Mitos y política. La sociedad islámica pluralista
Hace más de diez años, cuando llegué a América para presentar mi libro Dhimmi: judíos y cristianos bajo el Islam, me sacudió la inscripción del Archivo de Washington: “El pasado es el prólogo”. Solía pensar -al menos al principio de mi investigación- que mi tema versaba acerca de un pasado remoto, pero me di cuenta de que los sucesos contemporáneos modernizaban rápidamente este pasado.
Los países musulmanes, en donde la ley islámica -la shari'a- había sido reemplazada por las potencias coloniales europeas, estaban abandonando la tendencia secular, reemplazándola con la islamización en numerosos sectores de la vida. La impresión del retorno del pasado se hizo más fuerte cuando trabajaba en mi siguiente libro, publicado en 1991, cuya edición inglesa apareció a comienzos de 1996 con el título: El declive del cristianismo oriental bajo el Islam - del siglo VII al XX: de la jihad a la Dhimmitud (Associated University Press).
En este estudio, intenté analizar los numerosos procesos que han transformado las ricas y poderosas civilizaciones cristianas en tierras islámicas, y sus efectos a largo plazo, que habían reducido las mayorías cristianas nativas en minorías religiosas pequeñas y dispersas, camino de la desaparición total.
Es a este complejo proceso de islamización que afecta a tierras cristianas y civilizaciones de ambas orillas del Mediterráneo - y en Irak y Armenia - lo que he llamado: el proceso del “dhimmitud”; y a la civilización de los pueblos que sufren tal transformación, la he llamado la civilización de “dhimmitud”. Los indígenas eran judíos y cristianos (ortodoxos, católicos, o de otras iglesias cristianas del este). A todos ellos los juristas musulmanes les denominan “los pueblos del libro” - siendo el libro la Biblia - y eran objeto de la misma condición según la ley islámica. Se denominan según el término árabe, dhimmis: “pueblos protegidos”, porque la ley islámica protege su vida y bienes a cambio de que se sometan al mandato islámico. Pero es esta misma ley islámica lo que genera los procesos de dhimmitud y autodestrucción.
No entraré en detalles aquí dado que es un tema muy largo y complejo, pero para entender la situación serbia uno debe saber que los serbios fueron tratados durante medio siglo igual que otros dhimmis cristianos y judíos. Participaron en esta civilización de dhimmitud. Es importante entender que la civilización de dhimmitud crece a partir de dos instituciones religiosas importantes e interconectadas: la jihad y la shari'a, que establecen un sistema ideológico particular que convierte en obligatorio - durante la operación de la jihad – el uso del terror, las matanzas en masa, la deportación y la esclavitud. Y los serbios -porque me refiero a ellos aquí- no escaparon a este destino, que ha sido el mismo para todos los pueblos en torno al estanque Mediterráneo que han sido derrotados por la jihad. Durante siglos, los serbios lucharon para liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, que había legalizado la condición de oprimidos en sus propias tierras.
Así que mientras analizaba y escribía acerca de los procesos de dhimmitud y la civilización de dhimmitud - mientras escuchaba la radio, veía la televisión, leía los periódicos - tenía la incómoda sensación de que el reloj volvía atrás. Los políticos modernos, los escritores sofisticados -que utilizan teléfonos, aviones, ordenadores y toda suerte de tecnologías modernas- parecían retroceder varias décadas en el pasado, con pelucas, con collares rígidos, utilizando los mismos argumentos corruptos, la misma política retorcida a corto plazo que había contribuido previamente a la islamización gradual de muchos pueblos no musulmanes. Tuve que pellizcarme en un intento por distinguir el pasado del presente.
Así pues, ¿es el pasado siempre el prólogo?. ¿Estamos condenados a repetir perpetuamente los mismos errores?. Ciertamente, si no conocemos el pasado. Y este pasado - el largo proceso agónico de aniquilación cristiana mediante las leyes de la jihad y la dhimmitud - es una historia no sólo en tierras islámicas, sino sobretodo en Occidente. Se ha enterrado bajo un mito, fabricado por políticos occidentales, líderes religiosos y académicos, para promover sus propios intereses nacionales, estratégicos, económicos y personales.
Curiosamente, este mito comenzó en Bosnia-Herzegovina en el siglo XIX. Afirma que el gobierno turco era justo y legal con los cristianos en sus provincias europeas. Que el régimen otomano, siendo islámico, fue de modo natural “tolerante” y bien predispuesto hacia sus sujetos cristianos; que su justicia era justa, y que la seguridad de la vida y los bienes de los cristianos estaba garantizada por las leyes islámicas. El dominio otomano fue etiquetado como el régimen más apropiado para gobernar sobre los cristianos de los Balcanes.
Esta teoría fue impulsada por los políticos europeos para salvaguardar el equilibrio de poder en Europa, y para bloquear el avance ruso hacia el Mediterráneo. Para justificar el mantenimiento del yugo turco sobre los eslavos, este yugo tuvo que ser presentado a la opinión pública como un gobierno justo.
El Imperio Otomano fue pintado por turcófilos como un modelo de imperio multi-étnico y multi-religioso. ¡Por supuesto, la realidad era totalmente diferente!. En primer lugar, el Imperio Otomano fue creado mediante siglos de jihad contra las poblaciones cristianas; en consecuencia, las leyes de la jihad, elaboradas por teólogos árabe- musulmanes de los siglos VIII y X, fueron aplicadas a las poblaciones cristiana y judía de los dominios turco - islámicos.
Esas regulaciones están integradas en la legislación islámica que hace referencia a los pueblos derrotados no musulmanes, y en consecuencia presentan una cierta homogeneidad a lo largo de todos los imperios árabes y turcos - y, aparentemente, también en la parte musulmana de Asia.
La civilización de dhimmitud en la que participaron los serbios tuvo muchos aspectos que evolucionaron con las cambiantes situaciones políticas. Sufrieron las mismas leyes opresoras y perjuicios que se referían a cristianos y judíos en el imperio islámico. Desde 1830, los otomanos emprendieron reformas (Tanzimat) encaminadas a la emancipación de sus poblaciones raya (dhimmi) cristianas. No actuaron por propio impulso, sino que se vieron forzados a ello por parte de las potencias europeas. Que los políticos europeos desearan abolir las degradantes condiciones de los cristianos no se debió a su humanidad; promovieron estas reformas para evitar que buscaran el apoyo ruso para liberarse de la opresión otomana.
