Algo Personal (I)
Acerca de
Madrileña, cuarentona, lunática y un montón de cosas más ...

Sindicación
 
un lejano rincón



Lentamente, muy despacio, arrastrando los pies enfundados en las viejas zapatillas, fue a sentarse en su sillón, junto a la ventana. Desde allí podía contemplar el mar y el horizonte, aquél que tantas veces le había transportado a lugares que jamás visitaría.

Y en ese momento, con la mirada puesta en el sol que se refugiaba una tarde más, viajó de nuevo a su lejano rincón.
Esta vez con la tristeza del que sabe que ya sólo podrá recorrerlo con la imaginación.

Hoy, más que nunca, se sentía exhausto. Tenía la certeza de que todo había terminado, que el plan que un día sabiamente había trazado se había vuelto contra él.
Se preguntaba en qué se había equivocado, aunque sabía cual había sido su error.
Ahora se daba cuenta que había pedido demasiado sin apenas dar nada a cambio.
Que había ofrecido humo a cambio de tesoros. Vacío en lugar de espacios. Promesas incumplidas. Deseos no realizados. Siempre intentando dejar caminos abiertos, pero al mismo tiempo cerrándolos tras de si.

Cansado, cerró los ojos y la imagen, esta vez como un espejismo, volvió a su cabeza.
Ella sonriéndole, bailando para él, acariciándole el cabello. Podía oír su risa, la sentía tan próxima, tan cercana como si estuviera sobre sus rodillas.
En un gesto instintivo, levantó las manos y en su ceguera, creyó estar tocando aún su cuerpo, cálido y suave. Aún mantenía el aroma de su piel y el sabor de sus labios.
Nunca volvería a sentirla.
Lo que no había conseguido el tiempo lo había logrado él con su torpeza.

Con nostalgia, supo que la había perdido una vez más, pero en esta ocasión era ella la que se alejaba para siempre, sin portazos, sin gritos, en silencio, como él lo había hecho tantas otras veces.

Y en ese rincón, arrellanado en su butaca, permaneció durante horas, intentando ahogar toda su tristeza mientras la soñaba.

 
¿sabes...?

Crees de mí que soy una inconsciente, una insensata que anda descalza por las calles mojadas, que cruza sin mirar los semáforos y las vías del tren cuando éste se acerca y ya se le oye silbar, que me lanzo al vacío sin pensar.

Crees que no sabes nada de mí, pero lo que ya sabes es mucho.
Crees conocerme y sin embargo, es muy poco aún lo que conoces.

No soy un libro abierto, pero no uso candados.
No todas mis páginas están escritas y no en todas ellas hay borrones. Aún queda mucho por escribir, por tachar y garabatear, por pasar a limpio y también mucho por dibujar y colorear antes de cerrar el libro.

Y sin embargo, soy como soy y no escondo nada.
Soy como me muestro ante ti, aunque aún puedas conocerme mucho más.
Si quieres te mostraré lo que guardo, lo que casi nadie conoce, mis secretos, mis temores, mi alma dada la vuelta, mis heridas y mis cicatrices y las tiritas que las disimulan.
Mi risa y también mi tristeza, mi desánimo en los días grises y cómo me desbordo cuando soy feliz.

Sabes que no todos mis días son brillantes, que no siempre soy peluche, que a veces me enfado y saco las uñas, pero también sabes que nunca te miraré de reojo y que siempre te hablaré mirándote a los ojos.
Que no guardo nada bajo la manga, que no se jugar al mus, ni montar en bici, que no hago trampas cuando juego y sin embargo, sabes que he jugado y he ganado y también que he paseado en bicicleta.

Que cuando te hablo digo lo que siento y los escalofríos que me invaden cuando rozas mi mano son tan auténticos como mis besos.

Y yo también se que aún me queda mucho por conocer.

 
de nuevo... pensando en ti

Quiero hacerte pequeño, arrinconarte un poco y te digo que te estés quieto, que dejes de trastear en mi imaginación, que necesito un rato sin pensar en ti... y no me dejas...

Y yo no dejo de hacerlo, porque no quiero.
Porque ya no puedo...

Saltas de un lado a otro, te pones frente a mi, a mi lado, correteas por mi espalda, me haces cosquillas, me haces reír, me haces mirarte a los ojos y entonces... me pierdo en ellos.

Empiezo a notar como corres por el interior de mis venas y poco a poco, te apoderas de mi, de mi cuerpo, de mi mente, de mis pensamientos más pequeños, como un dulce y lento veneno...

Tus manos juguetean con mis manos, tu boca busca mi boca y no tiene que buscar mucho, porque la mía ya ha encontrado a la tuya y entre tus brazos y tus besos me derrito, me deshago como algodón de azúcar, como nieve entre tus dedos.

Y aquí me encuentro, escribiendo estas letras y de nuevo... pensando en ti.

No pensar en ti..., ya no puedo.

 
42... y sigo subiendo

Pues ea, hoy toca lo que toca y esto es ni más ni menos que post de cumpleañera.


¡Vale..., sé que faltan velas!, pero desde hace tiempo sólo pongo los picos, porque empiezan a ser ya muchas para apagar y hago eso o apago un cirio.


Mañana es mi cumpleaños. Y por raro o chocante que pueda parecer, esto no me deprime, como a mi querida hermana, que lo lleva fatal.
A mi me encanta cumplirlos, sobre todo desde el pasado año en el que creí que no cumpliría más, y es tan sencillo como que si los cumplo es porque sigo en el mundo de los vivos.

