<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Diario de un Alma Hipotecada]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[¿Alguno de vosotros tenía sueños y esperanzas?, yo también, los dejé al otro lado.]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Me traslado]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_34.htm]]></link><description><![CDATA[Después de un par de meses debajo de la manta me traslado. He vuelto a activar mi antiguo dominio y me he puesto allí un blog más sencillito y más rápido, además de colgar de nuevo todos mis cuentos y demás historias por si alguien gusta.<br/><br/>La nueva dirección es <a href=http://www.garvidal.com/blog target=_new> http://www.garvidal.com/blog </a>. Además en <a href=http://www.garvidal.com target=_new> www.garvidal.com </a> podréis encontrar cuentos, poemas y demás historias.<br/><br/>Espero veros por allí. Muchos saludos, nos leemos.<br/><br/>Bribón de Sombras.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[Eva]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[&#9;&#9;A Eva se le marchitaban las mañanas como melocotones al sol, sin dar más razón que el lacerante abandono al tiempo, la lánguida rampa en la que dejaba resbalar sus momentos de vida sin intensidad con sonrisas prendidas de alfileres y pieles insensibles al frío de la aurora, caricias ya olvidadas y tercos despertares llenos de ecos en las esquinas de su cama, perdidos sus sueños entre los pliegues de las sábanas que eran las únicas manos que la abrazaban desde hacía un millón de suspiros. Se dejaba llevar entre una multitud de cuerpos sin rostros, sudorosos sauces que plantaban sus ramas a lo largo de los vagones del metro, y, cuando los túneles voraces bamboleaban su cuerpo contra la fría pared de latón y acero, tan solo el crujir de su propia alma rota despertaba a Eva de su ensoñación para ser vomitada entre otros mil a un andén donde los silencios de la masa la arropaban dándole un espacio no vació para no soñar, a remolque de las escaleras mecanizadas, y luego, deslumbrada por un sol traidor, se dejaba acariciar por el frío viento que regaba las calles de hojarasca otoñal. La sensación de sentirse perdida desaparecía al acostumbrase su mirada a la cegadora luz, como una mentira aprendida, se dejaba empujar de nuevo hasta un edificio gris en el que, tras escalar sus entrañas, la arrojaba a una mesa inválida e inundada de mil asuntos pendientes de abandono y otros cientos escondidos en los cajones junto a fotos ya amarillentas de otros momentos que le fueron más propicios que los vientos de otoño. Eva tomaba el agrio café de la tristeza con dos terrones de azúcar y algo de leche, junto a la soledad del zumbido de la máquina expendedora de bocadillos y el grifo de agua sabor yeso que se anunciaba en los pasillos vigorosos de su empresa. Con voz de contestador dibujaba las llamadas que el teléfono le regalaba, hasta dejarse perder entre sus recuerdos y sus deseos, alentando a su alma a seguir despierta una mañana mas, aunque, finalmente, a Eva se le marchitaban las mañanas.<br/><br/>&#9;&#9;Cuando el reloj se dejaba vencer por el tiempo, levantaba su mirada a la tarde incipiente y virgen, y gustaba de imaginar citas, llamadas, reuniones, encuentros, pero, como cada tarde, dejaba las mondas marchitas de la mañana sobre su mesa, se calzaba su vida y su abrigo, y salía a respirar el viciado aire de la ciudad que la exhortaba a marcharse a vivir si quería vivir, retornaba a la madriguera del metro y se dejaba, otra vez, violar en su espacio mínimo por otros seres para poder llegar cansada a casa, donde la esperaba un oscuro silencio que impregnaba las paredes con sombras húmedas y solitarias. La televisión gritaba mentiras estudiadas al salón en el que ella abandonaba su cuerpo sobre el sofá, la música asíncrona de la calle se poblaba de motores y enloquecidos rumores que florecían en las esquinas, y las persianas de los comercios al topar con el suelo, componían una sinfonía que le impedía abandonarse al silencio. Finalmente el sueño la encontraba encogida sobre el sofá, con una breve manta de viaje acosando su plegado cuerpo y abrazada a un cojín de plumas que se transformaba en un amante silencioso y fiel, ciego y mudo, pero dulce y amable.