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Las Olas Rompen en Caños
Todo lo que vuela en mi mente me guste ó no
Acerca de
Si paso a tu lado en la calle, seré tan desconocida como la que más. Si me conoces y no te saludo, no es por nada voy alobada por la vida. Quizás tu también vayas paseando por la vida y pensando en tus cosas... estamos en las mismas. Voy alobada por la vida, paseo con ella y la vida pasa sobre mí. Así me creo feliz... ó así intento ser feliz. Dichosa palabra inalcanzable.
Sindicación
 
Entonces me dije vaya bostezo !!
Si, es verdad estoy bostezando y mientras lo hago -yo que soy rarita, los acompaño haciendo tensión en los hombros- aprieto y estiro las manos intentando, sentir una especie de placer al actuar; controlando la tensión que hago porque sencillamente, todo esto me hace sentir a gusto. Relaja.

Y me pregunto divertida, ¿porqué no le hago mi homenaje a los bostezos con estiramientos? Porque este tipo de bostezo habría que apreciarlo más, a mi parecer.

El bostezo: matutino, de sobremesa y nocturo... son un tipo de "bostezo con estiramiento". Que además, pueden ser de otros muchos tipos: alegres, rebeldes, inocentes, tiernos, con genio... A veces, contradictorios; también porqué no, .

Existe un cambio de energía cuando se bosteza: Se bosteza cuando vas camino de... dormir, relajarte, abrazarte, aburirte, mimosear; y de tener apetito, sueño, cansancio... El bostezo está presente en todos.
Al conocer este "recurso" sin lenguaje oral, las personas jugamos con él y lo utilizamos "creando el momento bostezo" como refuerzo a un estado de ánimo preferente.
Porque creo -me divierto conmigo misma- creo y os confieso (cosas de alobada) que llegar a la conclusión que esos simples e ignorados bostezos "estirados "son un lenguaje visual, sonoro y gestual, que expresa un estado de ánimo.

Es curioso, después de esto se que es homenajeable. Se puede aprender a regalarle las palabras: para traducirlo, hacer, hablar y EXPRESAR en un mismo código, sin interferencias.



Lo mejor de todo, y tan simple... en fin... llanamente alobado, es que se me ha ocurrido después de dar un feliz bostezo. Y homenajeo desde aquí al bostezo estirado por lo bien que se siente una cuando,-Ummm, que gusto!!- He estirado las manos al techo, como los gatos. El conjunto de la escena ha provocado como con un chip que le ha dado la nota alegre del día. Y que transcribo ahora aqui, porque es bueno sentirse bien y ofrecer colores llenos de bostezos estirados como los que te sientes, cuando te eres consciente que por suerte ya estás serena y alegre.

¿Es para darle un homenaje.? Que vengan bostezos buenos de estos todos los días.

Buenas noches.
 
Parada a raya
Dejó los guantes sobre el baúl a propósito. Pensó que no era necesario hacerse con ellos ya que para el destino pensado no serían necesarios. Tiene preparado todos los avíos para partir y montado todo necesario en la silla. Parte con la ilusión y con las ganas de hacer realidad lo que divagó por su mente en un momento de lucidez fugaz. El camino será por la orilla –se dijo- así el brillo del mar bronceará mi pensamiento. De casual el rojo es el color más notable en su atuendo y no era consciente de ello hasta que vio el resultado final de la composición de su vestimenta. Será que hoy tendré un gran día -pensó-.
Asió el suave cuero gastado entre sus manos y tomó el camino premeditado. Botas a media pierna de ante roñosas, calzas rojizas, capa burdeos desteñida por un sol histórico y una especie de gorro, o lo que quedaba de él, cubriéndole la rizada cabellera castaña clara. Todo un personaje montado sobre la vieja yegua a la que tanto aprecio le tenía y que rara vez le hacía mostrar a los demás (son cosas de dos, no más).
Portaba un mensaje para entregar, guardado en la alforja que entregaría en destino. No era necesario, ni mucho menos realizar todo el protocolo que montó para partir, pero creyó que era necesario; así todo saldría mejor. Bueno, bien. Visto para los demás era rayar una perfección innecesaria, sin lugar a dudas. Trataba de sumarle emoción al trabajo que con devoción se había creado.
Efectivamente la cosa comenzó bien porque sol y mar danzaban enviándole mensajes codificados, luminosos, con miles de heliógrafos sobre la lámina marina que divisaba a su estribor. Tantos mensajes en su mente, almizcle de amor y recuerdos que sobrecargados de luz cegaron por milésimas de segundo su mirada perpetua hacia el falso horizonte marino. Tiró suave con sus manos de las riendas que apretaron los estribos; yegua aceleró sus andares y danzaron sobre la arena de la playa en un dulce trote de imagen perfecta. Al son de la danza recuerda decenas de imágenes barrocas, ilusiones, escenas y estampas adornadas de celeste mar, blancos pies mojados con pantalones remangados, aguas frías sol brillante y frío invernal.
Su destino era como la metáfora de una primavera llena de nubes grises: Una noticia esperada con ansia para despertar el mañana con otros ánimos -futuros e inciertos- de luces de neón. Y era tal la ilusión que puso en la tarea que instintivamente hacía correr más y más a la jaca que comenzaba a mosquearse de tanto tirón desmesurado y anormal.
Ella no entendía porqué y comenzó a hacer caso omiso de las señales; la arena estaba más suelta y los años no perdonan. Hacía gracia ver su paso dibujando eses con su cola libre y su correteo juguetón.

