¡ay, corazón!

Estás adelgazando, corazón. Cada día pesas menos, estás más delgado y tienes peor cara.
Recuerdo cuando estabas gordito y sobresalían tus mofletes, cuando se marcaban los hoyuelos de tu sonrisa.
Y cuando lucías henchido y hermoso, con ese color bronceado que te daba un tono tan saludable.
Corazón, has dejado de alimentarte, me han dicho que te has puesto a dieta, pero no me gustan las ojeras sombreadas bajo tus ojos, ni como empieza a caerte la ropa.
¡Mírate, estás hecho un asco! ¡qué pinta más rara tienes, con ese sombrero calado hasta las cejas, tus inefables gafas de sol y la bufanda hasta la nariz…!
Ya sé que tienes frío, que estás calado hasta los huesos, pero ya está bien, tienes que volver a tu sitio, tienes que secarte otra vez y buscar un lugar calentito y abrigado, para destaparte de nuevo y sobre todo, tienes que volver a alimentarte, coger fuerzas para volver a latir.
¡Ay, corazón! ¿qué voy a hacer contigo?
¡No tienes remedio! ¡mira que te pones tonto a veces!
media docena
Difícil y cabezota está esta tristeza que se ha instalado cómodamente en mi interior, se agarra con uñas y dientes y no quiere marchar.
Se ha colado por cualquier rincón, por cualquier recoveco.
En la cinturilla de la falda, en el bajo del pantalón y en el cuello del abrigo.
En mi garganta, en mi pecho, en mis ojos y hasta en mi ombligo.
Abro un cajón y allí me la encuentro.
Paso las hojas de un libro y allí está, de nuevo.
Abro el correo, vacío y otra vez para adentro.
Pegajosa y machacona está esta pena, esta tristeza que me hace llorar y no sonreír.
Pero hoy le he ganado el primer pulso, he conseguido arrancarle media docena de sonrisas para regalárselas a un amigo, con el que comparto la pena en el alma y la humedad del corazón.
Ya me he remangado, bien remangada para el pulso de mañana, en el que pienso arrancarle muchas más y aunque se quede a vivir conmigo no voy a ponérselo fácil, tendrá que pelear, aunque me diga la muy bruja '¿contigo y con cuántos más?'
Entre la bruma y la niebla

Hoy ha amanecido con niebla y no quiere levantar. He caminado entre ella,
Entre la bruma y la niebla, como despedida, con adios.
Echaré de menos tus palabras, tu poesía, siempre envuelta en bellas imágenes. Tu dulzura y tu ternura, tu carisma, tu mar, tu ciudad dorada, tu entrañable persona… te echaré de menos.
Descansa Marrakech, descansa amigo.
y de nuevo...

He vuelto a sacar mis garras, me revolví, me defendí, ataqué, no sé, quizás por última vez, no lo sé.
Dije cosas muy duras, pero así las sentía.
Y lloré… lloré como hacía tiempo no lloraba, con desgarro, con desesperación, con hipos, empapando la almohada, sacando de mi muchas de las cosas que necesitaba dejar que salieran, que se quedaran en la tela para ver si morían en ella.
Pero los temores no mueren, los deseos si.
Las incomprensiones no mueren, los anhelos sí.
Las dudas no mueren, el amor si va muriendo.
Y el dolor no muere, pero yo me voy agotando, me voy yendo con cada lágrima que derramo, con cada grito ahogado, con las sombras que me van cubriendo día a día, con cada desaire, con cada comentario, con cada reproche, con cada mirada despectiva, con cada hilo cruzado y roto, con cada nuevo parche, con cada nuevo remiendo.
Así voy sobreviviendo, con la dureza que me van dando las sombras sólo rota por el llanto.
sin tiempo

No hay tiempo para la ternura, sin instantes para el amor, pero sí hay tiempo para el desgaste de los sentimientos, para ir arañando con las uñas el corazón extrayendo esquirlas, haciendo muescas, dejando que se pierdan en el aire como virutas de humo.
Sí hay tiempo para rayar el alma marcando estrías y abriendo grietas, para invadirlas con este frío intenso, tan difícil de abrigar y calentar.
Sin tiempo para querer, para defender las ilusiones, para la caricia, para la dulzura, para el delirio, para el roce suave de la piel…
Si hay tiempo para dejar marchar…
sin poderes

