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ISLAMIZACIÓN DE EUROPA "EURABIA"
Por medio de artículos y documentos, analizar el futuro de Europa, pronto “EURABIA”
Acerca de
Los ciudadanos Europeos nos sentimos orgullosos de nuestra identidad, la cual se ve amenazada por intereses políticos ajenos a la ciudadanía. Los políticos europeos, con el Sr. Chirac a la cabeza se han empeñado en Islamizar Europa, ocultándonos las pruebas que consisten en acuerdos y tratados con los países Árabes con el fin de forjar un nuevo continente “EURABIA”
Sindicación
 
AVISO A LOS LECTORES

Este Blog en principio permanecerá inoperante, para seguir la actualidad podéis dirigiros a la siguiente dirección,“La Islamización de Europa” desde donde continuaremos informando sobre la preocupante situación que padece Europa, y que por lo visto a nuestra clase política no le preocupa lo mas mínimo.

Gracias a todos los seguidores, solo espero no defraudaros.
Monmar
 
"EUROPA TU NOMBRE ES COBARDIA"

El escritor Henryk Broder publicó recientemente esta mordaz acusación: “Europa, tu apellido es Apaciguamiento”. Esa frase resuena, porque es enormemente cierta.
El apaciguamiento costó la vida a millones de judíos y no judíos, cuando Inglaterra y Francia, aliadas en aquella época, negociaron y vacilaron durante demasiado tiempo antes de darse cuenta de que lo que se debía hacer con Hitler era luchar y derrotarlo, porque no se podía lograr que se atuviera a acuerdos sin solidez.

Más adelante, el apaciguamiento legitimó y estabilizó el comunismo en la Unión Soviética, después la Alemania oriental, luego el resto de la Europa oriental, donde durante decenios se glorificó a gobiernos inhumanos, represivos y asesinos.

El apaciguamiento paralizó igualmente a Europa, cuando el genocidio corría desenfrenado por Bosnia y Kosovo. De hecho, aunque teníamos pruebas absolutas de que se estaban produciendo asesinatos en gran escala en esa región, nosotros, los europeos, debatimos y debatimos y después volvimos a debatir aún más.
Seguíamos debatiendo, cuando por fin los americanos tuvieron que acudir otra vez a Europa desde casi el otro extremo del mundo para hacer nuestra tarea por nosotros.

Europa no ha aprendido aún la lección. En lugar de proteger la democracia en el Oriente Medio, el apaciguamiento europeo, camuflado tras la confusa palabra “equidistancia”, con frecuencia parece aceptar los atentados suicidas con bombas en Israel por parte de fundamentalistas palestinos.
Asimismo, engendra una mentalidad que permite pasar por alto las casi 500.000 víctimas de la maquinaria de asesinatos y torturas de Saddam y, motivada por el fariseísmo del movimiento pacifista, arengar a George W. Bush por considerarlo belicista.

Esa hipocresía continúa, pese a haberse descubierto que algunos de los críticos más vocingleros de la intervención americana en Irak se embolsaron ilícitamente miles de millones -de hecho, decenas de miles de millones- de dólares en el corrupto programa de las Naciones Unidas “petróleo por alimentos”.

Hoy afrontamos una forma grotesca del apaciguamiento. ¿Cómo está reaccionando Alemania ante la escalada de la violencia por parte de fundamentalistas islámicos en Holanda, Gran Bretaña y otras partes de Europa? Proponiendo -¡agárrense!- que la reacción adecuada ante semejante barbarie es crear una “fiesta musulmana” en Alemania.

Me gustaría estar bromeando, pero no. Una fracción importante del gobierno de Alemania -y, de creer a las encuestas, también de los ciudadanos alemanes- está convencida, en realidad, de que la creación de una fiesta musulmana oficial nos librará de algún modo de la ira de los islamistas fanáticos.

¿Qué atrocidad debe ocurrir antes de que el público europeo y sus dirigentes políticos entiendan lo que está sucediendo en realidad en el mundo? Hay como una cruzada en marcha, una campaña particularmente pérfida de ataques sistemáticos por parte de islamistas contra personas civiles, que va dirigida contra nuestras sociedades occidentales libres y encaminada a su total destrucción.

Afrontamos un conflicto que con toda probabilidad va a durar más que ninguno de los grandes choques militares del siglo pasado, un conflicto provocado por un enemigo al que no se puede domesticar mediante “tolerancia” y “acomodación”, porque precisamente esos gestos lo alientan.

Solo dos recientes presidentes americanos han tenido el valor necesario para rechazar el apaciguamiento: Ronald Reagan y George W. Bush. Los críticos de Estados Unidos pueden poner peros a ciertos detalles, pero en nuestros corazones nosotros, los europeos, sabemos la verdad, porque la vimos con nuestros propios ojos.
Reagan puso fin a la guerra fría, al liberar a la mitad de Europa de casi 50 años de terror y esclavitud, y el presidente Bush, actuando conforme a su convicción moral y apoyado solo por Tony Blair, reconoció el peligro en la actual guerra islamista contra la democracia.

Entre tanto, Europa permanece cruzada de brazos en el rincón multicultural con su habitual autoconfianza. Nosotros, los europeos, nos presentamos, en contraste con los supuestamente “arrogantes americanos”, como campeones mundiales de la “tolerancia”.
¿De dónde procede esa reacción de autosatisfacción? ¿Se debe a que somos tan morales?

Temo que se debe a que nosotros, los europeos, somos tan materialistas y carecemos de una guía moral.
Por su política de enfrentamiento frontal con el terrorismo islámico, Bush arriesga la bajada del dólar, un enorme aumento de la deuda nacional y una pesadísima y persistente carga para la economía americana, pero lo hace porque, a diferencia de la mayoría de Europa, comprende que lo que está en juego es, literalmente, todo lo que en verdad importa para las personas libres.

Mientras criticamos a los “ladrones barones capitalistas” de Estados Unidos, porque parecen demasiado seguros de sus prioridades, nosotros defendemos tímidamente nuestros Estados del bienestar. “¡Fuera de ahí, que podría ser caro!", gritamos.
De modo que, en vez de actuar para defender a nuestra civilización, preferimos debatir la posibilidad de reducir nuestra semana laboral de 35 horas o mejorar la cobertura odontológica de la seguridad social o aumentar nuestras cuatro semanas de vacaciones anuales pagadas.
O talvez escuchemos a los pastores de la televisión predicar sobre la necesidad de “tender la mano a los terroristas” para entender y perdonar.
¿Apaciguamiento? Eso solo es el comienzo. Europa, tu nombre es Cobardía.


* Presidente de Axel Springer, grupo alemán de medios de comunicación.Project Syndicate.
 
LA MUERTE DE OCCIDENTE

Los males que afectan a las naciones de Occidente son de tal magnitud que han de obligarlas a considerar el acervo común y tomar conciencia de la necesidad de luchar por conservarlo.

Pat Buchanan, como comúnmente se le conoce, acaba de publicar un libro, The death of de west (La muerte de Occidente), que es importante porque supone una reflexión documentada de los males, ya avanzados, que nos corroen a todos los ciudadanos de las naciones de Occidente.
Preocupado íntimamente por la deriva de los acontecimientos culturales, demográficos y migratorios que vienen dándose tanto en Europa como en Estados Unidos, lanza su voz de alarma y nos urge a tomar conciencia de ellos.

La acelerada tendencia a la baja de los índices de natalidad es un problema acuciante para las naciones occidentales. Buchanan nos ofrece datos, extraídos de la "UN Population Division". En el año 2000 la población total de Europa, incluída Rusia, era de 728 millones. Para el 2050, sin contar con la inmigración, bajará a 600 millones. Y si las tasas de fertilidad se mantienen, a finales del siglo XXI Europa contará con 207 millones, menos del 30% de la población actual. Claro que esta situación podría ser compensada por las sucesivas oleadas de inmigrantes, sobre todo procedentes de África y Asia.

Pero, y ése es el problema, serían gentes de otras razas, de otras religiones, de otras culturas. Serían oleadas de gentes no occidentales. El resultado sería el multiculturalismo, la desaparición de los rasgos culturales tradicionales de Europa y una posible predominancia del Islam. Esta situación de multiculturalismo ya se está dando en Estados Unidos con un notable repliegue de las expresiones culturales cristianas, habiéndose llegado al extremo de su prohibición en público para no ofender a las otras culturas.

El principal motivo de esta falta de fertilidad Buchanan lo encuentra en la descristianización de la sociedad. Falta de religión y falta de hijos van unidas siempre, afirma. Hace hincapié en la legalización del aborto, impuesta en las naciones de Occidente, donde la religión ha pasado a un plano muy secundario. Se refiere a los 40 millones de abortos realizados en Estados Unidos desde su legalización. 40 millones de vidas perdidas que son sustituídas por las de los inmigrantes que invaden la nación. Observación esta última que puede aplicarse a Europa igualmente. Los compatriotas que matamos son sustituídos por extranjeros.

En Estados Unidos por cada dos embarazos llevados a feliz término se produce un aborto. En esto son superados ampliamente por Rusia, donde el aborto se introdujo antes, en 1920, bajo Lenin. Allí por cada nacimiento se producen dos abortos. Los 150 millones de habitantes de la actualidad se habrán reducido a 114 en 2050.

Mientras tanto, en África la población habrá ascendido a mil quinientos millones de habitantes. De Marruecos al Golfo Pérsico habrá un mar de 500 millones de musulmanes. A estos habrá que añadir los 700 milloness de musulmanes iranios, afganos, pakistaníes y Bangladeshios y los 300 millones de indonesios. China e India tendrán cada una mil quinientos millones.

Son cifran lo suficientemente elocuentes por sí mismas para no necesitar extensos comentarios.

Sobre la descristianización, vertiginosa en las últimas cuatro décadas, Buchanan se expresa relacionándola en parte con la nefasta influencia de diversos filósofos marxistas, concretamente los de la "Escuela de Frankfurt" que emigraron a Estados Unidos cuando Hitler llegó al poder en Alemania.

Uno de los fundadores de esta Escuela, el húngaro Georg Lukacs, así como el italiano Antonio Gramsci, percibieron que las previsiones de Marx habían resultado erróneas. Aparte de que la revolución marxista no se había producido en el Oeste, como él había previsto, sino en Rusia, en este país las masas no se habían transformado bajo el nuevo régimen económico, según la teoría marxista señalaba, sino que en gran parte seguían siendo cristianas, apegadas a sus tradiciones.

La doctrina marxista dogmatizaba que un nuevo régimen económico (infraestructura) impuesto al pueblo habría de cambiar la mentalidad, el pensamiento (supraestructura) de ese pueblo. No había ocurrido así, y los dos filósofos señalados preconizaron la acción directa sobre la cultura. Había que destruir, dinamitar la cultura cristiana occidental. Si se conseguía este objetivo, el resto vendría por añadidura.

Otros ideólogos de esta Escuela fueron Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm, Wilhelm Reich y el más joven Herbert Marcusse, quienes, una vez instalados en la nueva "Frankfurt School" en Nueva York, trabajaron activamente en la crítica y demolición de la cultura occidental. Todas sus ideas han alcanzado enorme extensión y predominancia en la clase intelectual que, dominando los medios de comunicación, editoriales, prensa, cine, televisión, tiene los resortes del pensamiento de la sociedad. La libertad sexual absoluta, el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la disgregación familiar, etc. fueron preconizados por estos pensadores. La contracultura y la contramoral salieron victoriosas, de forma que Buchanan dice que si bien el marxismo económico fracasó y terminó con la caída del muro de Berlín, el marxismo cultural ha triunfado.

Se hace la pregunta de si estos filósofos fueron imprescindibles para la revolución que se ha dado en la sociedad occidental, y contesta que probablemente no, pero que el hecho cierto es que jugaron un papel sustantivo.

Un aspecto esencial en esta labor de demolición cultural ha consistido en arrojar sombras de vergüenza e infamia sobre el pasado histórico. Se lamenta Buchanan de que hoy en día en Estados unidos todos los grandes hombres relacionados con su historia son denigrados. Cristóbal Colón es acusado de haber introducido la esclavitud en América. La diabolización de los grandes exploradores y conquistadores españoles como "irredimibles asesinos racistas" es casi completa. La conquista y conversión del Imperio Azteca por Cortés se presenta ahora como un genocidio cultural contra un pueblo amante de la paz. No se tiene en cuenta el horror que produjo en los españoles contemplar los sacrificios humanos de los aztecas (gentes sólo comparables a los antiguos asirios en crueldad satánica, según afirma Octavio Paz en "El laberinto de la soledad").

Pero ya centrándose en los inicios de los Estados Unidos como nación, ninguno de los Padres Fundadores se salva, puesto que son considerados como esclavistas sin más. Y así sucesivamente.

