Algo Personal (I)
Acerca de
Madrileña, cuarentona, lunática y un montón de cosas más ...

Sindicación
 
sólo un relato

Hacía mucho tiempo de aquella historia. Se conocieron por esos caprichos del destino que cruza caminos y sin saber muy bien cómo llegaron a hacerse imprescindibles el uno para el otro.

Cuando llegó la noche de San Juan y con ella, el verano, él compró los cohetes más grandes, los más bonitos, para que surcaran el aire y atravesaran la distancia que los separaba. Serían sólo para ella y sería su secreto compartido. Aquella noche, en la verbena y la fiesta que siguió, paseo y bailó con ella, la llevo cogida por la cintura, la amó en silencio.
Y ella, desde la lejanía, asomada a su ventana, miraba al cielo creyendo ver aquellas luces que, atravesando las nubes que cubrían el cielo, eran sólo para ella.

El tiempo pasó, llegó el invierno y con él la separación. Aquella noche en la que quedaron unidos por primera vez era ya sólo un recuerdo.
Ninguno sabía qué había ocurrido, él pensaba que era ella la que se había alejado de él y ella, a su vez, que era él quién la había abandonado.
Malos entendidos, cartas que no llegaron jamás a su destino, explicaciones en sobres cerrados que nadie llegó a abrir.

Se acercaba de nuevo el verano, una nueva fiesta y de nuevo para él, volver a comprar cohetes. En ese instante y pese a haberlo intentado con todas sus fuerzas, regresaron todos sus recuerdos.

Se decidió a dar el primer paso. Escribiría una carta, se lo jugaría todo. Se desnudaría ante ella. Al fin y al cabo, ¿qué podía perder?
Habló de su abatimiento, de su incomprensión por no saber nada de ella, de sus duras palabras la última vez que se vieron. Escribió en pasado, en presente y dejó una puerta abierta al futuro.
Envió la carta, temeroso de no recibir respuesta o de recibir aquello que no quería leer.

Como él, ella había intentado olvidarle. Con el inicio del verano regresó la nostalgia y la melancolía. No lo había conseguido. Una noche, asomada a la ventana, creyó ver luces conocidas sólo por ella. Todo el pasado volvió a inundar su cabeza y su corazón se vió invadido por la tristeza y el desamor.

Pocos días después de esa noche, recibió una carta con aquella letra tan bien conocida. Sorprendida, ya que no esperaba volver a saber de él, no se atrevió a abrir el sobre y durante horas lo mantuvo cerrado sobre una esquina de la cama.

Intentaba mantenerse distraída, pasaba por su lado, miraba de reojo, lo olvidaba, lo cogía entre sus manos y volvía a soltarlo, como si su contenido quemara.

¿Debía leer aquella carta o por el contrario, debía mantenerla cerrada para siempre?

Desconocía qué podía haber en ella. ¿Serían palabras de amor o de reproche? ¿Significaría un reencuentro o de nuevo, dolor por la pérdida de aquel a quien tanto amó?

Sabía que su vida cambiaría en el momento en que rasgara aquel papel y leyera sus palabras.

Las horas pasaban y el sobre seguía cerrado...




 
cosas que debería hacer

Cerrar mi puerta suavemente y no abrir
No contestar a un teléfono que no deja de sonar
A oscuras, descalza, sin nada más
No mirar la luna llena de esta noche
Desaparecer sin más, sin decir adiós
Barrer las pelusas que rondan por mis pies
Limpiar de un manotazo la nube gris que está sobre mi cabeza
Fregarme el alma
Tapar las rendijas, para que no se vean
Pintar de colores las paredes
Poner parches para que no se escape el aire
Ponerme guantes y mascarilla
Ponerme las gafas de sol para que no lean en mis ojos
Garabatear con un dedo en el mantel
Aguantar las ganas de llorar
Sonreír desde dentro
Despedirme con un hasta pronto



 
lo que yo quiero

Contigo

(Joaquin Sabina)



Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pescado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren


 
quisiera ser...

Quisiera ser una güevona, por dios, ¿por qué cuando se hizo el reparto de todas esas cosas no me tocó a mi un poco de eso?

