logotipo

img_google
Allegro Ma Non Troppo
... de com es menjen algunes coses, i com d'altres són infumables...
Acerca de
Mi mujer tiene un físico bárbaro (A. Einstein)
 
AQUEL MARCAJE DE ALBELDA A ZIDANE

(Article publicat al Levante-EMV, després de l'eliminació de la selecció espanyola del Mundial d'Alemania per part de França)



El fútbol entra en el terreno del realismo mágico cuando las despedidas llegan a ser más alegres que las bienvenidas. Eso debió pensar Zinedine Zidane cuando en el césped de Hannover sus tobillos se encontraban con pasos de baile que creía olvidados. El astro francés, se regaló una última noche gloriosa. Bien secundado por Vieira y Makelele, Zizou hizo y deshizo a su antojo, y se permitió la delicatessen del tercer gol. Por su parte, David Albelda contemplaba la exhibición del jugador galo en la desesperada frialdad del banquillo. Tras ser una pieza clave en toda la fase de clasificación, el capitán del Valencia, después de un debate mediático nacional, ha sido relegado en el Mundial en favor de un joven tridente de orfebres,(Xabi Alonso, Xavi y Cesc), de exquisita técnica pero discreto sacrificio defensivo.

Por muy distintas razones, el pasado martes en el Niedersachsenstadion, Zidane y Albelda recordarían la fecha del 25 de agosto de 2001. Esa noche, el Valencia ganó 1-0 y el mediapunta acabó desquiciado tras el pegajoso marcaje del mediocentro blanquinegro. Nunca le dejó pensar ni maniobrar. El exceso de faltas cometidas por Albelda (ocho), todas ellas sin violencia, de las llamadas faltas tácticas para abortar contragolpes, fue el argumento al que se acogió la prensa deportiva madrileña para vilipendiar durante toda una semana su actuación, en una época en la que Albelda aún no había adquirido el mayor rango que tiene actualmente en el fútbol nacional. El Valencia de Rafa Benítez acabó proclamándose campeón de Liga. Como sucediera dos años después, con la consecución del doblete en 2004, de aquel equipo solidario en el esfuerzo y la disciplina táctica se criticó, desde esas mismas tribunas, un aparente conservadurismo y ausencia de espectáculo. La eterna batalla ideológica del fútbol.
A estas alturas, cuando Albelda parecía haber convencido a los críticos al ser una pieza clave en los últimos cuatro años en la Roja, la vía estética que proporcionaban Alonso, Xavi y Cesc lo volvió a situar en el centro del debate a dos semanas vista del viaje a Alemania por parte de los jueces de siempre. Luis Aragonés aceptó la novedosa idea de jugar sin un Dunga o un Deschamps y obtuvo prometedores resultados en el arranque, pero ante contrincantes muy inferiores.
El oficio de Francia medirían la madurez real del proyecto. España controló la posesión, tocó y tocó, hizo «tiki-taka» pero sin profundidad ni remate. Los galos, más expertos, prefirieron administrar el ritmo del encuentro según les convenía. Liberado de una marca clara, a espaldas del trivote, Zidane acabó por ser decisivo. No se sabe qué hubiera pasado con Albelda. Sin embargo, el denostado marcaje del 25 de agosto de 2001 recibió su homenaje más insospechado