Cruce de caminos

Suena el despertador. Ese maldito sonido que cada mañana me atrae de mis más oscuros sueños, o quizás pesadillas, nunca lo recuerdo bien. Intento apagarlo como puedo, pero como siempre, él termina ganando la batalla. Enciendo la tele, (y no es que me guste verla a esas horas), simplemente me hace compañía su ruido. A lo mejor es que intento ocultar la soledad que siente tanto mi corazón como mi cama cada noche, cada mañana, cada día, cada segundo.
Después de recordar mentalmente todo lo que tengo que hacer en el día, me dirijo más dormida que despierta al baño. Me gusta sentir cómo caen las gotas de agua fría por mi cara cada mañana, hacen que me sienta viva, me hacen ver que aún siento, que no soy inmune al roce de tu piel, esa piel que aún no me ha rozado, o quizás sí, por ahora sólo eres un sueño.
Al salir del baño, termina el recorrido de vuelta a la habitación. Sin mirar siquiera, saco el primer pantalón que pille y la primera camiseta que vea. Cojo mi bolso y mi carpeta, esa carpeta traga papeles que parece no tener fondo. Decidida a comerme el mundo salgo a la calle. Aunque cuando siento que el frío de la mañana choca contra mi piel, pienso siempre que es el mundo el que piensa comerme.
Tomo el mismo camino de cada día, aunque hoy lo veo diferente. Cada mañana entro en la misma tienda, compro las mismas tonterías, y tomo por la misma acera... ¡oh rutina!, que te apoderas de mi vida. Aunque hoy, me apetece cambiar, no tomaré la misma acera, me atreveré a romper la rutina, cruzaré la ancha carretera, y cambiaré. Que atrevida soy ¿no?. Pues con ese pequeño cambio, se ha producido uno muy grande aquí, dentro, en mi corazón.
Después de dar dos pasos, mi mente vuela a quién sabe donde... sumergida en mis pensamientos, sin darme cuenta de todo lo que pasa a mi alrededor. Hasta que de pronto, siento que algo duro choca contra mi frente. Instintivamente llevo mi mano hasta ella, y de mis labios se escapa un leve gemido:
-¡Ouch!
-¡Ey!, perdona. ¿Estás bien?
Llevo mis ojos hasta los del dueño de esa voz, se cruza una mirada con la otra, y de repente, siento que no existe nada ni nadie, solos él y yo contra el mundo, no hay nada más. No hay dolor, ni alegría, ni pena, ni felicidad... No hay nada. Sólo su mirada y la mía. Quizás fuera un simple segundo, pero a mí me pareció eterno:
-No... perdona tú, yo también venía pensando en mis cosas.-atiné a decir con una sonrisa estúpida en mis labios-.
-¿Pero estás bien?
-Sí, sí. Tranquilo.
Una vez te aseguraste de que estaba bien, no pudiste ocultar que una sonrisilla se mostrara en tu rostro. Dios... en ese momento creí estar entrando en el cielo, o tú eras un ángel caído o yo acababa de morir. Tenías la sonrisa más bonita que he visto en mi vida, y que seguramente, jamás veré.
Yo también te sonreí, hasta que miraste tu reloj y rompiste la magia:
-Oye, que llego tarde. Se me escapa la guagua. ¿Mañana en la misma esquina a la misma hora?.-mientras me guiñabas un ojo-.
-Vale.-te contesté entre risas-.
Seguiste tu camino, y yo el mío, aunque a los poco pasos, no pude evitar mirar hacia atrás para ver como tu figura se perdía por la calle, y qué curioso, tu también estabas mirando hacia atrás. A los dos nos hizo gracia, aunque seguimos caminando. Al final, gracias a ti, tuve más ganas que nunca de comerme al mundo. Ni siquiera sé tu nombre, ni cuantos años tienes... Ni siquiera sé si tienes novia. Pero mientras no lo sepa, seguirás siendo el príncipe azul de mis sueños.
Ese príncipe perfecto que cada niña sueña con conocer algún día... Ese príncipe perfecto, que hoy, apareció en mi vida.
Petunia.
EFEMÉRIDES
¿Sabías que tal día como hoy del año...
1881 nació el pintor Pablo Ruiz Picasso?
1979 Cataluña y Euskadi votaron en referéndum sus estatutos de autonomía?
CITA DEL DÍA
Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño... una realidad
Comentario:
Es curioso como una mirada o una sonrisa puede cambiar el rumbo del día haciendolo, si acaso, más feliz... Bonito tropiezo... Un saludo.