Me refugio en el trabajo y los compañeros, en los niños, en la casa y en mis pequeños entretenimientos, desmoronándome poco a poco ante esta crisis en la que llevo inmersa un tiempo.
Sin bola de cristal, sin telepatía, sin saber leer el tarot o las líneas de la mano ya no sé por donde tirar. Afronto cada día como puedo, a trompicones, a salto de mata, con mayor o menor genio, con la autoestima por arriba o por abajo, con lágrimas o sin ellas ¿qué más dá? si parece que todo diera igual.
“Sobrevive, son los tiempos que te han tocado vivir, es la vida que un día elegiste, la que creíste que te daría felicidad”
Y yo escucho incrédula a esta vocecita de mi interior, porque no recuerdo en qué momento hice esa elección y si realmente la hice.
Porque yo no quiero sobrevivir, porque yo no quiero esta infelicidad mientras me disfrazo de mujer con superpoderes, feliz, segura, fuerte y responsable. Porque cada día me siento más frágil, más insegura y con menos energías, tirando de mis reservas, que sólo espero no se agoten.
No dudo de mi fuerza, algo debo tener, porque si no fuera así ya me habría hundido hace mucho tiempo y hasta ahora siempre he conseguido salir a flote. Pero hay una continuidad en esta crisis que me hace flaquear, que me hace pensar que no hay solución, al menos en este momento y me da miedo que llegue un día en que no sea capaz de salir a la superficie a respirar.
orgullo

Camino con paso decidido y acelerado por las calles, con una determinación que hace que hoy parezca una mujer de armas tomar, incluso diría que he crecido unos centímetros, que aparento ser más alta… y todo esto es producto de mi mala leche, la que va creciendo en mí como la espuma de jabón, la que me hace parecer así.
La mala leche que bulle en mi interior, la que hace que hoy avance con el gesto desafiante y la cabeza bien alta.
Y mi orgullo, el mismo que me impide dar un primer paso, decirte que no dejes pasar mucho más tiempo, que cuánto más tiempo pase se hará todo mucho más difícil, diría que hasta imposible.
Este orgullo mal entendido que mamé desde la cuna, el que me dice que nunca he de suplicar, ni rogar, ni arrodillarme, que siempre de pie, siempre levantándome, nunca a rastras.
El que me hace parecer esquiva, distante, altiva y sin embargo, por dentro me muera de ganas por ser yo quien dé ese paso, por ser yo quien acorte las distancias.
Me gustaría que supieras que mi orgullo y esta mala leche mía me lo están impidiendo… pero nunca lo vas a saber…
avión de papel

He hecho un avión de papel con tus palabras, con las que llegaron y con las que dejaron de hacerlo.
Me he asomado a la ventana y las he dejado volar. Las he visto elevarse y planear a merced del viento, dejándose mecer por el aire, zigzagueando con su vaivén, eludiendo tejados y chimeneas, haciéndome sonreír con sus danzas y piruetas.
He mirado cómo se alejaba ese avión que lleva tus palabras y le he visto iniciar el descenso, para ir a caer en un pequeño charco y allí quedarse.
Ahora yo cierro mi ventana y sonrío tristemente al recordar cómo llegaron a mí y la corriente que las hizo volar en este avión de papel.
hoy estoy cansada

Hoy estoy cansada, así me acosté y así me he levantado.
Cansada de hablar con piedras y de fingir ser como ellas. Cansada de tener la sonrisa en la cara, porque hoy me pesa. Me pesa abrigarme y subirme el cuello del abrigo y los tacones, que sólo me llevan a lugares deshabitados y desabrigados.
Aburrida de cargar con otoños ajenos, de llenar mi bolso con deseos inútiles, cansada de escuchar soledades y de hacer rodar un coche sin gasolina pendiente arriba.
De mirarme en el espejo y no reflejarme, sólo ver el cuadro pintado que hay detrás de mi.
De anuncios que prometen la felicidad, de hipotecas para toda la vida y del interés de un solo día.
De mi vida caóticamente ordenada y no ser capaz de poner un cierto orden en ella, porque estoy cansada.
Y estoy harta de destinos, azares y circunstancias, de las vueltas que da la vida y de que ésta sea un pañuelo anudado fuertemente al cuello.
Y es que hoy empiezo a estar muy cansada.
sucedáneos

