Así

Hoy nació el día nublado, con espesor gris y fresco. Ahora estoy manga corta y con 27ºC; estas son las bondades de un Sur, tan denostado por unos, y tan deseado a la vez, por otros. Es lo que hay; en otros lados hay y habrá más ú otras cosas.
De regreso a casa, feliz, alegre y contenta canturreaba esta bonita canción. Por algo será, quizás porque siempre me ha gustado. Quizás.
Nada más que decir. Se os quiere.
Hay tanto que quiero contarte,
Hay tanto que quiero saber de ti,
Ya podemos empezar poco a poco,
Cuentame que te trae por aquí.
No te asustes de decirme la verdad,
Eso nunca puede estar así tan mal,
Yo también tengo secretos para darte,
Y que sepas que ya no me sirven más.
Hay tantos caminos por andar,
Dime si tu quisieras andar conmigo,
Cuéntame si quisieras andar conmigo,
Dime si tu quisieras andar conmigo,
Cuéntame si quisieras andar conmigo
Estoy ansiosa por soltarlo todo,
Desde el principio hasta llegar al día de hoy,
Una historia tengo en mi para entregarte,
Una historia todavia sin final,
Podríamos decirnos cualquier cosa,
Incluso darnos para siempre un siempre no,
Pero ahora frente a frente aquí sentad@s,
Festejemos que la vida nos cruzó ,
Hay tantos caminos por andar,
Dime si tu quisieras andar conmigo,
Cuentame si tu quisieras andar conmigo,
Dime si tu quisieras andar conmigo,
Cuéntame si tu quisieras andar conmigo,
Si quisieras andar conmigo (4)
Lo canta Julieta Venegas y queda , como ellos dicen, lindo
¿no os parece?
Y sigue
Hay cosas que ocurren y que por mucho que lo imagines nunca son como las piensas.
Hay sueños que desconoces y que darías lo que fuera por complacer y hacer(se)los realidad.
Hay sensaciones que se viven y cuando se recuerdan las moldeas, sintiéndolas como prefieres haberlas sentido en ese momento.
Hay recuerdos que estan colgados en las paredes de tu memoria y no desclavarás nunca porque forman parte de tus muros mentales.
Hay pasos que dar para saber donde nos lleva la vida, para no parar de vivir y aprender. Y aunque sepa que sobre las nubes siempre está el sol... y muchas veces se olvida.
Hay señales marcadas en el corazón que cicatrizan y quedan reflejadas como un pequeño pliegue, constante, que dan escalofríos rozar y recordarlo, por tantas sensaciones almacenadas en esa huella.
Hay llantos que la memoria enjuga en el desierto del desamor.
Hay emociones que reviven corazones latentes y revolucionan pulsos otoñales como si fueran primaveras.
Hay sentimientos que emergen del alma y enervan los vellos del cuerpo, devolviendo vida a todas las células que transitan por tu ser.
Hay sonidos que rodeados de silencio, respiración y piel no cambiaría por nada.
Hay tacto, calor y sentimientos vivos. Y ya funcionan.
Hoy, ya hay un año entero en este blog. Un compendio de sentimientos, de sensaciones, de ansiedades, de rabia, de desesperación, de risas, de desazón, de amor, de inquietudes, de depresiones, de furias, de lágrimas, de coraje, de pena, de alegría, de emociones, de gente... de mucha gente dibujada con el corazón y con la vista a las que aprecio y a las que quiero de multitud de formas. El corazón es de goma y hoy me late de forma especial, por tantas cosas normales y no tan normales que he vivido y he sentido.
Gracias.

Caños me sigue dando vida y vosotros sois parte de Las Olas Rompen En Caños.
Hay sueños que desconoces y que darías lo que fuera por complacer y hacer(se)los realidad.
Hay sensaciones que se viven y cuando se recuerdan las moldeas, sintiéndolas como prefieres haberlas sentido en ese momento.
Hay recuerdos que estan colgados en las paredes de tu memoria y no desclavarás nunca porque forman parte de tus muros mentales.
Hay pasos que dar para saber donde nos lleva la vida, para no parar de vivir y aprender. Y aunque sepa que sobre las nubes siempre está el sol... y muchas veces se olvida.
Hay señales marcadas en el corazón que cicatrizan y quedan reflejadas como un pequeño pliegue, constante, que dan escalofríos rozar y recordarlo, por tantas sensaciones almacenadas en esa huella.
Hay llantos que la memoria enjuga en el desierto del desamor.