En las regiones serbias, los opositores más fanáticos a la emancipación cristiana fueron los musulmanes bosnios. Lucharon contra el derecho de los cristianos a poseer tierras, y -en asuntos legales- a que tuvieran los mismos derechos que ellos. Se opusieron a estas reformas con el argumento de que bajo el viejo sistema, que había dado el dominio completo sobre los rayas cristianos, musulmanes y cristianos habían convivido durante siglos fraternalmente. Y este argumento es utilizado aún hoy por el bosnio Izetbegovic y por otros. Él afirmó en varias ocasiones que el medio milenio de dhimmitud cristiana fue un período de paz y armonía religiosa. Enfrentemos ahora el mito con la realidad. A continuación citaré unos cuantos hechos de algunos de los documentos de mi próximo libro.
Desde 1860, se llevó a cabo una investigación sistemática acerca de las condiciones de los cristianos por parte de los cónsules británicos de todo el Imperio Otomano. Gran Bretaña era entonces el aliado más fuerte de Turquía; ver que la opresión de los cristianos era eliminada le interesaba para evitar interferencias rusas o austriacas.
El 22 de julio de 1860, el cónsul James Zohrab envió un extenso informe desde Bosna-Serai (Sarajevo) a su embajador en Constantinopla, Sir Henry Bulwer, en el que analizaba la administración de las provincias de Bosnia y Herzegovina. Indica que desde 1463 hasta 1850, los musulmanes bosnios disfrutaban de todos los privilegios del feudalismo: “Durante un período de casi 300 años, los cristianos fueron objeto de gran opresión y crueldad. Para ellos no existía más ley que el capricho de sus amos”.
Aquí debemos recordar el sistema de devshirme, que es bien conocido. Iniciado por el sultán otomano Orkhan (1326-1359), se prolongó durante unos 300 años. Consistía en un tributo regular de niños cristianos procedentes de la población cristiana de los Balcanes. Estos jóvenes, de edades comprendidas entre los catorce a los veinte años, eran islamizados y esclavizados para propósitos militares. Los tributos periódicos, que tenían lugar en contingentes de miles, pasaron a ser posteriormente anuales. Para desalentar a los fugitivos, los niños eran transferidos a provincias remotas y confiados a amos musulmanes, soldados que les trataban duramente, como esclavos. Operaba otro sistema de reclutamiento paralelo: comprendía el tributo de niños cristianos de edades de entre seis y diez años (ichoghlani), reservados al palacio del sultán. Confiados a eunucos, experimentaban un entrenamiento tiránico durante catorce años.
En África, existía un sistema de esclavizar niños cristianos y animistas negros similar al devshirme, como lo prueban los documentos publicados en mi libro. Una especie de sistema de devshirme existe aún hoy en Sudán, y fue descrito y denunciado por el ponente especial de la ONU, Gaspar Biro, en su informe de 1994, y por un artículo en el Times de Londres (Cristianos sudaneses “vendidos como esclavos”, 25 de agosto de 1995).
En 1850, los jefes bosnios se opusieron a la autoridad del Porte y a las reformas. Fueron derrotados por el ejército del sultán a las órdenes de Omar Pasha, ayudado por los cristianos. Los corsés impuestos por los terratenientes bosnios sobre sus poblaciones cristianas fueron abolidos, así como también sus privilegios feudales.
Los cristianos esperaban que la administración directa del Porte mejorara su posición, pero apenas se beneficiaron de ella. Además, a pesar de su asistencia al ejército del sultán, fueron desarmados, mientras que los musulmanes que combatieron contra el sultán pudieron conservar sus armas. Los cristianos continuaron estando oprimidos como antes, aunque no se permitió tratarlos como antes. En referencia a la reforma, Zohrab afirma: "puedo decir[lo] con seguridad, (ello)sigue prácticamente sin tocar".
Discutiendo la impunidad concedida por el sultán a los musulmanes, el cónsul Zohrab escribe en el mismo informe:
"Esta impunidad, aunque no se extienda a permitir que los cristianos sean tratados como eran tratados antes, es hasta el momento insostenible e injusta, al permitir que los musulmanes les extorsionen con fuertes impuestos. Los encarcelamientos falsos (encarcelamiento bajo acusación falsa) están a la orden del día. Un cristiano apenas tiene posibilidades de ser inocente cuando su oponente es un musulmán (…) la evidencia cristiana, en general, sigue siendo rechazada (…) A los cristianos se les permite hoy poseer propiedades inmobiliarias, pero los obstáculos a los que hacen frente cuando intentan adquirirlas son tantos y tan vejatorios que muy pocos se han atrevido".
"Tal es, hablando en general, el curso seguido por el gobierno hacia los cristianos de la capital (Sarajevo) de la provincia donde los agentes consulares de las diferentes potencias residen y pueden ejercer algún tipo de control. Puede adivinarse fácilmente hasta qué grado los cristianos de los distritos del remotos sufren, siendo gobernados por Mudirs (gobernadores) generalmente fanáticos e intocables con (las nuevas reformas de) la ley".
Con referencia a la adquisición de tierra - un nuevo derecho de los cristianos - indica: "(Aunque) un cristiano puede comprar y tener propiedades; es cuando tiene su terreno en orden, o cuando el musulmán que ha vendido ha superado las dificultades pecuniarias que le obligaron a vender, cuando el cristiano siente el desamparo de su posición y la falta de sinceridad del gobierno. El propietario original toma a continuación medidas, o algunos de sus parientes, para reclamar la tierra al cristiano, generalmente con uno de los siguientes argumentos: (…) que los hechos de la transferencia eran defectuosos, la venta no se habría hecho legalmente. Bajo uno u otro de estos argumentos, en diecinueve de veinte casos el cristiano fue desposeído, y puede considerarse afortunado si consigue un precio [comparable] al que pagó. Pocos, muy pocos, han sido capaces de recibir justicia; pero debo decir que la mayoría de ellos deben su buena suerte a la influencia de un poderoso musulmán, no a la justicia de su causa".