Me gusta el café solo, el café café y sin embargo desde hace años, tengo que tomarlo por las tardes descafeínado, para no tener problemas a la hora de dormir.
Me gusta la coca-cola, la de toda la vida pero la pido light por lo de las calorías y esas cosas. Como la leche semidesnatada o la cerveza sin alcohol.
Me gustan los yogures cremosos y sin embargo bebo bios, con bífidus y cien mil bacterias más.
Las cremas y demás pócimas y ungüentos tienen que ser hipoalergénicas, sin aromas ni perfumes.
Y así, una lista interminable de sucedáneos.
¿Y el amor? El amor me gusta auténtico... y sin embargo, se sirve en minúsculas, sin cafeína, light, desnatado, sin alcohol, sin colorantes ni conservantes, sin edulcorantes ni aditivos, sin especias, sin aromas.
Sin ingredientes.
Sin consistencia.
pinceladas

Devolveré el corazón a su sitio, mientras veo empañarse los cristales de nuevo y al compás de la música esperaré, quizá, una nueva luna, quizá, una nueva estación.
En un lienzo inacabado iré repintando mis días, esperando que llegue el siguiente, pincelando su ritmo, su tempo, su intensidad.
Daré color a los recuerdos y borraré las esquinas amargas, dibujando palabras con cada retazo de alma.
Y seguiré trazando mapas que surquen mares y perfilando cumbres que escalar, mientras tacho fechas en un calendario inexistente, que curva líneas al paso de sus hojas.
Volverá a estar el corazón en su sitio, aunque saboree cada momento irrepetible, cada soplo vivido, cada instante preciso, cada pincelada en el lienzo.
serás una noche

Serás efímero como el perfume, volátil y fresco como las gotas que se adhieren a mi piel.
Y me impregno de tu fragancia.
Serás el deseo, la tenue luz, la música en mis oídos, la copa de vino.
Y me embriago de ti.
Serás el cuarto de luna, la pasión y la locura.
Y enloquezco por ti.
Serás la calma y la tempestad. La ropa tirada, las sábanas revueltas, la puerta cerrada.
Y me lleno de ti.
Serás tus manos y mi piel, tu voz y mi boca, tu mirada y mis ojos. Seremos aroma.
Serás una noche…
vuelves a mí

Vuelves a mí, como cada otoño, con cada lluvia, con cada gota que moja mi piel, con el viento que mueve mi pelo y me hace estremecer.
Consigues abrir la puerta que cerré para ti, consigues llegar a mí.
Me abrigo, me acurruco pero sigues estando en mis manos, en mi cara, entre mis piernas.
Vienes a mí y yo te dejo entrar, para empaparme de ti, para dejarme abrazar, para olerte de nuevo entre las hojas mojadas.
Vuelves a mi como cada luna, vistiéndote de ella, llenándome de luz, arrancándome miradas que de nuevo serán para ti.
Me resguardo entre las sábanas y vienes a mí para desarroparme, para dejarme desnuda y sentirte desde mi interior, haciéndome temblar.
Vuelves a mí y yo te dejo entrar.
llegan los buenos días

Son las siete de la mañana, aún no ha amanecido. Coincido en la estación con A. y su marido. Durante el viaje en el tren charlamos divertidos.
Mi móvil se despereza y me dá sus risueños buenos días.
Ya en la oficina, tomo café con A. y me hace reír.
Recibo un correo que hace que se me llenen los labios de sonrisas.
JM viene a buscarme para invitarme a desayunar y nos reímos juntos.
E. me dice que hoy estoy muy guapa, yo la digo que está más delgada y las dos entre risas seguimos parloteando.
Toda la mañana trabajando en el despacho de C. y nos reímos. El trabajo es muy serio y sin embargo, nos reímos.
Llega N., se sienta con nosotros, seguimos trabajando y riendo.
C. me lleva hasta Atocha, seguimos una animada conversación entre risas.
Vuelvo con A. en el tren, a pesar del sueño y el cansancio que llevamos las dos, nuestra charla es muy divertida.
A la salida del cole, me encuentro con J. y de nuevo, más sonrisas.
Me gusta reír.
Llegan los buenos días.
llenando mi cesta