Hay emociones que reviven corazones latentes y revolucionan pulsos otoñales como si fueran primaveras.
Hay sentimientos que emergen del alma y enervan los vellos del cuerpo, devolviendo vida a todas las células que transitan por tu ser.
Hay sonidos que rodeados de silencio, respiración y piel no cambiaría por nada.
Hay tacto, calor y sentimientos vivos. Y ya funcionan.
Hoy, ya hay un año entero en este blog. Un compendio de sentimientos, de sensaciones, de ansiedades, de rabia, de desesperación, de risas, de desazón, de amor, de inquietudes, de depresiones, de furias, de lágrimas, de coraje, de pena, de alegría, de emociones, de gente... de mucha gente dibujada con el corazón y con la vista a las que aprecio y a las que quiero de multitud de formas. El corazón es de goma y hoy me late de forma especial, por tantas cosas normales y no tan normales que he vivido y he sentido.
Gracias.

Caños me sigue dando vida y vosotros sois parte de Las Olas Rompen En Caños.
La última
Cierto día de primavera lo ví pasar y no me detuve más que lo necesario en prestarle la atención que pasados unos meses le dí.
Tímido, asustadizo y con una agilidad mermada por una leve cojera lo veía huyendo de fantasmas. Yo no lograba saber qué motivo ó motivos eran los que le llevaban a acelerar misteriosamente de pronto sus pasos, cada día más torpes.
No era guapo, ni feo, más bien del montón, por su geometría corporal bien dotado a simple vista. Poco a poco me acostumbré a cruzarme con él intentando no atravesarme en el camino de sus fantasmas.
Como es habitual en sociedad, se hizo amigo de los más afines a él, llegando a hacer migas con alguno de los míos.
No se porqué nunca terminó de parecerme simpático del todo, quizás por ese "miedo a flor de piel" con el que lo identifiqué cuando lo etiqueté. Y como las etiquetas son un error, y yo también lo soy en parte, pues cometí esa falta. Por el contrario, al otro lado de mi yo le caía bien. Le caía bien porque la debilidad y el miedo, muchas veces, es causa de un sufrimiento mal encajado y eso me hace sentir solidaria con lo anónimo de alguna manera.
Solía llevar su pelo rubio corto, supongo que por motivos genéticos.
El paso del tiempo iba marcando en progresión geométrica su decadencia y fuí permisiva al dejarle, con la conciencia de mi inconsciencia, las puertas abiertas.
Visitaba, cada vez más a menudo a mis amigos y en muchas ocasiones estuvo en casa, aunque nunca me dejó la oportunidad de invitarlo. Era raro, más que yo.
Este verano se mantuvo medio en forma y como buenamente pudo, huyendo, como era habitual de fantasmas ajenos a mi vista y de muchos chicos urbanitas asalvajados de los que no merecen la pena (ni la alegría) arrimarse.
Si Otoño pasa el Albarán y la Factura cae en Invierno, el cambio de estación no le ha sentado nada bien. Cada día que pasaba se encontraba más tristón y lentamente huidizo; conseguí apuntarme al lamentable pelotón, ya no fantasma, que lo alejaba de espacios que ocupaba sin invadirlos.
Él, truhán por necesidad, vive gracias a su picaresca y a más de una puerta abierta. Un golfo con cierta gracia.
Hoy, cuando regresaba a casa junto a mi compañero de aprendizaje, envueltos en una conversación para traducir mi confusión sobre los misterios de las enfilaciones y de las marcaciones, nos tropezamos con su cuerpo tendido en el suelo, inerte, muerto.
Debí darme cuenta del presagio de esta mañana cuando lo ví notablemente deteriorado, herido, roto en sus cuartos traseros y, como siempre, dando la espalda y alejándose de cualquier presencia humana, ocultándose bajo armaduras protectoras en forma de coches que le protegían de cualquier ataque vital.
En un arranque de solidaridad merecida por sus golferías gatunas, retiré su cuerpo rígido, postrado en el suelo húmedo de la noche mediterránea. Minutos antes, intenté cerciorarme de que su cuerpo inmóvil era consecuencia de lo fatal ó que su espíritu no se había evaporado aún de su maltrecho cuerpo. Con una linterna intenté ver vida en sus pupilas, en vano. Esta vez no pudo evitar que le acariciara el cuello. Luego, tras los guantes, y con ayuda de mi compañero progatuno le dimos, al menos un final menos triste que quedar postrado horas, quizás días en la calle, sin armadura que proteja lo que es ya, un trozo de carne con piel de gato.