Quisiera hacer las cosas despacio, con calma, sosegadamente, tomarme la vida tal y como viene, sin aspavientos, sin correr, parándome a pensar las cosas que debo hacer, llevar una vida contemplativa, saber esperar, que no sé hacerlo...

Ya no me cabe el estrés que llevo en el cuerpo. Hoy tengo una cara y unos pelos que estoy pá tirarme a la basura directamente, si tuviera cubo, porque no sé donde lo he metido...

Mi casa parece un campo de batalla, cajas por todas las habitaciones, papeles sin archivar, estropajos y bayetas, dios, todos en mis manos.

Los niños, descontrolados. El mayor, a su bola y el peque, aysss, el peque. Ayer se me escapó, se fue detrás de su hermano y los amigos de éste, mientras yo fregoteaba. Tuve que salir corriendo a buscarle, estropajo en mano, porque se había escondido en el último rincón de la urbanización y ¡menos mal que no le dió por irse a la calle!
Llegué a un pacto con él. Dejaría la bayeta por unas horas y le llevaría al cine.
Y he conseguido convencer a su hermano (con un poquillo de trampas, claro) para que esta tarde le baje a la piscina.

Esta mañana he llenado el coche con niños, abuela y maletero hasta arriba y nos hemos ido a la casa nueva. Cuando llego allí, no podía abrir la puerta exterior del garaje.
¿y qué hago? Hace un calor de mil demonios, así que a voz en grito, llamo a mi nuevo vecino, que estaba en el jardín y le digo, que por dios, que me abra. Al final, lo hemos conseguido. Era la primera vez que se cerraba esa puerta y no tenía ni idea de cómo leches se abría.

He hablado con los de terra por lo del adsl y claro, cómo no, más complicaciones.
¿Habrá algo en este mundo que funcione como está mandado? ¿por qué es todo tan complicado?

Debería pensar, ya saldremos de ésta, de todo se sale, todo tiene solución, pero no es cierto, eso podría pensarlo si tuviera a alguien que me hiciera las cosas, pero hasta donde yo se las cosas no se hacen ni se solucionan por si solas.

Y yo, sin saber ser güevona, que en el fondo es lo que desearía ser.

.................................

PD: desde las 8 o así, estoy en plan güevón, más o menos, o algo parecido debe ser esto. Aunque no dejo de levantarme de la silla, he dejado de ver cajas y en su lugar veo sombrillas y puestos de helados...

¡Mola ser güevon!




 
¿por qué?



¿Por qué estoy tan apática para escribir?
¿Por qué en el cine, me revuelvo inquieta en mi asiento y no aguanto sentada tantos minutos como aguanta el resto de la gente y he tenido que salir dos veces, con la excusa de hablar por teléfono?
¿Por qué ni siquiera me he fumado un cigarrillo cuando he salido?
¿Por qué llegan mensajes a mi móvil que no espero ni quiero?
¿Por qué no respondo a estos mensajes?
¿Por qué no llegan los que si deseo que lleguen?
¿Por qué los fantasmas escriben correos tan bonitos?
¿Por qué no me has llamado?
¿Por qué me huelen las manos a ti?
¿Por qué te siento tan lejos?
¿Por qué estás tan lejos?
¿Por qué no estás aquí?
¿Por qué es todo tan complicado?
¿Por qué no me llamas?
¿Por qué me siguen oliendo las manos a ti, aunque me las lave, una y otra vez?
¿Por qué veo tu cara cuando cierro los ojos?
¿Por qué estás en mis sueños?
¿Por qué cuando despierto de ellos, sigues estando?
¿Por qué no me dices lo que quiero oír?
¿Por qué me llevo las manos a la nariz?
¿Por qué soy tan nerviosa?
¿Por qué no sé si llorar de alegría o de tristeza?
¿Por qué estoy oyendo un acordeón bajo mi ventana?
¿Por qué suena tan bien y tan romántico?
¿Por qué me pregunto tantas cosas?