Tengo que reconocer que no siempre ha sido así. Hace unos pocos, cuando aún mi vida discurría entre dodotis, biberones, papillas, varicelas y demás erupciones, me jodía bastante ir cumpliendo años.
Pero ahora me gusta, me encanta celebrarlo, invitar a mis amigos y pensar que es un día especial, aunque para el resto del mundo no signifique nada.

Me siento bien, me gustaron los 41 y ¿por qué no me van a caer bien los 42?
Como ya he comentado en alguna ocasión, empiezo a tener mucha vida por detrás, pero me gusta pensar que aún me queda mucha por delante y mucha guerra por dar, porque no pienso quedarme ni quieta ni parada.

Y como en los cuentos de hadas y gnomos, me voy a conceder tres deseos:

El primero, quiero una cena romántica.



El segundo, una cena romántica con George, por ejemplo.



El tercero, un regalo sorpresa, que bien pudiera ser que se cumpliera uno de los dos anteriores o cualquier otra cosa... sin ir más lejos...se me ocurre que no me importaría pero nada, nada, nada, cambiar la cena y a George por... tí...







 
subiendo

Hoy el día ha amanecido distinto. Desde mi asiento en el tren podía ver, a la izquierda, la luna, aún llena y el sol, apenas despuntando, a la derecha.

Algo ha debido influirme, trastornarme, porque, si, vale, estoy aquí, he venido a trabajar, estoy sentada en el mismo sitio de siempre, haciendo las mismas cosas de todos los días o eso creen ellos, porque no es cierto, no estoy, sólo lo parece.

Me encuentro en otro lugar, en otro momento, recordando y viendo otra cara, hablando otro idioma.

Estoy entre coches y asfalto, entre plantas y árboles, buscando una sombra, buscando tu mano. Cuando por fin la encuentro, me agarras muy fuerte, no me sueltas, no me sueltes y entonces me vuelvo a perder, desenredo mis pies y me voy aún más lejos, ganando altura.

Y no puedo quedarme quieta, me muevo, me levanto, me voy, te llamo y oigo tu voz y al hablar contigo se me va toda la inquietud que sentía por no estar aquí y sigo subiendo, pero esta vez tú subes conmigo.

¡Qué bien me siento a tu lado!

 
de fresa y nata

Hoy vengo de fresa y nata.

Y ahora mismo me doy cuenta de un par de cosas:

1 - que hoy vengo con escote y enseñando canalillo y
2 - que voy embutida como una butifarra

jajaja y ésto es sólo por chinchar

 
en la radio, una canción

Hacía mucho tiempo que no escuchaba esta canción, incluso diría que nunca me había fijado en su letra. Pero esta mañana he vuelto a escucharla en la radio del coche, mientras veía pasar el tren que perdía y esperaba el siguiente.

Como muchas de las canciones que me gustan me ha recordado cosas, situaciones recientes.

Y me ha hecho sonreir.

SANTA LUCIA

A menudo me recuerdas a alguien.
Tu sonrisa la imagino sin miedo,
invadido por la ausencia
me demora la impaciencia.
Yo si quiero conocerte y tu no a mi.

Ya se todo de tu vida y sin embargo
no conozco ni un detalle de ti.
El teléfono es muy frio
y tus llamadas son muy cortas.
Me pregunto si algún día te veré...
Por favor

Dame una cita, vamos al parque,
entra en mi vida sin anunciarte.
Abre la puerta, cierra los ojos
vamos a vernos poquito a poco.
Dame tus manos, siente las mías
como dos ciegos Santa Lucia,
Santa Lucia

A menudo me recuerdas a mí.
La primera vez pensé se ha equivocado.
La segunda vez no supe ni que decir.
Las demás me dabas miedo,
tanto loco que anda suelto y
ahora se que no podría vivir sin ti.
Por favor

Dame una cita, vamos al parque,
entra en mi vida sin anunciarte.
Abre la puerta, cierra los ojos
vamos a vernos poquito a poco.
Dame tus manos, siente las mías
como dos ciegos Santa Lucia,
Santa Lucia

A menudo me recuerdas a mi....
 
en mi cabeza

¿De qué me sirve poner a trabajar a mi cabeza? Siempre hago lo mismo. La engaño, la persuado de que es ella la que toma determinadas decisiones.
¡Hala, ponte a currar una vez más!, la digo.

Y ella empieza, brmmm, brmmm, pros y contras, del revés y del derecho, por delante y por detrás, arriba y abajo...

Y decide: no hagas ésto, no hagas aquéllo, déjalo para mejor ocasión, no es buen momento, espera un poco, te estás precipitando,...

Y se la juego. Porque entonces aparecen mi corazón, mis emociones, mis sentidos, mis afectos, mi intuición, mis impulsos y por último, lo que me apetece hacer en ese momento. Y unos a otros se hacen un guiño y entre todos, le hacen un corte de mangas a mi coco.

Son muchos para echar un pulso y claro, al final, pueden con ella.

Y entonces, ocurre. Y lo hago, hago lo que quiero hacer y no me importa la mala cara de mi cabeza, el ceño fruncido o el morro alargado que pone, porque al final, casi siempre termina por darme la razón y reconciliándose con el resto.

 
la timidez

Desde niña ha sido mi gran caballo de batalla, mi extremada timidez, yo diría que incluso patológicamente tímida. De las que se le encendía la cara cada vez que alguien me miraba o peor, si me dirigían la palabra. De las que prefería que se las tragara la tierra antes que tener que decir simplemente mi nombre.