Se evaporó la energía de su séptima vida que se puede ya grabar para siempre en nuestra memoria; la séptima y última vida del gato rubio pelón.
No merecía ese final, nunca fué maleducado, sí pillo pero son dos cosas diferentes.
Era amigo de Trodo y de Lola.
Mil respetos y un homenaje al amigo de mis gatos que marchó al otro mundo.
Vá por tí.
Tímido, asustadizo y con una agilidad mermada por una leve cojera lo veía huyendo de fantasmas. Yo no lograba saber qué motivo ó motivos eran los que le llevaban a acelerar misteriosamente de pronto sus pasos, cada día más torpes.
No era guapo, ni feo, más bien del montón, por su geometría corporal bien dotado a simple vista. Poco a poco me acostumbré a cruzarme con él intentando no atravesarme en el camino de sus fantasmas.
Como es habitual en sociedad, se hizo amigo de los más afines a él, llegando a hacer migas con alguno de los míos.
No se porqué nunca terminó de parecerme simpático del todo, quizás por ese "miedo a flor de piel" con el que lo identifiqué cuando lo etiqueté. Y como las etiquetas son un error, y yo también lo soy en parte, pues cometí esa falta. Por el contrario, al otro lado de mi yo le caía bien. Le caía bien porque la debilidad y el miedo, muchas veces, es causa de un sufrimiento mal encajado y eso me hace sentir solidaria con lo anónimo de alguna manera.
Solía llevar su pelo rubio corto, supongo que por motivos genéticos.
El paso del tiempo iba marcando en progresión geométrica su decadencia y fuí permisiva al dejarle, con la conciencia de mi inconsciencia, las puertas abiertas.
Visitaba, cada vez más a menudo a mis amigos y en muchas ocasiones estuvo en casa, aunque nunca me dejó la oportunidad de invitarlo. Era raro, más que yo.
Este verano se mantuvo medio en forma y como buenamente pudo, huyendo, como era habitual de fantasmas ajenos a mi vista y de muchos chicos urbanitas asalvajados de los que no merecen la pena (ni la alegría) arrimarse.
Si Otoño pasa el Albarán y la Factura cae en Invierno, el cambio de estación no le ha sentado nada bien. Cada día que pasaba se encontraba más tristón y lentamente huidizo; conseguí apuntarme al lamentable pelotón, ya no fantasma, que lo alejaba de espacios que ocupaba sin invadirlos.
Él, truhán por necesidad, vive gracias a su picaresca y a más de una puerta abierta. Un golfo con cierta gracia.
Hoy, cuando regresaba a casa junto a mi compañero de aprendizaje, envueltos en una conversación para traducir mi confusión sobre los misterios de las enfilaciones y de las marcaciones, nos tropezamos con su cuerpo tendido en el suelo, inerte, muerto.
Debí darme cuenta del presagio de esta mañana cuando lo ví notablemente deteriorado, herido, roto en sus cuartos traseros y, como siempre, dando la espalda y alejándose de cualquier presencia humana, ocultándose bajo armaduras protectoras en forma de coches que le protegían de cualquier ataque vital.
En un arranque de solidaridad merecida por sus golferías gatunas, retiré su cuerpo rígido, postrado en el suelo húmedo de la noche mediterránea. Minutos antes, intenté cerciorarme de que su cuerpo inmóvil era consecuencia de lo fatal ó que su espíritu no se había evaporado aún de su maltrecho cuerpo. Con una linterna intenté ver vida en sus pupilas, en vano. Esta vez no pudo evitar que le acariciara el cuello. Luego, tras los guantes, y con ayuda de mi compañero progatuno le dimos, al menos un final menos triste que quedar postrado horas, quizás días en la calle, sin armadura que proteja lo que es ya, un trozo de carne con piel de gato.
Se evaporó la energía de su séptima vida que se puede ya grabar para siempre en nuestra memoria; la séptima y última vida del gato rubio pelón.
No merecía ese final, nunca fué maleducado, sí pillo pero son dos cosas diferentes.
Era amigo de Trodo y de Lola.
Mil respetos y un homenaje al amigo de mis gatos que marchó al otro mundo.
Vá por tí.
Me arriesgo a que respondas ¿y a mi qué me importa?
