Dialogando conmigo (es lo que pienso)
Ayer estuve pensando en ti y recordé muchas sensaciones que están atascadas no sé dónde. Me acuerdo, con emoción, de sentir correr la sangre por mis venas, al verte; de ese tilín que fluye por la garganta cuando ves pasar ante tus ojos a la persona que más quieres; de sentirte vivir dentro de mí; de ser la persona que le devolvió colores a mi vida; de amar sinfín, de aquel zulo al cielo, de tantas risas. Me acordé de la violeta. De todo ello, como un cortometraje que vives y cuando ves montado queda una historia que no ves pero que se ha vivido. Nuestra película.
Ayer estuve pensando en todo aquello que añoro y no consigo ir en su busca. De hacer cosas nuevas, de sentirme ratita curiosa, de moverme con facilidad, sentirme avispada, audaz, eficiente (mijita con mis cosas), respetarme, de cuidarme. De dejar fluir a la improvisación. De sentirme viva. Me echo de menos y no me gusta quedarme estática, incapaz, ignorante, pero lo hago sin cesar y me siento una inútil de mí misma.
Dejo pasar el tiempo.
Odio, -mejor decir, odiaba- dejar pasar el tiempo. Ese tiempo, como una gran masa muerta que ocupa lugar en mi vida, en blanco, día a día, mes a mes, año a año. Y sigo dejando que el tiempo pase. Me dejo aprisionar con él y parte de mí quiere –quiero- que corra, para que se acabe. Y no corro, no me muevo para que de una puta vez muera mi tiempo muerto. Activista inactiva.
Necesito seguir queriendo. De uno, de dos ó de todos ellos. Su presencia es la mía. Su no presencia es también la mía, ausencia. El néctar de la vida es eso, alimentarse de humanidad. No quiero olvidarme de nadie. Todos son, de alguna manera, de alguna forma, de alguna sensación ó vivencia, parte de mí. Al igual que yo pudiera ser, en otro aspecto, parte de ellos ó no. Ellos, esos que te dan cosas sin saberlo, amistad; esos a los que, aunque sea en una sola cosa, admiro. Noto, siento y me enferma creer que si los pierdo de vista, me pierdo. Estoy en ellos, en todos ellos. Necesito aprender qué es lo que tiene que aprenderse para no hacerlo. Necesito aprender a sentir qué sensaciones no son buenas. Necesito chasquear emocionalmente. Necesito convivir y por un lado no me sale y por otro lo añoro. Necesito ausentarme socialmente, y regresar al oir una risa ó una voz más alta. Me siento protegida con ellos.
Mirar muchos horizontes, perderme en lo inaudito, en lo diminuto. Sentir frío, calor, el viento, la brisa, emocionarme con lo aparentemente inútil. Cuando compartes lo que te gusta, regalas algo de ti. Cuando descubres cosas nuevas, las compartes. Y para compartir hay que estar y para estar hay que estar bien.
Ayer me acorde de ti. Me acordé de muchos ti. Recordé abrazos, risas, emociones, lugares, vidas, y los caminos que está nos dá . Todo ello siendo consciente, de las tristezas, de las desolaciones, las penurias y llantos que he compartido y por tanto vivido. Este “yo” partido en dos - y luego hecho trizas- convierte esas penas en los pilares de la amistad, del querer. Así traduzco la amistad en la vida de una persona, y a veces, los pilares son muy sólidos. Si los pilares tiemblan, me derrumbo y no siento.
Cuando eres consciente de que te añoras y crees que necesitas moverte y oxigenar la vida, hay que moverse, que reaccionar de alguna manera, para mover los pilares mentales y buscar luz en el horizonte. Arrancaré pero... ¿por dónde arrancar?
Para volver a sentir sensaciones necesito sentirme fluir, liberarme. ¿Qué me apresa? Me pregunto. No sé, me contesto. Sin embargo mi otro yo me empuja a romper algo, lo que sea, de mi mente para arrancar motores y dejarse fluir.... liberarme.
Liberarme de mi misma. De la prisión que me he construído.
Anoche soñé con las cosas que hacía antes. Esas que me gustaban. Soñé que me sentía bien, que me sentía ágil en cuerpo y mente. Soñé que estaba montando en bicicleta, como hace años....
