"Europa está siendo islamizada"
Rara vez el curso de la historia europea ha sido alterado por una observación desechable de alguien que no es un político en un diario en alemán un miércoles durante los últimos compases del abatimiento estival. Pero el 28 de julio, el historiador de Princeton Bernard Lewis declaró al diario conservador con sede en Hamburgo Die Welt que Europa sería islámica "por los pelos" antes de fin de siglo, y la política continental no ha sido la misma desde entonces.
Días antes del tercer aniversario del 11 de Septiembre, Frits Bolkestein, de los Países Bajos, el comisionado saliente de la competencia en la Unión Europea, causó un alboroto cuando mencionó la observación de Lewis en la apertura del curso en la Universidad de Leiden. Bolkestein advirtió de que la UE "implosionaría" si se amplía demasiado rápido. Era un tema oportuno.
Dentro de algunos días, el comisionado para la expansión de la UE, Günter Verheugen, de Alemania, publicará un informe acerca de si abrir o no negociaciones con Turquía para que entre en la UE. Se espera que sea positivo. La comisión al completo debe celebrar una votación sobre el informe en diciembre, tras lo cual se prevé una década de negociaciones. Pero dado que es probable que el informe de Verheugen sea positivo, y puesto que se espera que la comisión estampe su sello de caucho en las recomendaciones del informe, y puesto que ningún estado candidato que haya accedido a las negociaciones de adhesión ha sido rechazado nunca, el proceso tiene aspecto de ser un fait accompli. Gracias a. . . ¿qué? . . . al ánimo de Günter Verheugen, los pueblos de Europa están a punto de ver su destino unido irrevocablemente al del mundo islámico. De hecho, la necesidad de forjar un enlace solemne con el secularismo islámico de la clase del que Turquía disfruta después de que Kemal Atatürk llegara al poder, es la razón ofrecida más a menudo para la imprescindibilidad de la adhesión turca.
Bolkestein se dirigía así a un continente ampliamente confundido. Su discurso fue largo. No despotricó. Aludiendo a la aspiración de la UE a convertirse en un estado multinacional, llamó la atención del auditorio sobre el destino del poder europeo más reciente con esa aspiración, el imperio Austro - húngaro, hace apenas un siglo. Los austriacos eran culturalmente confiados (Liszt, Richard Strauss, Brahms, Mahler, y Wagner trabajaban en Viena). Eran prósperos y estaban orgullosos. El problema fue que sólo había 8 millones de ellos, y ampliar las fronteras de su país les puso cara a cara con un movimiento pan-eslavo enérgico. Una vez que el Imperio absorbió a 20 millones de eslavos, afrontó dificultades comprometidas entre permitir a los nuevos individuos gobernarse a sí mismos o preservar su propia cultura. Al igual que la UE, el Imperio había cruzado un punto sin retorno antes de darse cuenta de que no iba a ninguna parte en concreto.
Bolkestein preguntó qué lecciones sacaban los europeos de esta historia, al considerar la entrada de Turquía. Entonces trató dos problemas específicos. Primero, que no había fin lógico alguno a la vista en la expansión europea -- una vez que la UE acepte a Turquía, no tendrá motivo alguno en principio para rechazar a los países considerablemente más europeos de Ucrania y Bielorrusia. Europa está agregando así una inestabilidad de la que no tiene ni los medios financieros ni la solidaridad cultural para controlar. El segundo problema, advierte Bolkestein, es que la inmigración está convirtiendo a la UE en "un imperio Austro - húngaro a gran escala". Aludió a ciertas grandes urbes que pronto serán minoritariamente europeas -- dos de las más importantes, Ámsterdam y Rótterdam, están en su propio país -- y advirtió que la adición (proyectada) de 83 millones de musulmanes turcos fomentaría la islamización de Europa. Fue esta parte de su discurso -- en la que se refirió a las proyecciones de Lewis -- la que saltó a los titulares de todo el mundo: "las tendencias actuales sólo permiten una conclusión", dice Bolkestein. "Estados Unidos continuará siendo la única superpotencia. China se está convirtiendo en un gigante económico. Europa está siendo islamizada".