"Las pruebas cristianas se examinan ocasionalmente en los Medjlises (consejos provinciales), pero como norma son rechazadas, directa o indirectamente, por deferencia al Mehkemeh. Sabiendo esto, los cristianos llegan preparados generalmente con testigos musulmanes. Los casos en los que las pruebas cristianas han sido desestimadas son numerosos". Pero, comenta Zohrab, "hace veinte años, es verdad, no tenían ley alguna más allá del capricho de sus terratenientes (…) Los casos de opresión son con frecuencia el resultado del fanatismo musulmán, pero de éstos debe hacerse responsable al gobierno (turco), porque si castigaran a los delincuentes, la opresión sería rara necesariamente".
Por proclamación, en la primavera de 1861, el sultán anunció nuevas reformas en Herzegovina, prometiendo entre otras cosas libertad para construir iglesias, el uso de campanas en las iglesias y la posibilidad de que los cristianos adquirieran tierra. Desde Bosna-Serai, el cónsul William Holmes escribe a Sir Henry Bulwer el 21 de mayo de 1861 comentando esto, que esas promesas se habían dado a menudo, sin aplicarse. Menciona que a los serbios, la mayor comunidad, se les negaba el derecho a construir la iglesia en Bosna-Serai.
Con respecto al derecho a comprar tierra, escribe: "Se pone todo obstáculo posible a la compra de tierras por cristianos, y muy a menudo, después de que hayan logrado pagar y mejorar la tierra, no es ningún secreto que con un pretexto injusto u otro, se les arrebata".
Desde Belgrado, el cónsul Longworth escribe a Sir Henry Bulwer el 14 de julio de 1860: "Puede que el gobierno, mediante sus edictos y Hatti-humayos anuncie e impulse tal reforma; pero cuestiono muy mucho si no se hará más mal que bien de proclamar una igualdad social que es, en la etapa actual de las cosas y de las relaciones de la sociedad, moralmente imposible".
"La igualdad ante la ley es lo que debe establecerse primero; el único tipo de igualdad que en la práctica, bajo las circunstancias existentes, puede cumplirse. Y en relación con esto, nos quejamos en la propuesta - el único punto tangible en ella - del rechazo a las pruebas cristianas en los tribunales otomanos. A este respecto, no puede negarse que hay espacio para enmiendas, no sólo en Widdin, sino en cada provincia del imperio".
Él comenta a continuación "(…) el principio relajado y vicioso que actúa en los tribunales musulmanes, donde, como único medio para garantizar la justicia a cristianos, se permite que falsos testigos musulmanes presten testimonio a su favor. La abolición de esta práctica haría más que nada por purificar estos tribunales; pero esto sólo puede lograrse eficazmente a través de la admisión del testimonio cristiano, en vez del perjurio musulmán, como cuestión de necesidad legal".
Continúa diciendo que los secuestros con violencia de niñas cristianas por mahometanos, "y la cuestión de los testimonios cristianos son los dos puntos principales que, como fuentes de debate y sentimientos amargos, debería dirigirse la atención del Porte".
Comparando las condiciones de los cristianos en las distintas provincias, indica, "pero en Bosnia, la cuestión del privilegio era complicada por consideraciones religiosas, habiendo abrazado los nobles, en un período anterior, el mahometanismo, para preservar sus estados, que les fueron así garantizados condicionalmente. Cada una de las restantes provincias había atravesado su prueba de fuego peculiar".
Del cónsul Blunt - que escribe desde Prístina el 14 de julio de 1860 a su embajador, Sir Henry Bulwer, acerca de las condiciones de la provincia de Macedonia - sabemos: "Durante mucho tiempo, la provincia de (Uscup:Skopje) ha sido presa de bandidos: iglesias y monasterios cristianos, ciudades y habitantes, son hoy [presa del] pillaje, masacrados y quemados por hordas albanas como solían serlo hace diez años". (…) "No se les permite (a los cristianos) llevar armas. Esto, en vista del deseo de una buena policía, los expone más a los ataques de bandidos". "El testimonio cristiano en pleitos entre un musulmán y un no musulmán no se admite en los tribunales locales".
Con algunos ejemplos, ilustra después las consecuencias de tal sistema en la vida diaria: "Hace aproximadamente diecisiete meses, un soldado turco asesinó a un mahometano, un anciano que trabajaba en su campo. Las únicas personas, dos, que atestiguaron el hecho son cristianos. El Medjlis de Uscup no aceptó su testimonio".
"En la misma época, un Zaptieh (un soldado) intentó convertir por la fuerza a una muchacha búlgara al Islamismo. Nada más acabar de declarar ante el Medjlis de Camanova (Kumanovo, cerca de Skopje) que ella no renunciaría a su religión, él la mató en el mismo recinto de la casa del Mudir. Esta tragedia causó gran sensación en la provincia. Los Medjlises de Camanova y de Prisrend (cerca de Kosovo) no aceptarían pruebas cristianas, y se han hecho todo tipo de esfuerzos para salvar al Zaptieh".
"Hace seis meses, fue atacado un búlgaro en el distrito de Camanova, sin que hubiera provocación por su parte. Le hirieron con saña; siendo el caso enviado a Prisrend, el Medjlis rehusó dar audiencia para conocerlo, dado que el único testimonio que había era cristiano".
Hace diez años, escribe el cónsul: "No se permitía construir iglesias; y uno puede juzgar la tolerancia practicada en aquella época teniendo que trepar cuatro pies bajo las puertas. El humo y entrar era una ofensa ante el turco; cruzarse en su camino, o no levantarse ante él, era igualmente incorrecto".
En su informe de Constantinopla del 10 de octubre de 1873, Sir Henry Elliot escribe al secretario de exteriores conde de Granville "que la igualdad nominal entre musulmanes y cristianos ante la ley, que no había existido nunca en la práctica, era hoy en la mayoría de las provincias más ilusoria de lo que lo había sido hace algunos años".
En otro informe del cónsul Edward Freeman, en Bosna-Serai, fechado el 30 de diciembre de 1875, aprendemos que los musulmanes bosnios habían enviado una petición al sultán indicando que, antes de las reformas, "vivieron como hermanos con la población Rayah (cristiana). De hecho su objetivo parece [ser] reducir a los cristianos al estado antiguo del servidumbre". Así que una vez más nos trasladan al mito. La situación no cambió, y en 1875 el gran visir Mahmed Pasha admite al embajador británico en Constantinopla "la imposibilidad de permitir testimonios cristianos en los Tribunales de Justicia de Bosnia". Así, observa el embajador: "la igualdad profesada de cristianos y musulmanes es, sin embargo, ilusoria siempre y cuando se mantenga esta distinción".