<br/><br/>&#9;&#9;Eva se despertaba entrada la noche en las ventanas, pintando de negro las persianas que la tarde había enrojecido. Se desperezaba y, arrastrando la manta y el cojín, reptaba hasta la cama donde la esperaba una nueva noche llena de secretos intangibles, y Eva se preguntaba donde estaba la vida que le prometieron cuando era niña, con la boca llena de azúcar y miel, y los abrazos de una madre que marchitó, como los melocotones al sol, como marchitaban sus mañanas.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[Necesidades.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[El otro día, sin otra cosa más interesante que hacer, o quizá con miles de cosas más interesantes pero menos apetecibles que hacer, me senté, en silencio, para precisar cuales son, realmente, mis necesidades. Y es que a lo largo de estos años de vida itinerante he ido almacenando una centena de objetos que, en su día, me parecieron total y absolutamente precisos y que, ahora, no se donde meterlos... bueno, se me ocurre un buen sitio, la basura. Y es que, de repente, me he dado cuenta de que lo guardo todo, que locura, entradas de cine, panfletos publicitarios, revistas a medio leer, todo eso que se hace provisionalmente definitivo cuando dices "mañana" o "después". Me di cuenta del ansia por almacenar que tenemos los humanos, por ejemplo los libros, a veces un amigo te deja un libro, lo lees, te gusta y lo compras... aunque quizá ya lo hayas leído, pero te gusta tenerlo en la estantería... y que decir del cine, es una perdición, películas que te gustaron y que sin dudar compras en DVD... aunque bueno, alguna noche de total inapetencia televisiva (las más) siempre puedes volver a tu colección de "clásicos". Y la inapelable tiranía de los regalos, te gusten o no, hay que tener a la vista del regalador para su propio disfrute... y aquellos que pueden caerse "accidentalmente" tienen una solución a corto plazo, pero los irrompibles... y no hablemos de los regalos de madrina de las bodas, al menos al ser hombre y me libro en un 90%, un puro y para casa. Juegos de Café, cuberterías, mantelerías, sábanas, cristalerías... ¿de donde diablos he sacado yo para poner una tienda?.<br/><br/>Bien pues, al final, siempre uso la misma vajilla, la más normal, los vasos son, como en toda españa, los que regalaba Nocilla (me refiero al modelo, claro, ja ja ja), las sábanas las más cómodas y me paso la vida sin abrir los armarios llenos de loza y demás enseres que ni siquiera recuerdo, me siento rodeado por cosas que no preciso, que no necesito, y, al final, he decidido que, lo único que realmente requiero para vivir es una casa luminosa, una cama cómoda, un sofá agradable, un sitio para leer o para escuchar música, una librería bien surtida cerca, un videoclub del mismo modo, un cine, alguien con quien hablar tomando un café (ojalá la vida fuese un anuncio de Nescafé) y despertarme cinco minutos antes de que suene el despertador, una conexión a internet y poder viajar unas cuantas veces al año a cualquier sitio.<br/><br/>Y poco más, no creaís, no necesito de un coche caro, ni vivir en el centro, no preciso ropa de marca ni el último modelo de viceroy en mi muñeca, me da igual como vistan los ídolos del futbol (y el futbol) incluso (con lo que yo he sido, que lástima) no quiero un Pentium mil a diez mil, ni bajarme todas las películas de internet del mundo para tenerlas almacenadas como si fuesen galletas. Quizá la vida, cada día, sea más complicada por que nos empeñamos nosotros en complicarla, ¿quién necesitaba un teléfono con quince años?, ahora hay teléfonos móviles que llevan personas colgando, a cualquier hora, de cualquier edad, nos crean necesidades y entramos en su juego. Buscaré mis necesidades reales, las que me dan paz, tranquilidad y sabiduría, y las demás, las que pueda, las dejaré, ahi al borde del plato, por que nunca se sabe cuando vas a querer probar otros sabores, ¿no?.