Ayer estuve de compras, ya no podía esperar más.
Fuí a un lugar especial, mágico. Recorrí una por una sus estanterías, llenas de todo lo deseable y apetecible con lo que ir llenando la cesta uno mismo. Aquí no se admite dinero ni tarjetas de crédito. Simplemente se trata de aprovechar al máximo lo que te lleves, de exprimirlo. Esa es la única forma de pago.
Para no olvidarme de nada llevaba mi lista de la compra en un bolsillo, con todo lo que me hacía falta escrito en ella.
Algunas estanterías estaban vacías, con un cartelito que indicaba que estaba agotado de manera temporal, así que, entre otras cosas, no pude hacerme con la paciencia y la serenidad que tanto necesito.
Otras ni siquiera estaban incluidas en mi lista porque hoy por hoy tengo de sobra, la sensibilidad o la ternura, sin ir más lejos.
De lo que si llené la cesta fue de lápices de labios que aseguran radiantes sonrisas y sombras de ojos que prometen no llorar y dan un brillo especial a la mirada.
Perfumes de aromas dulces o picantes. De entre todos ellos elegí ‘un toque de locura’, con el que debo rociarme cada mañana.
Y así, fuí llenando mi cesta de sueños, fantasías, perfumes, música, ilusiones, noches de pasión, luces apagadas, velas encendidas, momentos inolvidables, soplos de felicidad, lugares de ensueño, palabras mágicas…
Me he traído un poquito de amor, quedaba muy poco y no quise llevármelo todo. Ya volveré a por más.
Cuando llegué estaba tan cansada que vacié las bolsas en la cama y no pude abrir nada, así que todo está aún por estrenar.
hacía ya mucho tiempo...

Esta presión que sentía en su pecho no la dejaba casi ni respirar. A pesar de la insistencia de los médicos en decir que no tenía ninguna lesión, ella sentía su ahogo.
Hacía ya mucho tiempo que su cuerpo se secaba, que envejecía sin estímulos y sensaciones, desde el día en el que decidió sobrevivir.
El pequeño y enmohecido corazón era guardado en su interior para sus hijos, ya mayores y lejos de ella, con los que apenas mantenía contacto.
Desde ese día, incluso su cara había ido cambiando. Antes, de suaves y redondeados rasgos. Ahora, angulosos, con un rictus duro y una mueca que semejaba una sonrisa.
Apostó por la dureza, luchó por un alma impermeable y un corazón en una cámara acorazada. Con esos blindajes sería muy difícil penetrar en su interior. Y lo había conseguido.
Su casa olía a soledad, los muebles respondían con silencios y hasta la luz era amarga. Ese era el mundo que ella había elegido.
Aunque hacía ya mucho tiempo que el corazón le estallaba dentro del pecho, sabiendo que latía pero que ya no era capaz de palpitar, había logrado sobrevivir al dolor.
¿monólogos?
Tengo días en los que estoy muy susceptible, lo reconozco. Por unas cosas o por otras estoy durmiendo mal o poco y esto me tiene un poco alterada. Quizá por este motivo hay situaciones que a veces no doy importancia y sin embargo, en otros momentos si lo hago.
Todos los días de trabajo, sobre las nueve de la mañana me llama mi hermana. Estas conversaciones suelen ser casi a una banda, la suya.
Me empapa con sus angustias, me llena de sus dolores y agotamientos, me satura de sus problemas y a mi me deja fatal.
A pesar de llevarme tres años, en muchas ocasiones parecemos ‘gemelas’ y consigue traspasarme y transferirme sus agobios. Supongo que al menos le servirá de desahogo.
Hoy despues de media hora rajando -ella- sin parar, por fin me pregunta que qué tal yo y cuando voy a empezar a hablar… me deja con la palabra en la boca y ya no puede seguir hablando conmigo.
Otros días no me importa, pero hoy… si lo ha hecho.
¿Será porque estoy susceptible y por eso me ha molestado tanto que siempre me haga lo mismo?
cerrando tu herida

- porque hace tiempo que no sangras
- porque ya no dueles
- porque para esta herida no he necesitado puntos
- porque no se debe hurgar en la llaga
- porque nunca me diste nada
- porque no me mereces
- porque las cosas se hacen así o no se hacen
- porque debí escribirlo hace mucho tiempo
- porque hay que dar carpetazo y cerrarte de una vez
- porque así se me quitará esta cara de idiota
- porque si, sin más
- porque pa'ti ya no estoy
- y porque para chula yo y te cierro porque me dá la gana
fuerza