A medida que fui creciendo, me fui dando cuenta de las grandes trabas que aquello suponía para mí.
Siempre he sido tremendamente independiente y no soportaba tener que delegar determinadas cosas debido a mi timidez . Así que no tuve más remedio que lanzarme al ruedo.
Seguía estudiando y como no quería depender totalmente de mis padres, me puse a dar clases particulares de matemáticas. Aquello fue todo un reto. Y poco a poco, fui superándola.

Es algo de lo que me siento orgullosa, aunque para ello haya tenido que forrarme de cierto descaro.

Encontré otros trabajos mientras continuaba mis estudios. Todos ellos de cara al público, hasta que empecé a trabajar donde estoy ahora, si bien en este trabajo no me relaciono con ‘gente de la calle’, si tengo que asistir a reuniones, hablar con determinados clientes y relacionarme con un montón de gente.

Pero reconozco que aún quedan residuos de aquella niña tímida y hay ocasiones en las que determinadas situaciones tienden a superarme.
Entonces me paro un momento, trago saliva, tomo aire y me lanzo, casi a ciegas y un poco a lo bruto.
Quizás, hasta apabulle un poco...

El resultado, a día de hoy, es que puedo definirme como una tímida descarada, que cuando no la salen las palabras por timidez, prefiere hablar claramente y sin tapujos, porque si hago lo contrario me empiezo a enredar yo sola y empieza a aflorar toda mi vergüenza, volviendo a ser la niña pequeña que quería que se la tragara la tierra y eso, a estas alturas, no puedo permitírmelo...


 
la vida real



Bien, hoy toca volver a la realidad. Y ésta es ni más menos la que se me viene encima en unos días.

Nos cambiamos de casa, dentro de muy poco, apenas en unos días, habrá que vacíar armarios, empaquetar todo, etiquetar cajas, trasladarlas y recomponer la nueva casa.

Adaptarnos a ella y no perdernos de un piso a otro. Subir y bajar escaleras, una y otra vez. De la buhardilla al garaje y del garaje al jardín, uffff.
Sólo espero que se me ponga el culo como JLo y no las pantorrillas de Indurain.

¡Y no tengo ganas...!
No me he enterado casi de nada, empezamos como siempre a mirar por curiosidad y de repente un día me encuentro con que estamos firmando papeles y llevándolos al banco. ¡Que el día 31 firmo escrituras y me dan las llaves!

Ya hemos alquilado nuestro piso, con todos los muebles. Genial, porque así la mudanza se simplifica, pero por otro lado, tengo que amueblar una casa completamente en menos de ¿un mes?

Y esto es la vida real... lo demás ya no sé si es real o lo he soñado.



Anoche, por aburrimiento, porque ayer fue un día muy perro, empecé a buscar cosas de los géminis. Chorradas que se hacen cuando tienes tiempo libre ...

Tengo que reconocer que me reí muchísimo con una página que encontré. Aunque no salíamos muy bien parados.
Al final decidí pensar que el tío (porque seguro que era un tío el que lo había escrito) había tenido una malísima experiencia con una géminis y por eso nos ponía como nos ponía... a parir...

Transcribo el texto de esta gilipollez:

COMPATIBILIDAD GEMINIS (ELLA)
La mujer Géminis te seducirá verbalmente primero y luego te llevará a la cama más cercana para un contacto rápido.
La mujer Géminis
Es inconstante, caprichosa y todo un desafío intelectual. Flirtea descaradamente y no duda en perseguirte si le gusta lo que ve. Si quieres que su mente frívola se fije permanentemente en ti, deberás mostrar inventiva y estar dispuesto a entrar en su vívida fantasía. Pero no esperes que se comporte con intensidad emocional hacia ti. Tienen otras cosas en la cabeza.
Combinaciones sexuales
A la mujer Géminis le gusta que la estimulen en todos los sentidos. Tauro y Capricornio son demasiado aburridos, a menos que aflore el sentido del humor negro típico de Capricornio. Pero el ingenio de Virgo alimentará su interés y puede que la acabe llevando a la cama.
En general, le resulta difícil enfrentarse a la emotividad de los signos de agua; entender sus propias emociones le resulta ya bastante problemático como para profundizar en las de los demás. Sin embargo, el soñador Piscis puede resultarle intrigante, sobre todo porque los dos signos comparten una rica fantasía.
Los signos de fuego son todo un reto. La excitan, especialmente su signo opuesto, Sagitario, con quien puede mantener las discusiones filosóficas con que tanto disfruta, además de un poco de chismorreo. Ambos siguen hablando mientras se desnudan y se tienden sobre la cama, y ambos dominan al arte de la estimulación verbal previa. También podría caer en el abrazo de un apasionado Aries, pero ¿podría seguir si ritmo? El regio Leo le plantea un problema distinto. Sí, lo admira, pero ¿tiene que hacerlo continuamente? Quizás sea mejor que se relacione con su propio elemento. En los contactos entre aire se crea un verdadero entendimiento aunque, a veces, hablando se esfuma el deseo.