<br/><br/>En realidad, al final, lo único que todos necesitamos es una brisa fuerte que nos de empuje, para que las velas de nuestros barcos nos lleven hacia delante, entre las olas.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[Dos semanas.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_31.htm]]></link><description><![CDATA[Llevo dos semanas debajo de las sábanas, lo se, pero no puedo evitarlo. A veces, sin venir a cuento, me pierdo. Quizá sea una mera excusa para tener que encontrarme y reorganizar un poco este desastre de vida que me llevo, pero, sea como sea, el caso es que de vez en cuando, sin ningúna causa en particular, no me apetece escribir, ni leer, ni casi respirar, como si la vida le pesara a uno demasiado. Y, si cabe, te es más dificil reincorporarte al ocio activo después de esta época. Por que, de repente, te enquistas frente al televisor y te vacías la mente con programas que, en épocas normales ni te llamarían la anteción. Será la primavera.<br/><br/>Y es que, esta obligación de ser feliz en primavera la llevo fatal, todo el mundo con una cara como la fotocopia de un joker y yo con una pinta de ajo tierno que no tiene nombre, pero claro, acostumbrado a las ciudades con dos estaciones (si contamos la de tren y la de autobus, el invierno y el verano) ahora esto de encontrarme en un sitio con primavera me desorienta totalmente. Yo antes pasaba del gorro de lana al pantalón corto sin dilación, ahora me encuentro con tardes a temperatura perfecta, noches fresquitas y mañanas agradables... y no se donde meterme. En un par de años me acostumbro, seguro. Y, aparte, la distancia.<br/><br/>Antes yo vivía solo a cuatrocientos kilómetros de mi Hada de ojos verdes, ahora vivo mucho más lejos, a cuatrocientos kilómetros, y es que conforme pasa el tiempo se alarga la distancia y se empalaga más la soledad. No sabía yo que mi cama era tan grande y que, durante la noche, hubiera tanto eco entre las sábanas. Y es que los duendes no somos nada sin las hadas, los piratas sin las princesas, las marionetas sin los mascarones de proa, y cada vez, cada instante, los kilómetros tienen más metros y el tiempo pasa más despacio. <br/><br/>Por lo demás me he reencontrado. Estaba en un cajón, junto a un montón de historias sin terminar, como siempre, las cosas están en el último lugar donde se buscan.<br/><br/>Ahora a programar. Este fin de semana un concierto de REM en Torrevieja, el fin de semana siguiente una escapada a Málaga con los Amigos, la siguiente a enterrarme entre los labios de mi hada... parece que ya amanece, es cuestión, tan solo, de esperar a que salga el sol.<br/><br/>Ahora a trabajar, que me despisto. Besos.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[Sonriendo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_30.htm]]></link><description><![CDATA[Verónica camina despacio. Siempre lo hace. Le gusta ver como el suelo pasa bajo sus pies, como si el mundo entero girase bajo ella. A Verónica le gusta pensar que el mundo participa de todos los pasos de la gente que camina sobre él, y que, finalmente, gira empujado por miles de personas que, como ella, caminan despacio. A Verónica le gusta caminar. Le horroriza viajar amontonada en autobuses sudorosos, prefiere poder oler el jazmín que se le presenta en primavera, el azahar que la rodea al pasar por los jardines cargados de naranjos, le gusta caminar despacio para no dañar con su tic tac el ritmo al que el mundo gira bajo sus pies, Verónica no sabe que alguien la observa cada mañana, mientras ella camina despacio atravesando la plaza del Salvador, no siente los ojos de piedra que, día tras día, se cruzan con ella, al caminar, al mover el mundo, despacio, tic, tac, bajo sus tacones, bajo sus pies. Ella no cree que nadie detenga su vida ni un momento para mirarla, se piensa a si misma como un ser transparente de miradas, que camina despacio, cada mañana, hasta llegar a su pequeña herboristería junto a la Catedral. Se piensa invisible, etérea, a veces, incluso, tienen miedo a evaporarse del mundo y que nadie note su ausencia, por eso Verónica camina despacio, para evitar que un tropiezo la transforme en humo y desaparezca sin un recuerdo. Siempre sonríe mientras camina, por si alguien la mirara algún día la viera sonreír, piensa que la gente que sonríe es más hermosa, otros pueden parecer misteriosos, serios, aburridos, pero si sonríes eres hermoso, le gusta la gente que sonríe cuando camina, los que llevan la mirada entre recuerdos, los que sonríen al azar cuando ven algo hermoso, pero, sobre todo, la sonrisa de la gente que camina despacio para mover el mundo bajo sus pies y sonríe. A Verónica le gustan las sonrisas.