De esta tendencia masoquista, derrotista y disolvente, sabemos bastante los españoles. Realmente, cuando se lee a Buchanan mencionar la "diabolización de los exploradores y conquistadores españoles" parece como si se estuviese refiriendo al proceso que en este sentido se ha dado en España. Realmente, es muy parecido lo que ocurre en ambos países en este orden de cosas. Y en todos los países de Europa, se podría añadir, puesto que se trata de un proceso generalizado en Occidente. Cuando Buchanan nos informa del desprecio con que son considerados hoy en día George Washington, Thomas Jefferson o Andrew Jackson, no puede menos de recordarse el paralelo desdén que se muestra en amplios ámbitos intelectuales españoles por los Reyes Católicos, Felipe II o el Cardenal Cisneros.

Se trata de una tendencia antipatriótica y desnacionalizadora que está siendo inducida por grupos interesados.

La crisis de los estados-nación está relacionada con esto. Buchanan juzga a los estados-nación, a través de las palabras de Jacques Barzun, "la creación política más grande de Occidente". Añade que no fueron creados casualmente, sino que cada uno de ellos tiene un sentido de realización humana que enriquece el acervo común de la Humanidad. Ve, por tanto, con suma prevención los movimientos disgregadores de estos estados-nación. Movimientos separatistas en Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Canadá... todos ellos un grave error.

Porque "cuando un pueblo devuelve su fidelidad a las tierras de que se ha conformado, élites transnacionales empujan en opuesta dirección. La rendición final de la soberanía nacional a un gobierno mundial es ahora abiertamente aconsejada".

Hay que tener en cuenta que Buchanan no es un norteamericano imperialista. Es contrario a cualquier imperio. Uno de sus libros se titula: "A Republic, not an Empire", con referencia a su nación, y de nuevo en esta su última obra aboga por este planteamiento. No desea que Estados Unidos intervenga en conflictos internacionales, y se queja de que Europa no haya tenido fuerza militar suficiente para remediar por sí misma conflictos como el de Kosovo. Es lo que sus críticos llamarían un "aislacionista".

Y lo que él comprueba es que todos estos procesos de descristianización, desculturización, desnacionalización, confluyen en un único resultado: el predominio mundial de las grandes corporaciones, con mayor poder ya que los Estados. Lo que él teme como a la muerte es a ese gobierno mundial que se está esbozando y que acabaría gobernando un mundo del que se habrían esfumado los valores cristianos y occidentales y en el que la misma raza blanca sería una pobre minoría. "El capitalista global y el verdadero conservador son Caín y Abel", afirma.

Buchanan se debate en la duda sobre si lo ya destruído puede rehacerse o no; si es posible enderezar los pasos y recuperar lo que se ha perdido. Sus últimas palabras son, sin embargo, para declarar la necesidad de la lucha, del esfuerzo. Expone como necesarias diversas medidas, desde reducir las cuotas de inmigración a promover la enseñanza de la historia y promulgar leyes pro-vida. Sin entrar en más prolijos detalles, es obligado concluir que tales medidas sólo podrán llevarse a la práctica si se consigue que el movimiento de reacción ya generado desde hace tiempo en Estados Unidos avanza imparablemente. En Europa, el mal se presenta más enquistado, pero se perciben algunos signos esperanzadores. El secreto de todo lo que ocurre está en las mentes de los hombres, y en esta época histórica se presenta acuciante como nunca el cambio en el pensar, al que únicamente conviene un nombre: contrarrevolución.

Hay un aspecto de esta obra con el que no podemos estar de acuerdo. Su sensibilidad occidental es anglosajona, y no puede coincidir en todo con la sensibilidad occidental de un latino, concretamente de un español. Buchanan ve con malos ojos el enorme flujo migratorio de los mejicanos a Estados Unidos. Esta emigración se dirije sobre todo hacia las tierras que antes fueron de Méjico y que se perdieron en una guerra que constituyó un gigantesco expolio (nada menos que dos millones y medio de kilómetros cuadrados). A un español no le puede importar nada que en la actualidad el 30% de la población de California sea de origen mejicano y que otro tanto ocurra con Texas, y que esto vaya en aumento en estos y en los demás estados que antes pertenecieron a Méjico. Existen sensibilidades distintas. No se puede estar de acuerdo en todo.

Además, se le podría recordar a Buchanan que los mejicanos, gracias a España, son católicos, como él mismo lo es. Y también que Méjico, como los restantes países hispanoamericanos, forman parte de Occidente. Gracias precisamente a los exploradores y conquistadores españoles a los que él justamente valora y cuyo descrédito deplora.

Hay un detalle en esta obra que dice bastante en favor de Buchanan. A través de sus páginas se citan oportunamente a diversos escritores como Dostoyevsky, Wilde, Brecht, Burke, Chesterton, Diderot, Eliot, Gide, Yeats, entre otros, y uno se sorprende pensando que Buchanan quizás sea hombre de más vasta cultura literaria de lo que suponía. Pero él mismo nos desengaña en la última página, destinada a "Reconocimientos". En ella, agradece a Kara Hopkins, su "intrépida investigadora", que le aportase citas, ideas y argumentos de libros que él no había leído. Es una muestra de franqueza y sencillez por parte del autor.

Buchanan no es un intelectual cultivado. Es hombre sencillo e inteligente, lo cual en no escasas ocasiones resulta de mayor valor.



En el seno de las sociedades democráticas formales, el problema de la diversidad cultural se plantea bajo la forma del derecho a la diferencia o del respeto a las minorías, pero en el terreno de los hechos, no se contempla por el momento el reconocimiento de formas distintas de sociedad, de otras maneras de vivir, incluso aunque se decida democráticamente. Parece como si las libertades sólo tienen cabida y reconocimiento en el seno del modelo socioeconómico imperante.

El pensamiento único, que se extiende paralelamente a los mercados y se asienta en los nuevos lenguajes informáticos y en las autopistas de la información, es el discurso que sustenta lo que Roger Garaudy identifica sagazmente como Monoteísmo del Mercado. Una de sus características es la sutil eliminación de la diversidad, que ahora es disidencia, no mediante la represión brutal, sino por la mediación de las nuevas herramientas, de las nuevas tecnologías, mediante el control de la información y la consecuente incidencia en la opinión de los ciudadanos, en la opinión pública.

En un contexto así, la atonía, la sumisión al pensamiento único, han de ser la norma. Quien ose defender con demasiada tenacidad alguna idea o alguna postura contraria a los intereses del paradigma, fácilmente aparecerá como estridencia en medio de la homogénea interpretación general, será entonces señalado como fanático. Si, además, los medios de comunicación e información sirven a los intereses del poder –no a los intereses de los distintos partidos o confesiones– resulta fácil para éste abortar cualquier propuesta que atente contra dichos intereses, por diferentes vías: la descalificación, la tendenciosidad o la tergiversación.

Es evidente que ninguna mente sensata defendería el fanatismo como actitud propia del ser humano civilizado. Identificamos el fanatismo con la ceguera intelectual, con la incapacidad de valorar y sopesar los variados aspectos de la realidad. El fanático no escucha, no razona, no produce diálogo. La mayoría de los cristianos no viven como fanáticos. Ni la mayoría de los musulmanes tampoco, ni la de los herederos de las ideologías históricas de occidente.

A pesar de ello, la historia está plagada de las consecuencias del fanatismo en todas sus variantes: religiosa, ideológica, bélica, económica. Momentos, lugares y grupos en los que la pasión y el exceso han hecho mella, enturbiando la transparencia de las ideas, los sentimientos y las creencias. Casi siempre se ha optado por relacionar el fanatismo con estas realidades en lugar de buscar sus raíces allí donde se hunden: en la ignorancia, en la explotación, en la incultura y el desarraigo. En lugar de remediar las causas que lo producen, se ha optado por instrumentalizarlo a favor de determinadas opciones políticas, religiosas o estratégicas.

En esa lectura interesada del problema nos encontramos hoy, cuando asistimos al desarrollo de una peligrosa visión del fanatismo religioso, atribuida al Islam por los medios de comunicación de masas, incluso con el apoyo de algunos intelectuales e instituciones académicas internacionales.


Patrick J. Buchanam y Occidente.
 
El Islam contra los infieles

A diferencia de Eduardo Haro Tecglen, que cree que la conciencia más limpia es la de el ateo, yo estoy convencida de que la conciencia tiene poco a ver con creer o no creer. En nombre de la negación de Dios, el estalinismo mató hasta el horror, y en nombre de Dios, la historia está saciada de crímenes.

Dios, como buena entelequia, está sometido al uso bueno o perverso que se pueda hacer de Él, de manera que es mejor mantenerlo en el ámbito privado que toda trascendencia requiere. Aun así, y dado que la realidad nos trae el dolor sangrante en forma de niños asesinados en honor a Alá, y nos reproduce los ojos sin cuencas de los fanáticos de la muerte, y nos muestra (para quien quiere ver) los campos de entrenamiento dónde la infancia es destruida a manos de los padres que enseñan a odiar y a morir matando, dado que todo esto pasa en nombre de Dios, resulta difícil dejarlo fuera.

Dios, hoy, es usado para fanatizar, socializar en el odio y matar. El dios denominado Alá, pero en otros tiempos tuvo otros nombres, otros ritos y liturgias, y también educó en la intolerancia y en la violencia. Todo creyente sabe que el Dios individua puede construir almas nobles como santa Teresa de Calcuta, pero que el Dios colectivo ha engendrado, a lo largo de la historia, terribles monstruos. Aun así, y ¿la razón? La razón, como profetizó Goya, ¿también engendra monstruos? Estoy convencida de ello, y en estos difíciles momentos, en qué la muerte nos golpea las entrañas en su forma más abrupta, quiero hablar de los guerreros locos de Dios, y de los intelectuales racionalistas que, en nombre de la razón, no están a la altura moral que la historia requiere.

Primero, los guerreros. A pesar de que la ignorancia ha devenido un patrón de conducta del análisis internacional, resulta espantoso ver como analistas de prestigio e intelectuales laureados, no tienen ni idea de lo qué hablan. O, peor aún, apelando a la solidaridad y a la justicia, mienten, distorsionan o sencillamente defienden planteamientos incomprensibles. Una de las barbaridades más lacerantes la dijo, hace pocos días, en el “Fórum de las Culturas de Barcelona, Juan Goytisolo: "Los palestinos y los Chechenos no son terroristas, sino resistentes", y el público convencido de su compromiso solidario, se comió la frase con la estupidez que caracteriza determinados cerebros planos de izquierdas. Lo cierto es que la resistencia a una situación de opresión, mítica históricamente, no tiene nada a ver con una ideología internacionalizada, de base nihilista y de planteamiento totalitario, como es el integrismo islámico. Los guerreros enloquecidos del Islam no luchan por la libertad de nadie, sino contra la libertad. No son los defensores de los pobres, sino sus opresores. No quieren a sus hijos, sino que los odian y los convierten en máquinas de matar. Y no están a favor de resolver los conflictos abiertos al mundo, sino que los usan, se aprovechan y lo destruyen. Sin embargo, ¿considera Goytisolo que son actos de resistencia el poner una bomba en un autobús lleno de niños en Jerusalén, o tener un millar de niños aterrados, hambrientos y sedientos, rodeados de bombas, en una escuela de Beslam ? ¿Cómo puede creerlo nadie? Más todavía, ¿como es posible que los intelectuales opinen desde la desinformación y ni siquiera no conozcan los textos de los grupos terroristas palestinos o Chechenos, dónde la intención bélica no tiene nada a ver con liberar sus pueblos, sino con crear una república islámica integrista en todos los lugares donde puedan llegar? Todo el mundo que conozca el conflicto Checheno ya sabe que hace años que se están organizando grupos de culto wahhabita (1) en las repúblicas caucásicas y que usan las cuestiones nacionales pendientes para de alimentar el fanatismo fundamentalista. El mismo Bassaiev y su lugarteniente, el denominado "árabe negro", son cabezas visibles de este totalitarismo del siglo XXI. Un totalitarismo que, como el nazismo, no ha dejado nada sagrado fuera la sangre: la infancia, la Cruz Roja, las ambulancias, las ONGs que dan ayuda humanitaria, todo vale para una ideología que hace del culto a la muerte su código de conducta.