Sobrevino una especie de reacción en cadena. Dos días después de que Bolkestein diera el discurso, el Financial Times publicó una carta que Franz Fischler, el comisionado saliente de agricultura de la UE, de Austria, había enviado en privado a sus homólogos comisionados. Fischler se quejaba de que Turquía era "mucho más oriental que europea", y lo que es peor, "quedan dudas acerca de las credenciales democráticas y seculares de Turquía a largo plazo. Podría. . . haber un retorno fundamentalista".
La reacción de Europa fue un ¡Y ahora nos lo dices! colectivo. Reunidas, las observaciones de Bolkestein y de Fischler parecían sintomáticas de la corrección política que lastra el tema de la adhesión turca. Una mayoría del Parlamento Europeo es anti -adhesión, los diversos parlamentos nacionales están contra ella, y las poblaciones nacionales se oponen abrumadoramente. Es la Comisión Europea la que lleva el proceso -- y ahora dos miembros prominentes de ese mismo organismo, a punto de dejar sus respectivas carreras políticas atrás, decían que todo era un gran error del que nadie se atrevió a hablar. (Quizá lo único que enfurezca al europeo de la calle más que tal giro burocrático, sea el apoyo norteamericano incomprensiblemente constante a la adhesión turca a la UE).
Lo que es fascinante de la entrevista de Lewis que dio lugar a esta ronda europea de darle vueltas, es que no pretendía versar específicamente sobre Europa. Su interlocutor preguntó a Lewis acerca de los progresos en la guerra de Irak, la evolución de la cuestión de Palestina, las esperanzas de democracia liberal en Irán, y las perspectivas de derrotar a al Qaeda. (En este último tema, Lewis dio una respuesta inquietante: "es un proceso largo y el resultado no es seguro en absoluto", dijo. "Funciona de modo parecido al comunismo, que tuvo éxito entre la gente infeliz de Occidente porque parecía dar respuestas inequívocas. El Islam radical tiene la misma fuerza de atracción"). Fue igualmente cautivador cuando describió la ruptura de la Unión Europea con Estados Unidos en términos de "una comunidad de envidia". ("Comprensiblemente, los europeos tienen algunas reservas sobre una América que les ha superado. Ese es el motivo de que los europeos entiendan bien a los musulmanes, que tienen una sensación similar").
Pero el propio futuro islámico de Europa surgió como mera casualidad. Preguntado acerca de si la UE podría constituir un contrapeso global a Estados Unidos, Lewis contestó simplemente: "no". Veía solamente tres países como jugadores "globales" potenciales: definitivamente China y La India, y posiblemente una Rusia revivida. "Europa", dijo, "será parte del occidente árabe, del Magreb". Lo que parece haber enfurecido a los oyentes europeos es que Lewis no afirmara esto como algo subido de tono, o una propuesta contraria. Simplemente lo dijo, como si fuera algo que cada persona políticamente neutral e intelectualmente honesta tomara a la ligera.
¿Lo es?. Bolkestein dijo que no sabía si las cosas acabarían como Lewis predijo. ("Pero sí que tiene razón", agregó Bolkestein, "la liberación de Viena [de los ejércitos turcos ] en 1683 habrá sido inútil"). Bassam Tibi, un inmigrante sirio que es el musulmán moderado más prominente de Alemania, parece estar deacuerdo con el diagnóstico de Lewis, incluso mientras rechaza su énfasis. "O el Islam se europeíza, o Europa se islamiza", escribió Tibi en el Welt am Sonntag. Habiendo pasado gran parte de la última década defendiendo la construcción de instituciones islámicas sensatas en Europa, Tibi parece advertir que Europa carece de la capacidad para rechazar el Islam, o la oportunidad de frenarlo. "El problema no es si la mayoría de europeos es islámica", añadió, "sino qué Islam -- el Islam de la sharia o el euro-Islam -- es el que va a dominar en Europa".
Christopher Caldwell es editor senior de The Weekly Standard.
Europa será islámica al final del siglo.
El estudioso del islam Bernard Lewis habla sobre el estado del mundo árabe y por qué los poderosos necesitan a Israel como pararrayos.
DIE WELT: En su primer libro, “La paradoja de Atatürk”, usted declaró: “Después de la guerra perdida fundó Turquía y resistió a Occidente, pero estableció vías para la aceptación de la primacía de la civilización occidental” ¿Sucede lo mismo en Iraq?
