mis soledades
De las que calan muy hondo y te oprimen el pecho, las que sólo los suspiros parecen aliviar.
Son mis soledades que brotan por ausencias y crecen por indiferencias. Las que conmueven y no se lloran, que nacen de silencios y palabras mudas, oídos sordos, miradas sin luz.
Son las de ritos no cumplidos y huellas que se van matizando con el tiempo, arrinconadas junto a las demás.
Alimentándose de los últimos besos lanzados al viento y para el viento, abrazando el aire, sonriendo a nadie.
Son mis soledades, a veces las invoco y acuden para recordarme que las deseche, que las olvide, que no las vuelva a llamar.
Pero yo me aferro a ellas para no hacerlo. Cierro ojos y oídos, no las quiero escuchar, porque sé que siempre estaré acompañada de mi soledad.
(escrito un día cualquiera a cualquier hora del día)
vestida de domingo soleado
Sé que soñar para mi no es nada complicado, introducirme en un sueño y dejarme llevar por él es muy fácil. Dejar volar la imaginación ayudada por toques de ensoñación me resulta muy sencillo.
Hacer que se cumplan los sueños ya es algo más difícil, pero aún así en muchos momentos lo he conseguido y he cumplido algunos. Esto tiene un pequeño inconveniente y es el despertar, el momento de abrir los ojos y ver que todo ha sido un sueño, nada más. Desperezarte y despojarte de él lleva un tiempo que normalmente suele ser algo doloroso, un periodo necesario para volver a caminar despierta y erguida.
Pero lo que no había conseguido hasta ahora era bajarme de un sueño en marcha sin resultar dañada, sin sobresaltos, sin amarguras, sin derrochar dolor y sí sonrisas y alegría, color, ternura, calor...
Un sueño donde los silencios tienen un único significado, en el que no hay dobleces ni mentiras, ni palabras mal dichas ni peor entendidas.
Un sueño real vestido de domingo soleado, plagado de recuerdos como fotografías en mi retina, repleto de palabras y gestos, de guiños y sobre todo, de abrazos que me levantan del suelo y me mantienen de puntillas en el aire, incluso cuando pase el tiempo y sólo quede el recuerdo de ese abrazo.
Para los domingos soleados no hay adios ni despedida, sino un hasta siempre.
la nada
Ya no hay ni luz ni oscuridad. Ni sonidos ni silencios, ni angustia ni soledades, tampoco risas. Ni siquiera dolor.
No hay prisas ni lentitud, ni relojes ni estaciones, ni trenes cogidos en marcha.
Por no quedar no queda ni curiosidad ni comprensión, tampoco pena. No hay dilemas ni preguntas, ya no hay remedios ni abracadabras.
Para ti ya no hay besos entregados, ni roces de caricias ni escondidos abrazos. Para ti, nada. Ya no hay nada.
Porque ya me llegó la deseada nada.
vaya, vaya... marrón
Nunca sigo ninguna cadena y mucho menos la que me augura que si la rompo me ocurrirán mil desgracias. Tampoco me he parado jamás a pensar si alguna vez he pagado las consecuencias de no seguirla… se me olvidan, directamente.
Y ayer Doc, va y me pasa el ‘testigo’ de ésta… pero al menos en esta nadie dice que si la rompo volveré a ser virgen o alguna desgracia similar…
Así que he pensado contestarla de manera breve y rápida, para no aburrir más que nada y porque ando mal de tiempo, pero que conste que lo hago por ser tu, Doc y nada más que por eso, jeje, y por supuesto, le pasaré la bola a otros.
Allá voy…
1. ¿Cuál ha sido el mejor polvo de tu vida?
Todos y cada uno… pero me quedo con los que han de venir…
2. ¿Cuál es el sitio más original donde has echado un polvo?
Original, original no es, pero bonito… un puñao. A orillas del Cantábrico, una noche llena de estrellas y… continuará…
3. ¿Qué es lo que más te gusta en el momento de un polvo?
Utilizar todos los sentidos…
4. ¿Y lo que menos te gusta?