La fuerza que me lleva a ti, la que me impide permanecer alejada, a la que opongo firme resistencia y sin embargo, mis defensas se quiebran, se resquebrajan como un frágil cristal.
Como imanes que se atraen, tu polo y el mío, tan opuestos, tan distintos, tan cercanos en la lejanía, atravesando el gran abismo que nos separa y estrechando la fina línea que nos une.
El tiempo va pasando y el magnetismo persiste. Será cuestión de tiempo, será cuestión de fuerzas, de atracción y oposición, de franquear barreras y muros, salvando obstáculos insalvables.
Será cuestión de alejarme un poco más de ti.
gracias Andaya por decirme como subir imágenes cuando mi blog no me dejaba, por cierto, no puedo entrar en tu página
sería tan fácil…
Sería tan fácil, con una simple palabra, con un simple gesto, hacernos sentir bien, hacernos felices, hacerme sonreír… y sin embargo, con otras es tan sencillo hacerme sentir como me siento.
Posiblemente este sea uno de mis escritos más íntimos, aunque para decir cómo estoy hoy no puedo utilizar palabras bonitas. Así que, haciendo caso a uno de los blogs que visito, hablaré claramente. Puedo decirlo en MAYUSCULAS, puedo escribirlo en negrita, en colores o subrayado (estas dos últimas cosas no sé muy bien cómo se hacen y no tengo tiempo de investigarlas), lo que no puedo es gritar que hoy me siento como una zapatilla usada.
Real, clara y concisamente, para que se me entienda bien, hoy me siento como una mierda.
¿Es tan dificil? ¿Soy tan dificil de querer? ¿resulto tan abominable?
No sé si podré cambiar mi cara de hoy, tendré que utilizar una de mis máscaras de carnaval, uno de los disfraces que guardo en el cajón para que no se me note…
Posiblemente este sea uno de mis escritos más íntimos, aunque para decir cómo estoy hoy no puedo utilizar palabras bonitas. Así que, haciendo caso a uno de los blogs que visito, hablaré claramente. Puedo decirlo en MAYUSCULAS, puedo escribirlo en negrita, en colores o subrayado (estas dos últimas cosas no sé muy bien cómo se hacen y no tengo tiempo de investigarlas), lo que no puedo es gritar que hoy me siento como una zapatilla usada.
Real, clara y concisamente, para que se me entienda bien, hoy me siento como una mierda.
¿Es tan dificil? ¿Soy tan dificil de querer? ¿resulto tan abominable?
No sé si podré cambiar mi cara de hoy, tendré que utilizar una de mis máscaras de carnaval, uno de los disfraces que guardo en el cajón para que no se me note…
la huella marcada
Las huellas que me va dejando la vida, las marcas que señalan mi día a día en el calendario, son las que me recuerdan lo que he vivido, la memoria que guardo en un arcón de madera y me acompañará por el resto de mis días.
Unas son como filas de hormigas por el tobillo, todavía puedo recordar sus cosquillas y sonrío al pensar en ellas.
Otras, como plumas cerca de mi ombligo, las que aún me provocan sensaciones de placer y saboreo con los ojos cerrados.
Muchas quedan como surcos rotulados, como la marca de la almohada al despertar, sólo el tiempo consigue hacerlas desaparecer dejando paso a una nueva.
Y algunas quedan fijas en el tiempo, en el espacio, en mi piel interior, en el revés de mi corazón y en los bolsillos de mi alma.
En el fondo de ese armario donde se mezclan pasado y presente, tonos y matices, roces y señales, las huellas de cada estación.
noviembre
Hemos estado toda la mañana en el jardín, ha quedado precioso, con los árboles que pedí, el seto, las traviesas de madera y entre ellas, montones de flores de temporada.
Los niños y yo hemos estado plantando rosales. Tengo las manos un poco arañadas porque les he dejado los guantes para que no se hicieran daño. Me he manchado de tierra y barro hasta la nariz, jugando con ellos.
Ha sido una mañana agradable. Hoy hace sol, aunque luce tímido y calienta ya muy poco, se agradece esta tregua de lluvia.
Me doy cuenta que hoy ya es noviembre y que hace ya diez meses que escribo. Nunca pensé que fuera a estar tanto tiempo, no me puse fechas, no eran necesarias, podía escribir durante quince días o tres meses, pero jamás pensé ni por lo más remoto llegar a los seis.
Así que, si ahora escribo que no creo que llegue a cumplir el año, que desde hace ya un par de meses estoy pensando dejar de escribir, sería tan verdad como que nunca pensé que llegara noviembre y aún estuviera aquí.
Pero es que quiero escribir y no puedo. Las palabras se adormecen en mis dedos y languidecen una tras otra antes de llegar al papel. Se niegan a ser escritas, a formar parte de un texto, a aligerarme del peso que me produce no poder escribir lo que deseo, que suele ser algo muy personal, porque está hecho desde muy dentro de mi.
Quizás por eso me resulta tan difícil seguir escribiendo, seguir haciéndolo de una forma tan personal.






