Algo Personal (II)
Acerca de
Madrileña, cuarentona, lunática y un montón de cosas más ...







La primera parte de::
Algo personal (I)

Otra parte d mi::
Así de personal


Sindicación
 
Me voy


Cuesta tanto entrar aquí, que tengo que emigrar.

No sé el tiempo que estaré escribiendo, ni siquiera se si lo haré, pero abro un nuevo rincón.

Aún no está decorado ni amueblado, está en mantillas y no sé el tiempo que seguirá así.

http://asidepersonal.blogspot.com/


 
Y la tierra nos cubrió

No quise ver, porque quise ser ciega.

No quise oír, porque quise dejar de tener oídos.

No quise sentir, porque sentía demasiado.

Y mientras él escarbaba un hoyo más y más profundo, yo me dedicaba a cubrirlo con la propia tierra que se amontonaba a nuestro alrededor.

Hasta que mis manos no fueron suficientes. Ni mis brazos, ni mis fuerzas lo fueron.

Hasta que mis ojos, mis oídos, todos mis sentidos quisieron abrirse a un tiempo y me obligaron, por fin, a mirar viendo, a oír escuchando, a sentir con los ojos y los oídos del alma lo que tanto tiempo a mi misma me negué.

Y la tierra nos cubrió.

Y desaparecimos bajo ella.









 
Negrura

Estoy sumida en una pesadilla.

Quiero despertar, que haya un ruido, algún sonido, algo que me obligue a abrir los ojos, salir de este negro túnel, porque todo esto es un sueño, tiene que ser un mal sueño.

Mamá, ven a despertarme. Dame un beso, hazme cosquillas, quítame esta negrura que me envuelve y no me deja levantar.

Cántame una canción al oído, dime que todo está bien, que todo pasará.

Recuérdame lo fuerte que soy, dime el lugar secreto del que tomé mi fuerza otras veces. No recuerdo dónde lo dejé.

Ya no lo recuerdo.

Estoy tan cansada.

 
Cayendo, cayendo...


Aún quedan horas hasta el amanecer y ya estoy en la ciudad tomando mi primer café del día.

Solo, negro, amargo.

Como mi soledad, llena de amargura.

Remuevo el fondo de la taza buscando el dulce del azúcar. No hay dulzura, sólo el sabor acre y áspero de la tristeza.

Cuando el día vuelva a clarear nada mejorará, porque nada ha de cambiar. Seguiré sumida en la oscuridad, porque la llevo dentro de mi corazón y enganchada a mi piel, corriendo libre por mis venas.

Yo, simplemente viviré mi actuación, sonreiré cuando deba sonreír, lloraré cuando nadie pueda verme y maldeciré cuando nadie pueda oírme.

Quiero estar furiosa, porque la furia me salvaguarda, me mantiene en pie, me da fuerzas para seguir. Pero la furia no es permanente, es cambiante y cuando se transforma en tristeza, en pena y desolación me deshago por dentro, me despoja de mis fuerzas y me hace, de nuevo, vulnerable.

No quiero ser vulnerable, no puedo permitírmelo, porque me hundo.

 
Haciendo aguas


Mi vida, después de treinta años, se ha ido a pique.

Ya no tiene sentido seguir peleando por alguien que no lo merece.

Que no me merece.

Ni mis lágrimas, ni mis desvelos, ni sus mentiras ni sus traiciones.

Ni una más.

La vida conocida y la que podría haber sido se ha desmoronada como un castillo de naipes.

En apariencia sólido, estable.

En la realidad, boicoteado y hundido, pisoteado.

Así no se puede seguir luchando, por nada ni por nadie.

Ahora solo queda volver a empezar...