sólo un relato (2)
continuación y ¿fin? al post de 23 de junio
No abrió esa carta. Ni esa ni ninguna de las que fueron llegando a su buzón cada semana. Así lo había decidido. Prefería no saber, no conocer lo que contenían esos sobres, no bucear de nuevo entre sus recuerdos ni volver al pasado.
Pero no fue capaz de destruirlas ni deshacerse de ellas. Las guardaba, con cierto descuido, en el último cajón de la cómoda. Sin embargo, cada semana esperaba la llegada de un nuevo sobre y pronto se acostumbró a ese ritual.
Al no recibir respuesta a su primera carta se sintió muy decepcionado. Pensó en los mil y un motivos por los que ella no le respondía. Quizás había cambiado de domicilio o la carta no había llegado a su destino o...
Pero a medida que pasaban los días sin recibir la ansiada respuesta, estos pensamientos dieron paso a una gran certeza. Para él no cabía ninguna duda, ella la había recibido y decidido no responder. Si en algo la conocía bien era en lo testaruda e irracional que podía llegar a ser a veces.
Así que, en lugar de darse por vencido, esta vez decidió seguir escribiendo. Cada semana una nueva carta, nuevas palabras, pequeños retazos vividos por los dos, reinventando una nueva historia cada día sólo para ella y siempre con la esperanza de que en algún momento fueran respondidas.
Pasaron los meses, pasó el verano y el otoño y su melancolía se instalaron con él. Ya no podía continuar de esta manera, así que hizo lo único que podía hacer. Escribiría la que sería la última carta y junto a ella, en el mismo sobre, las primeras páginas de una novela que estaba a punto de publicar. Quiso explicarle que sin ella, sin su inspiración, nunca habría sido capaz de escribirla, que ella le había dado alas para ello.
Y en un último intento por recuperarla, la citó en el mismo lugar donde se habían visto por última vez. Si ella no acudía a la cita, lo daría todo por perdido y no insistiría más. Sería su deseo.
Empezaba a no estar tan segura de su decisión de no abrir las cartas. Las últimas recibidas aguardaban en la esquina de la mesa a ser amontonadas junto con las otras, en el descuidado cajón. Algo la estaba haciendo flaquear y pensar que no estaba actuando como su corazón le indicaba. Por eso aquel día, de regreso de unas vacaciones, al abrir el buzón y encontrarse con aquel sobre de mayor grosor subió las escaleras corriendo, arrastrando la maleta, dispuesta a hacer lo que tenía que haber hecho meses antes.
Tiró del cajón con tanta fuerza que todas las cartas cayeron al suelo y sentada allí mismo, las ordenó y empezó a abrir una a una, devorando cada una de sus letras.
Leyéndolas sonrió, lloró y se emocionó, incluso con algunas llegó a sonrojarse, por lo íntimo de sus recuerdos. Decidida ya como estaba a escribirle, abrió por fin la última carta.
‘... te esperaré junto a la estatua del poeta. Si no vienes, si no acudes a la cita, entenderé tu mensaje y desapareceré de tu vida para siempre, porque así lo habrás deseado tu...’
¡Dios mío! La cita era el día 14 y hoy ¿qué día era hoy? Había estado tantos días fuera y desconectada que no tenía ni idea. La cabeza le daba vueltas y no conseguía concentrarse.
¿Y si ya no estaba a tiempo? ¿Y si había pasado el día y él se había marchado pensando que no quería volver a verle?
De un salto se levantó del suelo, intentó tranquilizarse y pensar, tenía que pensar...
Y entonces soltó una carcajada, hoy era día 12, allí mismo, en el bolso, tenía el billete de avión, doce, doce, doce... no dejaba de repetir, mientras se dejaba caer sobre el sillón, agarrada aún al billete y sin dejar de mirar la fecha impresa en él.
Aún estaba a tiempo...
No abrió esa carta. Ni esa ni ninguna de las que fueron llegando a su buzón cada semana. Así lo había decidido. Prefería no saber, no conocer lo que contenían esos sobres, no bucear de nuevo entre sus recuerdos ni volver al pasado.
Pero no fue capaz de destruirlas ni deshacerse de ellas. Las guardaba, con cierto descuido, en el último cajón de la cómoda. Sin embargo, cada semana esperaba la llegada de un nuevo sobre y pronto se acostumbró a ese ritual.
Al no recibir respuesta a su primera carta se sintió muy decepcionado. Pensó en los mil y un motivos por los que ella no le respondía. Quizás había cambiado de domicilio o la carta no había llegado a su destino o...