Esta situación jurídica tenía consecuencias serias debido al sistema de justicia, [tal y] como explica: "Este es un punto de mucha importancia para los cristianos, dado que los tribunales religiosos (musulmanes) ni admiten evidencia documental escrita, ni admiten evidencia cristiana, poca justicia se puede esperar de ellos".
La dificultad de imponer reformas en un imperio tan extenso provocó este comentario desilusionado (el 12 de diciembre de 1875) de Sir P. Francis, cónsul honorario y juez del Tribunal Consular Británico de Constantinopla: "De hecho, la perversión moderna de la idea oriental de justicia es una concesión a un pretendiente con tolerancia y favor, y no la declaración de un derecho, con los principios de la ley, y tratando de equiparar".
Al leer la literatura de la época, vemos que la obstrucción a los movimientos de liberación serbio, griego y otros [movimientos] cristianos se arraigada en dos debates principales:
El dhimmi cristiano (raya) es congénitamente incapaz de independencia y gobierno autónomo. Deben por lo tanto permanecer bajo mandato islámico.
El gobierno otomano es un modelo perfecto para una sociedad multi-religiosa y multi-étnica.
De hecho, estos son argumentos teológicos islámicos que justifican la jihad, puesto que no todos los pueblos deben poseer independencia política, porque sus leyes son diabólicas y deben ser reemplazadas para siempre por la ley islámica. Encontramos el mismo tipo de razonamiento en la Carta del movimiento palestino Hamas de 1988, en la que afirma que solamente el mandato islámico puede llevar paz y seguridad a judíos y cristianos. Esos argumentos son muy comunes en la literatura legal y teológica, y son impulsados por los islamistas modernos.
Hemos visto el origen del mito, su función política y la utilidad - y hemos confrontado este mito con la realidad, descrita por observadores contemporáneos del siglo XIX. Es interesante observar la confluencia entre - por una parte, los poderes europeos que defienden la integridad territorial del imperio otomano, por su propio interés nacional; y por otra parte, la política musulmana que tiene como objetivo mantener subyugada a la población cristiana.
El mito no murió con el derrumbamiento del Imperio Turco tras la Primera Guerra Mundial. Más bien cobró otra forma: la de movimiento árabe nacional, que promovió una sociedad árabe, en la que cristianos y musulmanes vivirían en armonía perfecta.
De nuevo, esta era la fabricación de políticos, de escritores y de clérigos europeos. Y, de la misma manera que el mito del paraíso político otomano fue creado para bloquear la independencia de las naciones balcánicas, la fraternidad multi-religiosa árabe era un argumento para destruir los movimientos nacionales de liberación de los pueblos no árabes de Oriente Medio (kurdos, armenios, asirios, maronitas, igual que de los judíos).
Y aunque desde el comienzo [del siglo pasado] hasta los años 30, una corriente de refugiados cristianos huía por los caminos de Turquía de masacres y genocidio, de Irak y de Siria, el mito continuó prosperando, sostenido sobre todo por escritores árabes cristianos y clérigos. Después de que los israelíes hubieran logrado liberar su tierra de las leyes de la jihad y la dhimmitud, el mito reapareció en la forma de una Palestina multicultural y multi-religiosa, fraternal, que tendría que sustituir al estado de Israel (discurso de Arafat en la ONU, 1975). Sus efectos perniciosos condujeron a la destrucción de los cristianos en el Líbano.
Uno podría pensar que el mito terminaría allí, pero la reciente crisis de Yugoslavia ofreció repentinamente una nueva ocasión para su reencarnación en un estado de dominio musulmán, multi-religioso y multi-étnico. ¡Qué ocasión!. Un estado musulmán otra vez en el corazón de Europa. Y conocemos el resto, los sufrimientos, las miserias, los juicios de la guerra que este mito dejó de nuevo a su estela. La decisión de la ONU en 1992 de reconocer un estado "multi-étnico", "multi-religioso" y musulmán en la anterior Yugoslavia parece haber sido un pago ofrecido al mundo islámico por la devastación de la Guerra del Golfo de 1991. La destrucción del arsenal nuclear, químico y bacteriológico de Irak, así como de su infraestructura económica, parece ser un contrapeso "equitativo" por el bombardeo masivo de los serbios bosnios por la OTAN, aunque las dos situaciones no pueden compararse.
Para concluir, quisiera decir unas últimas palabras. La civilización de dhimmitud no se desarrolla de una vez. Es un proceso largo que implica muchos elementos y un condicionamiento mental específico. Tiene lugar cuando los pueblos sustituyen la historia por mitos, cuando luchan por mantener estos mitos destructivos por encima de sus propios valores, porque transforman mentiras en realidad.
Sostienen esos mitos como si fueran la única garantía de supervivencia, cuando, en realidad, son la trayectoria hacia la destrucción. Aterrorizados por la evidencia y la enseñanza de la historia, esa gente prefiere destruirla en vez de que hacerle frente. Sustituyen la historia por cuentos infantiles, viviendo así [en un estado] de amnesia, inventando justificaciones morales para su propia autodestrucción.
Por Bat Ye'or
Zapatero plagia su "Alianza de Civilizaciones"
La alianza de civilizaciones - Elementos para una crítica.
La propuesta de crear una “Alianza de Civilizaciones” para luchar contra el terrorismo fue lanzada por Zapatero el pasado septiembre durante su intervención ante la asamblea general de la ONU. Desde entonces no se ha sabido mucho sobre el desarrollo de dicha iniciativa, pero es una realidad que el gobierno socialista la está impulsando con todas sus fuerzas en el ámbito de sus contactos internacionales.
En este papel intentaré explicar el desarrollo, contenido y alcance de la idea del actual presidente español, así como aportar elementos para su crítica.
1.- ¿Qué es la cacareada Alianza de Civilizaciones?
La respuesta más sencilla es que se trata de una idea planteada en términos vagos, que ha ido tomando forma a medida que se exponía a otros.
Fue el senador por Montana Mike Mansfield quien dijo “yo no sé definir exactamente la pornografía, pero les aseguro qué sé perfectamente reconocerla”. Pues bien, algo parecido ocurre con el concepto avanzado por Rodríguez Zapatero de “Alianza de civilizaciones”: pocos son capaces de darle un contenido exacto, pero todos nos hacemos una idea. De hecho, el gobierno actual no ha realizado ninguna elaboración detallada de su propuesta. Al menos públicamente y para el consumo del pueblo español.