Nota de mí misma: jamás he conocido a un Sagitario, pero por dios que me ha picado la curiosidad, jajaja.
La página era mucho más extensa y con sustancia pero acabo de darme cuenta que no la guardé entera.



 
en voz baja (I)

Hace unos días escribía un texto. Hoy, cuando veo cómo han cambiado algunas cosas, cómo van surgiendo otras, quiero modificarlo.
Bueno, por eso y porque estoy vaga y perezosa como yo sola para escribir algo nuevo.





Ya conozco el color de tu sonrisa y el brillo de tu mirada, tus ojos felinos ya se han mirado en los míos, ya te has mostrado ante ellos y tu imagen se ha quedado en mi retina grabada.
Y no quiero dejar de mirarlos.

Ya sé la forma de tus manos y cómo me hablan. Me gusta lo que me dicen.
Y no quiero dejar de rozarlas.

Ya conozco tu voz. Sabía de tus palabras, enigmáticas, sencillas, en ocasiones tormenta y otras, mar en calma. Ya sé el porqué de ellas.
Y no quiero dejar de oírlas.

Quiero saber de tus pensamientos, de tus intentos, de tus delirios, de tus noches y tus días.
Y no quiero dejar de conocerte cada día un poco más.

Háblame, aunque sea en voz baja, cuéntame de tesoros ocultos, de mitos y viajes, de indios y vaqueros, de sinfonías y bancos desgastados.

Háblame, aunque sea en voz muy baja, porque te estoy escuchando.
Y no quiero dejar de hacerlo.


 
París

Como si de una mano invisible se tratara se ha elevado mi línea quebrada de nuevo, hacia arriba, muy arriba.

Ya no lucho por ir contra mi corriente, me dejo llevar, me relajo, entro en el agua y no pienso nada más.

Hoy he vuelto a París, porque está decidido, está marcado y quizás hasta esté escrito en algún libro de mi vida o en algún cuadro que aún no ha sido pintado.

Cinco horas en mí París, en blanco y negro y en color, haga frío o calor, llueva o el sol me abrase la piel.

Mi París personal, mi ciudad mágica, mi mundo sin ruidos, sin problemas.
Sin complejos, sin explicaciones ni ataduras.
Sin compromisos, sin desvíos ni tiempo.
Sin distancias.

Quiero conocer la ciudad palmo a palmo, sus calles, el sabor de sus rincones más escondidos, su historia no escrita. Sus voces y su música. El aroma de sus plazas. El tacto de su piel.

Quiero amarla y que me ame, quiero seducirla y que me seduzca, que me acoja entre sus brazos y me acaricie con su brisa. Que me enrede el pelo y me haga abrir los ojos para mirarla una y otra vez.

Y quiero volver. Siempre poder volver.






 
......

Hoy no tengo ganas de escribir. Ni siquiera sé porque lo estoy haciendo.

He tenido un día movido y estoy cansada.

La mañana ha sido muy ajetreada, atasco, más atasco, reunión, café, más reunión, datos, números, balances, precios medios, renegociar, romper contratos, uffff, necesito un cigarro. Suena mi móvil, biennnnn, me escapo y salgo fuera un ratito. Cuando vuelvo todos me miran sabiendo de donde vengo, pero no me importa.

JM. me regaña en voz baja, - joder, ¿por qué no me has hecho una seña y nos habíamos escapado juntos?
- Te he hecho un guiño, pero no te has enterado... le digo, mientras me siento otra vez a su lado.

Comida, charla amena, vinito y risas. Caras conocidas y otras desconocidas que se presentaban: ¿tú eres Paloma? hola, yo soy Antonio, sólo me faltabas tu por conocer... pues que bien, pienso para mi, algo cansada ya de tanto rollo, pero le sonrío y charlamos de todo un poco.

P. se pone serio y empieza a hablarme de los ligues de un amigo suyo por internet. Yo le escucho atentamente, sin perder detalle. La conversación termina cuando JM. habla de jovencitas y P. dice que a él le gustan 'maduritas' y me mira fijamente a-mí... Me atraganto con un trozo de tarta de chocolate (riquísima, por cierto) y le doy una patada por debajo de la mesa... jódete...

Al terminar la reunión algunos han decidido quedarse en un lugar con terracita cerca de donde se celebraba ésta, pero JM. y yo hemos regresado a Madrid. La verdad es que hoy ha hecho un día caluroso, muy apropiado para sentarse a tomar algo fresquito en una terraza, pero los dos teníamos cosas que hacer.

Y la vuelta, pues más de lo mismo, atasco, más atasco y llego al tren... que pierdo. Parece que mi vida sea una contínua pérdida de trenes...

Acabo de pringar al enano de crema, los mosquitos se han cebado con él. ChD no viene a cenar, no sé cuando llegará y este post es un rollo.

Estoy tristona, no sé si es producto del cansancio o de algo más. Pero en días así no me soporto. Días de euforia seguidos por días tristes. Está claro que no soy una línea recta, más bien soy una línea quebrada que tira para donde puede y hoy puede para abajo.




 
¿lo has oído?




Dame unos minutos, sólo unos minutos, muy pocos, no necesito mucho tiempo, ya lo sabes.

Estoy en la nube blanca, si, esa gordota que ves a la izquierda del sol. Ponte la mano de visera, guiña un poco los ojos y allí me verás.

Hace unos días, intentaba saltar para alcanzarla, y hasta conseguí rozarla con la yema de los dedos.
Pero hoy, hoy he conseguido auparme, he cogido carrerilla y me he subido.
He saltado descalza sobre ella, he tirado los zapatos, porque no quiero ensuciarla ni clavarla los tacones.