Ellos son los asesinos. Pero, ¿y el resto, los que no matamos? Tomando prestada la frase de Luther King , "lo peor no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos", lanzo mi acusación. Acuso al mundo islámico de callar, de otorgar, de minimizar el carácter asesino del integrismo, de disfrazar terroristas como resistentes, de no levantar la voz para crear un gran movimiento autocrítico, de no cumplir con el deber moral que tienen con su propia cultura.
Acuso a sus medios de comunicación, con Al-Jazira al frente, de fomentar el antioccidentalismo, el antisemitismo y de practicar un paternalismo con el terrorismo que sólo puede conducir el Islam a su destrucción. Acuso a los Tariq Ramadan y a las Nawal al Sadawi de camuflarse bajo el doble discurso en función de la lengua que hablan, y de no asumir la obligación histórica que tienen de rechazar la ideología totalitaria que ha nacido a su seno. Como los intelectuales europeos que no estuvieron a la altura cuándo el nazismo mataba a diestro y siniestro, o cuando el estalinismo mató hasta la fatiga, los intelectuales islámicos actuales –excepto pocas excepciones- practican el antiamericanismo furibundo, justifican el terrorismo y no asumen el rol de defensores de la libertad que les sería propio. Y, en Occidente, acuso la legión de intelectuales de izquierdas que, como los monos, ni escuchan, ni ven, pero hablan como si todavía tuvieran el cartel del Che colgado en las narices, y se pensaran que todos estos locos que van secuestrando, matando y violentando en nombre de Alá son el resurgimiento de los movimientos guerrilleros de su adolescencia. Alimentados por el odio al gran “Satán” americano, estos intelectuales han devenido una extraordinaria coartada para la justificación de la ideología totalitaria. Exactamente igual como ocurrió con el estalinismo. De ahí que crean que Hamás es un grupo de resistencia, y no la banda de fanáticos asesinos que han demostrado ser. De ahí que, cuando la maldad secuestra y mata la infancia, en pro de Chechenia, prefieran hablar de la culpa rusa. Supongo que estarían encantados que finalmente Bassaiev creara la gran república islámica del Cáucaso, paladín de la libertad.

La inteligencia islámica es, hoy, cómplice por minimización, paternalismo y justificación del integrismo islámico. Y la inteligencia occidental es cómplice por pura imbecilidad. En los dos casos, los que más hablan de libertad y solidaridad, más la están traicionando. Y, en el camino, traicionan el deber moral que, como intelectuales, deberían tener. "El peor es el silencio de los buenos..."

Articulo de Pilar Rahola

Personalmente añado que peor que el silencio de los "buenos" es tener el enemigo en la propia casa, el peor enemigo de Europa sin lugar a dudas es esa corriente de gobernantes e intelectuales "la quinta columna" todos ellos se identifican como progresistas, y para los cuales el resto de mortales somos considerados como ciudadanos racistas y xenofogos, lo que demuestra que sus propias ideas de la democracia y tolerancia, se semeja a un totalitarismo solo comparado a los regimenes mas dictatoriales, utilizando con desprecio todo pensamiento contrapuesto a su menoscabo de sentido común.
Ellos son los únicos responsables de la perdida de identidad política y religiosa de Europa, y el resto como siempre esperamos que el tiempo haga justicia, la mas de las veces demasiado tarde.
 
El Islam utiliza la tolerancia europea

Samir Khalil Samir, jesuita profesor de la Universidad St. Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma. Estuvo en España la semana pasada con ocasión del V Congreso «Cristianos y Vida Pública» que organiza cada año la Fundación San Pablo CEU. En una entrevista de profunda actualidad, Khalil nos ofrece el punto de vista de un árabe cristiano sobre las relaciones entre cristianos y musulmanes en los países árabes y en Europa, analiza la situación del viejo continente ante las exigencias islámicas en la sociedad y propone soluciones para llegar el entendimiento.

Egipcio, jesuita, profesor de Historia de la cultura árabe y de islamología en Beirut y en Roma, el padre Samir Khalil es hoy en día uno de los mayores especialistas en relaciones entre cristianismo e islam.- ¿Cree que los musulmanes pueden cambiar el modo que tienen de vivir su religión musulmana?- Sí, siempre y cuando Europa se afiance en defender su identidad, la carta universal de los derechos humanos. Esa carta es universal, no como la que hace unos años hicieron algunos países musulmanes, una carta musulmana de los derechos humanos. Con esa identidad, Europa puede tener apertura. Y los musulmanes han de aceptar vivir en una Europa con las condiciones de Europa, no viniendo a promover en Europa un proyecto musulmán utilizando el esquema tolerante europeo, que está muy extendido entre los musulmanes.

Europa es estúpida si no ve eso, si no se da cuenta de que pueden usar la tolerancia para islamizar Europa.«El Islam nunca retrocede»- ¿Cómo se islamiza una sociedad no islámica?- Cuando van adquiriendo fuerza social, los musulmanes exigen que las leyes les reconozcan como minoría distinta, y cuando de una minoría de un cinco o diez por ciento llegan a tener ya la presencia de un treinta por ciento, como el caso de Malasia o de Mindanao en Filipinas, exigen la islamización de la sociedad. Y cuando el islam ha ido adquiriendo zonas de poder e influencia, nunca retrocede. España ha sido el único caso en la Historia.

La única posibilidad que yo veo de modernizar el islam es que cuando las siguientes generaciones de inmigrantes en Europa vean que pueden vivir su fe sin modificar el marco social y político, acepten esa posibilidad.- ¿Cómo vive la minoría cristiana en un país musulmán?- La religión islámica está pensada magníficamente como control social y político. La convivencia es siempre como minoría y con la tendencia a desaparecer, aunque algunos líderes islamistas están dándose cuenta de que es negativo para ellos. Los cristianos árabes somos plenamente árabes, aunque no compartamos la fe musulmana. Somos más libres que los musulmanes, puesto que podemos aportar una mirada crítica sobre la realidad.

Actualmente nos ven como posibles aliados o espías de Occidente, y nos dirigen las mismas acusaciones que dirigen al imperialismo occidental. La línea del entendimiento con ellos, que es la de Juan Pablo II, es la de la defensa de los derechos humanos, de la justicia social. En materia social hay un profundo entendimiento entre musulmanes y cristianos, porque hay un visión del hombre coincidente en muchos elementos.«España es un símbolo»- ¿Qué significa España para un árabe cristiano?
- Para nosotros, España es un símbolo. Europa y Occidente no tienen ya la experiencia de vivir con un grupo dominante de presión constante en nombre de la religión. Además, el islam, históricamente, nunca ha retrocedido en aquellos lugares en los que se ha ido asentando, a excepción de España. España es el único caso en el que un pueblo cristiano recuperó lo que los musulmanes le habían arrebatado. Además, la Reconquista no fue una cruzada, los árabes — también los musulmanes — nunca hablamos de «cruzada», hablamos y hablan de las guerras de los francos, de los amalfitanos y de los venecianos luego.

Se ve como la sucesión normal de los acontecimientos y de las relaciones entre los pueblos en aquel momento histórico. Para mí, España representa la reacción católica de un pueblo, consciente de su identidad, que pone los medios aptos para recuperarla.- Entonces, ¿qué piensa de las revisiones históricas que rechazan ese hecho?- Me sorprende que los occidentales y sobre todo los españoles nieguen eso. La Historia está hecha de flujos y reflujos. Hoy Europa no hace autocrítica, que es buena, sino que hace autodestrucción porque no quiere asumir su historia. Asumir la propia historia es distinguir lo bueno de lo malo pero sentirse orgulloso de que sea esa su propia historia, sin rechazarla.
 
"Europa está siendo islamizada"

Rara vez el curso de la historia europea ha sido alterado por una observación desechable de alguien que no es un político en un diario en alemán un miércoles durante los últimos compases del abatimiento estival. Pero el 28 de julio, el historiador de Princeton Bernard Lewis declaró al diario conservador con sede en Hamburgo Die Welt que Europa sería islámica "por los pelos" antes de fin de siglo, y la política continental no ha sido la misma desde entonces.

Días antes del tercer aniversario del 11 de Septiembre, Frits Bolkestein, de los Países Bajos, el comisionado saliente de la competencia en la Unión Europea, causó un alboroto cuando mencionó la observación de Lewis en la apertura del curso en la Universidad de Leiden. Bolkestein advirtió de que la UE "implosionaría" si se amplía demasiado rápido. Era un tema oportuno.

Dentro de algunos días, el comisionado para la expansión de la UE, Günter Verheugen, de Alemania, publicará un informe acerca de si abrir o no negociaciones con Turquía para que entre en la UE. Se espera que sea positivo. La comisión al completo debe celebrar una votación sobre el informe en diciembre, tras lo cual se prevé una década de negociaciones. Pero dado que es probable que el informe de Verheugen sea positivo, y puesto que se espera que la comisión estampe su sello de caucho en las recomendaciones del informe, y puesto que ningún estado candidato que haya accedido a las negociaciones de adhesión ha sido rechazado nunca, el proceso tiene aspecto de ser un fait accompli. Gracias a. . . ¿qué? . . . al ánimo de Günter Verheugen, los pueblos de Europa están a punto de ver su destino unido irrevocablemente al del mundo islámico. De hecho, la necesidad de forjar un enlace solemne con el secularismo islámico de la clase del que Turquía disfruta después de que Kemal Atatürk llegara al poder, es la razón ofrecida más a menudo para la imprescindibilidad de la adhesión turca.

Bolkestein se dirigía así a un continente ampliamente confundido. Su discurso fue largo. No despotricó. Aludiendo a la aspiración de la UE a convertirse en un estado multinacional, llamó la atención del auditorio sobre el destino del poder europeo más reciente con esa aspiración, el imperio Austro - húngaro, hace apenas un siglo. Los austriacos eran culturalmente confiados (Liszt, Richard Strauss, Brahms, Mahler, y Wagner trabajaban en Viena). Eran prósperos y estaban orgullosos. El problema fue que sólo había 8 millones de ellos, y ampliar las fronteras de su país les puso cara a cara con un movimiento pan-eslavo enérgico. Una vez que el Imperio absorbió a 20 millones de eslavos, afrontó dificultades comprometidas entre permitir a los nuevos individuos gobernarse a sí mismos o preservar su propia cultura. Al igual que la UE, el Imperio había cruzado un punto sin retorno antes de darse cuenta de que no iba a ninguna parte en concreto.

Bolkestein preguntó qué lecciones sacaban los europeos de esta historia, al considerar la entrada de Turquía. Entonces trató dos problemas específicos. Primero, que no había fin lógico alguno a la vista en la expansión europea -- una vez que la UE acepte a Turquía, no tendrá motivo alguno en principio para rechazar a los países considerablemente más europeos de Ucrania y Bielorrusia. Europa está agregando así una inestabilidad de la que no tiene ni los medios financieros ni la solidaridad cultural para controlar. El segundo problema, advierte Bolkestein, es que la inmigración está convirtiendo a la UE en "un imperio Austro - húngaro a gran escala". Aludió a ciertas grandes urbes que pronto serán minoritariamente europeas -- dos de las más importantes, Ámsterdam y Rótterdam, están en su propio país -- y advirtió que la adición (proyectada) de 83 millones de musulmanes turcos fomentaría la islamización de Europa. Fue esta parte de su discurso -- en la que se refirió a las proyecciones de Lewis -- la que saltó a los titulares de todo el mundo: "las tendencias actuales sólo permiten una conclusión", dice Bolkestein. "Estados Unidos continuará siendo la única superpotencia. China se está convirtiendo en un gigante económico. Europa está siendo islamizada".

Sobrevino una especie de reacción en cadena. Dos días después de que Bolkestein diera el discurso, el Financial Times publicó una carta que Franz Fischler, el comisionado saliente de agricultura de la UE, de Austria, había enviado en privado a sus homólogos comisionados. Fischler se quejaba de que Turquía era "mucho más oriental que europea", y lo que es peor, "quedan dudas acerca de las credenciales democráticas y seculares de Turquía a largo plazo. Podría. . . haber un retorno fundamentalista".

La reacción de Europa fue un ¡Y ahora nos lo dices! colectivo. Reunidas, las observaciones de Bolkestein y de Fischler parecían sintomáticas de la corrección política que lastra el tema de la adhesión turca. Una mayoría del Parlamento Europeo es anti -adhesión, los diversos parlamentos nacionales están contra ella, y las poblaciones nacionales se oponen abrumadoramente. Es la Comisión Europea la que lleva el proceso -- y ahora dos miembros prominentes de ese mismo organismo, a punto de dejar sus respectivas carreras políticas atrás, decían que todo era un gran error del que nadie se atrevió a hablar. (Quizá lo único que enfurezca al europeo de la calle más que tal giro burocrático, sea el apoyo norteamericano incomprensiblemente constante a la adhesión turca a la UE).

Lo que es fascinante de la entrevista de Lewis que dio lugar a esta ronda europea de darle vueltas, es que no pretendía versar específicamente sobre Europa. Su interlocutor preguntó a Lewis acerca de los progresos en la guerra de Irak, la evolución de la cuestión de Palestina, las esperanzas de democracia liberal en Irán, y las perspectivas de derrotar a al Qaeda. (En este último tema, Lewis dio una respuesta inquietante: "es un proceso largo y el resultado no es seguro en absoluto", dijo. "Funciona de modo parecido al comunismo, que tuvo éxito entre la gente infeliz de Occidente porque parecía dar respuestas inequívocas. El Islam radical tiene la misma fuerza de atracción"). Fue igualmente cautivador cuando describió la ruptura de la Unión Europea con Estados Unidos en términos de "una comunidad de envidia". ("Comprensiblemente, los europeos tienen algunas reservas sobre una América que les ha superado. Ese es el motivo de que los europeos entiendan bien a los musulmanes, que tienen una sensación similar").