Eso soñé después de haber hablado contigo. Eso soñé.
También soñé contigo, y estabas exquisitamente dormida, desnuda. Te deseaba. Eso soñé.
Hoy me he despertado y sé que he hablado contigo. Y sabes que no siento despierta.
Estás triste y mi consuelo no te sirve ya. Soy yo la que no te sirve porque no te doy nada, y tú, tú lo has dado todo. No es justo seguir privándote de recibir algo a cambio, ya que no soy nadie para plantear siquiera esta afirmación
El tiempo ha ido a tu favor, igual que la balanza. Quisiera amarte, pero no sé si lo estoy haciendo porque para eso necesito sentir, y como sabes, dejé de sentir hace tiempo. De sentir por todos, todos y por ti también. Todo esto comenzó cuando me dio por dejarme...
No soy todo, porque no soy nada, me siento como miserable al dañar a la persona que quiero, por decirle que no estoy a su nivel. No es sólo el querer el que me falla, peor aún, me falla el amar y el desear.
Tendré que reaprender a todas estas cosas por mí misma. Amar, desear, querer, vivir y convivir. Para volver a quererme y para poder amar a una y querer a todos.

Tengo que tomar un camino, para reiniciar la marcha he tomado la determinación de empezar otra vez por el principio. No sé hacerlo de otra forma.
No sé cuando empezar, ni por donde. Sé que me arriesgo a perder pilares que me sostienen al creer que son ellos los que me aprisionan. Pero tengo que correr el riesgo. Necesito darlo y voy a por ello.
Estoy contigo, lo sabes, pero me siento como un gorrión de ésos que hay en nuestro árbol. A veces me siento como un gorrión... cerca de Trodo y otras como esos otros que te dan los buenos días, cantando. Sueño con su libertad y me alegro con sus saludos matinales.
Necesito sentirme para poder sentirte. Sin tacto sabe igual una caricia con pétalos de rosa de terciopelo que la de un estropajo. Nada. Y si lo sintiera los vellos se pondrían como escarpias. Eso no es bueno, ni correcto compartirlo.
La amargura es ácida y así me siento yo contigo. No mereces esto. Lo malo de todo esto es que te siento de otra forma, te quiero.
No me perdono, no sé cómo se hace; porque no sé cual de mis yo merece perdón –si lo mereciera alguno- por esto, y si lo que hice y hago es lo mejor para nosotras.
El perdón te lo pido yo. No me sale más.
Ayer estuve pensando en todo aquello que añoro y no consigo ir en su busca. De hacer cosas nuevas, de sentirme ratita curiosa, de moverme con facilidad, sentirme avispada, audaz, eficiente (mijita con mis cosas), respetarme, de cuidarme. De dejar fluir a la improvisación. De sentirme viva. Me echo de menos y no me gusta quedarme estática, incapaz, ignorante, pero lo hago sin cesar y me siento una inútil de mí misma.
Dejo pasar el tiempo.
Odio, -mejor decir, odiaba- dejar pasar el tiempo. Ese tiempo, como una gran masa muerta que ocupa lugar en mi vida, en blanco, día a día, mes a mes, año a año. Y sigo dejando que el tiempo pase. Me dejo aprisionar con él y parte de mí quiere –quiero- que corra, para que se acabe. Y no corro, no me muevo para que de una puta vez muera mi tiempo muerto. Activista inactiva.
Necesito seguir queriendo. De uno, de dos ó de todos ellos. Su presencia es la mía. Su no presencia es también la mía, ausencia. El néctar de la vida es eso, alimentarse de humanidad. No quiero olvidarme de nadie. Todos son, de alguna manera, de alguna forma, de alguna sensación ó vivencia, parte de mí. Al igual que yo pudiera ser, en otro aspecto, parte de ellos ó no. Ellos, esos que te dan cosas sin saberlo, amistad; esos a los que, aunque sea en una sola cosa, admiro. Noto, siento y me enferma creer que si los pierdo de vista, me pierdo. Estoy en ellos, en todos ellos. Necesito aprender qué es lo que tiene que aprenderse para no hacerlo. Necesito aprender a sentir qué sensaciones no son buenas. Necesito chasquear emocionalmente. Necesito convivir y por un lado no me sale y por otro lo añoro. Necesito ausentarme socialmente, y regresar al oir una risa ó una voz más alta. Me siento protegida con ellos.
