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Pensamientos, conversaciones, silencios, pitillos compartidos, noches, ilusiones, momentos... Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferéncia entre sostener una mano y encadenar un alma...de niña.
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Tenemos un problema.
Turbulencias... O sea, problemas... "Porque siempre no vamos a estar bien", reflexiona mi madre con decidido acento de serenidad y sentido común; y, evidentemente, lo mismo podrían decir todas las empresas que en el mundo han sido y son: lo raro, lo mágico, lo inexplicable, lo portentoso sería que una "vida empresarial" y una existencia profesional transcurriesen sempiternamente como una balsa de aceite, sin sobresaltos, contratiempos, turbulencias y problemas.

Yo confieso que sí, que en cuanto oigo la bendita frase de "tenemos un problema" en el trabajo, pienso –y suelo acertar– que se trata de un verdadero, importante y gran, gran problema... ¿Soy, acaso, una ‘ceniza’ que siempre se teme lo peor? No, no me tengo por tal... Lo que sucede es que los "pequeños" problemas no se vocean; ¡vamos, que no se proclama un bando en la empresa sobre ellos!...

Cuando se pone en conocimiento de todo el personal currante que "tenemos un problema’ es que la turbulencia nos va a sacudir de los pies a la cabeza, con el vigor que se necesita para preparar un martini como está mandado...

Y, por lo que tengo observado, las reacciones que siguen al anuncio son de dos tipos: la tajante y/o impulsiva; y la pausada y/o sensata... La primera se caracteriza por: a) proponer posibles soluciones –que se demuestran enseguida como imposibles, por cierto...– vociferando, a gritos: "¡Esto hay que arreglarlo por las bravas! ¡en cuanto tomemos dos decisiones a lo bestia desaparece el problema!"; b) mirar con ojos de basilisco y considerar cobardes irredentos a cuantos piden un poco de calma y serenidad antes de actuar por la tremenda y lanzándose a una piscina que, con toda seguridad, no tiene agua, para más ‘inri’... La segunda reacción, la pausada y sensata, se parece más a la de Houston ante la imperiosa demanda de socorro del Apolo XIII... No es que nadie se quede quieto, parado, atónito y de brazos cruzados; pero tampoco hay nadie que comience a dar puñetazos en la mesa reclamando soluciones súbitas, inmediatas, aceleradas, "a lo bestia", como dicen los otros...

En esta segunda reacción ante los problemas –por graves que sean– impera el sentido común; de modo que, en primer lugar, aparece un invisible letrero luminoso en todas las mentes que deben hallar la salida al embrollo que reza así: "los problemas complejos no tienen soluciones fáciles"... ¡Es que es de cajón de madera de tabla!: lo que hace duro, difícil un problema es, justamente, su complejidad; y no se puede luchar con simplonería contra lo complejo... Así, tras el encendido del letrero, el sentido común nos seguirá diciendo que precisaremos tiempo, habilidad, inteligencia, experiencia, diligencia y mucho sudor para hincarle el diente al problema complejo... Y una tenacidad callada, silenciosa –que nada tiene que ver con la vociferante vehemencia– para llegar a una solución.

En tercer lugar, cuanto más ardua y áspera se presente la complicación, más gente tendrá que estar convocada, motivada e implicada para encontrar la salida del laberinto...

Porque, en estos casos, los arrebatos del tipo que se cree Superman y que está convencido de que puede parar el "choque de trenes" a base de fuerza bruta –o de chulería–, son completamente inútiles: como tratar de impulsar el Apolo XIII de vuelta a la tierra a base de patadas sin contar con las ideas y soluciones de ingenieros, físicos, técnicos, expertos de todo tipo y condición; especialmente debe contarse con la opinión y el trabajo de aquellos que llevan sobre su ‘piel profesional’ las cicatrices de muchas heridas causadas por problemas anteriores; que saben de lo lento y penoso que puede ser dar con la solución idónea; que tuvieron el valor de no ser unos ‘valentones’ de comedia de capa y espada y que, sobre todo, tienen una lección bien aprendida: que también se sobrevive al fracaso; que incluso se aprende de él.

Porque, en algunas ocasiones, la única respuesta cabal al "tenemos un problema" de turno es "y el problema es que este problema no podemos resolverlo de ninguna manera"... Es la aceptación impepinable del "nadie (ni nada) es perfecto"...

Pilar Cambra
Redactora jefe de Expansión
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Y si mañana no podemos pagar nuestras hipotecas...pues no pasa nada!!!!!! Se venden propiedades y a vivir!!!!!
Las vivencias es lo único que nos llevaremos algun día a algun lugar!!!!!!
 
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A mi nunca me gustaron los super heroes!!!!!!!!!!!
 
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Sinceramente creo que nosotros llegaremos a ver la extinción del Superman, por lo menos tengo la esperanza, aunque ahora no haya dinero :)
No