El descanso de la guerrera
Ha llegado el momento y no hay marcha atrás. El momento de mirar qué se esconde tras las sábanas de mis fantasmas mentales, de soltar armas que bloquean almas perdidas, vendidas al viento y llevarlas de la mano y soltarlas como preciosas aves de colores.
Dejo el miedo de la negación de mi yo, de la superación contra mí y de la terquedad anticorazón en una espera, pausada, porque mañana será el primer momento, el punto de inflexión, para iniciar la tregua a la cabeza y así hacer que el corazón trabaje. He de intentar de esta forma a que vuelvan las cosas a un sitio. A quizás, su sitio ó a otro.
Lo hago serena, sin poner las esperanzas en nada ni en todo, la guerra contra mí necesita un respiro.

Quisiera dejar de ordenarme, de exigirme, de pensar y desbaratar lo que pienso, de volver a comenzar sin arrancar, de sentirme fonanbulista de mi propia senda, de temer sentir y de creerme una simple espectadora de mi vida misma, sin disfrutarla. Como creo que alguna vez supe hacer. No es cuestión de ánimos sino de normalizar y plasmar ordenadamente estructuras torcidas... quizás (bajo mínimos) como aquellos preciosos renglones... de Dios, de Luca de Tena.
Desconozco si será necesario recaminar por sendas que atrás quedaron para reorganizar el viaje, si tendré que recordar si fuí yo quien se salió de ellas en busca de otras ó que un giro involuntario ha hecho que llegue hasta aqui.
No sé que personaje soy, no sé si poco, mucho ó nada y eso no es lo que me importa. Sólo sé que SOY y cuando oigo qué soy no sé si hablan conmigo, de mí ó de no sé quien. No veo lo que ven ó tengo miedo de ver cómo ven, no me lo creo ó se equivocan... o me equicovo. Quizás todo a la vez.
Por eso iré frente a un espejo, hablaré (si me dejo) y soltaré las armas de mi guerrera para dialogar conmigo. Aún no me creo capaz de desarmarme frente a mí misma. Me desconozco, como a muchos nos pasa, pero lo que me revuelve y apena es que no me gusto. Eso es lo que hasta ahora me ha "obligado" a ir creando fantasmas de mis luces y de mis sombras llegando a confundir sueños, deseos, anhelos, realidades y añoranzas. Toca descubrir que las cosas pasan porque pasan y se disfrutan cuando son dulces y se sufren cuando no lo son. Se trata de aprender a vivir los momentos y no de desvivir los que se tienen que vivir: TODOS.
Lo importante es el camino, disfrutar de él y no pensar en otra cosa. He caminado sin ver la senda y mis sandalias me dirán cómo hice para llegar aqui.
Finalmente seguiré siendo guerrera, la de siempre mirando hacia arriba sin arrogancia y con los ojos bien abiertos para seguir aprendiendo lo mucho que me queda por saber y abandonar la anorexia de las ilusiones. Por eso merezco un descanso.
Ya es la hora, el momento y el punto de inflexión para tomar fuerzas y reconstruir la que nunca dejé de ser. Pero he de verlo (verme) ante el espejo.
El 45 dice mucho, quizás gran parte del todo...dejaré que el mar termine diciéndome el resto.
Dejo el miedo de la negación de mi yo, de la superación contra mí y de la terquedad anticorazón en una espera, pausada, porque mañana será el primer momento, el punto de inflexión, para iniciar la tregua a la cabeza y así hacer que el corazón trabaje. He de intentar de esta forma a que vuelvan las cosas a un sitio. A quizás, su sitio ó a otro.
Lo hago serena, sin poner las esperanzas en nada ni en todo, la guerra contra mí necesita un respiro.

Quisiera dejar de ordenarme, de exigirme, de pensar y desbaratar lo que pienso, de volver a comenzar sin arrancar, de sentirme fonanbulista de mi propia senda, de temer sentir y de creerme una simple espectadora de mi vida misma, sin disfrutarla. Como creo que alguna vez supe hacer. No es cuestión de ánimos sino de normalizar y plasmar ordenadamente estructuras torcidas... quizás (bajo mínimos) como aquellos preciosos renglones... de Dios, de Luca de Tena.
Desconozco si será necesario recaminar por sendas que atrás quedaron para reorganizar el viaje, si tendré que recordar si fuí yo quien se salió de ellas en busca de otras ó que un giro involuntario ha hecho que llegue hasta aqui.
