hay que volar
Me daba tanta pereza cambiarme que lo he ido dejando de un día para otro, pero creo que ya es hora de volar de este nido que se ha quedado estrecho y sin espacio.
De todas maneras, creo que le he sacado juguillo a este rincón y ahora, con el nuevo nido ya preparado he decidido volar. No me voy muy lejos, sólo le añado un guión y un pequeño uno, todo lo demás sigue igual.
El nido está en ese árbol tan alto, según se va a mano derecha, en una de las ramas de arriba. No hay pérdida, pero por si acaso aquí os dejo la dirección:
no era tan difícil

Baño de luna de Bolonia - Angelss Castro
¿Ves cómo no era tan difícil vivir sin ti?
¿Cómo no lo era no echarte de menos?
Con un poco de aquí y otro poco de allá...
Con un poco de tristeza y decepción, al principio.
Con un poco de tiempo, para mitigar el recuerdo.
Con un poco de olvido, para matizar la añoranza.
Con algunos escritos, para echar afuera sentimientos.
Con algunos recuerdos, que evocan sensaciones.
Pero no era tan difícil…
Dicen que mis ojos brillan cada día,
y yo les digo que es por el sol, al que estoy mirando.
O por el baño de luna que busco a diario.
Antes brillaban cuando te recordaba,
ahora brillan porque ya dejé de hacerlo.
¿Ves cómo no era tan difícil dejar de pensar en ti?
¿el octavo pasajero...?

El perro ladrando a la luna – Joan Miró
No sería exactamente el octavo pero casi, casi.
Es muy pequeña, apenas tiene dos meses y ya se ha hecho con toda la familia. Bueno, con toda, toda, no, la abuela anda estos días con más cara de perro, si cabe, que ella.
La dejaron abandonada en una cajita de cartón, debajo de un coche y claro, no podíamos dejar que pasara la noche fuera de casa.
Ese era el trato… pasaría sólo una noche. Al día siguiente buscaríamos un hogar para ella.
¡Pero he caído en la manipulación sentimental más absoluta! Y aunque aún no nos ponemos de acuerdo en el nombre, me parece que es evidente que se queda a vivir con nosotros.
¡Y yo que creía haber dejado muy claro que durante un tiempo, a ser posible muy largo, no quería más perros…!
Pues me parece que ha servido de muy poco…
Saben que a nadie les gusta como a mi, que me gusta cuidarles y jugar con ellos, pero aún echo de menos a mi perra y estoy cansada de criar, educar, limpiar y todas las servidumbres que conlleva volver a tener un cachorro en casa.
Cuando se deje intentaré subir una foto aquí, ahora no para quieta y es imposible enfocarla. Se pasa todo el día removiéndose de acá para allá, mordisqueándonos los bajos de los pantalones y vamos andando con ella a rastras.
Es una monada, negra, chatilla y muy salada, simpática, candonga y mimosona y parece muy lista.
En fin, ya tenemos en casa al ‘octavo pasajero’.
tras el cristal de la ventana

María, con una taza de café humeante entre las manos, observa como caen las gotas de lluvia tras el cristal de la ventana. Hoy no ha ido a trabajar, no se ha sentido con las fuerzas necesarias para acometer el día. Calienta sus manos a través de la taza y centra su mirada en las plantas del jardín, las que ella misma sembró hace unos meses. Parece que están creciendo, que están bien resguardadas de las heladas, pero María se pregunta si brotarán en primavera.
Se mira las manos y piensa cómo es posible que sean las mismas manos que acarician libros, flores, amores y a un tiempo, todo lo que es tocado por ellas se vea malogrado.
Seguramente no broten las plantas esta primavera, casi con toda probabilidad mueran y se sequen antes de su llegada. Como María deja secar las cosas de su vida, acercando unas manos que hoy acarician y mañana arañan y hacen daño.
Y María ve caer la lluvia tras el cristal, mientras el café ha dejado de humear entre sus manos.
los puentes que un día tendimos
mezclando silencios
pesadillas

Ya no recuerdo mis sueños, hace mucho tiempo que soy incapaz de hacerlo. Al despertar, no queda ningún rastro de ellos en mis noches.
De vez en cuando, sin embargo, sí tengo pesadillas y cuando esto sucede la sensación que me producen permanece conmigo durante mucho tiempo. La última de ellas fue hace diez días, más o menos.
No son sueños de terror, ni de miedo, nadie me persigue para darme caza, ni aparecen zombis ni nada semejante. Pero sí son sueños densos y angustiosos, en los que aparecen personas muy cercanas y queridas, que están en mi vida desde hace mucho tiempo.
De repente y porque sí, ellas comienzan a gritarme y a decirme cosas del todo incomprensibles para mi.
Mi cara va cambiando de la sorpresa a la angustia y ésta va creciendo y ahogándome dentro del sueño, desembocando en un llanto acongojado y progresivo, hasta que por fin consigo despertar.
Al hacerlo estoy alterada, nerviosa, angustiada hasta conseguir sacudirme el sueño y ver que ‘sólo’ ha sido una pesadilla.
dejando en off los recuerdos