Necesito esos minutos para sentarme y así, con las piernas dobladas, abrazada a mis rodillas, simplemente dejarme llevar.

Me gusta el vaivén que lleva, me gusta su ritmo, me dejo mecer, me hace soñar y el calorcito que me llega del sol me reconforta.

Cierro los ojos y cuando los abro estás a mi lado. No sé cómo has llegado, lo has hecho sin apenas ruido y en ese silencio que sólo existe en las nubes, nos miramos y todo queda dicho.

Pero si necesitas oír lo que mi mirada te está diciendo, sólo tienes que arrimarte un poco más, porque aquí sólo se puede susurrar al oido....



¿Lo has oido?



 
un sueño

Sueño que estoy dormida, soñando.
Sueño que despierto del sueño y aún sigo durmiendo.
Duermo soñando que sueño y no despierto.
Despierto sabiendo que todo ha sido un sueño y sigo soñando despierta.
Sueño con los ojos abiertos que duermo con los ojos cerrados.
Abro los ojos durmiendo y sueño que los cierro.

Amanece, abro los ojos, sé que estoy despierta y sin embargo, sigo en mi sueño.

Y me muevo despacio y todo es real, no es un sueño y lo veo todo, porque lo miro todo, y mi mirada es para ti.


 
a fuego lento




Espolvorear palabras y silencios, aderezados con sonrisas sin medida.
Cucharadas sin rasar llenas de besos, caricias y miradas.
Ternura, cariño y mimos, a gusto de los cocineros.
Palabras a media voz, salpimentadas con susurros.

Mézclense los ingredientes con gran cuidado, para que éstos liguen bien, con las dosis que se precisen de dulzura.
Añádase a la mezcla pequeños toques de salvia, hierbabuena y tomillo.
Canela en rama y vainilla.

Acercar el recipiente a la llama y mantenerlo a fuego lento todo el tiempo que requiera la cocción. Cuando así lo precise, ir añadiendo uno a uno el ingrediente que creamos necesario, sin olvidarnos de salpimentar el resultado, que será, sin duda, delicioso.


 
cuando Ingrid encontró a Bogart

Ingrid enfila hacia el museo. Su andar es decidido, aunque sus nervios están a flor de piel. Ya está muy cerca de él y le reconoce. Cruzan sus miradas, se sonríen. Esta ciudad no es París ni Casablanca, pero es Madrid, que es mucho mejor. Y esto no es una película en blanco y negro, es en colores, azules, rojos, amarillos, grises, verdes, violetas...

Humphrey la mira y sonríe. Ella está casi como la recordaba. No hay abrazos, ni besos, solo un saludo. El tiempo y lo pasado es mucho.

Caminan sin rumbo, sin dirección, bajo un cielo encapotado que amenaza lluvia, hasta que encuentran un pequeño restaurante. En él, durante horas, comparten mesa, confidencias, cafés...

Ingrid no para de hablar y ella piensa, entre frase y frase, ¡por dios, Ingrid, eres la Bergman, deja de parlotear tanto...! pero no puede dejar de hacerlo, sus nervios se lo impiden...

Bogart la mira, la escucha y piensa, esta Ingrid no ha cambiado nada, es igual que siempre. En el momento que pare para respirar la cuento lo que me ocurrió el verano pasado... Pero Ingrid no para...no respira...

Pasan las horas, pasa el tiempo y deben separarse. Caminan juntos, esta vez el rumbo está fijado. De repente, ya no es Madrid, y el mundo que gira a su alrededor es en blanco y negro. Suena su canción y Sam vuelve a estar al piano. Ingrid mira a Bogart. Humphrey mira a Bergman.
Ingrid se acerca y le deja un suave beso en los labios, mientras con los ojos le dice: siempre nos quedará Paris...

 
de viernes

Riiiiiiiing, riiiiiiiiing, riiiiiiiing, son las 6 de la mañana, jo, jo, un ratito más.
Hotia, las 6 y cuarto. Salto de la cama, que bien, no me duele la espalda.
Abro el armario, le cierro. Me meto en la ducha. Salgo. Empiezo a secarme el pelo. Abro el armario, ¿qué me pongo? ¿falda o pantalón? falda no, mejor pantalón, que luego empezamos que si las piernas, que si la raja… decidido, pantalón. Cierro el armario. Sigo con el secador. ¡Mierda! Con la humedad que hay ¡¡el pelo se me está encrespando!! ¡qué mala cara tengo! cara de sueño, tengo ojeras, anda que estoy guapa hoy…
Vuelvo al armario, pantalón ¿pero cuál? este no, que me hace mucho culo. Este tampoco, que me lo hace caído. Venga, ya está, no tengo tiempo, así que éste mismo.
Y ahora ¿qué? No puedo enseñar canalillo, jo, pues entonces esta blusa no puede ser. Esta camiseta tampoco…. a ver, a ver… bueno, pues esto mismo, me miro, no se ve canalillo, ufff, ¡qué complicado es todo esto! cada vez tengo menos tiempo…

Va a caer un tormentón de miedo, ayer casi me escoño cuando empezó a llover, así que me pongo las botas, aghhhhhhhhh ¡estoy nerviosa! ¡estoy atacá!

 
de vuelta

Vuelvo a escribir. Bueno, creo que eso ha quedado claro. Realmente este post debería haber ido en primer lugar, antes de 'círculos' y 'talismanes', pero pienso que dá igual, yo soy así, caótica y desordenada. Y aquí estoy, al pie del cañón para seguir guerreando.