<br/><br/>A Sergio le gusta escuchar los pasos de la gente por la mañana, cuando caminan cerca de su puesto de Flores, en la plaza del Salvador. Le gusta el ritmo que marcan sobre el empedrado, los diferentes tonos según la suela del calzado, el rebote sobre las plantas de los pies de las chicas que calzan sandalias, el andar sigiloso de los tímidos, y el ruidoso de los necios, el fuerte chirrido de los tacones de aguja que arañan la tierra, y el amable martilleo de los tacones de Verónica. Sergio no sabe como se llama, no se atrevería a preguntárselo ni en un millón de años, de echo, para él, solo existe mientras, cada mañana, sonriendo, ella atraviesa la plaza del salvador, siempre con el mismo ritmo, caminando despacio, hasta que la pierde de vista más allá de la calle platerías. Él también le sonríe, pero para ella es como si no existiera, como si solo mirase a los que caminan, como si, aquel rostro inserto dentro del puesto de flores no fuera más que una estatua, con la mirada fija sobre ella, una mirada fría, de piedra, que se pierde tras su caminar tranquilo, cada mañana, hasta la calle platería. A Sergio le gusta escuchar los pasos de la gente, cada mañana, hasta que la vida se hace brusca y el ruido del día tapa y oculta los de los pasos, de la gente, que, tranquila, camina sonriendo y moviendo el mundo bajo sus pies.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[El jardín de La Seda]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_29.htm]]></link><description><![CDATA[&#9;&#9;Sus labios eran tan dulces como el almíbar, derramado desde sus miradas en dorados haces hasta los besos con los que lo recibía cada tarde. Sentada sobre su banco preferido en el jardín de la seda, a la sombra lozana y divertida de un abedul, remojando sus horas en las páginas de novelas de viajes, epopeyas de grandes viajeros que le hacían soñar durante sus esperas tranquilas, durante sus tardes pacientes. El sol se esparcía como polvo de hada poco amenazador sobre las sombras del jardín, rebañando, a la luz de la tarde, sus minutos de primavera ya madura, a punto de caer sobre el fruto del verano temprano y cálido. Vestida de linos y gasas, cada tarde, Pastora se sentaba sobre su amable banco, cruzaba sus piernas y, con el chillido mínimo de las desgastadas hojas al caer una a una sobre las cubiertas de sus libros, comenzaba su espera viajando a los confines infinitos de su imaginación, de su deseo, transformándose en volutas de humo que miraban desde la sombra del jardín de la Seda parajes pintados de palabras en mundos que tan solo podría soñar, acariciaba cada giro de muñeca con una nueva página en la que encontrar senderos ignotos a través del bosque más encantado, o señalaba con su mirada un nuevo camino sobre los pedestales de otros dioses, siempre raptada su voluntad y arrebatada su alma de su cuerpo como el viento arrebata la arena de las playas, para dejarla posarse sobre otro mundo, otros infinitos mundos a los que daba forma y color con sus propios ojos, lectores ávidos de aventuras adoptadas.