Pasado Lunes 16.10.06
El día está gris y me han dicho esta mañana antes de entrar al lugar de las paredes metálicas, que puede llover. Hacía bastante tiempo que no conversaba con más de tres personas antes de salir de casa y desayunar para ir de seguido a ese lugar, y hoy he conversado con cuatro personas, todo un récord, para este mes de otoño. Y no es que la conversación haya sido de lo más particular, no, nada, lo normal en una mañana de Lunes. Camino al lugar, me sentía como nueva, diferente a lo que ya pasaba a ser “como de costumbre”. No estrenaba libreta nueva (como me ocurría cuando estudiaba), ni caminaba con zapatos nuevos, no nada, lo de siempre tratándose de Lunes.
Me sentía bien, diferente, con una alegría inusual sin desbordamientos de esos que provocan luego falsas expectativas y que rozan sutilmente el corazón con la transparente línea del miedo que desinfla ilusiones.
Miraba alrededor, y la misma y machacona imagen de todos los días tenía una pincelada diferente. Era como si una gota de brillo cambiara la textura de las figuras y los contornos que la mente desdibuja cuando transitas por lugares extremadamente conocidos en la geografía cotidiana, tan memorizada y autómata que llegas a ignorar esos pequeños cambios que viven, hasta que otro día, como el de hoy, te das cuenta que las cosas han cambiado; y yo también. Me actualizo, me reciclo ó vuelvo en mí, después de un nosequé letargo.
Hoy me confirmo Alegre. Quizás, ha llegado el día de hoy y noto, percibo -por fin, ojalá-, esa silueta que te suele aparecer cuando caminas a pie por un largo túnel, -excesivamente largo- y del que te desespera recorrer, creyendo que no llega nunca el momento de ver la LUZ. Y lo curioso es que hoy, precisamente hoy, está nublado.
Me he descubierto canturreando y silbando mientras dejaba que el reloj diera la hora exacta para desaparecer de ese envase, tipo lata, en la que sin querer voluntariamente permanezco unas cuantas horas, más días a la semana de los que quisiera.
Cada día pienso, un poco más, en positivo y debería de ser lo contrario: Los expertos dicen que la disminución de las horas de luz provocan el descenso de la melatonina y la serotonina, y por tanto, crean lo que se llama “trastorno afectivo estacional” y entrando de lleno a la estación que nos roba luz, más la hora que nos robaran el próximo día 28 (jet-lag preinvernal), pues debería estar más que inquieta, decepcionada con el Otoño. Pero no, hoy no.
Creo que son las endorfinas las que han invadido mi vista, mi pensamiento, mi percepción y bullen por mi cuerpo a pierna suelta y todas revolucionadas. Menos mal que no es primavera, sino ¿qué sería de mí?

Pero todo esto ¿a quién le importa?
Saludos y cuidense del trastorno afectivo estacional.
El día está gris y me han dicho esta mañana antes de entrar al lugar de las paredes metálicas, que puede llover. Hacía bastante tiempo que no conversaba con más de tres personas antes de salir de casa y desayunar para ir de seguido a ese lugar, y hoy he conversado con cuatro personas, todo un récord, para este mes de otoño. Y no es que la conversación haya sido de lo más particular, no, nada, lo normal en una mañana de Lunes. Camino al lugar, me sentía como nueva, diferente a lo que ya pasaba a ser “como de costumbre”. No estrenaba libreta nueva (como me ocurría cuando estudiaba), ni caminaba con zapatos nuevos, no nada, lo de siempre tratándose de Lunes.
Me sentía bien, diferente, con una alegría inusual sin desbordamientos de esos que provocan luego falsas expectativas y que rozan sutilmente el corazón con la transparente línea del miedo que desinfla ilusiones.
Miraba alrededor, y la misma y machacona imagen de todos los días tenía una pincelada diferente. Era como si una gota de brillo cambiara la textura de las figuras y los contornos que la mente desdibuja cuando transitas por lugares extremadamente conocidos en la geografía cotidiana, tan memorizada y autómata que llegas a ignorar esos pequeños cambios que viven, hasta que otro día, como el de hoy, te das cuenta que las cosas han cambiado; y yo también. Me actualizo, me reciclo ó vuelvo en mí, después de un nosequé letargo.
Hoy me confirmo Alegre. Quizás, ha llegado el día de hoy y noto, percibo -por fin, ojalá-, esa silueta que te suele aparecer cuando caminas a pie por un largo túnel, -excesivamente largo- y del que te desespera recorrer, creyendo que no llega nunca el momento de ver la LUZ. Y lo curioso es que hoy, precisamente hoy, está nublado.
