Algo Personal (I)
Acerca de
Madrileña, cuarentona, lunática y un montón de cosas más ...

Sindicación
 
estados de ánimo

Hay historias que me atañen directamente pero que no son ‘mis historias’, en las que puedo tener voz pero desde luego no tengo voto. Son historias entretejidas a lo largo de muchos años, difíciles y muy, muy delicadas.
Muchos de mis bajones de ánimo, de los que parece que no vienen al caso, para los que aparentemente no tengo ningún motivo, están originados y provocados por esos hilos.
Tienen que ver con mi familia, son los errores y las decisiones tomadas en el pasado que el presente no deja olvidar y muestra su factura casi cada día. No son mis decisiones, pero las lloro y duelen como si lo fueran.
Ayer me sentí impotente, como me siento siempre ante ese tema y aunque a veces intento ignorarlo, para que no me afecte tanto como lo hace, no puedo obviarlo.

He mantenido una larga conversación con mi madre. Ha terminado por marearme, me ha vuelto la cabeza del revés. Hemos hablado de éste y de más temas, que aprovechando, aprovechando, debía tener ganas de soltar.

A veces me gustaría gritar, pero gritarles de verdad ¿es que no veis que yo ya no puedo más? dejad de machacarme, dejad de presionarme, dejad de tirar de mí, porque al final me romperé en mil pedazos.


 
estoy...

desanimada, cansada, decepcionada, con ganas de irme a casa, no aguanto más aquí, me duele hasta el alma, por eso sé que la tengo y no me ha abandonado… aún.
Ando con ella enroscada a mis tobillos y ni siquiera tengo ánimos para darle un puntapié y enviarla bien lejos.
Contínuamente me recuerda que ese no es su sitio, pero no puedo, hoy no, ahora no…


 
sms’s en mi móvil

Desde ayer estoy recibiendo mensajes en el móvil de lo más pintorescos.
La primera vez que los leo, pienso, joer, ¡qué fuerte! ¿quién será el que me escriba esto tan porno o tan sugerente?

Luego, lo releo bien, veo quien lo escribe y lo que ha ocurrido realmente. Una alteración en las letras, por rapidez o que al texto le falta una coma que cambia por completo su sentido.

En fin ¡qué lástima de sms!

Ejemplos de desperdicio de sms’s:

Uno recibido ayer: ‘lámeme que yo no puedo’
….. glups, madre mía, con las prisas y la histeria de ayer no he leído de quien es. Joer, ¿quién será? ¿quién me dice estas cosas?
Pues ya está, es de mi hijo, que quiere que le llame porque él no puede… ejem, creo que se le han ido los deditos…

Otro de hoy: ‘estoy en Madrid besos como en casa’
¿Besos? ¿cómo en casa? Ummm ¡qué sugerente!
Pues va a ser que no, que lo que realmente quiere decir es que come en casa.

Lo que yo digo, ¡lástima de sms’s, con la de cosas chulas que se pueden decir!


 
a perro flaco...

Siiiiiii… todo se le vuelven pulgas…
Lunes patético y siniestro en la oficina. En mi empresa hay marejada, grande y fuerte marejada o lo que es lo mismo una movida de padre y muy señor mío…
Mi departamento o como quiera que se llame parece ser que tiene los días contados. Hemos pasado de ser hace seis meses el ‘pilar’ de la empresa a ser ¿nada…? ¡Qué absurdo es todo!
Como resultado rumores, charlas, caras largas, mosqueos y muchísimo más trabajo, papeles, papeles y más papeles. Si los pronósticos se confirman adiós a mi ascenso, a mi promoción, a ese puestito al que tenía yo echado el ojo…
Pueden ocurrir varias cosas:
A – que me despidan… sin comentarios…
B – que me envíen a otro departamento. Volver a empezar de cero, ¡qué asco! ¡estoy hasta los güevos…!
C – que me envíen a otra ciudad, a otra provincia… ¿a otro PAIS…? dios, esto si que sería empezar de cero y un caos total en mi vida…
D – que no pase nada. Joder, que me quede como estoy…
Mi vida va mejorando, cada día tengo más motivos para ser feliz… y una mierda…