No me gustaría ningún tipo de daño.
5. ¿Qué fantasía sexual te queda por cumplir?
Me quedan… algunas…
6. ¿Con qué personaje masculino o femenino de la blogosfera te darías un revolcón sin dudar?
Ay no, vaya pregunta…
Y ahora le paso la bola a Atardecer, Mandarina, Claudio, Azrael, Charly y Entre Líneas.
ese tiempo
Hubo un tiempo en el que no necesitaba del aire para vivir, me bastaba tu boca para respirar.
Donde tu mirada me servía de guía, tus manos de asidero, tu cuerpo mi equilibrio.
Ese tiempo en el que tus suspiros eran cosquillas y tus palabras círculos, que me envolvían y acariciaban jugando con mis oídos.
Me columpiaba en tu sonrisa, me bañaba en tus ojos, me relamía en tus labios.
Un tiempo de placer, en el que el sabor de las lágrimas era dulzón y no dolía derramarlas.
Hubo un tiempo en que me amaste.
Ese tiempo en el que te amé.
un cuento... para mi recuerdo
“Ya están estos hombres aquí –pensó mientras estiraba sus cuatro patas casi al mismo tiempo-. Vienen a arreglarme el jardín, les oigo hablar de muchas cosas, entre otras, de dónde irá mi caseta, la que se han empeñado que use para dormir y yo me niego. No es que no me guste, es bonita y grande, pero no entiendo qué quieren que haga con ella. Nunca he necesitado una casa para mi sola.
Bueno, está visto que hoy no podré tomar el sol así que saldré a saludarles. Me gustan sus botas y sobre todo, sus cordones y son muy cariñosos. Me dicen cosas y juegan conmigo. La verdad es que hasta ahora no recuerdo a nadie a quien no le haya caído bien. ¡Si hasta el abuelo, que presumía de no gustarle ningún perro, me adoraba y me sentaba en sus rodillas, mientras me acariciaba detrás de las orejas...!
Y ahora ¿por qué me encierran en la cocina? ¡con lo bien que me lo estoy pasando!
Un momento... alguien abre la puerta. Y la de entrada. También la del porche está abierta... Siguen hablando de sus cosas. Iré a dar un paseo, a estirar un poco las patas. Cuando vuelva ni se habrán enterado que me he ido...
Estas patas, que la veterinaria se empeña en que terminarán con artrosis y bien que les he demostrado que de eso nada... Cuando llegamos a esta casa todos decían que no podría subir las escaleras, que jamás llegaría hasta la buhardilla...
¡Ja! ¿habéis visto como las subo? Eso si, hago paraditas, disimulo y me entretengo en la habitación de los niños. Siempre me gustaron sus habitaciones. Huelen a chocolate y a palomitas, a juguetes y a peluches. Huelen a ellos, a mis niños. ¡La de perrerías que les he aguantado!, eso si, sin rechistar, no fuera a ser que Ella me regañara.
Recuerdo que durante un tiempo me dejó dormir cerca del peque porque éste tenía miedo y sólo se dormía si me veía junto a él. ¡Y yo fuí la perra más feliz del universo!. Siempre me ha gustado cuidar de ellos y protegerles, jamás les haría daño...
Tengo que volver antes de que Ella se entere, si no lo hago se llevará un gran disgusto y me buscará por todas partes. No es la primera vez que salgo de excursión y tienen que venir a recogerme. No sé que me pasa, yo quiero volver, pero esta cabeza mía se desorienta y hace que vaya al norte cuando lo que yo deseo es volver al sur, con ellos. Tampoco se de dónde me viene este afán de tirar pa’l monte, si a mi lo que me gusta es dormir sobre la alfombra, calentita y acurrucada, mientras una mano me acaricia detrás de las orejas.