La idea de una “Alianza de civilizaciones” surge con motivo del discurso del actual presidente de gobierno ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 21 de septiembre de 2004. Hacia finales de un texto plagado de generalidades, Zapatero dijo lo siguiente:
…como representante de un país creado y enriquecido por culturas diversas, quiero proponer ante esa asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Cayó un muro. Debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro. España somete al Secretario General, cuya labor al frente de la Organización apoya con firmeza, la posibilidad de constituir un Grupo de Alto Nivel para llevar a cabo esta iniciativa.
Preguntado sobre el propósito de una alianza de tal naturaleza, Zapatero respondió: “Tiene como objetivo fundamental profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y el ámbito de países árabes y musulmanes”.
En realidad, del objetivo último del gobierno español no saldría de la reunión de la ONU, donde meramente se limitó a avanzar una vaga propuesta, sino tres meses más tarde, con motivo del final de las comparecencias ante la comisión que investigaba el 11-M. De acuerdo con el diario el País, el ejecutivo socialista tenía preparada una propuesta para renovar en pacto antiterrorista, ampliándolo también al terrorismo islamista. Según ese diario, las llamadas “bases del Gobierno para una Alianza democrática” consistirían en siete principios, de los que a nosotros, aquí y ahora, sólo nos interesan dos:
· Desvincular el Islam del terrorismo de Al Qaeda;·
Cooperación internacional. Todos los partidos se deben comprometer a trabajar conjuntamente para desarrollar iniciativas de cooperación en el marco de la Unión Europea y de Naciones Unidas para hacer frente a los desafíos que plantea el terrorismo internacional. Entre las medidas de esa cooperación se incluyen intercambios económicos y culturales equitativos entre las sociedades occidentales y el mundo islámico, y a fomentar el diálogo intercultural y entre religiones, tanto dentro como fuera de las fronteras estatales.[1]
O sea, que el objetivo último es la lucha contra el terrorismo y esa lucha se entiende que debe realizarse, esencialmente, a través del diálogo y la mejora del conocimiento mutuo.
2.- ¿Qué está promoviendo el actual gobierno y quién le apoya?
Más allá de estos enunciados generales, en realidad no se sabe. Pero lo que sí es seguro es el empeño del ejecutivo socialista por impulsar esta propuesta. Así, el ministro de asuntos exteriores instruyó mediante telegrama a todas las embajadas españolas sobre la necesidad de recabar el máximo apoyo posible para la propuesta de Zapatero.
Consecuentemente, aprovechando la cumbre iberoamericana de San José de Costa Rica, el pasado 19 y 20 de noviembre, el gobierno español coló gracias a la complicidad de la delegación argentina, una declaración adicional sobre el tema, en la que literalmente se dice:
A propuesta de la delegación argentina, la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno exhorta al Secretario General de las Naciones Unidas para que, en uso de sus facultades, establezca un grupo de alto nivel en esa Organización sobre la propuesta del Presidente español efectuada en la ultima sesión de la Semana Ministerial de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa a la “Alianza de Civilizaciones”, como una herramienta idónea en su doble dimensión cultural y política de acercamiento de las naciones.
Esta declaración adicional se ha interpretado por el gobierno español como una adhesión a la idea por parte de la comunidad de países iberoamericanos.
En segundo lugar, el gobierno ha empujado también su idea con motivo de la reunión de la Liga Árabe, mantenida en El Cairo a comienzos del pasado mes de diciembre. Según Moratinos, el secretario general de la Liga, Amor Moussa, se mostró deseoso de dar el máximo apoyo a la propuesta de Zapatero ante las Naciones Unidas.
En Europa, y también al alimón de cumbres bilaterales, se cuenta en principio con el apoyo de Polonia y Portugal, aunque sólo conste públicamente el fervor de Bulgaria por la idea.
Durante la reunión del diálogo mediterráneo 5+5 que tuvo lugar en Orán, Argelia, el pasado 23 de noviembre también se discutió del diálogo entre las culturas, aunque no consta apoyo explicito a la propuesta de Zapatero.
En cualquier caso, con estos contactos y complicidades, el presidente del gobierno escribió al secretario general de la ONU, Kofi Annan, a finales de noviembre, para informarle de los avances y de los partidarios de su iniciativa, instándole a que recogiera su propuesta de crear un grupo de alto nivel que estudiara el asunto.
La respuesta de Annan llegó días más tarde, en diciembre, siendo positiva y favorable. Quedaba así constituido el grupo de alto nivel, de momento con tres miembros, el jefe de gabinete de Annan, el embajador español ante la ONU, Juan Antonio Yánez, y Máximo Cajal como experto. No sólo esta composición pone de relieve las limitaciones actuales de la propuesta, sino que la dimisión forzada del hombre de confianza de Annan, el paquistaní Iqbal Riza, y su reemplazo por Mark Malloch Brown, quien ha tomado posesión apenas hace 10 días, habrá complicado aún más los trabajos de ese grupo.
Es verdad que el número de países que formalmente están de acuerdo con la propuesta de Zapatero no ha dejado de crecer, pero eso no puede ignorar el hecho que, de momento, los logros del gobierno español se reducen a dos grandes grupos: latinoamericanos y musulmanes. Está por ver el impacto en Europa y el mundo occidental, donde, como era de esperar, los Estados Unidos, han expresado ya su rechazo.
3.- Por qué no hay que apoyar la Alianza de Civilizaciones
El contagio aparente a favor de la propuesta de Zapatero ha llevado a algunos a pensar que el Partido Popular no debe quedarse al margen de esta iniciativa y que debería apoyarla sin reservas para hacerse un hueco en la misma. Dejando al margen la inocencia de tal planteamiento que desconoce el ansia de ZP por lograr una foto en Madrid de reconocimiento universal y que, por lo tanto, no puede incluir a la oposición, apoyar el concepto de Alianza de Civilizaciones sería un gravísimo error ya que supone renegar de la visión, actitud y políticas que se han sostenido en la etapa de gobierno por el PP en la lucha contra el terrorismo.