 
en tránsito

Creo que ha llegado el momento de regresar, de guardar en la maleta lo que encontré en el camino y volver a casa. Si algo buscaba en este viaje, no lo hallé. Tengo frío y necesito el calor de mi casa, refugiarme entre estas cuatro paredes y dejar de buscar. Lo que yo busco no existe, no para mí.
Guardaré las fotos, los rincones, las plazas y los parques, las palabras y los rostros, complicidades que serán sustituidas, vacíos y huellas que no dejo, el tiempo transcurrido fuera de aquí, recuerdos y sensaciones que han sido sólo míos.
Aún estoy en tránsito, aún no he llegado. No me han echado de menos porque nunca les falté, siempre me tuvieron aquí, aunque yo viajara muy lejos.
Con algún arañazo, con alguna lección aprendida, con alguna arruga más y con la maleta un poco más llena que cuando salí. Algo más cansada y con tristeza en la mirada, pero ya salí con ella puesta de casa.
Y en tránsito permanezco aún, pero por poco tiempo…

 
una copa vacía

Una ciudad casi desconocida y algo tan cotidiano como comer en la terraza de un restaurante. A pesar de estar bajo una sombrilla hoy el sol calienta su piel, hace calor, lo siente en su cara, en sus manos, en sus piernas.
Siguiendo la charla amigable de sus compañeros de mesa, sus pensamientos se alejan. De vez en cuando, sonríe y asiente, pero su mente está muy distante. Un vacío, un arañazo, una herida, una cicatriz, recuerdos, echar de menos, sentir tristeza y sin embargo, sonreír, charlar, participar de la conversación.
Una copa de vino en la mano, el sonido del cristal al entrechocar, una pérdida, un silencio. Las lágrimas que no dejó salir se vierten en la copa, se mezclan con el vino, las bebe lentamente y sonríe, de nuevo.
Amargas como su sonrisa. Distantes como su mente. Sordas y calladas.
Atraviesan la garganta y llegan hasta su pecho, hasta su corazón y ahí se mantienen, bañándole, mojándole, calándole. ..
La copa ya está vacía, mientras su corazón hace aguas.


 
cuándo

No se cuándo dejé de mirar más allá del cristal, ni en qué momento cerré los ojos y me senté a no esperar más.
No se cuándo cesó la música y dejé de bailar, para volver a pasear entre hojas secas.
Ni en qué instante se apagaron las luces y abracé mi almohada.
No se cuándo perdieron brillo las letras y dejaron de ordenarse en palabras.
Ni en qué instante el viaje se hizo tan triste y cansado que sólo quedó volver.

Cuando me bajaron de un tren en marcha, para el que sólo llevaba billete de vuelta.
Cuando los días se acortan y enfrían las noches.
Cuando los cristales se oscurecen.

 
la normalidad de los días normales

Hoy es de esos días tranquilos y moderados, que destilan rutina por todas partes. No ha habido grandes carcajadas, ni grandes conversaciones, ni grandes emociones…

Echo de menos a JM, consigue arrancarme, antes de las ocho de la mañana, mi primera sonrisa diaria, incluso mis primeras carcajadas. Es un gamberro adorable y encantador. Mi confidente y mi amigo.

R. está en Italia, pasándoselo genial. Esta mañana apenas nos oíamos, estaban en Venecia, sobre las aguas del canal. Contenta, alegre y feliz y yo más, por sentirla así.

Mi otra chica de oro está enferma. Cuando una se empieza a recuperar, la otra decae…
He hablado con ella esta mañana para decirla que hiciera la maleta, que la recogía al salir de la oficina y la llevaba a mi casa. Su respuesta ha sido que ya está mejor y que no, que no, si hasta ya tenía la comida hecha… Entonces te recojo por la tarde. No, no, no y… no.

Se marchitan y sé que tengo que acostumbrarme a verlas así, pero me entristece, no lo puedo evitar.

Este mes parece el mes de las ausencias y también el de los reencuentros.
Hoy ha sido con una amiga, con la que comparto muchas cosas y hacía tiempo que no coincidíamos.

El verano parece actuar de paréntesis. Como si el otoño que está a punto de llegar pusiera a cada uno en el sitio que ha ocupado siempre. Todo vuelve a su lugar. Todo vuelve a la normalidad.

Y para recuperarla, voy cerrando círculos, como las ondas en el agua.
Unos se cierran por decepción. De éstos ya no espero nada.
Otros, por reincidencia. Desanduve unos pasos, para tomar carrerilla y poder cerrarlos.

En el aire queda el proyecto de viaje que tenía sobre mi mesa. No creo que sea posible, estando mis chicas así.

