Placeres
De la fuente misma de los placeres brota no se sabe qué amargura. Lucrecio
No hay nada mejor ni peor para mi cuerpo y mente que vivir 44 horas en Madrid y no sentir nada.
Cada vez que realizo estos felices viajes-relámpagos mensuales, mi cuerpo y mente sufre una conmoción corporal y cerebral difícil de sostener a lo largo de la semana siguiente de la "tormenta" (por lo de los relámpagos).
Sin embargo, reconozco que vivir el resto del tiempo en un lugar, pegada, -literal y realmente-, a la playa no es algo que me fastidie. Nada más lejos de la realidad. Creo, y estoy totalmente convencida que la gente de Madrid (o no de Madrid), no quedaría nada mal en el lugar donde vivo, ó cerca del mar, ó bien y ésta es otra posibilidad real, que a Madrid le falta playa...¡¡¡Vaya, vaya!!!
Sino fuera porque son más de 500 km. lo que me separa de esa bendita y maldita ciudad, viviría allí.
Es una cuestión de amor-odio que, como expresamente defino, tan sólo le separa una línea.
Vivo tan cerca y tan lejos del "epicentro" peninsular que me fastidio y los que no viven tan lejos del epicentro, se fastidian tambien. Vivir en Madrid es una locura y como tal, es necesaria, sino ¿que haría un loco sin su ladrillo?
Presumo hoy de vivir en el Sur porque toca, y de disfrutar de un ajetreadísimo día de trabajo (martes) que ha finalizado con una cervecita a mediodía, una gran conversación y un Brugal (asi es como se llama, ¿no?) con cola, entre pecho y espalda, en un lugar ideal: un barco. Por desgracia, eso no se dá tan fácilmente en esa ciudad que me vió nacer... y a la que tanto debo. He echado de menos varias cosas: La gente que aprecio y están ó son de Madrid, y las que quiero y están ó son de Madrid (aunque no están todos allí, aunque ya mismo estarán). Entre ellas, mi admirada "señorita escarlata", a la que envío mil besucos.
A este broche laboral del día, que tampoco se tercia tan a menudo como quisiera, le ha faltado ese olorcito que me envenena el sentío cada vez que lo percibo, -a eso de las 14.00 horas- y que invade el ambiente expulsando de mis narices el olor de mar para dejarme el aroma de un buen espeto de sardinas . Es insoportablemente exquisito.
La imaginación vuela al paso y te imaginas, disfrutando del buen tiempo, con una bebida fresquita y ese espetito... que no falteeeee, bajo el sol del Sur. Un privilegio, al alcance de cualquiera que se tercie y de menos si hay poco espacio entre medio (esos más de 500 km., por ejemplo).
Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo que hacía, cerca de La Latina, comí unas sardinitas (más no un espeto que es distinto) y por mucho que lo imaginé, -olor a mar, luz, gente, ruido- es diferente. Junto al mar es eso, otra cosa; saben mejor, mucho mejor, no cabe duda. Comer sardinitas rodeada de la gente a la que quieres y aprecias, es un manjar, que sabe a Gloria. Si, es así. Dicen los entendidos en esta materia que para degustar y disfrutar de estos pececitos, es necesario hacerlo los meses que NO tienen ERRE. A menudo, los "enemigos" de la sardina, no lo son por su sabor, textura y calidad... lo son por el olor que en las manos dejan cuando la comes. Porque claro, la sardina se come con las manos.
Los del Sur "detectan" rápidamente a los foráneos cuando éstos comen espetos: Lo hacen con tenedor y cuchillo. Pues bien, el vil metal altera el sabor de tan preciada y jugosa carne, desperdicias la piel que aderazada con un poquito de sal gorda y pierde su encanto. Al comerla no es necesario manipularla en exceso. Se toma a pequeños bocados, mientras la sostienes, con una mano la cabecita y con la otra la cola, y a mordiscos deliciosos catas los lomos del animal. Gracias a la consistencia de su esqueleto, no se rompe. Después de comer los lomos, te quedará cola y cabeza enganchados por las raspas, como algunos llaman aquí a las espinas.... y a por otra sardina. Cuando finalizas de comerlas, basta con enjugarse las manos con medio limón frotándolo entre los dedos.
Este alimento estival, es rico en los famosos omega-3, y al ser pez graso es rico en acidos oleico y linoleico, más todas las propiedades del pescado azul, aunque no es de los más grasos. Es más proteínico (aprox. 22%) que graso (más menos un 9%). O sea que el espeto es una delicia entre la comida mediterránea andaluza, por mucho detractor que tengan los que se quejan del olor que dejan en las manos, que no es otra cosa que a mar pescada.