Estoy cansada... creo que ya es hora de volver. Este corazón mío quedó tocado después de mi última fuga. ¡Aquélla si que fué buena! ¡menudo lío organicé! No sé cómo terminé con unos chavales de Barcelona en un camping de Santillana. ¡Qué majos eran! Me dieron de cenar todo lo que yo quise, me puse las botas, soy demasiado tragona, pero cuando se me pasó la novedad yo sólo quería que vinieran a buscarme. Y lo hicieron. Llegaron muy tarde, era noche cerrada y llegaban empapados, no había dejado de llover en todo el día. Ella se abrazó a mí y no dejó de acariciarme durante todo el camino de vuelta. Él, que llevaba sin fumar no sé cuanto tiempo, volvió aquel día a hacerlo. Creo que esa vez me pasé y desde entonces no he vuelto a viajar con ellos. No me importa. Me dejan con Cati, de campamento como Ella dice y allí disfruto de lo lindo... Eso sí, Cati se chiva siempre, le dice que sigo intentando escapar... y yo no sé porqué lo hago, simplemente huelo el aire y en él hay algo que me incita a marchar...
Se está haciendo de noche. Voy a parar un poquito aquí. Estoy muy fatigada. Este paseo me está cansando más de la cuenta... Si aparecieran Ellos con el coche y me recogieran... se lo agradecería un montón... ¡qué mayor me siento! ¡cómo se notan los años!
Estoy deseando llegar a casa, aunque Ella me echará una buena regañina, no me importa, sé que después me dará un gran achuchón. Luego dirá que estoy muy guarra y me dará un baño calentito. ¡Cómo me gustan esos baños que me dá! ¡cómo me acicala y me seca el pelo, hasta que vuelvo a estar guapa! Y después juega conmigo un ratito tirándome una pelota hasta que estoy casi seca.
Me gusta cuando me siento a su lado y distraída me acaricia la cabeza hasta hacerme cosquillas y me gusta rozarla con mi mano, para que siga haciéndolo... no quisiera que parara nunca.
Ya es de noche, apenas queda luz en esta carretera. Voy a tumbarme a descansar y dormiré un ratito, cuando despierte volveré a casa...
No entiendo porqué me han venido todos estos recuerdos a la memoria, así de repente. Hace mucho que apenas recuerdo nada. Y sin embargo ahora me vienen a la cabeza rostros, olores, voces, los niños llamándome...”
Y lentamente cerró los ojos.
A todos muchas, muchas, muchísimas gracias, no he sabido decirlo de otra manera.
en la cuneta
En la cuneta de una carretera comarcal. Parecía dormida.
Esta vez no ha sido posible, no hemos llegado a tiempo para llevarla de vuelta a casa.
sin rastro
Tiene trece años y para una cocker es mucha edad, aunque físicamente está muy bien. Por esa razón o por cualquier otra que nunca sabré, hace ya mucho tiempo que perdió el poco sentido común que tenía, si es que alguna vez lo tuvo. Siempre ha sido una cabra loca, adorable, cariñosa y encantadora. Ha cuidado de mis hijos, los ha protegido y con ella aprendieron los dos a andar. Ha compartido sus juegos y sus meriendas, los bocadillos y las galletas. Se ha dejado cortar y tirar de su largo pelo negro, sin rechistar, hasta que ellos poco a poco fueron aprendiendo a respetarla. Ha cuidado de mi y no se ha separado de mi cama cuando he estado enferma y me ha acompañado en muchos momentos de soledad.
Varias veces se ha escapado, es una manía que siempre tuvo, la de fugarse y siempre, con mayor o menor esfuerzo, hemos conseguido recuperarla. La última vez nos costó a todos unas buenas lágrimas y cientos de kilómetros recorridos en su busca, hasta que la encontramos.
Hoy ha vuelto a hacerlo. Se ha vuelto a escapar. Se ha fugado de nuevo y esta vez me temo que será muy difícil encontrarla. No terminaba de adaptarse a la nueva casa, al nuevo barrio y se pasaba mucho tiempo llorando.
Aprovechando un descuido, mientras los hombres que van a arreglar el jardín entraban y salían, se ha ido.
La hemos buscado por dentro y por fuera de la urbanización y no ha aparecido. Tengo la esperanza de que sea capaz de regresar por ella misma, pero está muy mayor y ha perdido mucho olfato para rastrearnos.