Bernard Lewis: No totalmente, puesto que Atatürk expulsó a los invasores, edificó una república y tomó la senda occidental. En Iraq, por el contrario, la dictadura fue derrotada desde el exterior. Pero también fue impuesta desde el exterior. El poder de Saddam Hussein no estaba enraizado en la cultura árabo-islámica. Radicaba en un modelo europeo, el de los nazis.
DIE WELT: En Iraq, los alemanes tuvieron éxito en un inicio.
Lewis: Sí, puesto que el régimen, que instalaron los alemanes allí en 1941 mediante Raschid Alí Al Kailani fue la cumbre de su éxito. Fue un modelo que siguió al del régimen nazi, apoyado por un movimiento similar al nazi que desembocó en el Partido Baaz. La tradición política islámica ciertamente conoce la autocracia y la obediencia, pero rechaza el despotismo y la dictadura.
DIE WELT: ¿Han allanado el camino hacia la dictadura Baaz las reformas realizadas desde el siglo XIX?
Lewis: Sí. En Iraq se trataba en aquella época de modernizar u occidentalizar. Europa era el modelo moderno entre los modernos. Pero, ¿qué significa esto? Fortalecer la autoridad central. El Estado tuvo más poder. Al mismo tiempo fueron debilitadas las fuerzas de la sociedad tradicional que habían sido un contrapeso del Estado. Se cortó todo lo que crecía orgánicamente desde el interior: comerciantes de bazar, tribus, notables territoriales y dignidades religiosas. Ninguno de ellos era nombrado por el Estado, pues sus dirigentes emanaban de la ordenación de la sociedad.
DIE WELT: ¿Qué posibilidades hay de satisfacer la cuestión palestina sin Saddam Hussein?
Lewis: Han mejorado al pasar de no tener ninguna a tener alguna posibilidad. Los afectados ven mejor lo que antes o no conocían o no se atrevían a expresar. Por ejemplo, se hizo una encuesta en Gaza acerca de quien tenía la culpa de la miseria y sólo una minoría la atribuyó a los israelíes. Antes toda la responsabilidad habría recaído sobre ellos. Ahora los palestinos consideran responsables a sus propios dirigentes. Un gran paso.
DIE WELT: ¿Ha pasado la hora de Yasir Arafat?
Lewis: Eso espero. Aunque él posee una meritoria capacidad de supervivencia. Un problema es la disposición de muchos a ayudarle, sobre todo en Europa.
DIE WELT: Es un figurón.
Lewis: Es más que eso. Ejerce los controles efectivos y recibe anualmente millones de dólares, entre otros, de la Unión Europa y ello sin una clara contabilidad.
DIE WELT: La valla de Israel sobre la línea verde (línea del alto el fuego en 1949) o sobre el territorio ocupado, ¿es la cuestión decisiva?
Lewis: La Línea Verde tiene poco sentido pues se entiende por ella el acuerdo de alto el fuego de Rhodos después de la guerra de 1949, por lo que está claro es la línea del alto el fuego, no una frontera.
DIE WELT: La Asamblea General de Naciones Unidas ha condenado la construcción de la valla.
Lewis: Esto hubiese sido convincente si este organismo hubiera tomado esa decisión de un modo más ecuánime. Muy unilateralmente, apenas toma en consideración el problema del Terrorismo y de los atentados suicidas que son el motivo fundamental de la construcción de esta barrera. Israel existía desde hace tiempo, pero sin valla. Ésta es un acto de desesperación, una reacción a los atentados. Esto debiera haberlo considerado mejor la ONU.
DIE WELT: ¿Cuáles son los presupuestos para unas negociaciones entre israelíes y palestinos?
Lewis: Cada uno de ellos debe reconocer la legitimidad y la justificación de la existencia de su Estado al otro. Cuando se parte de ahí, qué extensión deba tener Israel o qué fronteras deba tener, son cosas negociables. Aparte de esto, el terrorismo debe ser condenado. De alguna manera la cuestión palestina muy valiosa para los gobiernos de la región. El espacio árabe, económicamente, ha quedado detrás del África Ecuatorial. Los habitantes de esos países lo saben y levantan justificadamente su rabia contra sus gobiernos. Estos trasladan su ira a la cuestión palestina. Si no existiera Israel, se darían cuenta de ese fracaso económico. La ausencia de Israel provocaría que esos gobiernos tuvieran que hacer frente a la ira de sus ciudadanos por ese fracaso.