Pero el propio futuro islámico de Europa surgió como mera casualidad. Preguntado acerca de si la UE podría constituir un contrapeso global a Estados Unidos, Lewis contestó simplemente: "no". Veía solamente tres países como jugadores "globales" potenciales: definitivamente China y La India, y posiblemente una Rusia revivida. "Europa", dijo, "será parte del occidente árabe, del Magreb". Lo que parece haber enfurecido a los oyentes europeos es que Lewis no afirmara esto como algo subido de tono, o una propuesta contraria. Simplemente lo dijo, como si fuera algo que cada persona políticamente neutral e intelectualmente honesta tomara a la ligera.

¿Lo es?. Bolkestein dijo que no sabía si las cosas acabarían como Lewis predijo. ("Pero sí que tiene razón", agregó Bolkestein, "la liberación de Viena [de los ejércitos turcos ] en 1683 habrá sido inútil"). Bassam Tibi, un inmigrante sirio que es el musulmán moderado más prominente de Alemania, parece estar deacuerdo con el diagnóstico de Lewis, incluso mientras rechaza su énfasis. "O el Islam se europeíza, o Europa se islamiza", escribió Tibi en el Welt am Sonntag. Habiendo pasado gran parte de la última década defendiendo la construcción de instituciones islámicas sensatas en Europa, Tibi parece advertir que Europa carece de la capacidad para rechazar el Islam, o la oportunidad de frenarlo. "El problema no es si la mayoría de europeos es islámica", añadió, "sino qué Islam -- el Islam de la sharia o el euro-Islam -- es el que va a dominar en Europa".


Christopher Caldwell es editor senior de The Weekly Standard.
 
Europa será islámica al final del siglo.

El estudioso del islam Bernard Lewis habla sobre el estado del mundo árabe y por qué los poderosos necesitan a Israel como pararrayos.

DIE WELT: En su primer libro, “La paradoja de Atatürk”, usted declaró: “Después de la guerra perdida fundó Turquía y resistió a Occidente, pero estableció vías para la aceptación de la primacía de la civilización occidental” ¿Sucede lo mismo en Iraq?
Bernard Lewis: No totalmente, puesto que Atatürk expulsó a los invasores, edificó una república y tomó la senda occidental. En Iraq, por el contrario, la dictadura fue derrotada desde el exterior. Pero también fue impuesta desde el exterior. El poder de Saddam Hussein no estaba enraizado en la cultura árabo-islámica. Radicaba en un modelo europeo, el de los nazis.

DIE WELT: En Iraq, los alemanes tuvieron éxito en un inicio.
Lewis: Sí, puesto que el régimen, que instalaron los alemanes allí en 1941 mediante Raschid Alí Al Kailani fue la cumbre de su éxito. Fue un modelo que siguió al del régimen nazi, apoyado por un movimiento similar al nazi que desembocó en el Partido Baaz. La tradición política islámica ciertamente conoce la autocracia y la obediencia, pero rechaza el despotismo y la dictadura.

DIE WELT: ¿Han allanado el camino hacia la dictadura Baaz las reformas realizadas desde el siglo XIX?
Lewis: Sí. En Iraq se trataba en aquella época de modernizar u occidentalizar. Europa era el modelo moderno entre los modernos. Pero, ¿qué significa esto? Fortalecer la autoridad central. El Estado tuvo más poder. Al mismo tiempo fueron debilitadas las fuerzas de la sociedad tradicional que habían sido un contrapeso del Estado. Se cortó todo lo que crecía orgánicamente desde el interior: comerciantes de bazar, tribus, notables territoriales y dignidades religiosas. Ninguno de ellos era nombrado por el Estado, pues sus dirigentes emanaban de la ordenación de la sociedad.

DIE WELT: ¿Qué posibilidades hay de satisfacer la cuestión palestina sin Saddam Hussein?
Lewis: Han mejorado al pasar de no tener ninguna a tener alguna posibilidad. Los afectados ven mejor lo que antes o no conocían o no se atrevían a expresar. Por ejemplo, se hizo una encuesta en Gaza acerca de quien tenía la culpa de la miseria y sólo una minoría la atribuyó a los israelíes. Antes toda la responsabilidad habría recaído sobre ellos. Ahora los palestinos consideran responsables a sus propios dirigentes. Un gran paso.

DIE WELT: ¿Ha pasado la hora de Yasir Arafat?
Lewis: Eso espero. Aunque él posee una meritoria capacidad de supervivencia. Un problema es la disposición de muchos a ayudarle, sobre todo en Europa.

DIE WELT: Es un figurón.
Lewis: Es más que eso. Ejerce los controles efectivos y recibe anualmente millones de dólares, entre otros, de la Unión Europa y ello sin una clara contabilidad.

DIE WELT: La valla de Israel sobre la línea verde (línea del alto el fuego en 1949) o sobre el territorio ocupado, ¿es la cuestión decisiva?
Lewis: La Línea Verde tiene poco sentido pues se entiende por ella el acuerdo de alto el fuego de Rhodos después de la guerra de 1949, por lo que está claro es la línea del alto el fuego, no una frontera.

DIE WELT: La Asamblea General de Naciones Unidas ha condenado la construcción de la valla.
Lewis: Esto hubiese sido convincente si este organismo hubiera tomado esa decisión de un modo más ecuánime. Muy unilateralmente, apenas toma en consideración el problema del Terrorismo y de los atentados suicidas que son el motivo fundamental de la construcción de esta barrera. Israel existía desde hace tiempo, pero sin valla. Ésta es un acto de desesperación, una reacción a los atentados. Esto debiera haberlo considerado mejor la ONU.

DIE WELT: ¿Cuáles son los presupuestos para unas negociaciones entre israelíes y palestinos?
Lewis: Cada uno de ellos debe reconocer la legitimidad y la justificación de la existencia de su Estado al otro. Cuando se parte de ahí, qué extensión deba tener Israel o qué fronteras deba tener, son cosas negociables. Aparte de esto, el terrorismo debe ser condenado. De alguna manera la cuestión palestina muy valiosa para los gobiernos de la región. El espacio árabe, económicamente, ha quedado detrás del África Ecuatorial. Los habitantes de esos países lo saben y levantan justificadamente su rabia contra sus gobiernos. Estos trasladan su ira a la cuestión palestina. Si no existiera Israel, se darían cuenta de ese fracaso económico. La ausencia de Israel provocaría que esos gobiernos tuvieran que hacer frente a la ira de sus ciudadanos por ese fracaso.

DIE WELT: ¿Cuál es la posición de Irán en las negociaciones de paz?
Lewis: Su gobierno es un problema, pues ayuda a diversos grupos terroristas que se autodefinen religiosamente en Gaza y el Líbano. En el mismo Teherán se ha tergiversado el islam. No son únicamente antijudíos, sino también anticristianos, aunque el Corán les ordena tolerancia.

DIE WELT: Usted previó con antelación la revolución islámica del Ayatolá Jomeini de 1979 en Irán. ¿Qué desearía predecir hoy?
Lewis: Una revolución democrática en Irán y en Iraq. Para ello veo fuerzas originarias. Pero esto no será ni rápido ni fácil.

DIE WELT: ¿Ha mejorado la vida la revolución islámica iraní?
Lewis: No. El nivel de vida se ha deteriorado en todos los ámbitos. Hay menos libertad, un nivel económico menor. Sobre todo a las mujeres les va mucho peor. La edad legal para casarse era antes de 18 años. En esta república es de nueve años. Han legalizado el matrimonio de niñas siguiendo las leyes de la sharia islámica.

DIE WELT: Arabia Saudí soltó un genio de una lámpara mágica. ¿Lo pueden volver a meter ahí?
Lewis: Apenas. La situación se está tensando. Los extremistas están a la vista en sitios web. La dirección wahabita se está mostrando extremadamente fanática, intolerante y violenta. Ese no es el islam tradicional tolerante. Hoy hay allí masacres cometidas por extremistas sunníes que asesinan a chiítas orando. Esta es la nueva versión wahabita del islam.

DIE WELT: ¿Podría una mejor educación desarticular el profundo complejo de los árabes hacia los occidentales?
Lewis: Sí, pues existen personas capacitadas. Antiguamente contaban con los mejores investigadores. Pero después retrocedieron. Una causa de ello es el agotamiento de la investigación. En la Edad Media las sociedades islámicas fueron muy activas y creativas. ¿Por qué perseveraron estas personas de repente en su ABSEITS intelectual? Algunos dicen que esto fue consecuencia de la decadencia de la economía. Otro dato fue el descubrimiento de América. Esto fue con toda seguridad una de las causas del predominio de Europa. Europa descubrió el Nuevo Mundo, los países del oro y la plata, los terrenos para nuevas simientes. Para ello se realizaron avances tecnológicos y se mudó hacia la Europa moderna. Pero, ¿por qué no descubrieron América los musulmanes? También tenían una costa atlántica.

DIE WELT: Los europeos construyeron barcos con capacidad de cruzar el Atlántico, los musulmanes los construyeron más ligeros para cruzar el Mar Rojo y el Océano Índico.
Lewis: Exacto. Cuando los barcos europeos llegaron a aguas del Asia Oriental tenían ventajas, al estar construidos para navegar por el Atlántico: más cañones, tripulación y mercancía.

DIE WELT: ¿Fue otra causa el trato dado a las mujeres?
Lewis: Sí, uno de los grandes logros de la Cristiandad es la aceptación generalizada de la monogamia. Todas las demás civilizaciones habían permitido la poligamia. El Cristianismo fue la primera religión mundial en la que sólo se permitía una mujer. Como ya en su momento subrayaron los autores turcos, las mujeres no sólo son la mitad de la población, sino que son también las madres de la otra mitad. Los niños, que crecían con una mujer educada, alcanzaban con seguridad más cosas en la vida que los que estaban con madres analfabetas. A pesar de ello, los territorios islámicos vivieron sus períodos de florecimiento.

DIE WELT: ¿Quizás las mujeres en el islam primitivo fueron mejor tratadas que en momentos posteriores?
Lewis: Así es. En las dinastías europeas las mujeres y las hijas eran importantes. Las madres permanecían en el árbol genealógico. Entre los Osmanes, por contra, a menudo desconocemos quienes eran las madres. Eran en su mayoría concubinas anónimas de los harenes. Esto no era así en el islam primitivo. Entre los califas y la dinastía Omeya (del 661 al 750 d.C.) las madres eran mujeres libres. El sistema de harén llegó después.

DIE WELT: El islam en su día actuó como un gran portador de paz en sus propios espacios.
Lewis: Ciertamente, aunque naturalmente, hubo guerras entre ellos, como la de los sultanes turcos contra los shas persas. Pero eran pocas en comparación con la historia militar europea cuyas numerosas guerras, por cierto, también impulsaron la tecnología militar. Aparte de esto, los europeos debieron aprender muchos idiomas para poder entenderse. En las regiones islámicas, por contra, había tres lenguas decisivas: árabe, persa y turco. Los europeos, sin embargo, no sólo debieron aprender las lenguas de sus vecinos, sino también las de sus predecesores para poder leer escritos tales como los del Viejo y Nuevo Testamento: hebreo y griego.

DIE WELT: ¿Qué país puede considerarse como un modelo educativo: Iraq, Palestina, Egipto o Turquía?
Lewis: Hace años habría señalado a Túnez, pero allí se ha declinado. El gobierno se hizo menos liberal, más autocrático. Túnez contaba en su momento como la vanguardia en apertura, educación y derechos de las mujeres. Ahora está retrocediendo, al revés que Marruecos.

DIE WELT: La lucha contra Al Qaida, ¿va a durar decenios?
Lewis: Creo que es un proceso largo y los resultados no son de ninguna manera seguros. Se debe tomar en cuenta la posibilidad de que Al Qaida gane. Tienen muchos aliados en Occidente, conscientes e inconscientes. Entre los conscientes cuento las crecientes minorías islámicas y los conversos en Europa. Ésta se comporta ahora de forma parecida a como antes lo hacía con el comunismo, pues a los infelices de Occidente les gustaba que se les dieran respuestas unívocas. Esa es también la fuerza de atracción de las personas al islam radical. Les proporciona convicciones y certezas, les da el sentido de una misión. Aparecen unidos, mientras las democracias lo hacen profundamente divididas.

DIE WELT: ¿Se acerca entonces un imperio islámico global?
Lewis: En las democracias parece que las personas se odian más que a los adversarios exteriores. La debilidad y la división parece que dominan al lado occidental. La política en Europa no ayuda a superarlo, en especial la política francesa y alemana.