<br/><br/>&#9;&#9;Pastora cruzaba sus piernas delicadamente, dejaba sobre ellas su puerta a los mundos soñados, y comenzaba a viajar mecida por las sombras del jardín hasta que Javier se llegaba a su lado para, dulcemente, con un beso que acariciaba sus labios, inyectarla en la lejana realidad que traía consigo. Se sentaba a su vera, mirándola, unos instantes antes de besarla, dejando que sus ojos la recorrieran en apetitos de pieles que le eran cómplices en las madrugadas, abandonaba sobre el suelo su maletín, caja de Pandora en la que guardaba los vientos hasta el día siguiente, y la besaba, suavemente, reconciliándose con su aroma a tarde, con los efluvios dulces que Pastora emanaba mientras regresaba de sus incesantes viajes hasta más allá de los mundos conocidos. Al despertar de sus tardes Pastora respondía con un beso apasionado, cerraba el libro depositando su marcapáginas entre sus piernas, y buscaba con avidez las manos que le arrebataban suspiros hasta conectar con Javier mirándolo cerca, muy cerca. Su pregunta muda quedaba siempre respondida con una sonrisa azucarada, y las tersas caricias de las pequeñas manos de Javier le contaban murmullos de un día de duro trabajo, hasta que, la musical voz de su Apolo le preguntaba, ¿donde estabas, Pastora?, y ella, parpadeando, paladeando coquetamente las palabras, respondía, aquí mismo, esperándote.<br/><br/>&#9;&#9;La tarde los acogía entre sus últimos suspiros, y ellos, de la mano, abandonaban el jardín de la Seda, como una puerta al tiempo para disfrutarse juntos, inmersos el uno en el otro dándose vida entre caricias y melazas.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[Miedo.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_28.htm]]></link><description><![CDATA[&#9;&#9;Cuando Ismael se encontró de frente con el dolor era ya demasiado tarde para asustarse, no quedaban sitios en las sombras que se dibujaban contra las paredes para esconderse, no tenía, tan siquiera, un agujero en el que meter la cabeza para no ver pasar la vida, estaba allí, de frente, desnudo, frente al dolor, que lo envolvía en volutas de humo gris, ascendiendo, tocándolo, podía sentirlo bajo su piel, entre sus músculos, aguijoneando sus nervios, poco a poco, como un torturador cruel que intentaba vencerlo, hacerlo gritar, doblegar su fortaleza hasta que se derrumbara. Ismael pensó en escapar, en lanzarse al vacío, empujado por el miedo, el miedo es libre, pensaba, es la única libertad que nos queda cuando estamos desnudos y solos, en la oscuridad, el miedo, es la pasión por la vida, por evitar a toda costa el dolor, el sufrimiento, es la libertad de elegir huir, esconderse, mientras que, para Ismael, la valentía era la esclavitud de la lucha, el tener que enfrentarse a su pesar contra un enemigo intangible, sin armas ni escudos, atado de pies y manos y envuelto, siempre, por el dolor.<br/><br/>&#9;&#9;Quiso desembarazarse de aquellas ideas, es la fiebre, pensó, es que mi cuerpo no conoce el miedo, no conoce la huida y lucha, a muerte, por librarse de la enfermedad, lucha con todas sus fuerzas, y lo llena de fiebre, de sudor frío que lo recorre de arriba a abajo, a veces a Ismael lo fustiga un escalofrío, puede sentirlo, como lo recorre erizándole el vello. Pero lo peor era el silencio, la sospecha, el encontrarse tan cerca del final de la escalera y no poder divisar el otro lado de la puerta, como si la luz que se filtraba bajo las rendijas no fuera mas que una reseña mínima de lo que le aguardaba al otro lado.<br/><br/>&#9;&#9;Ismael esperaba, todos decían que llegado ese punto, toda su vida anterior pasaría ante sus ojos, pero no era así, solo podía recordar una frase, una frase que se le había pegado en cualquier programa de radio, o que su mente extraía ahora de cualquier rincón de su memoria, "no es uno, son los demás los que se mueren", y eso le dolía, el temor inicial al final se trocaba ahora en una infinita angustia, en el abandono, dejar atrás a las personas que lo acompañaban, a todas esas manos, rostros, bocas, besos, a las caricias, a los recuerdos, las noches compañeras, las verbenas girando al compás de músicas que ahora sonaban lejanas, la piel, todas aquellas pieles que se mezclaron con la suya en olores, tactos, sabores, las miradas preocupadas que había visto en sus ojos, aquellas sonrisas intranquilas que intentaban esconder el miedo... el miedo es libre, pensaba Ismael, es la única libertad que tenemos cuando, en soledad, tenemos que enfrentarnos desnudos al dolor. <br/><br/>&#9;&#9;Ismael se despertó. A la luz. Al día. A la vida.