Los recuerdos son traicioneros y cobardes, en cualquier momento atacan por la espalda, sin piedad. Me sorprenden indefensa y despistada, creyendo, con total ingenuidad, que todo está bajo control.
Ese instante me ha mantenido con las manos fijas en el volante, sin atreverme a quitar la llave del contacto, paralizada, escuchando una canción que en sus notas trae viejos recuerdos… y de esa canción llega un aroma y de ese aroma, una voz y de esa voz, unas manos y de esas manos… las mías, quitando el contacto y apagando la música, dejando en off los recuerdos, ahogándolos en la memoria.
Salgo del coche y cierro con un portazo, eso y el clic-clic del mando hacen que despierte de ese momento vestido de debilidad.
trocitos
mis manos
deseos

Quisiera tener todo el tiempo del mundo y dejar de correr.
Tener siempre mil sonrisas y mil palabras dulces para compartir, sin prisas.
Quisiera que no volvieran a hacerme daño,
que no me engañaran jamás.
Y si lo hacen, quisiera que no doliera tanto.
Que los recuerdos no fueran amargos y las estancias duraderas.
Que las lunas sean siempre nuevas cuando se llenan.
Que no se acabaran nunca los besos, las caricias,
llenando los vacíos que aún quedan.
Que los recovecos no fueran escondites,
sino magia por descubrir.
Quisiera tener una sonrisa tuya cada día,
una mirada que no tenga que interpretar,
y leyendo en tus ojos saber que es sólo mía.
Quiero tu mano cerca de mi cuerpo,
mi mano junto a tu piel.
Quiero que siempre estés a mi lado,
que no te alejes más de mí.
la 'cagalgata'

- ¡Niño, vístete ya, que llegamos tarde!
- ¡Quieres ponerte ya las deportivas, que no llegamos!
- ¡Niñooooo, el abrigo, por dios, que a este paso…!
Así un rato más, un diálogo más deprimente aún y una mamá desesperada:
- ¡Hijo, que güevos tienes!
Niño güevón, con mirada inocente:
- ¿Los tengo grandes, mamá?
Mamá desesperada, aguantándose la risa:
- No, hijo, ¡los tienes cuadraos!
Resultado, hemos llegado justo a tiempo para ver el culo de la carroza del Rey Baltasar, que era el que cerraba la 'cagalgata'.
Mamá desesperada alucinando con el reloj, ¿cómo es posible que haya calculado tan mal el tiempo?
Niño güevón que le dá todo igual y sólo piensa en el cola-cao y la tortita que se va a zampar.
Mamá desesperada que se agobia y se muere de calor en el centro comercial, que ya no quiere ni tortitas con nata y sirope de choco, porque está de los nervios y sólo quiere salir de allí.
Niño güevón que se pone a hacer ‘laboratorio’ con el choco, la nata, el azúcar, la mermelada de la tostada de su hermano güevón y todo lo que pille a mano. Un potingue, vamos.
Mamá desesperada que compra el roscón y mete a los niños güevones en el coche, pensando que el año que viene debería buscarse la vida para que los lleve su padre o un vecino voluntario, lo mismo le dá, a la dichosa 'cagalgata'.
un año ya...

Hoy hace un año que escribo. No se cumple aún en este blog, sino en el primer alojamiento que tuve. Un día cinco de enero me decidí a escribir cosas de mí, las que me pasaban, las que sentía, las que me molestaban o simplemente, las que soñaba y me apetecía escribir.
Un año especial, hoy lo veo así. No todo lo que me ha ocurrido en él fue malo, ni muchísimo menos, como en todas partes y en cada casa, ha habido de todo.
Ha sido un año de ritmo vertiginoso, lleno de encrucijadas y caminos, de no parar en todos los sentidos, de sentir, de vivir… por lo tanto, de muchas lágrimas, pero también de muchas sonrisas.
En fin, si tuviera que resumirlo en pocas palabras lo haría con ‘un año de extremos’.
Aún se me sigue haciendo raro ver plasmado aquí prácticamente mi día a día, tener como en una serie de fotogramas los momentos en los que fuí feliz, cuando estuve triste, cuando perdí a alguien o saber la fecha exacta en la que recibí una llamada, un correo, una cita…
Para mí, que nunca fuí capaz de llevar un diario y mucho menos un orden de este tipo es algo sorprendente echar la vista atrás y ver que todo o casi todo está ahí escrito.
Y gracias a esto he podido conocer gente maravillosa, personas que escriben como los mismos ángeles y sobre todo, amigos, que escriben lo que sienten o simplemente, lo que les viene en gana, que para eso están en su casa.
Todos o casi todos están a la derecha de esta página, faltan algunos, lo sé y lo siento y llegan otros nuevos, con su personal manera de escribir y de ver la vida.
Pronto tendré que cambiar de alojamiento, me falta espacio y debo preparar una ‘segunda parte’. Reconozco que me da pereza volver a empezar, porque me siento muy cómoda aquí, pero si quiero seguir escribiendo tendré que hacerme con un nuevo lugar.
Y como ya estamos hartos de celebraciones, al menos ese es mi caso, simplemente os invito a seguir aquí conmigo, eso sí, con un buen cafetito humeante y su trocito de roscón, que para eso llegan esta noche los Reyes.
notita de mi: Como soy así de original, he adelantado la noche de Reyes, pero bueno, lo dejo aqui ya escrito, por si acaso mañana no puedo subirlo.
otra notita de mi misma: Pero bueeeeeeno ¿es qué os habéis propuesto hacerme llorar de emoción?
Lo mejor de este rincón, sin ninguna duda, sois vosotros.
Ahora me voy pitando a recibir a los Reyes y a pegarnos una merendola de tortitas con nata y sirope de choco, ummmm, que se me hace la boca agua...
Mil besos para todos y muchas gracias por estar aqui.
las lágrimas de María