DIE WELT: ¿Es Al Qaida aún lo suficientemente poderosa para cometer un atentado parecido al del 11 de septiembre de 2001?
Lewis: Sí. Antes de aquel atentado hubo una larga sucesión de ataques a instituciones americanas. Los radicales se vieron estimulados puesto que faltó una auténtica fuerza para hacerles frente. Después del 11 de septiembre quedaron impactados por la dureza de la nueva administración USA en Afganistán e Iraq. Entonces Al Qaida vio en los debates occidentales debilidades y división. Naturalmente se sintieron con ánimos renovados y volvieron a empezar, entre otros sitios en España, pues ésta retiró sus tropas de Iraq. Sin duda habrá nuevos ataques.

DIE WELT: ¿Qué causas existen para la división entre USA y la UE?
Lewis: Desde alguna perspectiva podría cambiar el nombre de la UE para denominarla “cooperativa de envidias”. Está muy claro que los europeos alimentan reservas contra América que han sido llevadas muy lejos. Por eso los europeos entienden bien a los musulmanes, porque también se sienten adversarios de América.

DIE WELT: ¿En qué podría consistir la especialidad de una política alemana respecto al Oriente Próximo y Medio?
Lewis: (se ríe) En la prudencia, en contrapesar el exceso de sentimiento y la irracionalidad de la política francesa.

DIE WELT: ¿Constituirá la UE un contrapeso global a América?
Lewis: No. Junto a los Estados Unidos serán actores globales China, India y, posiblemente, una Rusia recuperada. Seguramente nadie sabe qué tipo de poder habrá en Moscú, pero ciertamente no será comunista. Europa será una parte del occidente árabe, del Magreb. A favor de ello cuentan la emigración y la demografía. Los europeos se casan tarde y no tienen ningún o muy pocos niños. Pero existe una fuerte emigración: turcos en Alemania, árabes en Francia y pakistaníes en Inglaterra. Estos se casan pronto y tienen muchos niños. Siguiendo las tendencias actuales habrá mayorías musulmanas en la población europea lo más tarde a finales del siglo XXI.



http://www.welt.de/data/2004/07/28/310913.html
http://www.welt.de/data/2004/07/28/310913.html?s=2
http://www.welt.de/data/2004/07/28/310913.html?s=3
http://www.welt.de/data/2004/07/28/310913.html?s=4
 
El Islam en Europa

Inmigración y democracia europea.

Este texto de reflexiones respetuosas, desde un punto de vista europeo. Todos analizan las consecuencias del ISLAMISMO radical. Me parece sencillamente impactante, al mismo tiempo que me hace reflexionar y preguntarme ¿Por qué motivo siendo conocedores de lo que esta pasando en Francia con los islamitas, nuestros dirigentes en España nos están arrastrando sin consideración a igual o peor situación?
La presencia, cada vez más importante, del Islam en Europa, el peso cada vez más grande de tradiciones culturales afroasiáticas en nuestro continente, consecuencias ambas de la inmigración incontrolada, constituyen una amenaza para la tradición democrática.

Por angelicalismo, “ellos” se imaginan que la educación y la razón, el espíritu “republicano”, borrarán las tradiciones culturales ancestrales de los inmigrantes. Es el error de juicio de Régis Debray.
Este error está fundado sobre el mito de la educación espontánea y de la sabiduría innata, entretenido por el racionalismo optimista del Aufklärung.
Por el contrario, las virtudes democráticas son etnoculturales, limitadas a la esfera europea, y no universales ni naturales a los humanos. La democracia es, por naturaleza, extremamente frágil: sus fundadores griegos la perdieron rápidamente, como la República Romana.
Únicamente existe desde 900 años en Islandia, país preservado de las sacudidas de la Historia, y étnicamente totalmente homogéneo.

La democracia está amenazada por el laxismo social, las pretensiones mediáticas de la opinión pública -que no es la opinión del público sino la de minorías activas-, el gobierno de los jueces que pretende dominar la voluntad general y corregir las leyes, y la instalación de una “cultura de conducta cotidiana” de sumisión a las manipulaciones de aparatos sofisticados. En efecto, una sociedad puede cesar de ser democrática y ya no asegurar la seguridad, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, aunque sus instituciones queden formalmente democráticas; basta que las practicas sociales opresivas sean extendidas, admitidas, legitimadas, sin ser necesariamente legalizadas.

La cultura de los “jóvenes nacidos de la inmigración” que se benefician de la admiración de los mass-media, conquistando un espacio social cada vez más importante, encierra algunos valores perfectamente antidemocráticos.
La “cultura beur-black” y el comportamiento de sus miembros, amplificados por la propaganda de las cartas de fragmentos de rap, difunden actitudes y estados de espíritu totalmente opuestos a las convicciones de las elites políticamente correctas que los apoyan: machismo, clanismo, tribalismo agresividad, visión racial de la sociedad, espíritu de ghetto, desprecio por la mujer, culto del jefe de banda, valorización de la violencia primaria (inversa de la “fuerza”), rechazo de toda responsabilidad social, apología de la violencia de grupo, desprecio total por “Francia” o por la “nación”, etc.

La nueva “cultura de las ciudades periféricas” difunde entre la juventud –es decir, entre las generaciones futuras- valores sociales antitéticos de los de la famosa “República”.
Pensar que será posible por la “educación” y la “persuasión” transformar en “ciudadanos responsables” a los jóvenes portadores de estos tipos de mentalidad, es una vez más creer en los milagros, esta enfermedad senil de la ideología occidental. Es paradójico que los “demócratas” apoyen y excusen esta emergencia de un primitivismo social.

Este tipo de ilusiones siempre es el hecho de las ideologías hegemónicas, las cuales, demasiado seguras de ellas mismas, ya no son capaces de analizar la realidad.
Si la tendencia demográfica y migratoria actual consigue, con varias poblaciones afroasiáticas cada vez más numerosas, una presencia cada vez más importante del Islam –que quiere ser mayoritario, cosa que poca gente entiende- el futuro de la democracia estará comprometido. Poco a poco, la sociedad se impregnará de valores coercitivos, fanáticos, antilaicos y anticiudadanos.

Y al final, el multirracismo,: guerra civil entre las diferentes comunidades. Una parte de la izquierda lo sabe, pero admitirlo sería reconocer sus contradicciones internas y su debilidad intelectual. Y sobre todo, sería enfrentarse al dogma de la sociedad multirracial.

Por racismo inconsciente, la izquierda asimilacionista piense que todo ser humano es un átomo neutro y maleable, sin origen particular. No entiende que, incluso después de muchas generaciones, el pasado étnico persiste, como un atavismo antropológico.
Estos individualistas no entienden que si la educación puede transformar a un individuo aislado, es imposible transformar los valores de comunidades étnicas y religiosas constituidas que se están instalando masivamente en el suelo europeo.
Los “demócratas” tendrán un despertar difícil. En realidad, en la tradición europea, la democracia –es decir el reino del orden consentido, que también se podría llamar nomocracia o reino de la ley común- solamente es posible si existe una proximidad cultural, heredada, casi innata, entre los ciudadanos.

Las verdaderas causas del inmigracionismo: xenofilia, etnomasoquismo, electoralismo ¿Por qué esta propensión, en toda la izquierda, a favorecer así la inmigración? Los argumentos presentados son de mala fe y a menudo perfectamente ridículos.

1) Por el honor de Francia, tierra de acogida, patria de los Derechos humanos, se tiene que recoger los refugiados. Ser patriota consiste en -¡es normal!- metamorfosear, en una generación, el substrato antropológico, étnico y cultural del país, fenómeno único en la Historia de las Galias y de Francia.

2) Los inmigrantes dinamizan la economía. En los años sesenta, cuando un patronato codicioso, irresponsable y egoísta, con la complicidad de los sindicatos, iba a contratar en el extranjero una mano de obra dócil y barata, en lugar de invertir para bajar los costes, hacer crecer la productividad y remunerar correctamente a los obreros franceses, este argumento económico no era admisible. Hoy, el coste de la inmigración es colosal.

3) La natalidad francesa de origen ya no es capaz de renovar las generaciones; los inmigrantes, pues, son necesarios. Magnífico sofisma: ¿por qué, en lugar de favorecer la inmigración, no tomar medidas para desarrollar la natalidad de los Franceses de origen? Porque el natalismo es un pecado político e ideológico. Ahí están las dos verdaderas razones del inmigracionismo.
La primera, psicoideológica; la segunda, un puro calculo político.

Primera causa: la izquierda que pilota el inmigracionismo y arrastra a la derecha culpabilizada en este terreno, siente en sus fibras ideológicas y morales, un sentimiento, un complejo binario: xenofilia y etnomasoquismo, idealización del extranjero afroasiático y odio hacia su propia estirpe.
Esto se asemeja al antiguo síndrome, muy bien conocido, de los burgueses marxistas antiburgueses, de las antiguos seminaristas transformados en anticlericales, o de los judíos antisemitas.

Un psicoanálisis político de los ideólogos de izquierda, mostraría que en sus espíritus enfermos, el “hombre blanco” es culpable por definición, contaminado por el pecado capital de haber explotado al hombre extraeuropeo (esclavitud, colonialismo, racismo, etc.)

El inmigracionismo y las teorías de la sociedad multirracial y mestizada son un trabajo de expiación. Nosotros debemos de expiar nuestras faltas y desaparecer como pueblos homogéneos. Nosotros debemos de dejarnos colonizar, dominar (cuando digo “Nosotros”, no hablo de “ellos” personalmente, de los ideólogos de izquierda, sino de estas detestables masas populares de origen europeo).

Un ejemplo entre otros: frecuento mucho, por razones profesionales, el mundo del show-business. Durante una entrevista con la guapa y talentosa Béatrice Dalle [31], “lookada” pseudorebelde,

Le pregunté: “¿Por qué no tienes hijos?”
Respuesta: “No quiero engordar después de una maternidad. La maternidad, es carca. Pero me gustan mucho los críos. Me gustaría adoptar alumnos, si es posible”.

Pregunta: “Justamente, hay muchos pequeños rumanos y ucranianos, ¿esto no te tienta?”.
Respuesta, sin comentario: “¡No! No quiero adoptar ningún europeo. Únicamente críos de color, de África o Asia”.
Qué magnifico terreno para un psicoanalista: ¿el etnomasoquismo y la xenofilia de la izquierda son el fruto inconsciente de una obsesión racial? La segunda razón del inmigracionismo es un sencillo calculo electoral y demográfico. Los sondeos de los Renseignements Généraux [32] indican que, del hecho de las naturalizaciones, del jus solis y del laxismo migratorio, la proporción de los electores de origen extraeuropeo aumenta sin cesar.
Y estos electores votan en una gran mayoría por los socialistas y la extrema izquierda que los protegen, aunque su elemento electoral natural, las clases populares de origen francés votan cada vez más por el Frente Nacional.
El calculo es simplisimo:
a) aumentar la proporción del “voto inmigrante” entre los electores,
b) facilitar el acceso al escrutinio por la inscripción automática (y no voluntaria y “ciudadana”) en las listas electorales. Es un calculo a corto plazo, pero es un buen calculo arribista para los políticos de izquierda y de extrema izquierda: una mayoría durable para conservar el poder. Por razones demográficas, la derecha no puede ser mayoritaria por un tiempo largo. ¿El pueblo no conviene? ¡Vamos a cambiar el pueblo! La “discriminación positiva” es racista y sexistaVarios Estados de los Estados Unidos han creado programas y votado leyes de affirmative action, de “discriminación positiva”. Esta palabra, por sí misma, es ridícula... También ahora Suráfrica está desarrollando este tipo de programas. En verdad, la “discriminación positiva”. crea un discurso racialista, casi racista, porque necesita de una definición de las “razas a ayudar”.
¿Es necesario también ayudar a los árabes y a los coreanos?
Una “escala racial” de superioridad / inferioridad se establece implícitamente, producida por la ideología antirracista... En los Estados Unidos, muchos representantes de las minorías se sintieron humillados de entrar en la categoría de los beneficiarios de las “discriminaciones positivas”.

Recientemente, en Francia, una novelista de origen africano ha firmado una petición para exigir una cuota obligatoria de negros en la televisión.
En todos estos casos, se asimilan las mujeres, los negros, etc. a subnormales congénitos, a subdotados que, por conmiseración, deben ser ayudados. ¡Qué humillación! ¿Se debe humillar al “macho blanco” para que los demás puedan tener una parte del postre, lo que supone que el “macho blanco” es superior por definición? Consecuencia: se debe de desvalorizar autoritariamente el supuesto superhombre para que los demás puedan ocupar su puesto. Es decir, que las mujeres y los negros son víctimas perpetuas que, congénitamente, necesitan ser ayudados; débiles que deben ser protegidos continuamente de la opresión.