Sé que mis hijos la echarán mucho de menos, que todos lo haremos. Sé que si esta vez no la encontramos, yo lo haré.
extraña-mente bien
A pesar de que hoy me levantado con la hora muy pegada y he tenido que aparcar en el campo, hundiendo mis tacones en un barro babossssso
A pesar de que casi pierdo, de nuevo, el tren
A pesar de que la mañana ha sido gris marengo y llovía cada vez que ponía las botas en la calle
A pesar de que hoy teníamos cumpleaños en la oficina y me ha tocado sentarme con los más petardos
A pesar de que uno de esos petardos me ha echado el café encima
A pesar de que no termino de acostumbrarme a las dichosas gafas y de que JM diga que tengo cara de ‘jilguerillo’ (pa’matarle, oye)
A pesar de que no consigo dormirme ni pronto ni bien y de este cansancio que arrastro
A pesar de mis tormentas de alma
A pesar de saber que quien quiere, puede y hay quien no me ha querido nunca
A pesar de no tener ganas de escribir
A pesar de todos mis pesares y para llevar la contraria, nada a mi pesar
Hoy me siento extraña-mente bien
la cuadrícula
Me colé en una cuadrícula, perfectamente dibujada, con sus líneas paralelas y perpendiculares formando un damero coloreado en armónico blanco y negro.
Me colé y al hacerlo empecé a trastocar algunos cuadros, cambiándolos de posición.
Sin saber cómo algunos colores fueron cambiando, pasaban del negro al pistacho, naranja, fucsia, amarillo…
Algunas líneas entrechocaban entre ellas y las esquinas empezaban a redondearse, a suavizarse.
La cuadrícula estaba dejando de ser perfecta a sus propios ojos y no se encontraba bien con esta situación, así que protestó, se defendió, había interrumpido su perfección.
Así que yo, que me había colado, decidí salir por donde había entrado. Ya no sabía si lo había hecho de puntillas o como elefante en la cacharrería, sólo sabía que debía dejar todo como lo había encontrado, con sus líneas perfectamente paralelas y perpendiculares y sus armoniosos colores blanco y negro… porque había sido yo quien se había colado.
cara de listilla
Escribo de estreno. Hoy por fin he claudicado y me he hecho las gafas que desde hace tiempo venía necesitando. Tanto leer, tanto escribir, tanto ordenador, han hecho que mi vista esté cansada… eso y la edad, que a partir de los cuarenta ya se sabe…
Mis peques dicen que tengo ‘cara de listilla’, pero que no me quedan mal, que estoy guapa con ellas. He decidido fiarme de ellos, suelen ser bastante críticos conmigo, sobre todo el mayor. Si voy salir a cenar o al teatro siempre le pido opinión a él y cuando me dice, ¡jo, mami que guapa estás hoy!, salgo mucho más convencida porque sé que no lo dice por adularme. Cuando algo no le gusta no se corta un pelo. Como aquella vez en la que me dijo que llevaba la falda demasiado corta… le dije que era un retrógrado de doce años… pero tenía razón y lo supe en cuanto me senté...
Ahora escribo en la mejor de las compañías. Desde la buhardilla, que está quedando de lo más acogedora, como yo quería, con el peque viendo ‘Peter Pan’ a mi lado. Y es que no se puede pedir más.
sigues rozando mi alma
Ya no es nuestro octubre, ya no lo es este otoño.
Ya no compartimos hojas ni palabras, deseos y caminos.
Ya no es nuestro el aire ni son nuestras las soledades.
Ya es ausencia.
Y sin embargo, sigues rozando mi alma y robando mis sueños.
Sigues entrando en mi piel y bebiendo mi interior.
Aún tiemblo cuando con tu sombra me acaricias,
mientras me escondo bajo la almohada para no llorarte con mi memoria.
Y sueño que en silencio me susurras que aún no es tarde,
que aún estamos a tiempo para hacer de este otoño el nuestro.