 
para ti

De nuevo sola, se ha vuelto a ir de viaje y es curioso, hoy que puedo escribir con tranquilidad, sin hacerlo a escondidas, no encuentro las palabras que quisiera poner aquí.
Casi a diario podría escribir las cosas que me suceden. Unas son casi ‘normales’, pero hay otros días en los que pienso que mi vida es un caos y el cielo se me viene encima.
Pero no encuentro cómo escribirlo, por eso hoy voy a retomar un antiguo borrador, empezado el día 3 de junio y aún sin terminar, no sé porque motivo no lo llegué a editar, supongo que quería ‘redondearlo’ más, pero he decidido dejarlo tal y como lo escribí aquel día, sin correcciones, sin redondeos, sin arreglos.
Y quiero que esté así, sin terminar, porque me gustaría seguir escribiendo más cada día, una línea, un párrafo, una página...

sólo tres palabras

¿Cómo puede haber tanta gente que coja el tren de las 7? Los trenes van a tope. Llevo dos días, desde que empezó la jornada intensiva y el nuevo horario, viajando con la nariz pegada a la puerta.

Una chica malhumorada está empeñada en discutir conmigo.
Joer, tía, que yo no quiero discutir hoy, que no me apetece... Búscame otro día, si quieres quedamos en otro momento y nos ponemos verdes. Un día que yo tenga la mala leche por todo lo alto, pero hoy no…
Déjame con mi sonrisa, con mi cara de sueño, déjame que viaje dormida, que agarrada a la barra apoye mi cabeza y me pierda. No ves que no estoy en el vagón, ni en el túnel, ni en el andén. No ves que paseo por otros lugares, por otros rincones, por otras calles…

A estas horas tan tempraneras apetece pasear. Las aceras están mojadas, los jardines recién regados y aunque siento algo de frío en los brazos, no me importa, es muy agradable.

Subo y bajo por la misma calle varias veces, cruzo una pequeña plaza, casi inexistente. Me detengo y miro un antiguo edificio. Fijo la mirada en unos ventanales. Te imagino detrás de las cortinas, contemplando la plaza y pensando en quién sabe qué…

La calle huele a temprano, a desayuno con churros y café con leche, a música suave en la radio. La calle me huele a ti y en la boca aún conservo tu sabor.

Tu en la ventana y yo en la acera, frente a ti.
Tu en tu mundo, yo en el mío. No tan distintos, pero si diferentes.
Si tú bajaras y te acercaras a mi, si yo cruzara la plaza hacia ti... en algún lugar, en algún punto nos podríamos encontrar...

Y entonces me parece oír tu voz y recuerdo tus palabras. Las que me tranquilizan, las que hacen que hoy no quiera discutir con la chica del metro.

Sólo tres palabras: ‘todo sigue igual…’



 
fantasmas del pasado

Fantasmas del pasado que luchan por volver.
Correos que entran en mi bandeja y me sobresaltan, alteran mi rutina.
Mensajes en el móvil.
Recuerdos que creía ya borrados, pero hacen toc-toc en mi memoria y quieren desenterrarse.
Un nudo en el estómago y un regustillo amargo, un sabor a fruta pasada, a tacto añejo.
Viejos recuerdos, viejas palabras, viejos lugares, tiempo pasado…
Como si el reloj se hubiera detenido y echado marcha atrás, evoca otras estaciones, otros momentos, otra vida de mi vida…
¿Por qué suceden las cosas así, cuando menos te lo esperas, cuando menos lo quieres y menos lo necesitas?
Y yo tengo que decidir…



 
sin título, una vez más



Hoy no debería escribir.

Estoy cansada, muy cansada y de muy mala leche. Si sólo se tratara de cansancio físico no me importaría, pero es algo más, está más adentro y a veces, como hoy, es más fuerte que yo y puede conmigo.

Estoy cansada de hacerlo todo sola, de comunicarle todas las novedades por móvil, porque nunca está.
Cansada de hacerlo todo yo y de que él no esté haciendo nada, de pelearme con todo el mundo para que las cosas estén a tiempo y harta por tener que llamarle yo para saber cuando coño va a volver de viaje.

Agotada por tener que estar en todas partes y no estar, al final, en ninguna.