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[El tunel]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[Cuentan que, entre Burgos y Soria, hay una carretera regional que atraviesa un tunel. Es un tunel oscuro, húmedo, como son la mayoría, pero en este, además, hay una leyenda, una de esas leyenda que nadie sabe sin son reales o inventadas, una de esas historias que todos hemos escuchado contar alguna noche al amparo de una chimenea crepitante, y de la que nunca puedes recordar quién te la narró, y donde pasó.<br/><br/>La historia a la que me remito cuenta que ese tunel atraviesa una montaña especial, una montaña sobre la que, un día, hubo un precioso cedro en el que, cada tarde, una pareja de enamorados, inscribía sus nombres enmarcados en corazones sobre su corteza. Todas las parejas del contorno, desde siempre, habían dejado allí su marca, y todos aquellos amores habían sido prósperos y fértiles como el cedro sobre el que estaban rubricados.<br/><br/>Pero un día, un hombre despechado, enamorado de una mujer que no le correspondía, decidió que, ya que aquél Cedro era el culpable de la eternidad del amor al que él no podía optar, lo talaría, y rompería todos y cada uno de aquellos amores eternos y melosos que recorrían con caricias y besos aquel tunel bajo aquel cedro cada tarde al ocaso. Y así lo hizo, taló el árbol, pero con tan mala fortuna que aquel tronco milenario cayó sobre él y también fue su propio final.<br/><br/>A partir de ese dia, todos aquellos amores se cortaron, cayendo unas veces sobre unos, otras veces sobre otros, y dejando solos a muchos que un día amaron. Dios, o alguién parecido decidió que había que dar una solución a tanto corazón talado, así que hizo correr esta historia de boca en boca para que, aquellas personas con heridas en el alma que desearan curarse, deberían pasar caminando por aquel tunel. Es un tunel oscuro y húmedo, y está lleno de gente que se ha perdido intentando atravesarlo para curar sus heridas. Por eso, ese mismo Dios, o alguien parecido obligó, por toda la eternidad, a aquel hombre despechado a ayudar a salir del tunel a los perdidos, a los heridos. Él no puede entrar al tunel, tan solo puede esperarlos en uno de los extremos. Pero desde ahí les habla, los guía, y, aquellos que lo escuchan y lo creen, pueden llegar a salir de ese tunel y curar sus heridas.<br/><br/>Si alguna vez tienes heridas en el alma, si alguna vez atraviesas caminando un tunel en una carretera entre Burgos y Soria bajo el tocón de un cedro, has de pensar que hay una salida, que en esa salida hay alguien que espera y ayuda, pero que tu debes ser el que debe atravesar todo el tunel a solas, para curar las heridas, para salir de la oscuridad.<br/>]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[La Lluvia.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_26.htm]]></link><description><![CDATA[&#9;&#9;Isabel tenía el alma llena de lluvia. No siempre había sido así, hacía algunos años su alma era fuego, una ardiente tempestad de volcanes y lava que le hacía caer siempre ladera abajo, devorando sus miedos y pudores y fundiendo toda su razón al calor infernal de su pasión, se había dejado siempre abrasar por aquella fuerza incontenible de la lava de sus sentimientos, sin que nada pudiera haberla detenido... hasta que llegó al mar, la mar que enfrió su alma, que le llenó los ojos de gotas de lluvia y que hizo que la roca fundida de su corazón se convirtiera en piedra rota y ajada, en una resquebrajada estatua que, poco a poco, se enfriaba cada día más, pesándole en el pecho como una pena pesa en el alma. Y entonces llegó la lluvia, el maná sagrado que alimentó su tristeza con pasiones dormidas y que puso a enfriar los rescoldos de sus pasados llenos de fuego, la lluvia que enfriaba su mirada, que se hacía vapor en sus ojos, que se dejaba llegar como niebla en las mañanas de los domingos, tumbada sobre su lecho, otrora lleno de pétalos de rosa, lleno ahora de soledades y recuerdos que se escondían entre las arrugas de las sábanas, entre las arrugas del tiempo.