Y es que, a pesar de todo, sigues rozando mi alma.
de vez en cuando la vida
Hay días que hacen años y días que hacen daño. Para este día que duele, te dejo este regalo de canción de Serrat de triste final. Se rompió el hechizo, quizá por no haber sabido usar la magia.
Y como terminan casi todas las historias hechas canción, ésta acaba aquí. Siento las bromas que me juega la vida una y otra vez. Por fin, despierto del sueño, aún sin saber qué pasa.
De vez en cuando la vida
De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega como un atlas,
nos pasea por las calles en volandas
y nos sentimos en buenas manos.
Se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.
De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que dá gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
De vez en cuando la vida
afina con el pincel,
se nos eriza la piel y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos sin saber
qué pasa, chupando un palo sentados
sobre una calabaza.
capullos
Cuando se lleva tanto tiempo rodeada de capullos, cualquiera termina por adaptarse y empezar a confundir, a confundirse, a no discernir un capullo de otro. Los hay de todo tipo: integrales, en flor, con alas, absurdos y surrealistas, por méritos propios, a destajo y a tiempo parcial. Otros realizan horas extras y hay mucho capullo que lo es las 24 h. del día. Algunos lo son únicamente en el trabajo y están los otros, los que además lo son fuera de oficina, este tipo es el más común.
Están también los que no lo son pero de vez en cuando lo hacen. Hacer el capullo de vez en cuando puede ser hasta saludable si al final consigues reírte. Y a algunos se les termina por coger hasta cariño.
Y ya por último están los que en ocasiones hacen cosas sin saber muy bien porqué las hacen y se sienten como auténticos, genuinos y verdaderos capullos.
La cara de éstos suele ser un poema cuando se dan cuenta de lo que han hecho y quisieran que se los tragara la tierra.
¿Quién no se ha sentido así alguna vez en su vida? Bien, pues así me siento yo en muchísimas ocasiones. Cuando hago cosas sin pensarlas dos veces e inmediatamente me pregunto ‘pero ¿qué he hecho? otra vez no, por dios’. Y mi cara es un poema, es la cara del capullo sin remisión.
sueño en el espejo
El sueño esta vez me lleva a través del espejo. Entro en él y me acerco al sendero donde se han de encontrar nuestros caminos.
Con la cadencia de tu voz en mis oídos abres el libro, dejando ver las hojas que serán nuestras. Y mientras la alameda ronda nuestros pasos, siento como dibujas veredas y bosques, calor de miradas, seda de manos, ternura de otoño.
Me regalas renglones no escritos, sinuosas curvas y caricias de pluma, las que arrastran viejos temores, las que no alimentan nuevos miedos.
Tiñes mi eclipse de dulzura, de danzas a la luna, con llamas que rozan sin abrasar, sin rastro de cenizas.
Hojas de un otoño recién estrenado que llenamos de palabras y silencios, de deseos cumplidos, de sueños a través del espejo.
Con los ojos aún entornados puedo ver tu voz, leer en tu rostro y oír tu piel.
Lentamente despierto del sueño, lentamente cruzo al otro lado del reflejo.
robando el tiempo
El tiempo es lento, he conseguido parar el reloj por un momento, en ese recodo de la calle, junto a aquel árbol, aquella estatua… pero no es suficiente. El tiempo no se detiene, sigue su camino, mientras se rie haciéndome un guiño. ‘Otra vez te he adelantado, no puedes detenerme…’
No podré hacerlo, pero he logrado arañarle instantes, le he robado minutos, horas… el tiempo se ha dejado engañar.
Ahora vuelvo a guardar ese viejo reloj que no llevo, el que me deja detener el tiempo, a la espera de otro momento en el que vuelva a ser ladrona de tiempos.
perder
Tengo tanta práctica en perder, que empieza a no alterarme tanto, aunque me cuesta adaptarme a algunas de esas pérdidas. Tengo por costumbre añorar y echar de menos lo que me falta. Una mala costumbre, ya lo sé.
Soy especialista en perder personas. En eso soy la mejor, no cabe duda. No sé dónde las meto ni qué hago con ellas.