Y cansada de no discutir, porque no me lleva a ninguna parte y más cansada aún de todas las discusiones que no conducen a nada.

Hoy tengo la cabeza, el alma y el corazón cansado.



 
desempolvando sentimientos

Estaban ahí, en un rincón de un cajón que olía a manzanas.
En una pequeña caja de madera, escondida entre recortes de periódicos, fotos antiguas, un carrete sin revelar y una llave que no se muy bien qué abre.

Al destaparla veo que están todos mis sentimientos ahí, un poco arrugados, algunos un poco canijos, cubiertos de polvo, a simple vista parecen muy desgastados.

Cierro los ojos y soplo, una vez, dos veces y como si algo mágico hubiera sucedido, uno a uno empiezan a recuperar el brillo perdido, todo su aroma y color.
Comienzan a estirarse, a crecer y de nuevo son verdes, amarillos, rojos,..., vainilla, lavanda, chocolate, canela, café...

Saltan de la caja, se desperezan y bostezan, algunos aún están adormilados y son más lentos, pero otros empiezan con su música. Con rumores y murmullos me envuelven y yo me dejo hacer.

A oscuras, sobre la cama, con la caja en mis manos, se acercan, me rodean, me hacen cosquillas mientras me susurran que no quieren volver a la caja, que les deje salir, que necesitan aire...

Y yo, me siento tan bien con ellos a mi lado, que cierro el cajón con olor a manzanas y los dejo estar junto a mí.

 
un ratillo, una cita, un susto...

El ratillo
A ver si soy capaz de escribir en este ratillo que me parece un regalo.

La cita
En este día he tenido de todo. A medida que iba avanzando la mañana, ésta parece que se iba arreglando, gracias a dar por zanjado un asunto que me traía por el camino de la amargura y haber recibido una llamada telefónica que, no me importa decir, me ha venido muy bien.
La charla, la conversación, lo que hemos hablado y el cómo, me ha dejado de buen rollito.
Así, me he ido a casa con una gran sonrisa, porque la semana que viene me voy a permitir un día de descanso...

El susto
Después de comer, casi me dá algo. Ha habido un accidente en la ctra. de Andalucía, que es por donde tenía que venir mi hijo. Las primeras noticias hablaban de varios autobuses implicados.
Menos mal que mantuve la calma y a punto de salir para el colegio, como alma que lleva el diablo, se me ocurrió llamarle al móvil.
Y menos mal también, que por una vez, lo tenía encendido. Estaban un poco atascados, pero bien.
A la hora así de mi llamada, pude ir a recogerle y darle un abrazo que casi le ahogo.

Viene afónico, apenas puede hablar, agotado y con un colorcillo extraño, entre moreno y guarrete... Aún así, hemos ido derechos a la casa nueva, no me lo hubiera perdonado si no lo hubiéramos hecho de esta manera y junto con su amigo, al que cualquier día tendré que adoptar, porque prácticamente vive en mi casa, se han puesto a quitar hierbas del jardín, con un ahínco que casi lo han dejado limpio.

Hoy nos hemos venido antes a casa, por eso puedo escribir un poco. Está cansado y creo que se merece un descanso. Volcaré su maleta directamente en la lavadora y a él, si se deja, también.





 
mundos abandonados

Tengo muchos de mis mundos abandonados.
Uno de ellos de estos últimos meses, mis comentarios y visitas a vuestras casas se está resintiendo.
¡Cómo me apetecería entrar y tomarme algo fresquito con vosotros, sentados en algún rincón cómodo y charlar, largo y tendido...!

También echo de menos a amigos con los que últimamente no tengo tiempo ni para decirles ‘hola’ o tomar un café...

¡Y me jode! me jode un montón no poder desdoblarme en más palomas y poder hacer todo lo que es mi obligación y también lo que realmente me apetece.

Mis mañanas en la oficina son agotadoras. Entre trabajo y trabajo, intento solucionar los miles de problemas que van surgiendo. Hoy, no sé cómo lo he hecho, pero me he escaqueado limpiamente de una reunión. Gracias a eso he podido cerrar prácticamente un tema.