DIE WELT: ¿Cuál es la posición de Irán en las negociaciones de paz?
Lewis: Su gobierno es un problema, pues ayuda a diversos grupos terroristas que se autodefinen religiosamente en Gaza y el Líbano. En el mismo Teherán se ha tergiversado el islam. No son únicamente antijudíos, sino también anticristianos, aunque el Corán les ordena tolerancia.
DIE WELT: Usted previó con antelación la revolución islámica del Ayatolá Jomeini de 1979 en Irán. ¿Qué desearía predecir hoy?
Lewis: Una revolución democrática en Irán y en Iraq. Para ello veo fuerzas originarias. Pero esto no será ni rápido ni fácil.
DIE WELT: ¿Ha mejorado la vida la revolución islámica iraní?
Lewis: No. El nivel de vida se ha deteriorado en todos los ámbitos. Hay menos libertad, un nivel económico menor. Sobre todo a las mujeres les va mucho peor. La edad legal para casarse era antes de 18 años. En esta república es de nueve años. Han legalizado el matrimonio de niñas siguiendo las leyes de la sharia islámica.
DIE WELT: Arabia Saudí soltó un genio de una lámpara mágica. ¿Lo pueden volver a meter ahí?
Lewis: Apenas. La situación se está tensando. Los extremistas están a la vista en sitios web. La dirección wahabita se está mostrando extremadamente fanática, intolerante y violenta. Ese no es el islam tradicional tolerante. Hoy hay allí masacres cometidas por extremistas sunníes que asesinan a chiítas orando. Esta es la nueva versión wahabita del islam.
DIE WELT: ¿Podría una mejor educación desarticular el profundo complejo de los árabes hacia los occidentales?
Lewis: Sí, pues existen personas capacitadas. Antiguamente contaban con los mejores investigadores. Pero después retrocedieron. Una causa de ello es el agotamiento de la investigación. En la Edad Media las sociedades islámicas fueron muy activas y creativas. ¿Por qué perseveraron estas personas de repente en su ABSEITS intelectual? Algunos dicen que esto fue consecuencia de la decadencia de la economía. Otro dato fue el descubrimiento de América. Esto fue con toda seguridad una de las causas del predominio de Europa. Europa descubrió el Nuevo Mundo, los países del oro y la plata, los terrenos para nuevas simientes. Para ello se realizaron avances tecnológicos y se mudó hacia la Europa moderna. Pero, ¿por qué no descubrieron América los musulmanes? También tenían una costa atlántica.
DIE WELT: Los europeos construyeron barcos con capacidad de cruzar el Atlántico, los musulmanes los construyeron más ligeros para cruzar el Mar Rojo y el Océano Índico.
Lewis: Exacto. Cuando los barcos europeos llegaron a aguas del Asia Oriental tenían ventajas, al estar construidos para navegar por el Atlántico: más cañones, tripulación y mercancía.
DIE WELT: ¿Fue otra causa el trato dado a las mujeres?
Lewis: Sí, uno de los grandes logros de la Cristiandad es la aceptación generalizada de la monogamia. Todas las demás civilizaciones habían permitido la poligamia. El Cristianismo fue la primera religión mundial en la que sólo se permitía una mujer. Como ya en su momento subrayaron los autores turcos, las mujeres no sólo son la mitad de la población, sino que son también las madres de la otra mitad. Los niños, que crecían con una mujer educada, alcanzaban con seguridad más cosas en la vida que los que estaban con madres analfabetas. A pesar de ello, los territorios islámicos vivieron sus períodos de florecimiento.
DIE WELT: ¿Quizás las mujeres en el islam primitivo fueron mejor tratadas que en momentos posteriores?
Lewis: Así es. En las dinastías europeas las mujeres y las hijas eran importantes. Las madres permanecían en el árbol genealógico. Entre los Osmanes, por contra, a menudo desconocemos quienes eran las madres. Eran en su mayoría concubinas anónimas de los harenes. Esto no era así en el islam primitivo. Entre los califas y la dinastía Omeya (del 661 al 750 d.C.) las madres eran mujeres libres. El sistema de harén llegó después.
