agradecimientos. Quiero agradeceros a todos vuestra compañía durante todos estos meses y vuestras palabras, siempre tan llenas de cariño hacia mí.
Gracias por vuestra paciencia ante mis vueltas y revueltas, al cambio de ‘algo personal’ hacia el ‘nada personal’ y sobre todo, al derroche ante mis primeros pasos con los relatos cortos y mis coqueteos atolondrados con la poesía.
¡Qué vida tan rara! ¡Quién me iba a decir a mí que terminaría expresándome con poemas!
‘Algo personal’ y yo estamos bien, algo cansados, y eso, a la larga termina por aflorar a la superficie.
Nos vendrán bien estos días para descansar el uno del otro. Volveremos cuando tengamos algo nuevo que escribir.
Mientras tanto, os dejo millones de besos con todo mi cariño.
¡Os deseo un feliz verano y sobre todo, una feliz vida!
Algo Personal
entre tu y yo

Entre tu y yo,
sólo queda distancia.
Un insondable precipicio que crece,
sumido en la oscura ignorancia,
sin estrecho puente ni pasarela larga.
Desde que dejaste de estar,
desde que nunca llegabas.
La parte que me quedo yo,
la guardo entre las plumas de mi almohada.
La parte que quedó contigo,
espero esté bien atesorada.
Aunque si no la llevas guardada,
si la tiraste al abismo,
tampoco pasaría nada.
en la noche

Lentamente cae la noche, sombreada por nubes de calor.
Con ella mueren los días en los que se busca asiento bajo la sombra de un gorrión.
La noche de cuarto menguante asoma a través de las ventanas que de par en par se abren, invitando a llanto de niños, trasteo de cocina, risas vecinales.
Las cortinas se cimbrean con una ligera brisa, preludio quizás de la ansiada tormenta que desempañe el cielo.
La casa permanece entre penumbras y silencio, sólo roto por el murmullo de los muebles que, de tanto en tanto, protestan de manera desigual.
Todos duermen y yo escribo acompañada del feliz grillo que se ha hecho fuerte en el jardín, entre la albahaca y la hierbabuena.
Huele a lluvia cercana, pero la tormenta pasa de largo y no parece que hoy se detenga sobre mí.
allá donde yo me encuentre

Allá donde yo me encuentre,
viajarás siempre conmigo.
En las letras de poemas inacabados,
imperfectos y sin prosa,
escritos desde este corazón,
que de escribir a ciegas rebosa.
De tantas noches inquietas
surgen impacientes los escritos,
en ellos apaciguas mis sueños,
que al escapar retornan malditos.
Y es que allá donde yo me encuentre,
estarás siempre conmigo.
Viajarás en el tiempo y en el espacio,
serás una breve parte de mi.
Cosido, prendido y unido
estarás en cada sentir.
tarde de verano

Las noches son calurosas,
los días bochornosos se arremolinan
y amontonan en un calendario
que come semanas.
Y aún quedan dos para las maletas.
Mi cabeza esta encapotada,
como el cielo que envuelve Madrid.
Mis sentimientos aletargados,
como una tarde de siesta de verano.
Los sueños son tan grises como las nubes.
Los niños crecen.
Se hacen mayores.
Y yo con ellos.
La abuela se queja,
día sí y día también.
No tengo nada que escribir.
Mi vida es un gráfico plano.
Trabajo, casa.
Casa, trabajo.
No hablo con nadie.
No veo a nadie.
No escribo nada.
Así debía ser ¿no?
Sentada en el callejón sin salida
de ropa tendida y farolas sin luz.
reina de las mareas

Reina de las Mareas
fluctuando en sus ciclos vitales,
atrapada entre espirales caóticas,
que la absorben y atraen a las profundidades,
para devolverla a la superficie,
una y otra vez.
Subiendo, bajando.
Fingiendo estar muerta.
Hoy, la Reina de las Mareas,
la de los influjos lunares,
vuelve a estar inundada de tristeza
y no quiere escribir la razón,
porque si así lo hiciera,
su tristeza aumentaría,
hundiéndola hasta el lóbrego fondo
de un sombrío mar.