María se mira en el espejo. Son muchas las noches que no lo hace. Encuentra pecas en su rostro que hacía tiempo no veía. Mira su cuerpo desnudo reflejado en el espejo. Nunca se ha sentido atractiva y esta noche no es distinta.
María siente una enorme tristeza y una lágrima asoma a sus ojos. No sabe muy bien cuál es el origen y no sabe porqué se siente así.
Hoy apenas recuerda una sonrisa en sus labios, ha sido algo fugaz. Una llamada de teléfono, alguien quería venderle una vajilla. Se trataba de una vendedora afónica que a duras penas podía hacerse entender. María ha sonreído por primera y única vez en el día y se ha sentido afortunada, porque cuando ella no se encuentra bien, hace una llamada al trabajo para excusarse y no va.
Hace un repaso rápido a su vida y se sabe una mujer con suerte. Tiene un buen trabajo, un hogar, una familia, gozan de buena salud,…
Entonces ¿por qué se siente así? ¿a qué se debe esta tristeza? No tiene respuesta, es algo que la invade, la posee, la aniquila, la deja sin fuerzas…
Hoy apenas ha despegado los labios para hablar. En algún momento del día lo hizo para regañar a los críos, la charla con la vendedora sin voz y poco más.
Esta noche se acuesta temprano. Las sábanas huelen a manzana y la cama está fría. Se tapa con el edredón hasta la nariz y suspira, porque, de nuevo esta noche, en su cama sólo estará María.
Y ella sabe que no hay mayor soledad que la que se siente cuando se está acompañada.
Su soledad, la que siente ella, a veces la hago mía, porque en algunas ocasiones, yo soy María.
canción triste...

Corazón que se vacía a diario,
para llenarse de ausencias.
Que renuncia a su vuelo nocturno,
para que recuperes tu espacio.
Que pliega las alas
para volver a su tiempo.
Tiempo que nunca fué suyo,
que tomó prestado al reloj.
El corazón se llena de ausencia,
y el vacío se hace más grande.
Y ya sólo le queda este espacio
para escribir esta triste canción.
¿y ahora qué?

Pues ahora, nada. Sigo escribiendo en el mismo libro, con la misma pluma y los mismos renglones. Sigo pasando las páginas, leyendo los mismos capítulos y reescribiendo otros. Y me pregunto cómo serán los nuevos…
Ya queda menos para terminar con estos festejos. Lo hemos pasado muy bien. Hemos comido, bebido, brindado y hemos tomado juntos las uvas. Hemos reído, cantado y bailado hasta la madrugada.
Y quizás sea todo debido al cansancio que arrastro hoy por lo que me encuentro un poco desanimada. Pero cuando pienso que hoy es el primer día de un nuevo año, al que abierta o secretamente le pido tanto, no tengo más que reconocer que todo sigue igual. Que las circunstancias que me rodean son las mismas de ayer y que no por cambiar la cifra del año las cosas van a cambiar. Y claro, yo sigo siendo la misma... creo…
Las mismas debilidades, los mismos defectos y la misma manera de enfrentarme a las cosas.
Antes de la comida del día 31 volvimos a tener otra gran bronca. No sé muy bien cómo fue, sé que de repente me estaba gritando y yo le devolvía los gritos a él…
Durante la comida, no le dirigí la palabra y volví a sentirme otra vez extraña.
Pero algo sí ha cambiado. Horas más tarde me pidió perdón, perdón por haberme gritado… esto no es nada habitual en él.
Quizá éste no sea el único cambio, porque yo antes me enfadaba, como en una explosión y al poco tiempo, se me había pasado. Ahora no, ahora tardo mucho, el enfado me dura bastante tiempo y me van quedando los posos de ésta y de aquella otra discusión.
Como muestra de que todo sigue igual, ya tengo a un amigo de mi hijo en casa jugando, desde las cinco de la tarde. Imagino que sus padres (amigos nuestros) estarán echándose una siesta de aupa, mientras que en la mía no hay cristiano que pegue un ojo con las voces que están metiendo.
Sé que éste va a ser un año duro y difícil. Lo sé desde hace mucho tiempo, por eso no he querido hacer planes, aunque interiormente sí tenga mil proyectos, mil ideas, muchas ilusiones y en la mayoría de las ocasiones, muchas ganas de ‘comerme’ el 2006.




