Te digo...
No es que sienta el suelo desaparecer bajo mis pies, es que ha desaparecido literalmente. Hacia donde dirigir mis pasos se convierte en un descifrar de miles de posibilidades que me hacen estirarme, aguzar la vista, sonreírme a mí mismo…
Pero, es así, cuando menos te lo esperas, llega la saudade. Una misma carta enviada en momentos diferentes, más bien, unas palabras inesperadas, unidas en un sin sentido, sin razón para mí, porque aún no puedo creerlo, porque me parece imposible que haya vuelto a caer en la desilusión de esperar lo inesperado y encontrarme con lo esperado.
La saudade de la distancia, de la pérdida, de añorar, esta vez más que de una persona de la vida compartida que soy consciente que no hubo y la que hubo no volverá, porque mi capacidad para tirar de mis raíces se agotó cuando comprendí que ellas nunca se estirarían para buscar el agua que me diera vida.
Porque puedo vivir muchas vidas, pero al final sólo me queda la mía y, entonces, prefiero vivir ésta, aunque me entristezca comprobar que no supe, primero yo, no supimos después, conjugar ambas para que ninguno de los dos perdiera.
Y sé que la saudade durará. Y sé que pasará, como pasa la vida, aunque el amor permanezca. Porque esta vez no quiero olvidar, sólo seguir adelante y reconocer, recordar, que fue hermoso, que fui querido, que amé, que aún amo y que ojalá no sea una pérdida, aunque sepa que lo será, aunque sepa que dejaré de oír tu voz acariciarme, de descubrir tu mirada abrazarme, de sentir que me pides... Porque aunque todo esto cueste, sé que tengo que vivir mi vida.
No haré como tú hiciste, porque yo no puedo, porque yo si te quiero.
Adios.

Pero, es así, cuando menos te lo esperas, llega la saudade. Una misma carta enviada en momentos diferentes, más bien, unas palabras inesperadas, unidas en un sin sentido, sin razón para mí, porque aún no puedo creerlo, porque me parece imposible que haya vuelto a caer en la desilusión de esperar lo inesperado y encontrarme con lo esperado.
La saudade de la distancia, de la pérdida, de añorar, esta vez más que de una persona de la vida compartida que soy consciente que no hubo y la que hubo no volverá, porque mi capacidad para tirar de mis raíces se agotó cuando comprendí que ellas nunca se estirarían para buscar el agua que me diera vida.
Porque puedo vivir muchas vidas, pero al final sólo me queda la mía y, entonces, prefiero vivir ésta, aunque me entristezca comprobar que no supe, primero yo, no supimos después, conjugar ambas para que ninguno de los dos perdiera.
Y sé que la saudade durará. Y sé que pasará, como pasa la vida, aunque el amor permanezca. Porque esta vez no quiero olvidar, sólo seguir adelante y reconocer, recordar, que fue hermoso, que fui querido, que amé, que aún amo y que ojalá no sea una pérdida, aunque sepa que lo será, aunque sepa que dejaré de oír tu voz acariciarme, de descubrir tu mirada abrazarme, de sentir que me pides... Porque aunque todo esto cueste, sé que tengo que vivir mi vida.
No haré como tú hiciste, porque yo no puedo, porque yo si te quiero.
Adios.

Comentario:
Gracias Sofi. Me alegro que por fín te haya salido bien. Seguro que estás viviendo algo precioso, como yo tambien quisiera. Es duro decir adios a las personas que no nos aman, pero es mas duro a las que se niegan a amarnos. Pero sí, no queda otra que dejar que la vida fluya. Saludos.
Comentario:
La vida está llena de despedidas dolorosas, de finales de historias preciosas y también amargas. Yo comencé a vivir a los 48 años, cuando tomé una de las decisiones mas difíciles de mi vida y me salió bien, por fín me salió bien. La vida está llena de sorpresas, pero para que lleguen hay que esperarlas con sosiego, dejando que la vida fluya tranquilamente. Solo hay que estar atento a las pequeñas cosas que pueden hacernos felices. Y muchas veces hay que decir adios a las personas que no nos aman, para que ese vacío lo llena la persona que realmente merecemos. Un saludo