Y estoy agobiada, muy agobiada... Y eso que parece que las cosas se van arreglando, poquito a poco.
Me paso el día corriendo de acá para allá, esto no es ninguna novedad, pero ahora se han añadido todos los temas de la casa nueva. No tengo mucho tiempo para solucionarlos y sigo corriendo...

Cuando ya de vuelta caigo en el tren, porque no me siento, caigo, me tiro literalmente contra el asiento, mi intención es escribir en la agenda algo para subir, pero tengo que confesar que en cuanto el tren cierra las puertas y arranca, creo que no ha salido aún de Atocha cuando empieza a entrarme un sopor, que hoy, sin ir más lejos, si no llega a ser porque suena el móvil, creo que hubiera llegado al final del trayecto, en uno de los mejores sueños que he tenido últimamente.

Y no quiero abandonar ninguno de mis mundos. Sé que soy capaz, si me estiro un poquillo, si hago un esfuerzo, si le robo horas o minutos al sueño de seguir con todos ellos.

Sé que este abandono es una cuestión temporal o eso quiero creer.



 
prometo portarme bien

Prometo portarme bien
Prometo no ser muy trasto
Prometo dejarte hablar
Prometo escuchar todo lo que tengas que decirme
Prometo comer
Prometo acabar mi plato
Prometo no hablar mucho
Prometo no hablar muy deprisa
Prometo que no se me escapará un guiño
Prometo dejar quietas mis piernas
Prometo que mis manos estarán siempre encima del mantel
Prometo que no te abrazaré cuando nos encontremos
Prometo que no te besaré
Prometo que no te besaré al despedirme

Si quieres que haga estas promesas las haré.
Si no, prometo que las romperé todas y entonces...

Prometo que no me portaré bien...

 
pa'comérselo

No estoy, si estoy, pero no estoy...

Hoy ha sido un día atacante, de nervios y estrés. Esta mañana fui a trabajar, bueno mejor dicho, fui a hacer acto de presencia, resolver un par de cosas urgentes y desayunar con los compis.
¡Vaya turrada que les he dado!
Me decían: - un poco nerviosilla, ¿quizás?

Joer, es el nervio, puro nervio.

Inauguré la mañana con cabreo. Estrenaba vestido y ¡vaya si lo estrené! Semejante cagada de pájaro que me calló en to’l medio... y ahora ¿qué hago yo?

En fin, resuelto medianamente el problemilla, lo justo para pasar la mañana, corro rauda y veloz hacia el notario. Allí lo de rigor y me entregan un carpetón y prácticamente un saco cargado de llaves.... LLAVES, LAS LLAVES, MIS LLAVES....

Recojo al enano del cole y nos vamos para la casa nueva.

15:00: el coche abrasa, la calle arde, el asfalto nos asesina, pero para allá que vamos...

Y ya estamos dentro...

¡Qué grande lo veo todo!
Aghhhhhh ¡y qué sucio me lo han dejado! Todo está lleno de serrín. Luego me entero que han despedido a la empresa encargada de los últimos remates, por incompetentes y que están buscando a otra...

Apenas tengo agua y con el chorrillo que cae, lleno un barreñito y me pongo a fregar. Yo, como buena marujilla, si no friego algo en mi casa, no parece que sea mía...

¿Y cómo ha terminado la tarde?
Mi madre y yo, sentadas en las escaleras del porche, a la sombrita, corría un airecito que nos ha sabido a gloria, bebiendo agua calentorra y fumándome un cigarrito.
El peque patinando en el salón y revolcándose por todo el suelo. Quitando hierbecitas del jardín y gritando por toda la casa: - ¡mamá, mamá, mamá...!
Como resonaba la voz, le hacía ilusión, no ha parado de gritar ni de hablar en toda la tarde.
Se ha escondido en los armarios, casi nos deja encerradas en la terraza de su dormitorio y cuando ha llegado a casa, se ha puesto a guardar todos sus cuentos en cajas.

¿Qué no es pa’comérselo?

Hasta hace un rato no ha llamado el mayor, diciendo que habían llegado bien. Ya han estado en la piscina y ya ha preguntado, claro, si C. había elegido habitación...