Esta es la normalidad de los días normales en los que no asoma ni la luz ni la sombra.
En los que la calidez del mediodía apaga el frescor de la madrugada. Y cada noche es igual a la anterior.
Los días normales que llegan y se quedan, para poder tomar aire, para respirar, sin necesidad de contar hasta diez, sin tener que cerrar los ojos para no ver aquello que no deseamos mirar.
Esos días en los que no se espera nada, porque nada ha de pasar.

 
un buen día

Hoy ha sido una buena tarde, un buen día. Tarde de amistades, a las que hacía tiempo no veía, con las que no compartía una cerveza ni una buena charla, risas y complicidad.
Hace mucho que no podía decir, con la boca grande, que la semana está resultando muy agradable, en muchos sentidos. Semana con sorpresas, novedades, visitas inesperadas, proyectos.
Me siento bien.
Desde la buhardilla, con esta noche tan maravillosa que hace, escribo, mientras contemplo lo que está sobre mi.
Un cielo estrellado, una luna casi llena, blanca, brillante y luminosa.
Y en mi interior, tranquilidad, calma y sosiego.
Por primera vez en meses vuelvo a sentirme así.
No sé si estoy feliz, al menos sí sé que hoy no me he sentido infeliz, que no es poco.
Me pregunto a qué será debido este estado y no quiero preguntarme cuánto durará, hoy ha sido un buen día, mañana ya se verá.


 
como un hombre

ja, pues al final la receta funcionó, no sé muy bien cómo, pero hoy me he portado como todo un hombre.

He cambiado mi sangre caliente por horchata.
He sido fría, calculadora, de mente analítica, he sopesado pros y contras, he sido egoísta, he utilizado antes de que me utilizaran a mí.
He paseado por lugares por los que hacía tiempo que no paseaba y oh-oh, los recuerdos se han quedado en el bolsillo.
He huído de sentimentalismos ‘baratos’ y ha podido más mi cabeza que mi corazón.
He desatendido las voces que me llamaban y hoy he sido yo la que he dicho: ‘ya te llamaré…’.
Me he reído, he disfrutado, me he divertido y aquí estoy, entera y sin un sólo rasguño ni arañazo en la piel.

Y chicas, ¿sabéis una cosa? que de vez en cuando está bien ser así. Para un ratito no está nada mal.

Aunque yo, sin dudarlo, me quedo con ser, sentirme y actuar como mujer.
Prefiero mi sangre caliente circulando por la M-30 de mis venas, con los sentimientos y las emociones a flor de piel.
No calcular ni medir ni cortar ni seccionar. No ser egoísta. Dar, dar, dar siempre.
No soy algo de usar y tirar y lo que no quiero para mi no lo quiero para los demás.
Quiero seguir poniendo el sentimentalismo en mis sentimientos y dejar que el corazón dirija mis pasos.
Quiero seguir dando la cara y no desaparecer sin decir cómo, ni cuándo y sobre todo, por qué.
Y porque me gusta ser mujer, hubiera escrito un post más subversivo, pero lo dejaré así, tal como está.

 
dosis

Esta mañana me he inyectado en vena varias dosis de ‘AutoEstima’ (nueva fórmula).
He dado la vuelta al espejo y lo he colocado por el otro lado, aquel en el que se puede leer en letras grandes y verdes 'Porque Yo Lo Valgo' .
Y por si acaso, me he metido un bocadillo para el recreo relleno de 'Nena, Tu Vales Mucho' (nuevos ingredientes).


Ahora me duele el estómago y tengo naúseas.
Algo ha fallado y no me explico qué demonios ha podido ser.

 
un regalo para K.: mi unicornio

(Silvio Rodríguez - 1980)

Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
pastando lo dejé
y desapareció.
Cualquier información
bien la voy a pagar.
Las flores que dejó
no me han querido hablar.

Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
no sé si se me fué,
no sé si extravió.
Y yo no tengo más
que un unicornio azul.
Si alguien sabe de él,
le ruego información,
cien mil o un millón
yo pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fué.

Mi unicornio y yo
hicimos amistad,
un poco con amor,
un poco con verdad.
Con su cuerno de añil
pescaba una canción,
saberla compartir
era su vocación.

Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
y puede parecer
acaso una obsesión,
pero no tengo más
que un unicornio azul
y aunque tuviera dos
yo solo quiero aquel.
Cualquier información
la pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fué.

 
dibújame un sueño

Dibújame un sueño, ya sabes que yo no sé dibujar, que sólo consigo hacer borrones en el papel. Que me mancho las manos y me embadurno la cara hasta la punta de la nariz, y aunque ponga mucho empeño nunca soy capaz de terminarlos.

Lo sé, ya sé que me has dibujado unos cuantos, pero los he perdido, ya no me quedan. Volaron por la ventana una de estas noches de lluvia y tormenta y no han sabido regresar. Seguro que andan por ahí, enredados en alguna rama o calentitos y abrigados en algún nido.