DIE WELT: El islam en su día actuó como un gran portador de paz en sus propios espacios.
Lewis: Ciertamente, aunque naturalmente, hubo guerras entre ellos, como la de los sultanes turcos contra los shas persas. Pero eran pocas en comparación con la historia militar europea cuyas numerosas guerras, por cierto, también impulsaron la tecnología militar. Aparte de esto, los europeos debieron aprender muchos idiomas para poder entenderse. En las regiones islámicas, por contra, había tres lenguas decisivas: árabe, persa y turco. Los europeos, sin embargo, no sólo debieron aprender las lenguas de sus vecinos, sino también las de sus predecesores para poder leer escritos tales como los del Viejo y Nuevo Testamento: hebreo y griego.
DIE WELT: ¿Qué país puede considerarse como un modelo educativo: Iraq, Palestina, Egipto o Turquía?
Lewis: Hace años habría señalado a Túnez, pero allí se ha declinado. El gobierno se hizo menos liberal, más autocrático. Túnez contaba en su momento como la vanguardia en apertura, educación y derechos de las mujeres. Ahora está retrocediendo, al revés que Marruecos.
DIE WELT: La lucha contra Al Qaida, ¿va a durar decenios?
Lewis: Creo que es un proceso largo y los resultados no son de ninguna manera seguros. Se debe tomar en cuenta la posibilidad de que Al Qaida gane. Tienen muchos aliados en Occidente, conscientes e inconscientes. Entre los conscientes cuento las crecientes minorías islámicas y los conversos en Europa. Ésta se comporta ahora de forma parecida a como antes lo hacía con el comunismo, pues a los infelices de Occidente les gustaba que se les dieran respuestas unívocas. Esa es también la fuerza de atracción de las personas al islam radical. Les proporciona convicciones y certezas, les da el sentido de una misión. Aparecen unidos, mientras las democracias lo hacen profundamente divididas.
DIE WELT: ¿Se acerca entonces un imperio islámico global?
Lewis: En las democracias parece que las personas se odian más que a los adversarios exteriores. La debilidad y la división parece que dominan al lado occidental. La política en Europa no ayuda a superarlo, en especial la política francesa y alemana.
DIE WELT: ¿Es Al Qaida aún lo suficientemente poderosa para cometer un atentado parecido al del 11 de septiembre de 2001?
Lewis: Sí. Antes de aquel atentado hubo una larga sucesión de ataques a instituciones americanas. Los radicales se vieron estimulados puesto que faltó una auténtica fuerza para hacerles frente. Después del 11 de septiembre quedaron impactados por la dureza de la nueva administración USA en Afganistán e Iraq. Entonces Al Qaida vio en los debates occidentales debilidades y división. Naturalmente se sintieron con ánimos renovados y volvieron a empezar, entre otros sitios en España, pues ésta retiró sus tropas de Iraq. Sin duda habrá nuevos ataques.
DIE WELT: ¿Qué causas existen para la división entre USA y la UE?
Lewis: Desde alguna perspectiva podría cambiar el nombre de la UE para denominarla “cooperativa de envidias”. Está muy claro que los europeos alimentan reservas contra América que han sido llevadas muy lejos. Por eso los europeos entienden bien a los musulmanes, porque también se sienten adversarios de América.
DIE WELT: ¿En qué podría consistir la especialidad de una política alemana respecto al Oriente Próximo y Medio?
Lewis: (se ríe) En la prudencia, en contrapesar el exceso de sentimiento y la irracionalidad de la política francesa.
DIE WELT: ¿Constituirá la UE un contrapeso global a América?
Lewis: No. Junto a los Estados Unidos serán actores globales China, India y, posiblemente, una Rusia recuperada. Seguramente nadie sabe qué tipo de poder habrá en Moscú, pero ciertamente no será comunista. Europa será una parte del occidente árabe, del Magreb. A favor de ello cuentan la emigración y la demografía. Los europeos se casan tarde y no tienen ningún o muy pocos niños. Pero existe una fuerte emigración: turcos en Alemania, árabes en Francia y pakistaníes en Inglaterra. Estos se casan pronto y tienen muchos niños. Siguiendo las tendencias actuales habrá mayorías musulmanas en la población europea lo más tarde a finales del siglo XXI.
http://www.welt.de/data/2004/07/28/310913.html
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