Al final, la ideología antirracista, igualitarista y feminista avala la inferiorización racista o sexista. ¡Si yo fuese negro, realmente estaría furioso de ser tomado por un incapaz permanente, que debe ser asistido en perpetuidad! Por otra parte, cuando se impone autoritariamente una cuota de 50% de mujeres entre los candidatos de los partidos políticos, la ideología igualitaria contraviene los principios de igualdad y desvaloriza la santa “causa de las mujeres”.

En efecto, si la mayoría de los candidatos es masculina, no es porque las mujeres estén apartadas voluntariamente, sino porque no hay suficientes candidatas. Con una ley paritaria, se va a imponer por fuerza un número importante de candidatas necesariamente mediocres; como cuando Juppé [26], para parecer “moderno”, quería seis ministras en su gobierno, despedidas muy poco tiempo después por incompetencia... A propósito, en otras profesiones “civilmente capitales”, como la magistratura o la enseñanza secundaria, donde las mujeres constituyen la gran mayoría, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de hombres?. Y en la medicina y la cirugía, donde los hombres son particularmente mayoritarios, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de mujeres por dos concursos separados?

Pero en este caso, hay un problema: los igualitaristas, los grandes burgueses de la izquierda bien-pensante, partidarios de la discriminación positiva, probablemente no querrían ser operados por “cirujanas” de talento dudoso. Más lejos, ¿por qué no aplicar, además de las cuotas de sexos, unas cuotas étnicas, con arreglo a la composición de esta sociedad multirracial, tan querida por la izquierda igualitaria?
Air France estaría obligada –mediante contratación separada en “colegios étnicos”- a contratar un X% de pilotos de origen africano, de origen magrebí, etc. Pero esta cosa, no la veremos nunca.
Los intelectuales igualitarios no están tan locos... De hecho, la discriminación positiva, cuyos finos son antirracistas y antisexistas... conduce a sexualizar y racializar la sociedad. De otra parte, se puede notar que el igualitarismo, cuando intenta aplicar sus principios hasta sus consecuencias lógicas, los pervierte, los deviene absurdos y contradictorios. ¿La igualdad de suertes no conduce a la igualdad de resultados?

Bueno. Así se va a imponer, por fuerza, la igualdad de resultados, a destruir la noción de igualdad de suertes, fundamento esencial de la ideología igualitaria... Únicamente porque ésta última rechaza dogmáticamente el reconocer la desigualdad de las capacidades que rigen a los individuos entre sí y a los grupos entre sí. ¿La naturaleza no tiene nuestras ideas? Vamos a cambiar la naturaleza por decreto, como ya lo hicimos varias veces en la Historia. ¡Programa amplio y vía sencilla hasta la catástrofe! Pero, después de todo, es mejor así.

Como dice un proverbio indio: “cuando tu enemigo está bailando en un tejado, déjalo hacer y aplaude la proeza...”
 
"Europa hacia la d'himmitud"

Permítame hacer una observación preliminar acerca del título de esta sesión: 'el retorno del espíritu de Munich' – un título que encuentro algo optimista.
En Munich, en 1938, Francia e Inglaterra, agotados por la cifra de muertos de la Gran Guerra, abandonaron Checoslovaquia a la bestia Nazi, con la esperanza de que al hacerlo, evitarían otro conflicto. 'El espíritu de Munich' alude así a una política de estados y pueblos que rechazan confrontar una amenaza e intentan obtener paz y seguridad mediante la conciliación y el apaciguamiento o, incluso, en algunos casos, la colaboración activa con los criminales.

Por mi parte, diría que hemos ido más allá del espíritu de Munich, y la situación presente no debería situarse en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sino en el presente contexto jihadista. De hecho, durante los últimos treinta años, Francia y Europa viven una situación de auto defensa pasiva contra el terrorismo.

Ésta comenzó con el terrorismo palestino, en el entonces terrorismo islámico, por no hablar del terrorismo europeo local, incluyendo el IRA en Gran Bretaña, ETA en España, el grupo Baader-Meinhof en Alemania o las Brigadas Rojas en Italia.

Un vistazo a nuestras ciudades, aeropuertos y calles, a las escuelas con sus guardias y seguridad, incluso a los sistemas de transporte público, por no mencionar las embajadas y las sinagogas -- basta para ver el sorprendente abanico de servicios de seguridad y de policía al completo.
El hecho de que las autoridades de todas partes rechacen nombrar al enemigo, no niega a ese enemigo.
Pero sabemos perfectamente bien que estamos bajo amenaza desde hace mucho tiempo; una sólo necesita abrir los ojos y nuestras autoridades lo saben mejor que cualquiera de nosotros, porque son ellas las que han ordenado estas medidas de seguridad en nuestras ciudades, aeropuertos y calles, en las escuelas con sus protectores de seguridad, incluso en los sistemas del transporte público, sin mencionar las embajadas y las sinagogas -- para ver el arsenal asombroso del conjunto de policía y de servicios de seguridad.

En su libro La vida diaria en la Europa medieval bajo dominación árabe, publicado en 1978, Charles-Emmanuel Dufourq, un especialista francés en Andalucía (España islámica) y el Magreb, describe bajo el subtítulo 'Un gran Temor' las condiciones de vida de los pueblos nativos no musulmanes en el espacio andaluz.

Hoy, la propia Europa vive bajo este Gran Temor. En Munich la guerra no se había declarado aún. Hoy la guerra está en todas partes. Y aun así, la Unión Europea y los estados que la abarcan han negado la realidad de esa guerra, con el ataque terrorista de Madrid del 11 de marzo del 2004 justo delante de las narices.

Si hay una amenaza que Europa proclame urbi et orbi, esa amenaza sólo puede provenir de América y de Israel ¿Qué debe entender una? ¿Puede haber alguien que sostenga en serio que son las fuerzas norteamericanas y las israelíes las que nos amenazan en Europa. No, lo que tiene que entenderse es que las políticas norteamericanas e israelíes de resistencia al terror jihadista provocan represalias contra una Europa que ha dejado de defenderse desde hace tiempo.

Así que para que la paz pueda prevalecer por todo el mundo, sólo se necesita que esos dos países, América e Israel, adopten la estrategia europea de rendición constante, basada en la negación de la agresión. Cuán simple…Esta estrategia es menos digna incluso que la connivencia y cobardía de Munich.
En Munich se contemplaba una especie de futuro, incluso si la guerra, o la paz, iban a determinar el futuro. Había una elección. En la situación actual no hay opción, porque negamos la realidad del peligro de la jihad.
El único peligro viene, presuntamente, desde Estados Unidos e Israel. Llevamos a cabo una campaña propagandística en los medios contra estos dos países, antes de entrar en una fase aún más agresiva; es mucho más fácil, mucho menos peligroso... Y llevamos a cabo esta campaña con el arsenal de la cobardía: la difamación, la desinformación, la corrupción de políticos sobornables.

En la época de Munich, una podía considerar que habría batallas que podrían ganarse. Estaba por lo menos la Línea Maginot para defensa. En Europa hoy, dominada por el espíritu de la dhimmitud – la condición de sumisión de judíos y cristianos a la dominación musulmana – no hay batalla concebible.
La sumisión, sin una sola lucha, ha tenido lugar ya. Una maquinaria que ha hecho de Europa el nuevo continente de dhimmitud arrancó hace más de 30 años por instigación de Francia.
Entonces se trazó primero una extensa política, una simbiosis de Europa con los países árabes musulmanes, que dotaría a Europa – y especialmente a Francia, el principal promotor del proyecto – del peso y el prestigio [necesarios] para rivalizar con Estados Unidos.
Esta política fue emprendida de modo absolutamente discreto, fuera de tratados oficiales, bajo el nombre sonoramente inocente de Diálogo Euro-Árabe.

Esta estrategia, la meta de la cual era la creación de una entidad euro - árabe pan-mediterránea que permitiera la libre circulación de personas y bienes, también determinó la política de inmigración con respecto a los árabes en la Comunidad Europea (CE). Y, durante los últimos 30 años, también estableció las políticas culturales relevantes en las escuelas y universidades de la CE. Desde la primera reunión del Diálogo Euro - Mediterráneo en 1975, a la que asistieron los ministros y jefes de estado tanto de países árabes como de europeos y representantes de la CE y la Liga Árabe, se han concluido acuerdos concernientes a la difusión y promoción del islam en Europa, de la lengua y de la cultura árabes, a través de la creación de centros culturales árabes en ciudades europeas.

Otros acuerdos siguieron pronto, todos con intención de garantizar una simbiosis euro - árabe cultural, económica y política. Estos esfuerzos a largo plazo implicaron a las universidades y a los medios (escritos y audio-visuales), e incluso incluyeron la transferencia de tecnología, incluida la nuclear. Finalmente se promovió una sociable diplomacia euro - árabe en foros internacionales, especialmente en Naciones Unidas.

Los árabes fijaron las condiciones para esta asociación: una política europea independiente y opuesta a la de Estados Unidos; el reconocimiento por parte de Europa de un “pueblo palestino”, y la creación de un estado “palestino”; apoyo europeo a la OLP; la designación de Arafat como el representante único y exclusivo de ese “pueblo palestino”; la deslegitimación del Estado de Israel, histórica y políticamente, su reducción a fronteras no viables, y la arabización de Jerusalén.

Desde el estallido, guerra europea oculta contra Israel mediante boicot económico, y en algunos casos mediante boicot académico también, con deliberado vilipendio y expansión tanto del antisemitismo como del antisionismo.
Durante las últimas tres décadas, un número considerable de acuerdos no oficiales entre los países de la CEE (posteriormente la UE) por una parte, y los países de la Liga Árabe por otra, determinaron la evolución de Europa en sus aspectos políticos y culturales actuales.

Ciraré aquí solamente cuatro de ellos: se entendió que los europeos que tratasen con inmigrantes árabes se someterían a entrenamiento sensible especial, para apreciar mejor sus costumbres, sus comportamientos; los inmigrantes árabes permanecerían bajo el control y las leyes de sus países de origen; los libros de texto de historia en Europa serían reescritos por equipos conjuntos de historiadores europeos y árabes – naturalmente las batallas de Poitiers o Lepanto, o la Reconquista española, no tienen el mismo significado a ambos litorales del Mediterráneo; la enseñanza del árabe y de la cultura árabe e islámica debían ser impartidas en las escuelas y las universidades de Europa, por profesores árabes duchos en la enseñanza de europeos.

La situación hoy.
En el frente político, Europa ha atado su destino a los países árabes y así ha llegado a estar implicada en la lógica de la jihad contra Israel y Estados Unidos.
Cómo podría Europa denunciar la cultura de veneno jihadista que exuda de sus aliados, si durante tantos años hizo de todo para activar la jihad, ocultándola y justificándola, afirmando que el peligro verdadero no viene de los propios jihadistas, sino de los que se resisten a los jihadistas árabes, los mismos aliados a los que Europa sirve en cada reunión internacional y en los medios europeos.

En el frente cultural ha tenido lugar una reescritura completa de la historia, llevada a cabo primero durante los años 70 en universidades europeas.
Este proceso fue ratificado en asamblea parlamentaria por el Consejo de Europa en 1991, en su reunión dedicada a “La contribución de la civilización islámica a la cultura europea”. Fue reafirmado por el Presidente Jacques Chirac en su discurso del 8 de abril de 1996 en El Cairo, y reforzado por Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, a través de la creación de una “Fundación del Diálogo de Culturas y Civilizaciones” que iba a controlar todo lo que se decía, escribía y enseñaba en el nuevo continente de Eurabia, que abarca Europa y los países árabes.

La dhimmitud de Europa comenzó con la subversión de su cultura y de sus valores, con la destrucción de su historia y su reemplazo por una visión islámica de esa historia, apoyada en el mito romántico de Andalucía.
Eurabia adoptó el concepto islámico de historia, en el que se define el islam como una fuerza de liberación, una fuerza de paz, y la jihad se ve como “una guerra justa”.
Los que se resisten a la jihad, como los israelíes y los americanos, son los culpables, en lugar de los que la emprenden. Es esta política la que se nos ha inculcado a nosotros, los europeos, el espíritu de dhimmitud que nos ciega, la que inculca en nosotros el odio a nuestros propios valores, y el deseo de destruir nuestros propios orígenes y nuestra propia historia. “El mayor timo intelectual sería permitir que Europa continúe creyendo que se deriva de una tradición judeo - cristiana.

Eso es una total mentira”, indica Tarik Ramadán (3). Y así despreciamos a George Bush, porque él todavía cree en esa tradición. Qué simplones esos americanos…El espíritu de dhimmitud no es simplemente la sumisión sin lucha, ni siquiera el de rendirse. Es también la negación de la propia humillación mediante este proceso de integrar los valores que conducen a nuestra propia destrucción; son los mercenarios ideológicos que se ofrecen voluntariamente para el servicio a la jihad; es el tributo tradicional pagado por cuenta propia, y con humillación, por los dhimmis europeos, para obtener una seguridad falsa; es la traición del propio pueblo de uno.