Me he descubierto canturreando y silbando mientras dejaba que el reloj diera la hora exacta para desaparecer de ese envase, tipo lata, en la que sin querer voluntariamente permanezco unas cuantas horas, más días a la semana de los que quisiera.
Cada día pienso, un poco más, en positivo y debería de ser lo contrario: Los expertos dicen que la disminución de las horas de luz provocan el descenso de la melatonina y la serotonina, y por tanto, crean lo que se llama “trastorno afectivo estacional” y entrando de lleno a la estación que nos roba luz, más la hora que nos robaran el próximo día 28 (jet-lag preinvernal), pues debería estar más que inquieta, decepcionada con el Otoño. Pero no, hoy no.
Creo que son las endorfinas las que han invadido mi vista, mi pensamiento, mi percepción y bullen por mi cuerpo a pierna suelta y todas revolucionadas. Menos mal que no es primavera, sino ¿qué sería de mí?

Pero todo esto ¿a quién le importa?
Saludos y cuidense del trastorno afectivo estacional.
Porque lo tienes...
Tienes esa tímida alegría que te caracteriza desde un rinconcito... ahí escondida, pero presente, como pequeña niña de tirabuzones claros detrás de un árbol, retándote a un no me pillas. Divertida.
Tienes la fuerza que se pisa en tierra de fuego, pero que dormita como los volcanes más respetables. Así lo presiento.
Tienes voluntad, a pesar de todo, para caminar en esta jungla de la vida. El espacio, y algo más, ha hecho que así te sientas con tanta voluntad.
Tienes la ilusión del nuevo espacio, de los nuevos proyectos. Sabes donde está aquello que no se sabe que día, notaste que se disipaba. Así lo presiento.
Desde aqui te intuyo con la imaginación. Tus no palabras me lo dicen a voces porque mi silencio existe.
Eres dueña de tus decisiones, de tus proyectos, de tu ritmo, de tus ideales, de tus sentimientos, de tu espacio, de tus emociones, de tu tiempo, de tus sueños, de tu modestia, de tu orden, de tu amor, de tu armonía, de tu sabiduría, de tu coraje, de tu forma de ver las cosas... Eres dueña de ti misma.
Siento no haber sabido traducirte.
Felicidades infinitas como la que te regalé cuando pude y supe.
Hoy también FELICIDADES y siempre. FELICIDADES en cualquier otro día, de cualquier medida y de infinitos tamaños y colores, saltando a tu alrededor, vivos como un juego de niños.
¿Quién no se atreve a ser, al menos un segundo, feliz el día de su cumpleaños y, porqué no, jugar a vivirlo?
Todas las personas tenemos los ingredientes y sé que eres capaz de mezclarlos para que así sea.

Porque tienes tantas cosas, no sabría que regalarte.
Acepta esto. Es para tí.
Un beso.
Tienes la fuerza que se pisa en tierra de fuego, pero que dormita como los volcanes más respetables. Así lo presiento.
Tienes voluntad, a pesar de todo, para caminar en esta jungla de la vida. El espacio, y algo más, ha hecho que así te sientas con tanta voluntad.
Tienes la ilusión del nuevo espacio, de los nuevos proyectos. Sabes donde está aquello que no se sabe que día, notaste que se disipaba. Así lo presiento.
Desde aqui te intuyo con la imaginación. Tus no palabras me lo dicen a voces porque mi silencio existe.
Eres dueña de tus decisiones, de tus proyectos, de tu ritmo, de tus ideales, de tus sentimientos, de tu espacio, de tus emociones, de tu tiempo, de tus sueños, de tu modestia, de tu orden, de tu amor, de tu armonía, de tu sabiduría, de tu coraje, de tu forma de ver las cosas... Eres dueña de ti misma.
Siento no haber sabido traducirte.
Felicidades infinitas como la que te regalé cuando pude y supe.
Hoy también FELICIDADES y siempre. FELICIDADES en cualquier otro día, de cualquier medida y de infinitos tamaños y colores, saltando a tu alrededor, vivos como un juego de niños.
¿Quién no se atreve a ser, al menos un segundo, feliz el día de su cumpleaños y, porqué no, jugar a vivirlo?
Todas las personas tenemos los ingredientes y sé que eres capaz de mezclarlos para que así sea.

Porque tienes tantas cosas, no sabría que regalarte.
Acepta esto. Es para tí.
Un beso.