¿Me dejas elegir? Déjame decirte cómo lo quiero. Es muy sencillo. Sólo quiero que sea de colores, no me apetece un sueño gris. Quiero que huela a canela y a chocolate y que en él siempre suene mi música, la que me gusta y me emociona.

Dibújame un sueño dulce y tranquilo, que me haga reir, vibrar, latir, vivir...

Pero no tardes mucho, ya sabes que no sé vivir sin mis sueños.


 
no es por ti

No es por ti por quien espero acodada en la ventana mis noches insomnes.
No es por ti por quien desespera mi alma.
Ni siquiera eres el motivo por el que mis pestañas se humedecen,
Ni por quien dibujo un brillo en mis pupilas.
No eres tú por quien cepillo mi sonrisa cada mañana,
Ni por el que voy abrigando mi corazón con bufandas.
No es por ti por quien camino y avanzo.
Ni por el que levanto la cabeza con desafío.
No es por ti que la oscuridad ya no me de miedo,
Ni eres la causa por la que mis temores se van suavizando.
No es por ti que ya no estés en mis sueños.
Ni eres tú por el que hoy estoy escribiendo por ti.
No es por ti, es, simplemente, por mí.
 
sin tatuajes

Mi piel no necesita de tatuajes, porque cada poro lo es.
Guarda las señales de mi infancia y adolescencia, para ir creando así las de mi madurez.
Tiene lunares que ya dejé de contar y cicatrices que con el tiempo dejarán de doler, con mil pliegues de lágrimas derramadas.
En ella disfruto aún del aroma a llanto y arrullo de bebé, a nana cantada de madrugada cuando acunaba a mis hijos.
Cada doblez mantiene arrinconados mis viejos recuerdos, como perfumes de olor agridulce y tacto de seda.
Piel que se nutre de roces y caricias, donde todo se escribe y nada se pierde.
Donde leer los renglones de mi vida, las sonrisas que no olvidé y todo lo que fue quedando atrás.
Todo está escrito, todo tatuado en mi piel.

 
se acabó la miseria

No sé ni dónde, ni cuándo, ni a quién he oido esta frase pero me aplico el cuento y tiro pa'lante. ¡Qué demonios!

Ya está bien de andar melancólica y lacrimógena por las esquinas, sin motivo ni razón -bueno, alguna había-, pero he decidido que ya se acabó.

Esta mañana aún perduraban en mi los restos de la 'depre'. Por más que intenté recopilar todo el ánimo que pude para salir a la calle me resultó imposible. Así que estuve taciturna, sin dejar de mirar el reloj contínuamente, deseando volver a casa cuanto antes. Buscando un refugio, un lugar donde aislarme.

Pero esa solución no me convence. En absoluto. No pienso esconderme ni en casa ni en ningún otro lado. No tengo ningún motivo para hacerlo y no me dá la gana.

Así que me pongo en pie de guerra, me cambio la cara, cambio el disfraz, saco las uñas de nuevo y me lanzo al ruedo otra vez, porque durante un tiempo, que espero no sea breve ¡se acabó la miseria!


 
de vuelta

Vuelvo a escribir, sin mucha convicción y con pocas ganas, pero quería agradeceros vuestros comentarios y vuestro interés. Debería haberlo hecho hace días pero apenas he encendido el ordenador.

Las cosas en casa parece que se van arreglando despacio y de forma muy lenta. Mi madre empieza a estar algo mejor y yo voy recuperando la voz. Sigo afónica pero al menos puedo hablar. Para mi quedarme sin ella es un gran suplicio y eso lo saben bien los que me conocen.

He guardado mis alas en una caja y la he tirado a la bodega, junto con las demás que quedan sin abrir. No me sirven, no saben volar, son frágiles y quieren subir muy alto, pero se rompen en mil pedazos y tengo que estar recomponiéndolas contínuamente. Así que mejor guardarlas.

Mañana vuelvo al trabajo y espero retomar mi vida allí donde la dejé, hace ya unos cuantos días. Espero encontrar intacto el cajón donde guardé mi fuerza y mi ánimo, porque si no están allí, no sé donde los he podido meter. El caso es que sé que en casa no están o al menos yo no los encuentro por ningún lado y los necesito, vaya si los necesito.

Como necesito volver a sonreír y para eso tengo que empezar por recomponerme yo. Mirarme en el espejo y decirme cuatro cositas bien dichas, a ver si espabilo de una vez por todas, que no aprenderé nunca.

Pero tengo que oírme y estos días no me he querido escuchar, me hablaba demasiado bajito.
Ahora me gritaré, si es necesario.