Y en cuanto a las cosas, contínuamente las pierdo de vista.
El tren lo pierdo casi a diario, junto con algún billete y alguna moneda.
También se me da muy bien perder la cabeza y el tiempo.
Perder el norte y el sentido lo practico muy a menudo. Y últimamente he perdido hasta visión de futuro.
En alguna ocasión perdí mucha sangre y hasta el aire que respiro me ha llegado a faltar.
Pierdo la voz, se me queda muda en la garganta, atrapada y agachada, para no decir lo que desearía gritar y es mejor callar.
Y he perdido batallas, muchas, casi cada día duermo con bandera blanca.
Y sin embargo y a pesar de todo, en muy pocas ocasiones me he llegado a considerar perdedora. Soy ganadora. Ganadora de amigos, de eclipses y lunas, de trenes a remolque y sentidos recuperados, de brújulas que no marcan nortes y ganadora de voces que me escuchan sin yo hablar.
guardando el verano...
Guardando el verano en cajas y las cajas en armarios. Guardando telas, tactos, texturas, aromas, sensaciones y recuerdos. Cerrando las cajas porque ya no es tiempo, el tiempo del verano terminó y con él todo lo que guardo en ellas.
Abriendo el otoño, abriendo amarillos y ocres, melancolías de atardeceres tempranos y olor de frío en la piel. Quizá abriendo el paraguas y pateando charcos, dejando que la lluvia moje el último verano y el viento se lo lleve con él.
Entreabriendo octubre, cierro el verano.
la esencia de mi blog
Ayer ‘casi’ llegué a hacer una promesa. Esta era la de escribir y escribir, sin perder la esencia de mi blog y a punto he estado de no mantenerla. No se me ocurría cómo…
-¿Y cual es esa esencia? –me preguntaste.
-Mi blog soy yo.
Aquí está una parte de mi vida escrita y no escrita, dibujada o perfilada, pequeños bocetos en blanco y negro, muchos de ellos a color, porque no todo pinta de gris en mi vida...
Como la canción ‘retales de mi vida, fotos a contraluz, os enseñé mi trocito peor…’
Vida vivida o soñada, imaginada o inventada, vida a través del espejo, realidades...
Desengaños, tristezas, amor y desamor, alegrías, impotencia, decepción...
Soledades, ausencias, reencuentros, distancias, añoranzas...
Noches de insomnio y noches de sueños, aunando cordura y locura.
Contradicciones, certezas e incertidumbres y por tanto, llena de interrogantes y signos de admiración, puntos suspensivos, entrecomillados y algún punto y aparte.
Aún no he llegado al punto final.
Niña grande, con muchos años ya, madura inmadura que a ratos levanta la cabeza del asiento para ver más allá de su pequeño mundo.
Imprevisible y cambiante, como mis lunas.
Impaciente, impulsiva… ¿ingenua? Si, aún cuando me dicen te quiero me lo creo y sin embargo, desconfío hasta de mi propia sombra.
¿Encantadoramente borde? No sé, podría ser aún más borde y menos encantadora o todo lo contrario.
Fuerte, frágil, dulce, cariñosa, vulnerable, ¿dura? Quisiera aprender a ser hielo y sin embargo, me quemo en mi fuego.
Quiero jugar y sin embargo, nunca llevo cartas ni ases bajo la manga, olvido las reglas fácilmente y me echan de la partida.
Contínuamente regresando a casa y siempre manteniendo el deseo en mí de partir.
Soñadora con los pies en la tierra, romántica que sabe que no es la princesa del cuento y que no existe el príncipe azul, sólo sapos, con mayor o menor encantamiento.
Sonreídora por vocación, reidora de carcajadas y llorona hasta ahogarme cualquier día en mi propio charco de lágrimas. Suscriptora de sueños y cliente del mes de pañuelos de papel.
Con los bolsillos llenos de pelusas y entre ellas, rellenando los huecos con confeti.
¿Es esta la esencia de mi blog? ¿Soy yo así realmente?
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