La iniciativa de ZP se explica en parte por su necesidad de reconocimiento internacional, pero, sobre todo, porque subraya su concepción de que para luchar contra el terror recurrir al uso de la fuerza es un grave error, que lo importante es comprender las causas del terrorismo y atajarlas a través del diálogo y la promoción de la cultura.
Por lo tanto:
1) Se trata de una iniciativa para mayor gloria de zapatero y su gobierno, no de España y mucho menos de todos los españoles, incluida la oposición. Ya por esto, y aunque fuera pura táctica política, el concepto debería ser aborrecido.
2) Se trata de una iniciativa que busca condenar la política de los anteriores gobiernos en materia antiterrorista, con especial énfasis en las intervenciones exteriores como Irak. Más que suficiente para rechazar de plano el planteamiento del gobierno socialista.
Pero hay más y de mayor calado:
3) Se cuenta con una experiencia previa que ha sido todo un sonado fracaso. No suele decirse, pero la propuesta de ZP es un puro plagio de la que lanzó Jatami en 1998, ante el mismo foro, el 21 de septiembre de 1998. Sólo que en lugar de alianza Jatami empleó Diálogo de civilizaciones.
(Ver en este mismo Blog "Alianza de Civilizaciones" con fecha 06-02-2005)
De hecho, la ONU declaró el año 2001 el año del diálogo de civilizaciones, promoviendo una declaración formal que se aprobó finalmente en noviembre de ese mismo año, dos meses después de los atentados del 11-S y que ya auguraba cuáles eran los límites de dicho diálogo.
4) La propuesta parte de un planteamiento equivocado y peligroso. La Alianza, al igual que el diálogo de Jatami, fija las civilizaciones, puesto que el diálogo busca el entendimiento del otro, no su cambio o transformación. Es, por tanto, un planteamiento absolutamente relativista: nuestros valores no tienen por qué ser universales y debemos respetar los del los otros, aunque sean nuestros enemigos. En la Alianza queda claro el planteamiento de Zapatero sobre el terrorismo islámico: no es el odio a los valores occidentales, es la incultura y la pobreza la causa del terror. Ayudando a superar estos factores, todo se podrá resolver. Por lo demás, el mismo concepto de Alianza de civilizaciones tiende a esconder el hecho constatable que el terrorismo internacional es mayoritariamente islámico y, muy especialmente, proveniente del mundo árabe. Parece querer situar el fenómeno terrorista más allá de las civilizaciones, como algo externo, cuando en realidad es todo lo contrario, un producto de la enseñanza fundamentalista del Islam militante.
Henry Kamen compartía estas preocupaciones en un reciente artículo donde se mostraba convencido de que la propuesta de Zapatero era o inútil en el mejor de los casos o una farsa en el peor de ellos, puesto que una Alianza requería compartir una serie de conceptos en común, algo que, evidentemente, no sucede entre los occidentales liberales y el mundo islámico. El decía irónicamente:
Se supone que la intención no es exportar los decadentes conceptos culturales occidentales, como democracia, derechos de la mujer, libertad de expresión, libertad religiosa o tolerancia sexual. Si zapatero no tiene intención de profundizar en estos temas ¿entonces intentará profundizar en conceptos como la dictadura, el control de la prensa y la negación de la libertad sexual? (...) Zapatero puede contestar que cuando dice profundizar, quiere decir no interferir, algo así como alcanzar una situación de mutua tolerancia...[2]
Es un planteamiento peligroso porque ya conocemos cuál es el resultado de décadas en las que se ha dejado las manos libres a los líderes religiosos musulmanes y en las que sólo han aprovechado para inculcar el odio y la cultura de la muerte. Mientras que la propuesta de ZP no desborde el marco meramente gubernamental y no promueva, por tanto, mayores contactos entre grupos sociales, estará aliándose en realidad con los verdugos, no con las víctimas de la opresión y la intolerancia.
5) Hay alternativas que producirán más seguridad y bienestar. Desde la invasión de Irak, el presidente americano no se ha cansado de repetir que es la falta de libertad la causa de los males que aquejan al mundo árabe y del terrorismo islamista. Y que, por tanto, la mejor forma de combatirlo es una estrategia a largo plazo de transformación profunda de esas sociedades, o civilización si se prefiere. El G-8 endosó su Iniciativa sobre el Amplio Oriente Medio y Norte de África.
Su discurso durante la ceremonia de inauguración de su segundo mandato, ha sido claro al respecto: la seguridad de todo el mundo depende de la libertad en esa parte del mundo. La tiranía se combate con la expansión de la democracia, no con el diálogo con los tiranos.
En conclusión, la propuesta de la Alianza de civilizaciones nos enfrenta a una serie de opciones sobre las que decidir:
a) es un ejercicio vacío y fútil, destinado a mejorar la imagen y densidad internacional de Zapatero; o
b) es un acto de ingenuidad o irresponsabilidad del que sacarán provecho los enemigos de la civilización occidental, reforzando sus valores y expandiendo su audiencia.
Sea lo que sea, no parece nada atractivo. Máxime si se cree que el cambio en el Oriente Medio es posible y empieza por las elecciones del próximo domingo en Irak.
Por Rafael L. Bardají
[1] El País: “El nuevo pacto antiterrorista propone mayor colaboración entre occidente y países islámicos”. 12 de diciembre de 2004.
[2] Kamen, Henry: “¿Qué alianza? ¿Qué civilizaciones?” en El Mundo, 10 de diciembre de 2004
El retorno de Munich: el espíritu de Eurabia
Permítame hacer una observación preliminar acerca del título de esta sesión: 'el retorno del espíritu de Munich' – un título que encuentro algo optimista. En Munich, en 1938, Francia e Inglaterra, agotados por la cifra de muertos de la Gran Guerra, abandonaron Checoslovaquia a la bestia Nazi, con la esperanza de que al hacerlo, evitarían otro conflicto. 'El espíritu de Munich' alude así a una política de estados y pueblos que rechazan confrontar una amenaza e intentan obtener paz y seguridad mediante la conciliación y el apaciguamiento o, incluso, en algunos casos, la colaboración activa con los criminales.
Por mi parte, diría que hemos ido más allá del espíritu de Munich, y la situación presente no debería situarse en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sino en el presente contexto jihadista.