Mirar muchos horizontes, perderme en lo inaudito, en lo diminuto. Sentir frío, calor, el viento, la brisa, emocionarme con lo aparentemente inútil. Cuando compartes lo que te gusta, regalas algo de ti. Cuando descubres cosas nuevas, las compartes. Y para compartir hay que estar y para estar hay que estar bien.
Ayer me acorde de ti. Me acordé de muchos ti. Recordé abrazos, risas, emociones, lugares, vidas, y los caminos que está nos dá . Todo ello siendo consciente, de las tristezas, de las desolaciones, las penurias y llantos que he compartido y por tanto vivido. Este “yo” partido en dos - y luego hecho trizas- convierte esas penas en los pilares de la amistad, del querer. Así traduzco la amistad en la vida de una persona, y a veces, los pilares son muy sólidos. Si los pilares tiemblan, me derrumbo y no siento.
Cuando eres consciente de que te añoras y crees que necesitas moverte y oxigenar la vida, hay que moverse, que reaccionar de alguna manera, para mover los pilares mentales y buscar luz en el horizonte. Arrancaré pero... ¿por dónde arrancar?
Para volver a sentir sensaciones necesito sentirme fluir, liberarme. ¿Qué me apresa? Me pregunto. No sé, me contesto. Sin embargo mi otro yo me empuja a romper algo, lo que sea, de mi mente para arrancar motores y dejarse fluir.... liberarme.
Liberarme de mi misma. De la prisión que me he construído.
Anoche soñé con las cosas que hacía antes. Esas que me gustaban. Soñé que me sentía bien, que me sentía ágil en cuerpo y mente. Soñé que estaba montando en bicicleta, como hace años....
Eso soñé después de haber hablado contigo. Eso soñé.
También soñé contigo, y estabas exquisitamente dormida, desnuda. Te deseaba. Eso soñé.
Hoy me he despertado y sé que he hablado contigo. Y sabes que no siento despierta.
Estás triste y mi consuelo no te sirve ya. Soy yo la que no te sirve porque no te doy nada, y tú, tú lo has dado todo. No es justo seguir privándote de recibir algo a cambio, ya que no soy nadie para plantear siquiera esta afirmación
El tiempo ha ido a tu favor, igual que la balanza. Quisiera amarte, pero no sé si lo estoy haciendo porque para eso necesito sentir, y como sabes, dejé de sentir hace tiempo. De sentir por todos, todos y por ti también. Todo esto comenzó cuando me dio por dejarme...
No soy todo, porque no soy nada, me siento como miserable al dañar a la persona que quiero, por decirle que no estoy a su nivel. No es sólo el querer el que me falla, peor aún, me falla el amar y el desear.
Tendré que reaprender a todas estas cosas por mí misma. Amar, desear, querer, vivir y convivir. Para volver a quererme y para poder amar a una y querer a todos.

Tengo que tomar un camino, para reiniciar la marcha he tomado la determinación de empezar otra vez por el principio. No sé hacerlo de otra forma.
No sé cuando empezar, ni por donde. Sé que me arriesgo a perder pilares que me sostienen al creer que son ellos los que me aprisionan. Pero tengo que correr el riesgo. Necesito darlo y voy a por ello.
Estoy contigo, lo sabes, pero me siento como un gorrión de ésos que hay en nuestro árbol. A veces me siento como un gorrión... cerca de Trodo y otras como esos otros que te dan los buenos días, cantando. Sueño con su libertad y me alegro con sus saludos matinales.
Necesito sentirme para poder sentirte. Sin tacto sabe igual una caricia con pétalos de rosa de terciopelo que la de un estropajo. Nada. Y si lo sintiera los vellos se pondrían como escarpias. Eso no es bueno, ni correcto compartirlo.
La amargura es ácida y así me siento yo contigo. No mereces esto. Lo malo de todo esto es que te siento de otra forma, te quiero.
No me perdono, no sé cómo se hace; porque no sé cual de mis yo merece perdón –si lo mereciera alguno- por esto, y si lo que hice y hago es lo mejor para nosotras.
El perdón te lo pido yo. No me sale más.