No sé que personaje soy, no sé si poco, mucho ó nada y eso no es lo que me importa. Sólo sé que SOY y cuando oigo qué soy no sé si hablan conmigo, de mí ó de no sé quien. No veo lo que ven ó tengo miedo de ver cómo ven, no me lo creo ó se equivocan... o me equicovo. Quizás todo a la vez.
Por eso iré frente a un espejo, hablaré (si me dejo) y soltaré las armas de mi guerrera para dialogar conmigo. Aún no me creo capaz de desarmarme frente a mí misma. Me desconozco, como a muchos nos pasa, pero lo que me revuelve y apena es que no me gusto. Eso es lo que hasta ahora me ha "obligado" a ir creando fantasmas de mis luces y de mis sombras llegando a confundir sueños, deseos, anhelos, realidades y añoranzas. Toca descubrir que las cosas pasan porque pasan y se disfrutan cuando son dulces y se sufren cuando no lo son. Se trata de aprender a vivir los momentos y no de desvivir los que se tienen que vivir: TODOS.
Lo importante es el camino, disfrutar de él y no pensar en otra cosa. He caminado sin ver la senda y mis sandalias me dirán cómo hice para llegar aqui.
Finalmente seguiré siendo guerrera, la de siempre mirando hacia arriba sin arrogancia y con los ojos bien abiertos para seguir aprendiendo lo mucho que me queda por saber y abandonar la anorexia de las ilusiones. Por eso merezco un descanso.
Ya es la hora, el momento y el punto de inflexión para tomar fuerzas y reconstruir la que nunca dejé de ser. Pero he de verlo (verme) ante el espejo.
El 45 dice mucho, quizás gran parte del todo...dejaré que el mar termine diciéndome el resto.
Diccionarios en el desván
Cuando la inteligencia emocional juega conmigo llega a esconder el diccionario de los sentimientos en un desván. Me dejo porque el miedo me atrapa y sé que se engancha como un nudo en las gargantas. A veces toso y noto un pequeño atasco que achaco a la Primavera, pero me miento. Lo sé.
Los nudos invisibles juegan con la brisa balanceando estados emocionales; Con la presión que ejerzo sobre ellos, se enredan, y la brisa ya no es brisa sino viento y así los nudos se atrapan entre sí. Cordadas que aprietan y asfixian cientos de sensaciones agazapadas en las esquinas, enganchadas con chinchetas, clavos, lazos y demás aparejos. A veces, yo misma me encierro y no puedo salir del callejón.
Soy una delincuente de mis sentimientos y robo sin cesar. Los almaceno pero ya no hay más cajas, ni lugares espontáneos donde aparcarlos. Brotan y emergen como malas y buenas yerbas, de la misma forma desordenada en las que fueron abandonados para no enfrentar los unos con los otros y jugar al calibrador de las compensaciones. A ver quien puede más.
Tengo que dejarlos escapar de la forma que sea, de lo contrario reventarán y las consecuencias pueden ser peligrosas si no hay control. Es como una olla exprés: Si dejas que la presión se escape por una fuga al darle fuego del contenido puede resultar un caldo jugoso. Si, por el contrario, anulas el punto de fuga la presión provocará daños, quizás irreparables; Quien sabe.
A fuerza de olvidar ó de abandonar sentimientos positivos, llego a omitir parte de mi propio yo que es un componente más de un todo. Involuntariamente el subconsciente, concientemente y a hurtadillas me guardó cosas que mi conciencia ha rebuscado al detectar que mi Yo está incompleto y desordenado. Me he alterado, me he dado por vencida, me he reído de mis miedos y me han vencido los miedos una y otra vez. Lucho contra ellos pero me obligan a estar vigilante y a no bajar la guardia. Y eso cansa, agota y me desvanezco, porque no soy tan fuerte como quiero creerme. Por eso me robo los sentimientos.
Redescubro la paz y la armonía a fuerza de machetazos, después de condenar la pena y la desazón que llevo en la mochila. Pero sé que sus raíces son más sólidas y rebrotarán, más tarde ó más temprano. Y me doy miedo porque no quiero permitir castigarme más. Pero lo hago, sin querer y me fragmento. Luego me reconstruyo, y de nuevo, florezco con muchas ganas. No quiero mirar abajo, no quiero mirar atrás, no quiero sentir la carga. No DEBO relajarme. Pero ya sé que así no se hace. Hay que cambiar la receta del “modo empleo”.