La forma más popular de servir ó de cocinar en la Costa del Sol las sardinas es en espeto. El espeto es un pincho hecho de una caña seccionada longitudinalmente por la mitad en las que van insertadas unas ocho ó diez sardinas, dependiendo del tamaño. No es tan fácil hacer un espeto. El truco está en no romper la "columna vertebral" del pez al pincharla en la caña. Hay que dejarla a un lado. Tambien hay que evitar pincharla al costado porque al exponerla junto a las brasas y asarse la carne, se rompe cayendo en las brasas.
Forma parte del complejo espetero, asarlas sobre una vieja barca varada en la playa, rellenada de arena sobre la que se hace una candela cuyos rescoldos sirven para preparar este preciado bocado.
.
Se suele servir en restaurantes de playa, conocidos por chiringuitos, a los que antes se les llamaban merenderos. El merendero sigue siendo aquel que tiene como suelo arena de playa y como techo un cañizo. El chiringuito es una versión más arquitectonica del merendero ya que tiene más equipamiento.
Cuando en estos lugares pides un espeto, te sirven un plato con unas siete u ocho piezas, no todas las que han pinchado en la caña con sardinas.
Las sardinas son primas hermanas de los arenques y de los boquerones ó anchoas (que es lo mismo, pero en distintas localizaciones Sur-Norte) y está en su primer mes sin R.
Sino os gustan las sardinas, cuando bajeis al Sur, podríamos tomarnos unas conchas finas (la gran desconocida)... esa sí que sabe a mar, sino pregunténles a las doradas.
Buen provecho.
Pd.: Si este mes trato de hablar de "animales" es por pura coincidencia.
Quizás porque Trodo ya tiene su DNI gatuno.
No hay nada mejor ni peor para mi cuerpo y mente que vivir 44 horas en Madrid y no sentir nada.
Cada vez que realizo estos felices viajes-relámpagos mensuales, mi cuerpo y mente sufre una conmoción corporal y cerebral difícil de sostener a lo largo de la semana siguiente de la "tormenta" (por lo de los relámpagos).
Sin embargo, reconozco que vivir el resto del tiempo en un lugar, pegada, -literal y realmente-, a la playa no es algo que me fastidie. Nada más lejos de la realidad. Creo, y estoy totalmente convencida que la gente de Madrid (o no de Madrid), no quedaría nada mal en el lugar donde vivo, ó cerca del mar, ó bien y ésta es otra posibilidad real, que a Madrid le falta playa...¡¡¡Vaya, vaya!!!
Sino fuera porque son más de 500 km. lo que me separa de esa bendita y maldita ciudad, viviría allí.
Es una cuestión de amor-odio que, como expresamente defino, tan sólo le separa una línea.
Vivo tan cerca y tan lejos del "epicentro" peninsular que me fastidio y los que no viven tan lejos del epicentro, se fastidian tambien. Vivir en Madrid es una locura y como tal, es necesaria, sino ¿que haría un loco sin su ladrillo?
Presumo hoy de vivir en el Sur porque toca, y de disfrutar de un ajetreadísimo día de trabajo (martes) que ha finalizado con una cervecita a mediodía, una gran conversación y un Brugal (asi es como se llama, ¿no?) con cola, entre pecho y espalda, en un lugar ideal: un barco. Por desgracia, eso no se dá tan fácilmente en esa ciudad que me vió nacer... y a la que tanto debo. He echado de menos varias cosas: La gente que aprecio y están ó son de Madrid, y las que quiero y están ó son de Madrid (aunque no están todos allí, aunque ya mismo estarán). Entre ellas, mi admirada "señorita escarlata", a la que envío mil besucos.

A este broche laboral del día, que tampoco se tercia tan a menudo como quisiera, le ha faltado ese olorcito que me envenena el sentío cada vez que lo percibo, -a eso de las 14.00 horas- y que invade el ambiente expulsando de mis narices el olor de mar para dejarme el aroma de un buen espeto de sardinas . Es insoportablemente exquisito.
La imaginación vuela al paso y te imaginas, disfrutando del buen tiempo, con una bebida fresquita y ese espetito... que no falteeeee, bajo el sol del Sur. Un privilegio, al alcance de cualquiera que se tercie y de menos si hay poco espacio entre medio (esos más de 500 km., por ejemplo).
Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo que hacía, cerca de La Latina, comí unas sardinitas (más no un espeto que es distinto) y por mucho que lo imaginé, -olor a mar, luz, gente, ruido- es diferente. Junto al mar es eso, otra cosa; saben mejor, mucho mejor, no cabe duda. Comer sardinitas rodeada de la gente a la que quieres y aprecias, es un manjar, que sabe a Gloria. Si, es así. Dicen los entendidos en esta materia que para degustar y disfrutar de estos pececitos, es necesario hacerlo los meses que NO tienen ERRE. A menudo, los "enemigos" de la sardina, no lo son por su sabor, textura y calidad... lo son por el olor que en las manos dejan cuando la comes. Porque claro, la sardina se come con las manos.
Los del Sur "detectan" rápidamente a los foráneos cuando éstos comen espetos: Lo hacen con tenedor y cuchillo. Pues bien, el vil metal altera el sabor de tan preciada y jugosa carne, desperdicias la piel que aderazada con un poquito de sal gorda y pierde su encanto. Al comerla no es necesario manipularla en exceso. Se toma a pequeños bocados, mientras la sostienes, con una mano la cabecita y con la otra la cola, y a mordiscos deliciosos catas los lomos del animal. Gracias a la consistencia de su esqueleto, no se rompe. Después de comer los lomos, te quedará cola y cabeza enganchados por las raspas, como algunos llaman aquí a las espinas.... y a por otra sardina. Cuando finalizas de comerlas, basta con enjugarse las manos con medio limón frotándolo entre los dedos.
Este alimento estival, es rico en los famosos omega-3, y al ser pez graso es rico en acidos oleico y linoleico, más todas las propiedades del pescado azul, aunque no es de los más grasos. Es más proteínico (aprox. 22%) que graso (más menos un 9%). O sea que el espeto es una delicia entre la comida mediterránea andaluza, por mucho detractor que tengan los que se quejan del olor que dejan en las manos, que no es otra cosa que a mar pescada.
La forma más popular de servir ó de cocinar en la Costa del Sol las sardinas es en espeto. El espeto es un pincho hecho de una caña seccionada longitudinalmente por la mitad en las que van insertadas unas ocho ó diez sardinas, dependiendo del tamaño. No es tan fácil hacer un espeto. El truco está en no romper la "columna vertebral" del pez al pincharla en la caña. Hay que dejarla a un lado. Tambien hay que evitar pincharla al costado porque al exponerla junto a las brasas y asarse la carne, se rompe cayendo en las brasas.
Forma parte del complejo espetero, asarlas sobre una vieja barca varada en la playa, rellenada de arena sobre la que se hace una candela cuyos rescoldos sirven para preparar este preciado bocado.
. Se suele servir en restaurantes de playa, conocidos por chiringuitos, a los que antes se les llamaban merenderos. El merendero sigue siendo aquel que tiene como suelo arena de playa y como techo un cañizo. El chiringuito es una versión más arquitectonica del merendero ya que tiene más equipamiento.
Cuando en estos lugares pides un espeto, te sirven un plato con unas siete u ocho piezas, no todas las que han pinchado en la caña con sardinas.
Las sardinas son primas hermanas de los arenques y de los boquerones ó anchoas (que es lo mismo, pero en distintas localizaciones Sur-Norte) y está en su primer mes sin R.
Sino os gustan las sardinas, cuando bajeis al Sur, podríamos tomarnos unas conchas finas (la gran desconocida)... esa sí que sabe a mar, sino pregunténles a las doradas.
Buen provecho.
Pd.: Si este mes trato de hablar de "animales" es por pura coincidencia.
Quizás porque Trodo ya tiene su DNI gatuno.
Comentario:
Te devuelvo los besos y te tomo muy pero que muy en serio esa invitacion... ;-)
Comentario:
Te falta poner la dirección... jajajajaja estás en Málaga, no? qué antojito me ha entrado de espetitos¡ Es una cosa que si la haces en casa, hueles a sardinas para toda la vida y se acuerdan todos los vecinos de tus antepasados hasta Tutankamón, y sin embargo, olerlas en la playa es toda una delicia... bueno, y comerlas, claro¡
Lo de mitosis es como la degeneración del mito? (mit-osis) buuuu que maaalo el chiste... Pero sí que te deseo mucha suerte y todo lo mejor con tu corto, espero verte pronto alucinando al Trueba, al Amenábar y a la madre del cordero ;DDD
Lo de mitosis es como la degeneración del mito? (mit-osis) buuuu que maaalo el chiste... Pero sí que te deseo mucha suerte y todo lo mejor con tu corto, espero verte pronto alucinando al Trueba, al Amenábar y a la madre del cordero ;DDD
Comentario:
Pero que buenas que estna las sardinas en sus espetos...yo fui a una espetada en una barca en la playa y me lo pase genial...
Miau!
Miau!