No tenía decidido absolutamente nada, pero sucedió algo que me ha tenido un poco postrada, un poco hundida y que me ha hecho pensar en pasado, presente y en un trocito de futuro.

Por ese motivo he estado un par de días en off, no sé si lo necesitaba, simplemente surgió, pero pensé, entre otras cosas, que debía aprovechar para saber hasta qué punto me viene bien escribir o no.
Como ya he dicho alguna vez, para mí esto es una terapia autoimpuesta. Y necesitaba saber si funcionaba.

Siempre he sido muchas cosas, entre ellas, muy comunicativa y sociable, tremendamente charlatana y muy cariñosa.

Pero últimamente creo que me estoy volviendo un tanto arisca, ya soy menos charlatana, aunque me sigue gustando conversar, sigo siendo sociable y he comprobado que ... me gusta escribir.

Aquí me muestro tal como soy y aunque es imposible reducir en unas letras todo mi presente, si reflejo parte del hoy, que no se me olvida y sé que estoy compartiendo. Quiero volver a ser cariñosa y volver a creer en cosas de las que me he vuelto una descreída total.

Hace poco me han tachado de no ser romántica.
Yo, la 'abanderada' del romanticismo, 'a-cu-sa-da' de eso. No podía ser. Casi fué como un insulto. Pero ¿es que es posible que haya dejado también de creer en eso? ¿que no sea un agravio sino que sea la realidad?

Si lo pienso bien, hasta puede que sea cierto.
 
de talismanes

Julia no se lo podía creer. Después de las veces que se habían visto y amado en secreto, de tantas veces como le había consolado, llorado con él, aguantado sus neuras, sus interminables charlas de trabajo, ahora Enrique le salía con éstas.

- Es una gran oportunidad para mí, para mi familia, -le dijo Enrique-. Un gran sueldo y mejor posición. Si lo acepto, en pocos años podré hasta jubilarme. ¿Qué te parece? Aconséjame, como tantas otras veces has hecho. Tú me conoces bien y sabes mejor que nadie lo que me conviene.
Claro que si les digo que si tendré que viajar constantemente, cruzar el charco y prácticamente viviré en hoteles. Cuando vuelva a España sólo tendré tiempo para ver a mi familia, jugar con mis hijos...
Ya no tendré tiempo para mis aficiones, mis amigos, mis libros, para ti...
Dime, ¿qué debo hacer? ¿te perdería?



Cuando se conocieron, él vivía con su mundo hecho añicos, su vida rota y los papeles de la separación en una mano.
Ahora, Enrique le había confesado que era inmensamente feliz con su mujer, que por fin parecía que las cosas se habían encarrilado, que su mayor placer era sentirse querido por ella.

Julia le había dado suerte, según él, le había hecho recapacitar y ser un poco más tolerante. Volvió a casa y se reconcilió con su mujer, mientras seguía viéndose con ella, porque era su talismán. Suerte también en el trabajo, todo iba sobre ruedas, le llovían las ofertas y él únicamente debía seleccionar y descartar.

Pero a ella la suerte le había vuelto la espalda.

Las últimas palabras de Enrique le dolieron como cuchillos en el alma y fue la confirmación de sus sospechas.

- Tengo muchas ganas de verte... para tomar algo juntos.

Y Julia se sintió la mujer más desdichada del mundo.

Si, me perderías -le respondió-.

Ella sabía que ya le había perdido.

 
círculos que se cierran

Parece que los círculos se van cerrando. Parece que todo tuviera fecha de caducidad impresa en el envase.

Ordeno los estantes y me fijo, algunos están próximos a caducar. Otros ya lo han hecho.

Es curioso como es este entramado.
Cuando todo se ve perdido, nos agarramos a un clavo ardiendo. Cuando el vértigo nos oprime nos asimos a cualquiera que nos tienda una mano.
Cuando todo nos va mejor, entonces las amistades son como flores mustias, ya no recordamos lo que no queremos recordar.
La vida es bella y tu… tu traes a mi memoria momentos espinosos, por lo tanto, llega la hora de las despedidas, porque has caducado.

Y el círculo se va cerrando. Y la fecha está muy próxima.

Hay un rincón de los caducados y éste ya no está vacío.



 
a ratos (I)

Y a ratos, aún con mi cabecita loca, me replanteo muchas cosas, entre ellas, la continuación de este blog.

Quizás sea hora de replantearme mi forma de ser, que envía señales equivocadas. Debo tener jodido un transmisor o algo así, porque confundo a las personas y termino confundiéndome yo.

Tengo que pensar qué hago, por qué me expreso tan mal o por qué la gente entiende de mi lo que yo no pretendo.

Y sobre todo, debo replantear mis relaciones con el resto del mundo. No quiero conflictos y raro es el día que no los tengo.
Es aquello de 'ponga un conflicto en su vida...', pues lo mismo.
Problemas, malos rollos, tristeza, lágrimas mal derramadas y todo eso va haciendo mi piel más dura, pero sólo mi piel.
El interior, lamentablemente, sigue siendo el mismo.

Hoy, no tengo ganas ni de afilar las uñas, hoy dejo a la gata enroscada en el almohadón, pensando qué hacer con ella misma y con su mundo.

 
en voz baja

No conozco el color de tu sonrisa, ni el brillo de tu mirada, aún no te has mirado en mis ojos, cambiantes según te muestres tú en ellos.