El dhimmi no musulmán protegido bajo dictadura islámica podía obtener una seguridad efímera y engañosa con los servicios rendidos al opresor musulmán, y con servilismo y adulación. Y ésa es exactamente la situación de Europa hoy.La dhimmitud no es sólo un sistema de leyes abstractas inscritas en la shari'a, es también un sistema complejo de comportamientos desarrollados a lo largo del tiempo por los propios dhimmis, como modo tanto de adaptarse, como de sobrevivir a la opresión, a la humillación, a la inseguridad.

Esto ha producido una mentalidad particular así como los comportamientos sociales y políticos esenciales para la supervivencia del pueblo que, en cierto sentido, seguiría siendo siempre rehén del sistema islámico.

Los dhimmis son seres inferiores que experimentan humillaciones y agresiones en silencio. Sus agresores, mientras tanto, gozan de una impunidad que sólo aumenta su odio y su sensación de superioridad, garantizada por la protección de la ley.

La cultura de dhimmitud que se expande por Europa es la del odio, de crímenes contra los no musulmanes que van sin ser castigados, una cultura que se importa de los países árabes junto con el "palestinismo”, la nueva subcultura europea que ha sido elevada al nivel de culto de la Unión Europea, y su bandera de guerra exaltada contra Israel.

En Munich, en 1938, Francia no había renunciado a su propia cultura, su propia historia, volviéndose alemana; no ha proclamado que la fuente de su propia cultura era la civilización alemana.
El espíritu de dhimmitud que ciega hoy a Europa no sale de una situación impuesta desde fuera, sino de una elección hecha libremente, y realizada sistemáticamente, en sus dimensiones políticas, a lo largo de los últimos 30 años.

El reconocido erudito en islam William Montgomery Watt, describió la desaparición del mundo cristiano en los países que habían sido islamizados, en su libro La Majestad que era el islam (1974): “No hubo nada dramático en lo que sucedió; fue una muerte apacible, una eliminación progresiva”. Sólo que Montgomery Watt estaba equivocado; de hecho, los estertores de muerte del cristianismo bajo el islam fueron extremadamente dolorosos y trágicos, como puede verse en el siglo XX, con el genocidio de los armenios, o la resistencia de los cristianos libaneses en los 70 - 80, o durante las últimas décadas de genocidios en Sudán, y finalmente la implacable jihad árabe contra Israel, que es solamente uno de los ejemplos de lucha histórica de los pueblos dedicados a luchar por la libertad contra la dhimmitud, por la dignidad del hombre contra la esclavitud de la opresión y del odio.

Pero esa observación de Montgomery Watt -- acerca de la “muerte apacible, la eliminación progresiva” se aplica perfectamente a Europa hoy.

Por Bat Ye'or
 
La obsesión antiamericana

Jean-François Revel (n.1924) es miembro de la Académie française. Dio clases de filosofía en el Instituto Francés de Ciudad de México y en el de Florencia durante los años cincuenta. Escribió para el prestigioso semanario L’Express, del que fue director desde 1978 hasta 1981. Ha escrito después para Le Point. Sus más de veinte libros tratan sobre temas tan diversos como la gastronomía, la filosofía, el liberalismo y el antiamericanismo. Pero ha destacado, sobretodo, por su denuncia vehemente del uso sistemático que hace la izquierda de la mentira.Hay dos clases de intelectuales: los que, antes de escribir, piensan, y los que, antes de escribir, sólo piensan qué pensarán de ellos.

Jean François Revel es de los primeros, de los que saben que para tener la razón no es suficiente con estar en minoría, pero que también saben que sólo los peces muertos nadan a favor de la corriente.

Estos días, acaba de llegar a los expositores de las librerías españolas la última obra de este indómito salmón francés, siempre ajeno a ese zoo de la intelectualidad europea cada vez más repleto de aves de corral y angulas de acuario.

Y abrir La obsesión antiamericana por la primera página es un acontecimiento doblemente gozoso; lo es porque a la lucidez conocida del autor se ha unido la del editor, al liberarnos esta vez a sus lectores españoles de un prólogo del siempre prescindible telonero local.

Desde esa primera página a la última, el libro es una búsqueda que quiere ser racional del porqué del irracional radicalismo antiamericano que domina la inmensa mayoría de las terminales de creación de la opinión pública continental.

Porque hoy, en Europa, el esfuerzo requerido para poder lucir en sociedad la muy preciada vitola de progresista es más liviano que nunca, tanto se ha rebajado que ya está al alcance del más lerdo de los zotes; y es que basta para alcanzar esa atalaya de la respetabilidad moral y cívica con estar sistemáticamente contra los Estados Unidos. SIEMPRE. SEA EL ASUNTO QUE SEA Y PASE LO QUE PASE.

Revel desgrana a lo largo del texto el guión repetitivo y cansino que dicta la intelligentsia europea para racionalizar esa negación permanente. Ése en el que cambian periódicamente los nombres de los actores principales, pero cuyo argumento es invariable.
Así, Reagan era un pobre idiota digno de lástima cuando, en lugar de buscar la distensión, puso en marcha la Iniciativa de Defensa Estratégica para acabar con el imperio del mal; algo que, pese a su estupidez manifiesta y a su forma grosera de designar a un sistema que sólo había asesinado a cien millones de personas, para perplejidad de los europeos logró.

Y, ahora, Bush también es un torpe vaquero porque, en lugar de buscar el diálogo con los terroristas, resulta que llama eje del mal a los países que los apoyan; y, lo que es más grave, cuando es agredido por ellos, tal como recuerda Revel que denunció irritado el ministro de Exteriores francés Hubert Védrine, “adopta decisiones basadas en su propia visión del mundo y en la defensa de sus propios intereses”. ¡Intolerable actitud!

En Europa había que encontrar rápidamente un término para condenarla. Y se ha encontrado: unilateralismo. Inadmisible gendarme del mundo cuando actúa (salvo si es en los muy europeos Balcanes) e inadmisible imperio aislacionista, cuando no pone los muertos para apagar algún incendio. Pero siempre condenados por esa sabia y vieja Europa que lo resuelve todo gritando “NO AL TERRORISMO, NO A LA GUERRA”, algo, concluye con lógica cartesiana el ex director de L´Express, tan inteligente como gritar: “No a la enfermedad y no a la medicina”.

El libro es una disección metódica y sistemática de esa impotencia europea que alimenta la obsesión por la hiperpotencia americana.

Es un retrato puntillista de la compasión cristiana que empuja a un teólogo respetable como Leonard Boff a lamentar que sólo un avión se estrellase contra el Pentágono, porque él desearía que hubieran sido veinticinco; o de lo que se esconde tras el impulso que lanza a un simple como Pasqual Maragall a buscar agravios socioeconómicos para justificar a Ben Laden, agravios que el propio Ben Laden no ha mencionado jamás. Pero, sobre todo, es una lúcida descripción de cómo la ideología —en este caso, la antiamericana compartida con distintos grados de fervor por izquierdas progresistas— “es una máquina de rechazar los hechos, cuando éstos podrían obligarla a modificarse, y también sirve para inventarlos, cuando le resultan necesarios para perseverar en el error”. Así, no deja de desmenuzar, capítulo tras capítulo, el travestismo ideológico de la vieja y ajada izquierda marxista, ahora reflotada en todos esos nuevos movimientos que sólo se mueven, única y exclusivamente, contra los Estados Unidos; desde ese Chernóbil de la coherencia que es el ecologismo militante, siempre mudo ante cualquier agresión al medio que no se produzca en un país libre, hasta el nuevo pacifismo que ya ha paseado por las avenidas de Europa las banderas de la mitad de los sátrapas de este planeta, pasando por esos antiglobalización que no se cansan de tirar piedras para impedir la eventualidad temible de que algún día todas las personas del mundo puedan intercambiar libremente entre sí los bienes que deseen.

Todos, siempre, obsesiva, compulsivamente contra América porque, como en una caja de muñecas rusas, el objetivo último, el que no se explicita, es demoler la civilización liberal, de la que Estados Unidos es la concreción más elaborada y, a la vez, la prueba hiriente e intolerable de su triunfo.

También se entretiene Revel en reproducir el inventario de esas falsedades sobre Norteamérica que, después de haber sido repetidas mil veces, siempre se acaban convirtiendo en axiomas—sobre todo, para los periodistas— a este lado del Atlántico.

Está la falacia sobre las condiciones de vida de los excluidos por el horroroso liberalismo salvaje que allí impera, esos cientos de miles que viven por debajo del umbral de pobreza.

Y como casi ningún redactor pierde su precioso tiempo en averiguar la definición técnica del concepto umbral de pobreza (en cualquier sociedad, el porcentaje de habitantes cuya renta está situada en el cuarto inferior de una escala que se establece a partir de la mediana, un parámetro que no hay que confundir con la media), siempre ahorran a sus lectores el dato de que OCHO MIL $ al año —a los que hay que añadir un amplio repertorio de ayudas sociales— vienen siendo los ingresos de esas víctimas del capitalismo que tanta compasión suscitan entre los europeos, sobre todo en los meridionales. O el otro clásico, la terrible inseguridad de Nueva York.
Éste compartido por todos los que se guardan muy mucho de zascandilear de noche por las calles de Madrid o París, pero que, al tiempo, no quieren hacer acuse de recibo de que los miles de crímenes que se cometerían allá cada año se quedan en unos seiscientos cuando se consultan las estadísticas reales; y eso en una ciudad por la que pasan más de doce millones de personas cada día.

La obsesión por la verdad llevó a un izquierdista Revel a los Estados Unidos en 1969. Allí descubrió, para su asombro, que la revolución, la revolución de verdad, no estaba ocurriendo en Cuba, sino en California. Y la estaban haciendo los individuos, no el Gobierno. De ahí nació Ni Marx ni Jesús, una crónica sobre los que la iban a ganar. Ahora está empezando otra, la globalización; también parte de Estados Unidos y también la está impulsando la gente, no los Estados ni los Gobiernos.

LA OBSESIÓN ANTIAMERICANA ES OTRA CRÓNICA; LA QUE RETRATA A LOS QUE YA LA HAN PERDIDO.


"El antiamericanismo es la gran coartada para la irresponsabilidad"

Fustigador de los tópicos del pensamiento dominante en Francia, el ensayista e historiador liberal Jean-François Revel acaba de publicar 'La obsesión antiamericana', donde vuelve a la carga para desmontar, con precisión, los tópicos del antiamericanismo de los europeos .

El antiamericanismo es una de las obsesiones intelectuales de Jean-François Revel. Francia es, en su opinión, el país europeo más antiamericano. Una actitud que forma parte de un complejo mejunje que podríamos llamar la ideología francesa, muy influenciada por la izquierda y por una tradición comunitarista de la derecha. Un viaje al fondo del antiamericanismo marca el recorrido de esta entrevista.

Pregunta. Para usted, el antiamericanismo es la gran coartada para la irresponsabilidad. Si los americanos tienen la culpa de todo, los europeos estamos libres de toda responsabilidad.

Respuesta. ¿Por qué Estados Unidos se ha convertido en una superpotencia mundial? Porque Europa se hundió en el siglo XX por sus propios errores. Los europeos han desencadenado dos guerras que han sido guerras civiles europeas antes de convertirse en mundiales. Las dos veces, los americanos han tenido que acudir en su ayuda. Las dos veces, los americanos han sido los arquitectos de la paz. Y han sido ellos los que nos han garantizado la protección frente al imperialismo soviético. Además de desencadenar dos guerras, Europa inventó el totalitarismo. Tanto el nazismo como el comunismo son inventos europeos, además de ciertas dictaduras no totalitarias de carácter fascista, el franquismo entre ellas. La ascensión de Estados Unidos viene de la caída de Europa, y los europeos no quieren reconocerlo. La misma idea de la Unión Europea fue patrocinada desde el origen por Estados Unidos. Este mismo razonamiento vale para América Latina. Evidentemente, los americanos desempeñan allí un gran papel. Pero el antiamericanismo en América Latina ha sido un fracaso: la manera de no querer afrontar sus problemas de ineficiencia, de corrupción, de violencia.

P. A pesar de que allí los americanos han hecho de las suyas y han patrocinado dictaduras execrables.


R. Sí, pero esto es otra cosa. También Francia o el Reino Unido han apoyado dictaduras aquí y allá. Todos tenemos ciertos aliados que no siempre han demostrado adhesión ni disposición a la democracia. Hay muchas cosas en América Latina que no se han explicado de un modo exacto. No fue Estados Unidos el que desencadenó el golpe de Estado contra Allende.


P. La complicidad activa en este caso fue manifiesta.


R. Al final. En realidad, Allende había sido elegido con apenas un tercio de los votos. No tenía ningún mandato para transformar la sociedad chilena. Si hubiese habido en Chile un sistema presidencial con elección en dos vueltas, como en Francia, Allende no habría sido elegido en la segunda vuelta. Leon Blum lo comprendió en 1936 en Francia: sabía que había sido elegido minoritariamente y entendió que no tenía derecho a cambiar por completo el sistema económico y social.