De hecho, durante los últimos treinta años, Francia y Europa viven una situación de auto defensa pasiva contra el terrorismo. Ésta comenzó con el terrorismo palestino, en el entonces terrorismo islámico, por no hablar del terrorismo europeo local, incluyendo el IRA en Gran Bretaña, ETA en España, el grupo Baader-Meinhof en Alemania o las Brigadas Rojas en Italia.
Un vistazo a nuestras ciudades, aeropuertos y calles, a las escuelas con sus guardias y seguridad, incluso a los sistemas de transporte público, por no mencionar las embajadas y las sinagogas -- basta para ver el sorprendente abanico de servicios de seguridad y de policía al completo. El hecho de que las autoridades de todas partes rechacen nombrar al enemigo, no niega a ese enemigo. Pero sabemos perfectamente bien estamos bajo amenaza desde hace mucho tiempo; una sólo necesita abrir los ojos y nuestras autoridades lo saben mejor que cualquiera de nosotros, porque son ellas las que han ordenado estas medidas de seguridad en nuestras ciudades, aeropuertos y calles, en las escuelas con sus protectores de seguridad, incluso en los sistemas del transporte público, sin mencionar las embajadas y las sinagogas -- para ver el arsenal asombroso del conjunto de policía y de servicios de seguridad.
En su libro La vida diaria en la Europa medieval bajo dominación árabe, publicado en 1978, Charles-Emmanuel Dufourq, un especialista francés en Andalucía (España islámica) y el Magreb, describe bajo el subtítulo 'Un gran Temor' las condiciones de vida de los pueblos nativos no musulmanes en el espacio andaluz. (1) Hoy, la propia Europa vive bajo este Gran Temor.
En Munich la guerra no se había declarado aún. Hoy la guerra está en todas partes. Y aun así, la Unión Europea y los estados que la abarcan han negado la realidad de esa guerra, con el ataque terrorista de Madrid del 11 de marzo del 2004 justo delante de las narices. Si hay una amenaza que Europa proclame urbi et orbi, esa amenaza sólo puede provenir de América y de Israel ¿Qué debe entender una? ¿Puede haber alguien que sostenga en serio que son las fuerzas norteamericanas y las israelíes las que nos amenazan en Europa. No, lo que tiene que entenderse es que las políticas norteamericanas e israelíes de resistencia al terror jihadista provocan represalias contra una Europa que ha dejado de defenderse desde hace tiempo. Así que para que la paz pueda prevalecer por todo el mundo, sólo se necesita que esos dos países, América e Israel, adopten la estrategia europea de rendición constante, basada en la negación de la agresión. Cuán simple…
Esta estrategia es menos digna incluso que la connivencia y cobardía de Munich. En Munich se contemplaba una especie de futuro, incluso si la guerra, o la paz, iban a determinar el futuro. Había una elección. En la situación actual no hay opción, porque negamos la realidad del peligro de la jihad. El único peligro viene, presuntamente, desde Estados Unidos e Israel. Llevamos a cabo una campaña propagandística en los medios contra estos dos países, antes de entrar en una fase aún más agresiva; es mucho más fácil, mucho menos peligroso... Y llevamos a cabo esta campaña con el arsenal de la cobardía: la difamación, la desinformación, la corrupción de políticos sobornables.
En la época de Munich, una podía considerar que habría batallas que podrían ganarse. Estaba por lo menos la Línea Maginot para defensa. En Europa hoy, dominada por el espíritu de la dhimmitud – la condición de sumisión de judíos y cristianos a la dominación musulmana – no hay batalla concebible. La sumisión, sin una sola lucha, ha tenido lugar ya. Una maquinaria que ha hecho de Europa el nuevo continente de dhimmitud arrancó hace más de 30 años por instigación de Francia.
Entonces se trazó primero una extensa política, una simbiosis de Europa con los países árabes musulmanes, que dotaría a Europa – y especialmente a Francia, el principal promotor del proyecto – del peso y el prestigio [necesarios] para rivalizar con Estados Unidos (2). Esta política fue emprendida de modo absolutamente discreto, fuera de tratados oficiales, bajo el nombre sonoramente inocente de Diálogo Euro-Árabe. Se creó una asociación de parlamentarios europeos de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1974 en París: la Asociación Parlamentaria de Cooperación Euro-Árabe. Se le confió la gestión de todos los aspectos de las relaciones euro - árabes – financieros, políticos, económicos, culturales, y los referentes a la inmigración. Esta organización funcionó bajo los auspicios de los jefes de gobierno europeos y de sus Ministros de Asuntos Exteriores, trabajando de cerca con sus homólogos árabes, y con los representantes de la Comisión Europea, y la Liga Árabe.
Esta estrategia, la meta de la cual era la creación de una entidad euro - árabe pan-mediterránea que permitiera la libre circulación de personas y bienes, también determinó la política de inmigración con respecto a los árabes en la Comunidad Europea (CE). Y, durante los últimos 30 años, también estableció las políticas culturales relevantes en las escuelas y universidades de la CE. Desde la primera reunión del Diálogo Euro - Mediterráneo en 1975, a la que asistieron los ministros y jefes de estado tanto de países árabes como de europeos y representantes de la CE y la Liga Árabe, se han concluido acuerdos concernientes a la difusión y promoción del islam en Europa, de la lengua y de la cultura árabes, a través de la creación de centros culturales árabes en ciudades europeas. Otros acuerdos siguieron pronto, todos con intención de garantizar una simbiosis euro - árabe cultural, económica y política. Estos esfuerzos a largo plazo implicaron a las universidades y a los medios (escritos y audio-visuales), e incluso incluyeron la transferencia de tecnología, incluida la nuclear. Finalmente se promovió una sociable diplomacia euro - árabe en foros internacionales, especialmente en Naciones Unidas.
Los árabes fijaron las condiciones para esta asociación:
una política europea independiente y opuesta a la de Estados Unidos;
el reconocimiento por parte de Europa de un “pueblo palestino”, y la creación de un estado “palestino”;
apoyo europeo a la OLP;
la designación de Arafat como el representante único y exclusivo de ese “pueblo palestino”;
la deslegitimación del Estado de Israel, histórica y políticamente, su reducción a fronteras no viables, y la arabización de Jerusalén.
Desde el estallido, guerra europea oculta contra Israel mediante boicot económico, y en algunos casos mediante boicot académico también, con deliberado vilipendio y expansión tanto del antisemitismo como del antisionismo.