Fin del viaje, llegada a destino y entrega del mensaje. Bajar y poner pies en tierra fue el génesis, el comienzo de la tragedia, la consumación de su ilusión convertida en una miserable desdicha carente de color alguno. Se desvanecieron las ilusiones, de pronto sintió el abrazo de la soledad negra. El tiempo le devolvió la conciencia y se sintió incapaz de hacer la entrega, sin saber porqué, sin querer saber porqué todo fue en vano y tan simple. Sintió frío su sudor, dolor en su cuerpo y noche en su corazón y no quería saber que todo era fruto de su mente, de su cabeza y quizás porqué no, por culpa de tanto sol y de tanta ropa que llevaba puesta. Pululó por la aldea, vacía y llena de un sol que no quería ya ver, de una brisa que le molestaba...
A la yegua le vino de maravilla y resoplando, cansada, hizo sonar la coscoja de aquella forma tan genial con que ella, sólo ella sabía hacerlo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que llegó el momento de acercarla al abrevadero, descansar y tomar un vino en cualquier bodega del lugar. Tinto como la sangre que reaviva los colores gastados de su indumentaria que pasea de la mano con la muerte un corazón desdichado ante un infortunio invisible a la vista y a la lógica.
Oyó cantar juglares, lloró mientras se preguntaba cómo era posible que las cuerdas de una guitarra le ahogaran tanto el pecho.
De regreso al lugar de origen lloró y sus ojos nublados vieron un sonriente mar azul y un cielo rojo que dejó de enviar esos mensajes codificados, ya sin señal y sin código para descifrar.
Yegua repuesta hizo ademanes, asintió varias veces y una vez más sólo la riendas de cuero gastado eran el sustento de sus manos desnudas en el desierto de su abandono inconexo. Agitó los estribos y comenzaron a cabalgar, más y más rápido, persiguiendo los fantasmas de colores que dejaron en el camino de ida. Pensó, pensó y pensó, cada vez más rápido, al trote, al galope, plena enajenación emocional y sin querer, se topó consigo mismo otra vez, quizás en el lugar donde se abandonó, en un lugar indeterminado y en un flash instantáneo, como si yegua hubiera hecho una parada a raya, de choque frontal encontró la fantasía que había dejado en el camino para volver a disfrutarla otro día, la próxima vez y con la perfección que su imaginación exigente es capaz de cocinar.
Una vez en casa, se dio un gran baño con sales y bajo el agua templada se dijo: La próxima vez llamaré antes por teléfono.


Me he despertado, estaba soñando que ayer le robaron una hora al mañana. Bueno, así llegaré antes. Aún tengo un dulce sabor en la boca, quizás de tu boca, quizas de tus labios de miel. Besos de nubes de algodón de feria para ti también. Sigue siendo Primavera aunque el cielo tenga el color equivocado y el calor tenga la resaca del invierno.
 
Friki
Tanto que sólo voy a escribir estas dos cositas para empezar despidiendome del Invierno y darle la bienvenida a la Primavera.