<br/><br/>&#9;&#9;Las mañanas eran niebla, las tardes bruma, las noches tempestad, por que Isabel necesitaba tener el alma llena de lluvia, necesitaba que el agua enfriara en todo momento su interior para no volver a arder, no volver a caer ladera abajo hasta la mar. Se movía siempre despacio, para que no se vertiera el agua por sus ojos, para que la brisa no se llevara las oscuras nubes de sus recuerdos, la memoria de sus tristezas era el cielo nublado que le daba cobijo para no volver a ser quemada por el sol de media tarde al abrazo de un fuego que ya no deseaba ni recordar, Isabel quería estar fría por dentro, tan fría como la soledad, para no sentir, para no llorar. Buscó otras almas frías, y encontró la comodidad del saberse mojada entre los brazos de algunos delfines que no supieron llevarla al puerto, que no intentaron más que saltar entre las olas de su alma sin bucear hasta su corazón, sin intentar encontrar el tesoro del galeón hundido en su alma una noche en la que, el mar, enfrió su fuego y hundió su fragata en lo más profundo del océano.<br/><br/>&#9;&#9;Hasta que cejó la lluvia. Cuando su alma estuvo lo bastante fría, cuando sus ojos eran solo cristales a través de los cuales mirar el mundo, cuando su interior era tan duro como las montañas, tan frío como el mármol, la lluvia se detuvo, e Isabel se dedicó a caminar a través de la vida sin calor, sin frío, tan solo sintiendo un peso antiguo en su interior, siempre con miedo a arrastrarse de nuevo por la ladera. Pero la vida tiene vientos cambiantes y una tarde de Febrero, cuando el tímido sol comenzaba a recalentar las almas y los cuerpos, el eco del tiempo devolvió una voz antigua que venía desde las montañas, desde el corazón mismo de los recuerdos creídos, de los deseos inventados, de los pasados deseados, ese viento, esa voz, alimentó una chispa nueva en la mirada de Isabel, una chispa que incendió con sabrosa indiferencia los brotes que habían florecido silenciosos del carbón frío de sus pasiones, y al amparo de aquel pequeño fuego el alma de Isabel comenzó poco a poco a arder en un chispeante fuego que evaporó despacio los charcos que había dejado la lluvia, y una fogata nueva, alimentada con los maderos de su hundido galeón, comenzó a calentar su espíritu, sin deshacer su fortaleza, si no forjando de aceros nuevos sentimientos con sabor antiguo, con sabor a deseos pedidos en noches frías de soledad, y, a cada paso, el calor llenaba de vida la mirada de Isabel, de calor sus caricias, de pasión sus besos, y, de nuevo, la vida se hizo camino a su corazón e Isabel nació a sus sentimientos como se nace a la mañana de verano.<br/><br/>&#9;&#9;Isabel camina ahora despacio, para que el viento no se atreva a apagar su fuego, para que las chispas de su mirada no incendien su ropa, y recuerda la lluvia algunas tardes, mientras se abraza bajo una manta a su calor, a su nuevo fuego, un fuego con sabor antiguo, y las lágrimas de sus ojos son ya, tan solo, lluvia de verano, que refresca su rostro al calor de un sol que la abraza. Isabel tiene el alma llena de fuego, un fuego que no quema, que no daña, un fuego que acoge. Isabel ya no tiene miedo al mar.]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item><item><title><![CDATA[La caja de Música]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/almahipotecada/c_25.htm]]></link><description><![CDATA[<i><b>&#9;&#9;Este cuento no es nuevo, en realidad es una pequeña parte de algo que escribí hace mucho años que se llamaba "El sueño de un Sauce", pero me gusta especialmente la idea, y quería enviarlo. Los personajes que aparecen son Triste y Caramelo, la segunda acaba de ser "abandonada" por Lejano (ya, los nombres de los personajes son un poco peculiares, pero es que es una historia de Hadas), y está algo triste. El narrador se llama Plomo.