Y aquí ando yo, escribiendo deprisa y corriendo hoy que puedo, que mañana ni sé lo que podré hacer.


(Vaya post más churro que me ha quedado, pero es lo que hay...
Joer, ahora me ha dado por esta frasecita...)



 
mi pequeño


¡qué mayor estás!
¡qué grande te veo!
¡cómo has crecido!
¡si ya este invierno me dejabas tus camisetas, cuando tenía frío...!


Mi pequeño, aunque hace casi seis años te convertiste en el mayor por el simple hecho de nacer tu hermano, aún no has cumplido los doce y ya te he preparado la maleta para tu macro-excursión de fin de curso, de fin de ciclo de primaria.

Sé que fuí yo la que te animó a ir, la que convenció a papá, como tantas otras veces. Incluso me regañaste un poco porque fuimos los primeros en apuntarnos, pero es que hoy tengo una cosilla en el estómago, un nudo, un no sé que...

Porque te voy a echar mucho de menos hasta que vuelvas, hasta que pueda volver a tenerte en mis brazos y saber que duermes en la habitación de al lado.

Eres mi niño, el que a pesar de estar entrando en una edad rara te preocupas más por mí, el más cariñoso conmigo.
Por ti me levanté de la cama el año pasado, no podía ver en tu carita la preocupación al ver que no salía de ella, cuando sólo me veías llorar.

Entre tu y yo el cordón ha sido muy pequeño y durante años, muy poco flexible. No podía ir a ningún sitio sin tí, no querías quedarte con nadie, sólo mamá, únicamente tu y yo.
En muchas ocasiones me sentí agobiada.
Hoy sé que disfrutamos al máximo y que lo que nos toca ahora es alargar ese cordón, dándole flexibilidad, dándote alas...

Y sé que este nudo no desaparecerá hasta que vuelvas el viernes, aunque esté distraída con las cosas de la casa y tu te vayas un poco negro porque no puedes estar en todo el cotarro. Siempre has sido así, curioso, investigador, inteligente y muy perspicaz.

Siempre he pensado que serías periodista o espía, llegado el caso, porque no te pierdes una y en esta ocasión, la coincidencia de fechas hace que no estés. Pero te mantendré informado, cada vez que me llames te diré como van las cosas, aunque prefiero que me cuentes como te va a ti.

Mi pequeño ¡cómo has crecido!

 
el nervio...

Ya está, ya llegó, ya me entró el nervio. Ese que me pone en ebullición, que me hace estar efervescente y no parar...

Ya le estaba echando de menos. Andaba estos dias muy ñoña, muy blandita, muy mimosa.... Pero ya me he puesto las pilas y hoy no he parado quieta.
Hemos resuelto muchísimas cosas, entre ellas el tema de las camas, que no era ninguna tontería . Ya están encargados los sillones y el comedor... Y ahora que he parado un poco, me siento 'muerta morida'...

Me gustaría estar tumbada en una hamaca, junto a la orilla del mar, bebiendo algo refrescante y escuchando buena música...

En lugar de eso, me he tirado en la cama, con una botella de agua de un litro (¡qué calor he pasado hoy, creí que me deshidrataba en el intento!) y eso sí, escuchando a Norah Jones... ¡qué gozada, por dios!

Los niños juegan un rato en el ordenador, mientras yo escribo esto en una pda. Cuando tenga un rato lo subiré.

Ahora están tranquilos... y yo más...


 
...es lo que hay...

He ido a dar una vuelta, necesitaba despejar mi cabeza. Me ha venido bien... creo.

Aunque hace calor, me apetecía andar. Corre una pequeña brisa que hace que se esté bien en la calle. Y así paseando, me he acercado hasta la casa nueva.

¡Qué grande la he visto!
En el jardín, margaritas y amapolas. Supongo que están esperando a que llegue yo para que me las cargue... Nunca se me han dado bien las plantas, aunque me encanten y me gustaría tener un jardín precioso, algo salvaje. No me gustan los jardines recortados ni cuadriculados, donde cada cosa está en su sitio y cada planta tiene su lugar. Me gusta que cada una crezca donde le parezca, que se busque su hueco...