Acaba de llegar en este momento, según dicen los astronomos y ellos saben de eso mucho.

Me agarro a la luz como un médico a los síntomas para determinar una enfermedad... y yo pido luz para que el Universo nos deje amar.

Feliz estación a todos.
 
Letras de cristal
Tengo arenas de colores. Celeste es la primera que me viene a la memoria, contenida en un pequeño reloj de arena que no sé donde vive y que gira y gira sin cesar, como en los juegos, al límite. ¿Al límite de qué?

Al corazón le han sesgado unas alas invisibles pero sigue volando mientras la mirada se pierde en un horizonte más azul que la arena de mi memoria. Volverá el viento, esta vez no se llevará las hojas secas. Ya están recogidas, habitan en el pasado. Es primavera y el verde "rebelde", ansioso por explotar, me ha robado la energía pero no la luz.
Almaceno letras de sangre en un corazón de primavera y desprendo amor por las manos, manos perdidas que no acarician otras pieles, pieles de terciopelo inexploradas por el tacto. Mientras, en el alma habita la alegría que buscando luz salió del largo túnel de un invierno largo como cinco estaciones en una.

Hoy la niebla pesa, debilita el calor de una tarde de labranza de almas despiertas; ellas vagan en el limbo esperando que el tiempo le devuelva el crédito de la ilusión, para volver a empezar a caminar, esta vez sin miedos ni lastres.

Escribo sobre blanco un futuro impregnándolo con carbón-lápiz y pinto con la sangre que derrama el corazón que sobrevive a golpes de ilusiones y espectros en los desiertos de arena, de arenas sin reloj.
El tiempo es incierto y su velocidad depende del fino hueco que marca el presente, siempre escurridizo, dividiendo la arena del futuro y el pasado. El reloj de arena es un ocho simbólico donde nadie puede agarrarse a nada, ni pararlo. Ni acelerarlo. Mi ignorancia no alcanza imaginar, nisiquiera el tamaño del reloj de arena del Universo. Prefiero, -hoy-, andar el camino de la incertibumbre. Puede ser divertido. O no.



Mientras tanto correran ríos de tinta roja sobre el lápiz que teje mis sentidos. Una rosa nunca dejará de ser una rosa, pero su belleza esconde dolor a quien se atreve a cogerla sin tacto. Son cosas de la primavera. El jardinero con paciencia cuida de la bella flor y ella ofrece con sus tiernos pétalos, serenidad, ternura, igual que se siente al tocar una piel templada, suave, de terciopelo al ser acariciada. Mis torpes manos doloridas lamentan no poder hacerlo. Sólo mi alma despierta, camina junto a ella en la distancia que nos une. Echaré de menos su aroma, pero siento su alma, su espíritu cerca, muy cerca.

Jugaré a vivir con la arena, quizás azul, del reloj de este Universo incierto e inquietante. He sido invitada a compartir más vidas y futuros.

Gracias por seguir aqui.
 
La lección del aguacate
De casual cierto día probé plantar un hueso de aguacate sin intención animosa, pero lo hice.
La alegría llegó sola sin esperarla, sin una esperanza premeditada ó estudiada a conciencia. Germinó sin querer como quien no quiere ó espera la cosa. A partir de ahí llegaron mis mimos: colocarla al sol, regar, moverle la tierra, abonar, nutrir para que nada faltara y funcionó. Dos hermosas hojas agradecieron los cuidados y mi ilusión fué la "recompensa" a los brotes que emergieron de la nada.
Natura sabe hacer las cosas sin mi ayuda (es mucho más sabia que yo, sin duda alguna). Crece que te crece verde que TE QUIERO verde. La luz y la tierra es el alimento principal, da vida. Y así de bien nos iban las cosas, al aguacate y a mí.
Creyendo que el aguacate sabía vivir sólo, como lo hacía, con sus propios medios, descuidé paulatinamente los mimos. Llegaron dos vientos de Levante que castigaron severamente sus hojas frondosas y brillantes. Poco a poco ví como perdía ese esplendor, como mera testigo, y cuando reaccioné yo también estaba casi tan perdida como el arbolito, tan difusa como sus hojas, triste y seca, mustia y abandonada a mi suerte.
El último viento asoló casi todo el jardincito que me rodea y el exterior del caparazón donde refugiaba mi tristeza tomó el mismo tono gris del invierno, ese que todo lo arrasa y adorna con su barniz de pesadumbre. Entrar por aquel umbral era como mimetizar mi ánimo con un verde pasado y un presente muerto. Me dediqué tan sólo a recoger hojas muertas, desechos pretéritos como mi espíritu.
Algún día, uno de esos vientos derribó y rompió el tiesto. Ya no hay nada que hacer -le dije al aguacate- estamos perdidas.
Habló el Sol con ganas, gritando descarado mientras el marrón tupido dominaba la vista. Tocó recoger el esqueleto de lo que en otro momento fué un tallo de aguacate, lo miré y con una navajita arañé el palo que le dió el vigor y la firmeza de un aprendiz de tronco. Mis manos descubrieron tras la capa de sal un verde tímido, y como quien no quiere la cosa, una vez más, enterré el hueso seco y le dí de beber. Días después corté ramas fallidas y seguí empapando aquel esqueleto. Sin esperanza, pero lo hice.
Hace pocas mañanas, sin querer, y como quien no espera la cosa, mientras cafeteaba observaba sin mucha atención aquella momia arraigada a ese nuevo tiesto; eliminé la sal y arena que abrigaban el tallo descubriendo bajo esa capa moribunda que el verde existe.