No sé la forma de tus manos ni como me hablan sus movimientos.

Apenas conozco tu voz, aunque sé de tus palabras, a veces enigmáticas, a veces sencillas, en ocasiones tormenta y otras, mar en calma.

Cada día un poco más sé de tus pensamientos, de tus intentos, de tus delirios, de tus noches y tus días.

Háblame, aunque sea en voz baja, cuéntame de tesoros ocultos, de mitos y viajes, de indios y vaqueros, de sinfonías y bancos desgastados.

Háblame, aunque sea en voz muy baja.

 
resaca

¡Qué noche la de aquel día!
Genial, sencillamente genial.

El sábado ha resultado ser un día agotador, pero muy divertido, no he parado en casa ni un segundo.

La comida ha sido en la casa nueva de unos amigos, en un pueblo de la sierra de Madrid. No la conocíamos aún. Es una casa muy original, casi parece un castillo. Barbacoa, vinito, postres, mucha charla, amena conversación y muchas risas.

La temperatura estupenda, realmente ha hecho bastante calor.

A las ocho de la tarde de vuelta a casa, la carretera con mucho tráfico pero sin atasco y ya en el pueblo, recogimos al niño mayor y sus amigos, que andaban por la feria, para llevarlos a casa, picotear algo y poder llegar al acontecimiento de la noche.

Cinco minutos antes de la hora a la que habíamos quedado con nuestros amigos, ChD aún duda si va a venir o no. Al final, decide que si, que viene. Y allá que nos dirigimos.

Grandes atascos, una marea de gente, todas en dirección al concierto, no había pérdida. Un buenísimo ambiente y mucha animación. Por fin llegamos al campo de fútbol, lugar donde se celebran los conciertos que se consideran multitudinarios. Son las 11 de la noche, de una noche estrellada y para mi, mágica, porque recordé cuando fui a ver al Último, con mi cuñada, siendo las dos veinteañeras, al Palacio de los Deportes de Madrid. ¡Qué tiempos aquéllos!

La temperatura sigue siendo alta para la hora que es ya. Hay mucha gente en el campo pero hay espacio suficiente como para no sentirnos agobiados.

Un gran escenario está preparado en un extremo y en los laterales, casetas de los bares del pueblo, hacia donde nos dirigimos para tomar una cervecita (bueno, quien dice una...)

Y comienza el espectáculo a las 11:30.
Luz, color, un buenísimo sonido. Dos pantallas que proyectan imágenes de vídeo de su último disco y por supuesto, a Manolo García cantando. Simpático y charlatán, actuó durante dos horas, en las que incluyó incluso alguna antigua canción (‘Sara’). Tres bises y mucha marcha. Canciones del último disco y de los dos anteriores. Ni qué decir que bailé, canté y no paré de moverme en toda la noche. Salté, aplaudí y hoy... hoy estoy con resaca, tremenda resaca.

Lo más divertido es que ayer tuve mi ego por las alturas. Primero, mis amigos discutiendo sobre mi edad. Empeñados en que yo no tengo ni cuarenta años, joer, niños, que voy a hacer cuarenta y dos, que me quedan veinte días, por dios. Pues nada, que según todos, no los aparento...

Y después el cachondeo de la noche... Ya en el concierto, se nos acercaron dos chicos, de unos veinticinco años, para ligar con mi amiga y conmigo. A todo esto, ChD, a un metro de mi y los tíos, salaos pero muy pegajosos, jajaja. Toda la noche detrás de nosotras y no había manera de quitárnoslos de encima.

Esto fue la comidilla del resto de la noche, claro, cuando no sacaba el tema uno lo sacaba otro. La noche la he terminado, como estaba previsto ya, en casa de una amiga, durmiendo sólo las chicas. Intercambiamos madre por hijo, es decir, su hijo ha dormido en mi casa con los míos y yo en la suya.

Ahora he vuelto a casa, intento redactar esto de la manera más clara posible, pero no sé si lo he conseguido, porque apenas he dormido y tengo la cabeza que no sé ni donde la tengo.

Esta tarde me llevo a las chicas de oro, o sea, a las abuelas, a cenar por ahí y luego a la zarzuela. Cogeré sitio para ellas y las esperaré tomando algo, mi cuerpo no está para zarzuelas, jajaja

Y ahora espero para ver la carrera de Fernando Alonso, que no me pierdo ni una, y porque quiero ver como gana.

Acabo de enterarme que Leti está embarazada...el otro día, en el dentista, leí en una revista que se había cambiado el corte de pelo y pensé, fijo que está embarazada, jajaja, las mujeres somos asi.

 
fiestuqui de primavera

Como no hay mal que cien años dure y hablando se entiende la gente, he conseguido tranquilizar en parte mi alma, lo que no puedo es prometer ni dar garantías de cuanto tiempo va a durarme así de tranquilita.

En buena hora creé este blog porque si no soltara los sapos y culebras que de vez en cuando escribo, creo que ya estaría intoxicada.


Y este fin de semana ¡¡¡ F I E S T A !!!.

Son las fiestas de primavera del pueblo en el que vivo y aunque a mi estas cositas no me van mucho, a pesar de que la juerga me encanta y me apunto a un bombardeo, el tema de las ferias no es mi preferido.
Pero haciendo de tripillas corazón acercaré a los niños a ver los fuegos artificiales y alguna cosa más de las que nos ofrezca el Excmo. Ayuntamiento.