P. La falta de sentido de la responsabilidad que usted denuncia, ¿es una enfermedad reciente en Europa o es una enfermedad antigua?


R. No es sólo un problema europeo. Se da también en América Latina y en el mundo árabe-musulmán. El fracaso de la civilización islámica se remonta al siglo XV. Allí perdieron el contacto con la evolución científica y con el racionalismo. Tampoco han sabido crear las condiciones del desarrollo económico, al no separar el poder político y religioso del poder económico. En vez de analizar las causas de su fracaso, lo atribuyen a la maldad de los occidentales en general, y de Estados Unidos en particular. Estados Unidos debe ser la única gran potencia que nunca ha tenido colonias en el mundo árabe. El antiamericanismo es una enfermedad universal, aunque más sofisticada y matizada en Europa. El general De Gaulle decía que no podía aceptar la gran potencia americana, pero no iba más lejos porque tenía enfrente al gran peligro soviético y sabía muy bien que Francia sola era incapaz de protegerse.


P. Hay una tradición de antiamericanismo de izquierdas, pero también de derechas. En España, el franquismo era ideológicamente antiamericano, a pesar de que Estados Unidos le dio muchísimo apoyo.


R. Y se puede encontrar la misma actitud en Mussolini y en Hitler. Por encima de todo, estaban contra el liberalismo. En 1969, en Berlín, ante un gran grupo de estudiantes izquierdistas, leí un texto largo que condenaba el capitalismo y el parlamentarismo. Aplaudieron mucho. Y yo les dije: desgraciadamente, estas palabras son de Mussolini. Actualmente, la extrema derecha -Le Pen en Francia, pero también en otros países europeos- produce documentos contra la globalización y contra la economía de mercado que podrían ser firmados por un trotskista. Del mismo modo que hemos visto en la extrema derecha y en la extrema izquierda un amor inmoderado por Sadam Husein simplemente porque era antiamericano.


P. El antiamericanismo, ¿es una ideología más bien de las élites o es de base popular?


R. En Francia, quizá el país más antiamericano de Europa, los sondeos muestran que hay un 60% de franceses que tiene simpatía por Estados Unidos. Lo cual tiene mérito porque los medios de comunicación son obsesivos. El antiamericanismo es sobre todo un fenómeno de los medios políticos y periodísticos, y de los profesores. En cada país tiene características propias. En Italia, por ejemplo, es distinto, porque todo el mundo tiene algún pariente o conocido que emigró a América.


P. Paradójicamente, siendo un país que tuvo el partido comunista más fuerte y más influyente, Italia es menos antiamericana que Francia.


R. Sí, ciertamente. En Francia, para la izquierda, el antiamericanismo era un corolario del anticapitalismo, y además siempre hemos tenido un antiamericanismo de derecha fuerte; mientras que en Italia, la Democracia Cristiana era proamericana, y el socialismo italiano, también.


P. Según usted, el antiamericanismo esconde un rechazo del liberalismo.


R. Sí, o el rechazo al liberalismo viene del antiamericanismo. Las dos cosas se dan. Y la vez, la admiración por Estados Unidos es grande. Es todo muy ambiguo. En el plano cultural, vemos la obsesión por poner barreras al cine americano. Evidentemente, Estados Unidos es muy fuerte en la producción de un cine muy popular. Pero ¿qué se gana protegiéndose de ello con barreras artificiales? Es contrario a la lógica más elemental de la difusión y el intercambio cultural. ¿Qué habríamos ganado si en el siglo XVI hubiésemos puesto dificultades para la circulación en Francia de la pintura italiana? Nada, habríamos perjudicado a la propia pintura francesa. Sin libertad de circulación de las obras de arte no hay cultura. Los grandes novelistas ingleses han tenido su máxima difusión entre las dos guerras y en la posguerra sin ninguna conexión con el poder diplomático americano.


P. Sin embargo, es una gran ventaja tener la lengua de comunicación universal. Otras consideraciones aparte, si cuantificáramos el ahorro que ello significa para Estados Unidos daría una cifra importante.


R. Es cierto, pero hemos llegado hasta aquí por la fuerza de las cosas. No hay que confundir el hecho de que mucha gente se comunique en inglés con el hecho de conocer la cultura anglosajona.


P. La Administración de Bush es una buena cantera para el antiamericanismo.


R. Hay una cierta tendencia a incriminar y a caricaturizar la figura del presidente de Estados Unidos. Reagan, por ejemplo, y en realidad fue quien hizo posible la caída del muro de Berlín. Los del Este son conscientes de ello: en Varsovia, la antigua plaza de la Constitución es ahora plaza de Ronald Reagan. Todos los presidentes son susceptibles de ser criticados. Veremos al final cómo juzgar a Bush. Decir que Irak e Irán son países peligrosos es la pura verdad.


P. Pero Bush ofrece varios flancos de crítica: de un lado, ha recuperado una dimensión religiosa de la política que choca con la laicidad europea.


R. No hay religión de Estado en Estados Unidos. En España, en Francia, en Italia la ha habido. Y la reina de Inglaterra es la jefa de la religión anglicana. Es cierto que Bush ha hecho una opción personal muy religiosa. Pero no sé en qué va a influir en su política.


P. Por otra parte, se ha opuesto al reconocimiento de instancias de ordenación internacional como el Tribunal Penal Internacional y el Protocolo de Kyoto.


R. Hay mucha hipocresía. Yo no veo al Gobierno francés obligando a los automovilistas a circular a sesenta por hora por las autopistas. Reducir el gasto de energía no se hace firmando protocolos. La izquierda es contradictoria: está contra el nuclear y está contra un gasto excesivo de petróleo. En cuanto al TPI, está muy claro por qué lo rechazan: no quieren que cualquier país lleve arbitrariamente ante a los tribunales, por puro antiamericanismo, a cualquier ciudadano americano.


P. En este caso, la perversión se invierte. El antiamericanismo sirve de coartada a los propios americanos.


R. En un momento en que las Naciones Unidas sitúan a Libia al frente de la Comisión de los Derechos Humanos, no es para escandalizarse que América quiera evitar determinadas actuaciones contra sus dirigentes y militares.


P. Los americanos están rompiendo el orden internacional que ellos mismos construyeron después de la II Guerra Mundial. Estamos pasando de unas reglas del juego compartidas a una forma de decisionismo: ellos tienen la fuerza, ellos determinan la ley según su idea de las cosas.


R. Sí, el unilateralismo. Aquí nos volvemos a encontrar con la indecisión europea. Cuando hablas con los americanos -con Powell, especialmente-, te dicen: los europeos no tienen ninguna propuesta que hacernos. Los franceses, ¿qué proponían en el conflicto de Irak? Negociar. Pero ya se hizo y Husein engañaba.


P. ¿Usted cree que Chirac se equivocó con su posición durante la guerra?


R. Chirac puede estar legítimamente en contra de la guerra preventiva. Pero la política es muy simple. La actitud de Francia, a partir de un momento, ha sido interpretada como un apoyo a Husein. Como usted sabe, los países árabes propusieron a Sadam Husein que se fuera con la promesa de que se podría llevar dinero y que no sería perseguido internacionalmente. Esto hubiera permitido evitar la guerra. Yo no estoy seguro de que Husein hubiese aceptado. Pero, sin duda, al ver la posición de Francia, de Alemania y de Rusia pensó que tenía una oportunidad de seguir. Francia tenía derecho a oponerse a la guerra preventiva, pero hizo más que esto. Y asumió una posición mucho más marcada que De Gaulle cuando decidió salirse del comando integrado en la OTAN. Marcó distancias, pero no abandonó la OTAN. Simplemente no quería que el ejército francés fuera mandado por un general americano.


P. ¿Hasta qué punto los americanos son ellos también responsables del antiamericanismo?

R. Estados Unidos ha sido la primera potencia verdaderamente mundial tanto entre las dos guerras como después de la caída del comunismo. El Imperio Romano, España, Gran Bretaña dominaban una parte del mundo y en muchos casos había contrapesos. Además, todos los dirigentes cometen errores. Los americanos, también. Francia, por ejemplo, tiene una enorme responsabilidad en el genocidio de Ruanda. Los que se manifiestan por la paz podrían tenerlo en cuenta. Siempre están en contra de Estados Unidos. Muy bien, pero en África ha habido millones de personas masacradas; en Sudán, por ejemplo. Y la culpa no era de los americanos. Todo gobernante es criticable, pero hace falta que las críticas sean buenas. Cuando se parte del principio de que en cualquier caso los americanos están equivocados, vamos mal.


P. Sin embargo, es perfectamente normal que si Europa avanza tenga conflictos de intereses y de valores y tensiones con Estados Unidos.


R. Sí, por supuesto. Aunque Europa no ha sido creada contra Estados Unidos. Ha sido creada contra ella misma, para evitar que la guerra civil continuara indefinidamente. Los padres fundadores lo tenían muy claro. Pero es evidente que hay rivalidades; económicas, por ejemplo. Y en este terreno, una vez más, los antiglobalización son inconsecuentes. Su primera manifestación fue en Seattle. ¿Qué había allí? Una reunión de la Organización Mundial de Comercio, que tiene precisamente como objetivo regular el comercio internacional y conseguir que la economía de mercado no se desboque. Son éstas las contradicciones del antiamericanismo.


P. Es evidente que Europa y Estados Unidos representan modelos de desarrollo capitalista diferentes.


R. Sin duda, pero, al mismo tiempo, no olvidemos que Estados Unidos es una emanación de Europa. Estados Unidos ejerce una forma de dominación que viene más de los fracasos de los otros que de sus propios éxitos. En el siglo XIX, el antiamericanismo en Francia era sobre todo cultural. Stendhal se reía de ellos porque no tenían ópera. En cambio, en los medios políticos, más bien había admiración por América, contrariamente a lo que ocurre ahora. La Constitución americana era como un ideal. Y evidentemente ha tenido éxito, porque después de la guerra civil que la implantó sobre todo el territorio no ha habido ni un golpe de Estado. Hay mucho a criticar, pero hay que hacerlo bien. Cuando se dice: no hay seguridad social en Estados Unidos, ¿quién universalizó la idea de Estado de bienestar si no Roosevelt?


P. ¿Usted cree realmente que se puede hablar del islam como una totalidad?


R. No, de Nigeria a Malaisia hay países muy diversos. Pero, atención: el islam subsahariano está entre los más radicales. Basta ver Nigeria. En general, ha habido un endurecimiento del islam en todas partes.


P. Algunos especialistas -Olivier Roy, por ejemplo- piensan que lo que está viviendo el mundo islámico es una crisis de paso a la modernización.


R. Esperemos que así sea. Yo no estoy muy convencido. Veo signos de regresión. Por ejemplo, el rechazo a la laicidad y el combate contra cualquier separación entre poder religioso y poder político. Si han fracasado en su acceso a la modernidad ha sido por la dificultad en reconocer el derecho del pensamiento científico y racionalista a ser independiente del pensamiento religioso.


P. Los europeos se mataron mucho para llegar hasta aquí.


R. Es cierto, pero finalmente se impuso el racionalismo y la ciencia. En Francia, por ejemplo, no se puede aceptar que los islamistas quieran introducir cambios incluso en los programas educativos. No se puede enseñar Voltaire porque criticó a Mahoma, no se puede enseñar determinada biología porque pone en duda verdades religiosas. Los franceses no hemos luchado trescientos años para conseguir una enseñanza independiente respecto al cristianismo para que ahora venga el islam y nos imponga sus normas.


P. El modelo republicano francés, ¿es el bueno?


R. Lo que hay que defender es la tradición democrática occidental que ha conducido a la separación entre lo religioso, que es del dominio de lo privado, y lo político, que tiene sus formas de legitimidad autónomas. Y en este marco es fundamental la libertad de expresión y de pensamiento. Esto es valido para Occidente y para el mundo en general. En la India, por ejemplo, ahora hay un cierto proceso de radicalización en todas las partes, pero durante cuarenta años ha coexistido un gran número de religiones diferentes y un poder político independiente de ellas, legitimado por las urnas.

P. ¿El antiamericanismo es, finalmente, un fracaso intelectual?

R. Cuando es obsesivo, sí. La crítica a Estados Unidos ha de existir; todos los países, y más todavía cuando son muy potentes, cometen disparates. Cuando la crítica consiste en decir cosas de Estados Unidos que no son verdad o en hacerle reproches injustificados es un fracaso intelectual. Por ejemplo, cuando Simone de Beauvoir dijo, después de la guerra, que la ocupación americana era como la ocupación nazi. Ante estos disparates, los americanos ríen, no se nos toman en serio.

Un liberal francés

JEAN-FRANÇOIS REVEL,