Pero a medida que pasaban los días sin recibir la ansiada respuesta, estos pensamientos dieron paso a una gran certeza. Para él no cabía ninguna duda, ella la había recibido y decidido no responder. Si en algo la conocía bien era en lo testaruda e irracional que podía llegar a ser a veces.
Así que, en lugar de darse por vencido, esta vez decidió seguir escribiendo. Cada semana una nueva carta, nuevas palabras, pequeños retazos vividos por los dos, reinventando una nueva historia cada día sólo para ella y siempre con la esperanza de que en algún momento fueran respondidas.
Pasaron los meses, pasó el verano y el otoño y su melancolía se instalaron con él. Ya no podía continuar de esta manera, así que hizo lo único que podía hacer. Escribiría la que sería la última carta y junto a ella, en el mismo sobre, las primeras páginas de una novela que estaba a punto de publicar. Quiso explicarle que sin ella, sin su inspiración, nunca habría sido capaz de escribirla, que ella le había dado alas para ello.
Y en un último intento por recuperarla, la citó en el mismo lugar donde se habían visto por última vez. Si ella no acudía a la cita, lo daría todo por perdido y no insistiría más. Sería su deseo.
Empezaba a no estar tan segura de su decisión de no abrir las cartas. Las últimas recibidas aguardaban en la esquina de la mesa a ser amontonadas junto con las otras, en el descuidado cajón. Algo la estaba haciendo flaquear y pensar que no estaba actuando como su corazón le indicaba. Por eso aquel día, de regreso de unas vacaciones, al abrir el buzón y encontrarse con aquel sobre de mayor grosor subió las escaleras corriendo, arrastrando la maleta, dispuesta a hacer lo que tenía que haber hecho meses antes.
Tiró del cajón con tanta fuerza que todas las cartas cayeron al suelo y sentada allí mismo, las ordenó y empezó a abrir una a una, devorando cada una de sus letras.
Leyéndolas sonrió, lloró y se emocionó, incluso con algunas llegó a sonrojarse, por lo íntimo de sus recuerdos. Decidida ya como estaba a escribirle, abrió por fin la última carta.
‘... te esperaré junto a la estatua del poeta. Si no vienes, si no acudes a la cita, entenderé tu mensaje y desapareceré de tu vida para siempre, porque así lo habrás deseado tu...’
¡Dios mío! La cita era el día 14 y hoy ¿qué día era hoy? Había estado tantos días fuera y desconectada que no tenía ni idea. La cabeza le daba vueltas y no conseguía concentrarse.
¿Y si ya no estaba a tiempo? ¿Y si había pasado el día y él se había marchado pensando que no quería volver a verle?
De un salto se levantó del suelo, intentó tranquilizarse y pensar, tenía que pensar...
Y entonces soltó una carcajada, hoy era día 12, allí mismo, en el bolso, tenía el billete de avión, doce, doce, doce... no dejaba de repetir, mientras se dejaba caer sobre el sillón, agarrada aún al billete y sin dejar de mirar la fecha impresa en él.
Aún estaba a tiempo...
Comentario:
Igualmente si la fecha hubiera sido 16 o 20 o 23... podría haber escrito una carta de respuesta... quién sabe...
nunca es demasiado tarde para hacer lo que se desea y luchar por ello, y siempre es demasiado pronto para tirar la toalla...
Besos
nunca es demasiado tarde para hacer lo que se desea y luchar por ello, y siempre es demasiado pronto para tirar la toalla...
Besos
Comentario:
Y es que hay veces que somos tan testarudos que nos llevamos la contraria a nosotros mismos, y hacemos lo contrario de lo que queremos o pensamos que debemos hacer... por eso a veces nos arrepentimos.
Pero tal vez aun estemos a tiempo de rectificar. Esto me da que pensar... porque un cajón de cartas no, pero otras cosas tal vez pendientes si tengo.
Un beso. Me ha encantado y encima me ha dado que pensar.
Pero tal vez aun estemos a tiempo de rectificar. Esto me da que pensar... porque un cajón de cartas no, pero otras cosas tal vez pendientes si tengo.
Un beso. Me ha encantado y encima me ha dado que pensar.
Comentario:
Hay tantas cosas para las que aun estamos a tiempo!!!
Comentario:
Aunque hubiera pasado el día, la hora de la cita o hubiera tardado más en pensarlo, él la recibiría siempre, siempre la esperaría. Bueno, no sé, quizá no. Un beso de espera
Comentario:
Tantos regalos en las weblogs.
Ingenioso, bien escrito, en fin, me toca buscar el post del 23 de junio.
Qué bonita web. Tan personal.
Ingenioso, bien escrito, en fin, me toca buscar el post del 23 de junio.
Qué bonita web. Tan personal.