Pero lo mejor de todo es que mañana iré al concierto de Manolo García.

¡Qué le voy a hacer! Me gusta desde Los Burros y El Último de la Fila.

A puntito he estado de quedarme sin las entradas, porque a ChD no le apetecía demasiado y se ha estado haciendo el remolón, incluso creo que ha intentado jugármela, pero yo he sido más hábil y me infiltrado entre las filas enemigas y...

¡¡¡Las he conseguido!!! Están a salvo en mi bolso, por si les salieran patitas y se quisieran perder.

Ya os contaré.
Como anécdota apuntaré que los fuegos, que tradicionalmente se hacen el sábado, este año se trasladan al domingo, porque el Sr.García sólo podía actuar ese día y puso como condición no empezar el concierto más tarde de las 23 horas.

Y allí estaremos con amigos de la misma quinta y yo amenazo con cantarlas todas, que me las sé, eh!
 
de páginas impares

Todo sigue igual, nada ha cambiado, siempre es lo mismo.


El mismo escenario, igual telón, idéntico guión, sólo cambian en apariencia los personajes, distintas máscaras y disfraces les adornan. Cambian sus voces, sus entonaciones, la manera de declamar, los cantos de sirena, pero los movimientos en el escenario son similares.

Cada nuevo día, cada nueva noche, un gran estreno de la obra, sin ensayos, con improvisaciones, fallos de memoria y parrafadas soltadas sin comprender muy bien lo que se dice.

A veces, espectadora y en otras ocasiones, personaje integrado en la obra. A menudo en primera fila, otras en el gallinero. En ocasiones aplaudiendo a rabiar, llorando o riendo y de vez en cuando, aburrida de la representación y bostezando, porque ya me conozco el guión.

Por momentos, actriz principal, protagonista, dueña de la escena y del público y en otros, secundaria, con un pequeño papel asignado, que me permite moverme por el escenario sin apenas llamar la atención.

En el guión hace ya tiempo se perdieron las páginas impares, así que vamos actuando según nos parece a cada uno.
Hay personajes a quienes no les importa esta pérdida, pero a otros, si, no saben desenvolverse sin ellas y actúan movidos por el recuerdo que se tiene de ellas.

Páginas repletas de sentimientos, de emociones, afectos y pasiones, pero se han perdido, ya no importan, no se tienen en cuenta.

Todo sigue igual, porque nada cambia y yo estoy aquí, buscando las páginas impares porque sin ellas el guión está incompleto y vacío y así no me gusta.

Y otra vez, un nuevo día, otro estreno y de nuevo, sin ensayos, se levanta el telón, se oyen los aplausos, comienza la representación…



 
abril



No sé de donde me viene esta tonta costumbre de hacer balance cuando se ha terminado un mes y da comienzo el siguiente.

Abril ha resultado ser un mes inusualmente tranquilo. Sin demasiados altibajos, sin cambios bruscos, sin gráficos desorbitados, sin, sin, sin sal, la verdad, para qué voy a engañarme, ha sido un mes soso.

Me estaba acostumbrando ya a mi ritmo frenético de idas y venidas, de subidas y bajadas, de llantos y carcajadas y ahora que tengo una época tranquila, va y me parece sosa. ¡No hay quién me entienda!

Si no me equivoco, hoy hace cuatro meses que empecé con esto del blog.
¡Todo un éxito si tengo en cuenta lo que me duran las cosas!

Hago un recuento rápido y veo que en Navidades, por ejemplo, perdí dos kilos y dos ‘amigos’. Así, con una facilidad asombrosa.

¿Qué me deparará Mayo? ¿Será un petardo, como Abril o será tan truculento y movido como Marzo?



 
palabras en mi bolsillo

Tanto tiempo sin vernos, tantas ganas de volver a verte, de encontrarte.

Entre la gente, me buscabas y te encontré con mi mirada.

Te sonreí, emocionada, nerviosa y me senté a tu lado. Junto a un café, compartimos confidencias, tu vida y la mía... ¡qué duro es vivir, a veces!

El tiempo se ha detenido, no hay nadie a nuestro alrededor. El viento ha cesado y el sol no quiere ponerse, aún.

En trece segundos, rozaste mi mano con la tuya, me escribiste un poema y juntos escuchamos una canción.

Permitiste que buceara en tu interior y yo por un momento, dejé que derribaras mi muralla. Te despojaste de tu traje de seriedad, tu conciencia en un bolsillo y en el suelo, junto a mi piel felina, tu piel de lobo. Ninguno las necesitaba, ya las recogeríamos en otro momento.

En la despedida, un suave beso y tus palabras en mi bolsillo.

Se que no volveré a verte, porque nada de esto ha sido real, pero me quedo con tu dulce sonrisa y con el roce de tu piel y sobre todas las cosas, con tus palabras en mi bolsillo.


 
lo que encontré en mi buzón


Mi mamá tiene los ojos colorberdepistacho. Sus labios son rojos.
Usa bolso, movil, pañuelos, dinero y gafas de sol porque ella es muy guapa.

La quiero porque me regala ropa, chuches, juguetes, libros y pinturas, pero lo que más me gusta es recibir sus caricias suaves, sus besos fuertes y sus abrazos cariñosos y todo su AMOR.


PD: Este regalo es de mi peque (5 añitos) para mi. Lo ha dejado el cartero en mi buzón, con su sobre, su sello y mi nombre.