He recordado la ternura y la grandiosidad que mi diccionario de los sentimientos me ofrece cuando se acaricia un cuerpo desnudo. Pensé en la levedad del recuerdo y en la intensidad de lo real cuando es tangible, palpable, cierto. Y las sombras volvieron a ser sombras, pero me pilló (me pillé) alerta y fui capaz de transformarlas, de adaptarlas dentro de mí como un sentimiento de melancolía lleno de esperanza. De futuro. Visible y real en algún momento –aún indeterminado- pero marcado por el optimismo que siempre te presta energías cuando crees que desfalleces. Podría ser tan dulce como el deseo aunque algo turbio cuando lo filtras con la realidad.
Volví a ver mi cuerpo desnudo desde un ángulo que oculté en uno de mis cajones y me dejé llover de deseos para acariciar y sentir el roce de otra piel para no olvidar la intensidad de los mejores sentidos y el sosiego que te regalan muchos de los sentimientos.
Los nudos invisibles juegan con la brisa balanceando estados emocionales; Con la presión que ejerzo sobre ellos, se enredan, y la brisa ya no es brisa sino viento y así los nudos se atrapan entre sí. Cordadas que aprietan y asfixian cientos de sensaciones agazapadas en las esquinas, enganchadas con chinchetas, clavos, lazos y demás aparejos. A veces, yo misma me encierro y no puedo salir del callejón.
Soy una delincuente de mis sentimientos y robo sin cesar. Los almaceno pero ya no hay más cajas, ni lugares espontáneos donde aparcarlos. Brotan y emergen como malas y buenas yerbas, de la misma forma desordenada en las que fueron abandonados para no enfrentar los unos con los otros y jugar al calibrador de las compensaciones. A ver quien puede más.
Tengo que dejarlos escapar de la forma que sea, de lo contrario reventarán y las consecuencias pueden ser peligrosas si no hay control. Es como una olla exprés: Si dejas que la presión se escape por una fuga al darle fuego del contenido puede resultar un caldo jugoso. Si, por el contrario, anulas el punto de fuga la presión provocará daños, quizás irreparables; Quien sabe.
A fuerza de olvidar ó de abandonar sentimientos positivos, llego a omitir parte de mi propio yo que es un componente más de un todo. Involuntariamente el subconsciente, concientemente y a hurtadillas me guardó cosas que mi conciencia ha rebuscado al detectar que mi Yo está incompleto y desordenado. Me he alterado, me he dado por vencida, me he reído de mis miedos y me han vencido los miedos una y otra vez. Lucho contra ellos pero me obligan a estar vigilante y a no bajar la guardia. Y eso cansa, agota y me desvanezco, porque no soy tan fuerte como quiero creerme. Por eso me robo los sentimientos.
Redescubro la paz y la armonía a fuerza de machetazos, después de condenar la pena y la desazón que llevo en la mochila. Pero sé que sus raíces son más sólidas y rebrotarán, más tarde ó más temprano. Y me doy miedo porque no quiero permitir castigarme más. Pero lo hago, sin querer y me fragmento. Luego me reconstruyo, y de nuevo, florezco con muchas ganas. No quiero mirar abajo, no quiero mirar atrás, no quiero sentir la carga. No DEBO relajarme. Pero ya sé que así no se hace. Hay que cambiar la receta del “modo empleo”.

He recordado la ternura y la grandiosidad que mi diccionario de los sentimientos me ofrece cuando se acaricia un cuerpo desnudo. Pensé en la levedad del recuerdo y en la intensidad de lo real cuando es tangible, palpable, cierto. Y las sombras volvieron a ser sombras, pero me pilló (me pillé) alerta y fui capaz de transformarlas, de adaptarlas dentro de mí como un sentimiento de melancolía lleno de esperanza. De futuro. Visible y real en algún momento –aún indeterminado- pero marcado por el optimismo que siempre te presta energías cuando crees que desfalleces. Podría ser tan dulce como el deseo aunque algo turbio cuando lo filtras con la realidad.
Volví a ver mi cuerpo desnudo desde un ángulo que oculté en uno de mis cajones y me dejé llover de deseos para acariciar y sentir el roce de otra piel para no olvidar la intensidad de los mejores sentidos y el sosiego que te regalan muchos de los sentimientos.