¿Y dónde está mi hueco? Volver a ser el ama de casa eficiente y cumplidora, volver a colgarme el delantal (que nunca tuve ni usé), ser una ama de casa al uso, cocinar croquetas y preparar bizcochos, sentarme en el jardín a pensar las cosas que he hecho, las que no hice y las que nunca podré hacer...

'... es lo que hay...'

Siempre lo supe, como sé que en este mundo no te puedes permitir ni un momento de descanso, ni un rato para la ternura, porque en seguida te llueven las balas. Ni un respiro...
Como sé que debo volver a sacar mis uñas y sin embargo, las había olvidado en un bolso viejo.
He andado falta de reflejos, he bajado la guardia. No sé en qué andaba yo pensando...

'... es lo que hay...'

No se me puede olvidar.
Yo estoy donde estoy, sé cual es mi lugar, como la planta que crece en el jardín cuadriculado y milimetrado, sé donde está mi hueco, me guste o no me guste. Creceré o me marchitaré, no lo sé, procuraré no marchitar, no me apetece... aún.

Buscaré muebles, cogeré el taladro, usaré el rastrillo, me subiré a la escalera a colgar lámparas y cortinas, arreglaré grifos, inventaré disfraces y los coseré por las noches, no protestaré en las reuniones del colegio y me guardaré mi opinión...

'... es lo que hay...'

Siempre lo ha sabido y por unos días... se me olvidó.




 
al que me guarda

¡Qué lejos estás! Y sin embargo, aunque la distancia sea muy grande, poco a poco te has convertido en mi ángel, el que me guarda.
A diario, por pequeñas que sean las letras, quieres saber de mí.
Me tranquilizas, cuando mi ánimo está inquieto y me haces reír, cuando la tristeza se apodera de mí. Te emocionas conmigo, cuando me ves ilusionada y sé que te preocupas cuando intuyes que estoy a punto de saltar al vacío.
Sabes de mis días felices y también de los que lo son menos y siempre, siempre te encuentro para oírme reír o para oír mis lágrimas.
En ocasiones me dedicas tus aleteos y yo sonrío, agradecida, porque de una manera u otra, sé que en algún momento del día me has recordado.
Sé que eres un ángel muy ocupado y por eso te agradezco aún más tu cercanía conmigo.
Y con esa complicidad que se ha creado entre nosotros, quiero hacerte un guiño y dedicarte el aire que se mueve cuando hoy agito mis alas.
Para ti, mi ángel…





 
Mayo... y sigo arriba



Hoy toca balance de mes de Mayo.
¡Qué mes, por dios! ¿cómo podría resumirlo?
Podría decir que ha sido la leche..., la releche..., ya sé, digo que ha sido la hostia y acabo antes.

Inauguré el mes con un viajecito, que ya iba tocando.

Aún mantengo palabras en mis bolsillos. Estos están cada día más abultados y me encanta que sea así.

Durante este mes he encontrado aquellas páginas impares que me faltaban. Y tengo que decir que ha estado repleto de ellas: sentimientos, emociones, afectos. No han faltado ni las pasiones....

He tenido fiesta y resaca.

Me han hablado en voz muy baja y he podido oir, escuchar, entender y comprender. Y ya no dudo.

También, como no, ha habido algún momento de tristeza y desánimo, pero claro, no todo podía ser tan perfecto.

He tenido viernes maravillosos, he sido la Bergman charlatana, acudiendo nerviosa a su cita.

He cocinado a fuego lento y como requería la receta, al finalizar este mes se ha subido la llama. El resultado, un sueño. En él me encuentro acomodada en una nube y lo mejor de todo, es que aún no me he caído de ella.

Y más viernes, lunes y miércoles en los que volví a París, una y otra vez.
Esto me ha hecho subir, subir...

Sonreír con cualquier canción y una en especial... y seguir subiendo.

Te pedí que no me soltaras y no lo has hecho, me sigues dando tu dulce y lento veneno.

Y sigo subiendo.

Si quieres encontrarme, estoy aquí.