</b></i><br/>>><br/><br/>A veces me acusan de que en mis historias las cosas pasan demasiado deprisa, pero yo se que la vida es mucho más rápida que mis cuentos tristes, y esta vez desde luego que lo fue. Muchos de mis... amigos, ex-amigos y otros, decían que, después de decidir que Caramelo no era apta para el test de su vida, a Lejano deberíamos de haberle cambiado el nombre por "MuyLejano", puesto que dejó de estar entre nosotros con excusas tan inverosímiles que casi parecían verdad, una tarde nos dejó y no regresó hasta que... bueno, eso es otra historia que ni tan siquiera ha tenido lugar, o quizá si, no lo se, realmente no lo se.<br/><br/>Ella no lo entendió, realmente nadie lo entendió, la magia de la amistad consistía en aceptarlo sin juicios, pero hay veces que se pierde la magia... o la amistad, Caramelo cayó a un lugar que yo conozco muy pero que muy bien, comenzó a compadecerse de si misma y a culparse, es algo tan estúpido y normal que casi parece que estoy hablando de mi, bueno, no dejaré que mi pluma se pierda como tantas otras veces en historias que, como la mía, carecen de interés. Comenzó a resbalar por la pendiente que lleva a la tristeza, por ese terraplén en el que las piedras arañan el corazón con ponzoñas y venenos, y en el que la arena de su deseo le impedía trepar hacia la luz, yo hace siglos... o minutos, no lo se, que no lo intento. Y se arrastró a si misma hasta un lugar en el que se encontraba, como no, Triste. <br/><br/>Él estaba allí desde hacía mucho tiempo, todavía guardaba en su corazón el sonido de una caja de música, el rostro de una triste bailarina que se despedía, y entre las brumas pudo ver un corazón de piruleta roto en pedazos por un sabor amargo. <br/><br/>- ¿A que sabe la tristeza?, por mas que la pruebo y la paladeo no puedo encontrar el sabor, ese nombre que ronda la punta de la lengua una y otra vez como queriendo encontrar el momento justo para surgir que nunca llega, Caramelo. <br/><br/>- no lo se, Triste, creo que la tristeza es dulce, demasiado dulce para que no te guste, pero al tiempo dañina, es como devorar demasiados pasteles de chocolate, por mucho que te guste termina haciéndote daño, la tristeza es un terrón de azúcar que chupas sin darte cuenta, y cuando lo haces ves que no puedes dejar de chuparlo, te hace daño, pero te gusta su dulce sabor. Hada dice que la tristeza sabe a noche de verano, en la que el aire frío te encuentra sin ropa y sin calor y te roba todo el aliento, cuenta que la tristeza es el postre del amor, una tarde, sentadas en su carrasca me dijo que Plomo contaba una historia... <br/><br/>» Decía que el amor eran millones de cajas de música, pequeñas cajas repletas de magia, unas grandes, otras pequeñas, todas diferentes, y que cuando te enamoras buscas una que te atraiga de un modo especial y la abres, entonces la música te atrapa y tan solo puedes escucharla, es lo único que deseas, pero un día la cuerda se termina y la bailarina deja de girar al compás de su organillo, la música termina y entonces llega la hora de cerrar la caja. Hay gente que no lo hace y vive ensimismada en el recuerdo de la dulce música, vive con el sabor en los labios de aquello que un día tuvo en la lengua, sin embargo otros son capaces de cerrar la cajita y buscar otra con la magia que a ellos les falta, y si la encuentran son capaces de volver a escuchar esa música y tener de nuevo el dulce sabor del amor en su boca, es un manjar tan exquisito que nunca te hastía.« <br/><br/>- Eso es muy hermoso, pero... ¿y si la caja se cierra mientras todavía queda cuerda?, ¿y si la música sigue sonando pero la caja está cerrada?, yo no quise cerrarla y la música no terminó, ¿que se hace entonces, Caramelo?. <br/><br/>- No lo sé, yo también puedo escuchar la música lejana de mi pequeña caja, todavía tengo el sabor de ese soniquete en mi boca, no lo sé Triste. <br/><br/>Y lo hicieron, ambos descubrieron que escuchaban la misma música, la misma caja, y la abrieron, hoy todavía tiene cuerda la pequeña bailarina de cera que gira una y otra vez, incansablemente sobre si misma, y quizá cuando la cuerda termine ellos ya habrán partido hacia la estrella que de fin a sus historias, quizá haya pasado ya, no podría saberlo, el tiempo ya no rige en mi mente, en mi historia. <br/><<<br/>]]></description><author><![CDATA[Bribon de Sombras]]></author></item></channel></rss>