Durante las últimas tres décadas, un número considerable de acuerdos no oficiales entre los países de la CEE (posteriormente la UE) por una parte, y los países de la Liga Árabe por otra, determinaron la evolución de Europa en sus aspectos políticos y culturales actuales. Citaré aquí solamente cuatro de ellos:
se entendió que los europeos que tratasen con inmigrantes árabes se someterían a entrenamiento sensible especial, para apreciar mejor sus costumbres, sus comportamientos;
los inmigrantes árabes permanecerían bajo el control y las leyes de sus países de origen;
los libros de texto de historia en Europa serían reescritos por equipos conjuntos de historiadores europeos y árabes – naturalmente las batallas de Poitiers o Lepanto, o la Reconquista española, no tienen el mismo significado a ambos litorales del Mediterráneo;
la enseñanza del árabe y de la cultura árabe e islámica debían ser impartidas en las escuelas y las universidades de Europa, por profesores árabes duchos en la enseñanza de europeos.
La situación hoy
En el frente político, Europa ha atado su destino a los países árabes y así ha llegado a estar implicada en la lógica de la jihad contra Israel y Estados Unidos. Cómo podría Europa denunciar la cultura de veneno jihadista que exuda de sus aliados, si durante tantos años hizo de todo para activar la jihad, ocultándola y justificándola, afirmando que el peligro verdadero no viene de los propios jihadistas, sino de los que se resisten a los jihadistas árabes, los mismos aliados a los que Europa sirve en cada reunión internacional y en los medios europeos.
En el frente cultural ha tenido lugar una reescritura completa de la historia, llevada a cabo primero durante los años 70 en universidades europeas. Este proceso fue ratificado en asamblea parlamentaria por el Consejo de Europa en 1991, en su reunión dedicada a “La contribución de la civilización islámica a la cultura europea”. Fue reafirmado por el Presidente Jacques Chirac en su discurso del 8 de abril de 1996 en El Cairo, y reforzado por Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, a través de la creación de una “Fundación del Diálogo de Culturas y Civilizaciones” que iba a controlar todo lo que se decía, escribía y enseñaba en el nuevo continente de Eurabia, que abarca Europa y los países árabes.
La dhimmitud de Europa comenzó con la subversión de su cultura y de sus valores, con la destrucción de su historia y su reemplazo por una visión islámica de esa historia, apoyada en el mito romántico de Andalucía. Eurabia adoptó el concepto islámico de historia, en el que se define el islam como una fuerza de liberación, una fuerza de paz, y la jihad se ve como “una guerra justa”. Los que se resisten a la jihad, como los israelíes y los americanos, son los culpables, en lugar de los que la emprenden. Es esta política la que se nos ha inculcado a nosotros, los europeos, el espíritu de dhimmitud que nos ciega, la que inculca en nosotros el odio a nuestros propios valores, y el deseo de destruir nuestros propios orígenes y nuestra propia historia. “El mayor timo intelectual sería permitir que Europa continúe creyendo que se deriva de una tradición judeo - cristiana. Eso es una total mentira”, indica Tarik Ramadán (3). Y así despreciamos a George Bush, porque él todavía cree en esa tradición. Qué simplones esos americanos…
El espíritu de dhimmitud no es simplemente la sumisión sin lucha, ni siquiera el de rendirse. Es también la negación de la propia humillación mediante este proceso de integrar los valores que conducen a nuestra propia destrucción; son los mercenarios ideológicos que se ofrecen voluntariamente para el servicio a la jihad; es el tributo tradicional pagado por cuenta propia, y con humillación, por los dhimmis europeos, para obtener una seguridad falsa; es la traición del propio pueblo de uno. El dhimmi no musulmán protegido bajo dictadura islámica podía obtener una seguridad efímera y engañosa con los servicios rendidos al opresor musulmán, y con servilismo y adulación. Y ésa es exactamente la situación de Europa hoy.
La dhimmitud no es sólo un sistema de leyes abstractas inscritas en la shari'a, es también un sistema complejo de comportamientos desarrollados a lo largo del tiempo por los propios dhimmis, como modo tanto de adaptarse, como de sobrevivir a la opresión, a la humillación, a la inseguridad. Esto ha producido una mentalidad particular así como los comportamientos sociales y políticos esenciales para la supervivencia del pueblo que, en cierto sentido, seguiría siendo siempre rehén del sistema islámico.
Los dhimmis son seres inferiores que experimentan humillaciones y agresiones en silencio. Sus agresores, mientras tanto, gozan de una impunidad que sólo aumenta su odio y su sensación de superioridad, garantizada por la protección de la ley. La cultura de dhimmitud que se expande por Europa es la del odio, de crímenes contra los no musulmanes que van sin ser castigados, una cultura que se importa de los países árabes junto con el "palestinismo”, la nueva subcultura europea que ha sido elevada al nivel de culto de la Unión Europea, y su bandera de guerra exaltada contra Israel.
En Munich, en 1938, Francia no había renunciado a su propia cultura, su propia historia, volviéndose alemana; no ha proclamado que la fuente de su propia cultura era la civilización alemana. El espíritu de dhimmitud que ciega hoy a Europa no sale de una situación impuesta desde fuera, sino de una elección hecha libremente, y realizada sistemáticamente, en sus dimensiones políticas, a lo largo de los últimos 30 años.
El reconocido erudito en islam William Montgomery Watt, describió la desaparición del mundo cristiano en los países que habían sido islamizados, en su libro La Majestad que era el islam (1974): “No hubo nada dramático en lo que sucedió; fue una muerte apacible, una eliminación progresiva”. (4) Sólo que Montgomery Watt estaba equivocado; de hecho, los estertores de muerte del cristianismo bajo el islam fueron extremadamente dolorosos y trágicos, como puede verse en el siglo XX, con el genocidio de los armenios, o la resistencia de los cristianos libaneses en los 70 - 80, o durante las últimas décadas de genocidios en Sudán, y finalmente la implacable jihad árabe contra Israel, que es solamente uno de los ejemplos de lucha histórica de los pueblos dedicados a luchar por la libertad contra la dhimmitud, por la dignidad del hombre contra la esclavitud de la opresión y del odio. Pero esa observación de Montgomery Watt -- acerca de la “muerte apacible, la eliminación progresiva” se aplica perfectamente a Europa hoy.
Por Bat Ye'or