Hoy Aguacate me saluda con siete brotes nuevos de hojas nacientes, intensas, vivas, prestas y dispuestas a seguir su vida. Que envidia, que fuerza, que ganas de vivir, quien fuera aguacate -pensé- y no hice nada.

Olvidé mimarme, olvidé echar agua a mi tiesto, olvidé tantas cosas...
Creí morir como el aguacate bajo el imperio del abandono.
Me creí un bosque de naturaleza muerta, y como quien no espera la cosa rebrota la vida en el seco erial del alma, cuando menos te lo esperas, cuando ya era habitual caminar sobre cientos de hojas secas.
A veces los ojos no son capaces de distinguir que bajo la sal y la arena hay vida. Estaba demasiado distraída, quizás demasiado atenta a las hojas secas y olvidé mirar al horizonte.
Sólo el sol fué capaz de cegarme para poder mirar con otros ojos y fueron otros ojos los que cegaron mi mirada para ver con el corazón.

Hoy desbrozo hojas secas. Riego y temo regar en exceso. Siempre temo, siempre pienso y mientras pienso el aguacate crece, el camina hacia el cielo, hacia la luz sin miedo y yo...

Y yo sólo sé decir(te): Verde TE QUIERO verde.

Natura es más sabia que yo, que duda cabe.
Intentaré no olvidar la lección.
 
Es cuestión...
... De intentarlo una vez más. Dejarme llevar por la ilusión que brota, de nuevo, una vez más. Dejar y disfrutar lo que se vive en el momento en el que se vive. No desear cosas más allá del presente. Dejar que lo que venga llegue, sin más, sin exasperarse, sin desesperarse, evitando los miedos del pasado, de la experiencia que más que aliviar, pesa porque duele.



Disfrutar de los colores, de la alegría del arcoiris y del sol que comienza a animar almas que habitan en el limbo infinito.

Es ó puede ser el momento de comenzar a caminar con pasos más seguros (un poco, al menos).

A lo mejor es el sol, a lo mejor soy yo, a lo mejor son las ganas de desperezarse y dejar que el cuerpo y el alma sienta. Y dejar, también como no, de sentirme como una atracción de feria. Toca ser como una locomotora en vez de montaña rusa.

Aprender, aprender, reaprender... todo lo que sé y lo que aún no sé (son tantas cosas las que no sé).

Quisiera, al menos, algún día conseguir ver los fallos antes de cometerlos.

Ahora y lo que venga.

Esos ojos hipnotizan y quiero dejarme llevar por el corazón. Me acompaña la cabeza pero hoy, no lleva la voz cantante.

Me anima pensar que la primavera está en la senda, a dos manzanas de nosotros.

Cuidemosnos y aprendamos que la luna es la señal taciturna de la luz que regresa al amanecer. Hoy habrá un eclipse y no sé si la eclipsada soy yo.

A la deriva navego, pero el mar está en paz. Yo comienzo a estarlo conmigo.

(Imagen de: www.fotolog.com/azuzephre)