Pseudo gatos
Tengo sobre mi escritorio un animal de tres cuartas de largo, cabello rubio rayado, cuello de león y orejas de lince. Es de los felinos más nobles que ha compartido casa conmigo. A veces, responde al nombre de Trodo
... bautizado así por Lü, supongo, para no llamarlo Frodo, ó también, por no llamarlo Electrodo ya que su despeinado eléctrico es perpetuo. Llegó a casa casi sin ser anunciado.
La alegría de su llegada a casa fué inversamente proporcional a la pena que digerí a trancas y barrancas por la muerte (sacrificio de Mopa
).
Hasta la vida gatuna, parece un culebrón.
Os cuento:
Mopa, cuyo nombre viene de ese instrumento utilizado por las amas de casa hacendosas y esmeradas que revisan el brillo del suelo para que dejen de ser suelo y se convierta en un espejo, ó bien, el que usa ese incansable personal de limpieza de los aeropuertos empecinados en no dejar por los pasillos rastros de colillas, semejante a un campo de minas nutrido de decenas de colillas tacaqueras, a punto de extinguirse.
Mopa de color gris ceniza, persa, chata y de mirada miel de romero, era tímida, muy cariñosa y escurridiza con los visitantes. Siempre los mantenía a su vista, a no menos de dos metros de distancia. Apareció en mi vida una mala noche de invierno en el patio de casa. Pensé que a algún vecino del lugar se le había extraviado, y, en vez de callar el tesoro encontrado intenté buscar su compañía humana que de la cual se había alejado. Fué inútil. Nadie conocía a ese espectacular animal y fué adoptado "en provisional", mientras aparecía el personaje anónimo del que se separó. Pasó el tiempo y se quedó en casa. Tan tranquilo el animal, ama y señora de todos los lugares, preferentemente las sábanas limpias, la ropa planchada y sobre todo, el armario, su perdición y la mía... nunca la encontraba. Raro era oirla maullar. Pensé, en más de una ocasión, que era muda. Exquisita como ella sola; no comía cualquier comida de gatos, prefería la mía y si era comida para gatos la suya era tipo Gourmet. Vivió a gusto como quiso. Cierto día, el amor apareció por la ventana. Otro persa color negro, muy atractivo por cierto. Y le dió por cantar serenatas versión sirena vikinga. Y el amor le costó la vida. Una noche aprovechando la despedida de una visita interpretó su especial toccatta y fuga. Desapareció de la misma forma que apareció en casa. No dejó rastro durante cinco días. Junté a todos los niños de la urbanización (los mejores rastreadores del mundo) y sólo pudieron localizar a su Romeo... Julieta se había desvanecido como la sombra de un fantasma cuando rompe el alba. Regresó en Diciembre como Robert Falcon Scott al ver que el explorador noruego Amundsen ya había llegado al Polo Sur
: exausta y fracasada. Llena de bichitos deseando alimentarse de carne fresca y de ácaros invisibles que la redujeron a un manojo de pelos con ojos. Tornó su preciosa melena gris ceniza a marrón roble seco.
La primera actuación para volverla a la vida fué llevarla a un médico gatuno que la operó, antes de sanarla. Yo no creía que se operara a los humanos si están griposos, por ejemplo. Mopa era para mí como un humano. Tuvo difícil post operatorio. Estuvo convaleciente más días de lo normal. Y lo llevó con la misma dignidad que la un hidalgo caballero de la edad media, hasta que no pudo más. En su lomo se instaló una especie de filete de ternera que crecía en su piel y no dejaba morirse por medicina alguna en detrimento de la vida de Mopa. Rabió en silencio, como siempre. Era una presencia ausente.
Mopa era una gata culta e intelectual: disfrutaba de la lectura (se colocaba entre mi lectura y yo), de mis miradas a la pantalla informática (allí enmedio estaba para ponerse al día), del humo de la buena yerba y de su mini muestra láctea de la cena (los yogures eran su perdición).Mopa
< dejó de hacer todas esas cosas que hacen los gatos. Y se encerró en su mundo gatuno misterioso quemando sus siete vidas en silencio. Probó todas las medicinas posibles. El filete se redujo notablemente, pero llegó el esplendor de la primavera que lo reaviva todo y, a la vez, apagando a
Mopa. Julio fué su último mes.
Sin querer y viéndonos en la tesitura de la vida y no vida, obligados por la cruz que le costó el amor, su mejor médico, -no el que la operó- y su ultima compañía humana -yo- decidimos tomar la decisión más dura que se puede tomar: Plantearnos si lo que llevaba encima era vida ó sólo inercia de ella. Y hicimos lo que no queríamos hacer. Habíamos fracasado, como el inglés Scott.
Le conté a un amigo del final de Mopa y quiso enseñarme algo, que en un pricipio no quería mostrarme pero que pensó era lo mejor. Allí apareció un manojillo de nervios con forma de pelusa despeinada rubia y me dijo: Recuerda a Mopa siempre y disfruta de este. Que Mopa no signifique para tí pena ni tristeza. Y me dijo que el mejor consuelo era regalarle TODO el amor de Mopa a este, que se llamaría Trodo
.
Trodo es felíz, es como Mopa, aprende a leer, estudia informática y además se coloca sobre el televisor: El es la noticia.
Es la alegría.
Vivan los gatos... y sus
.
Lo romántico de este triste historia gatuna es que Trodo es hijo del gato del que Mopa se enamoró. Trodo es el hijo que Mopa no llegó a tener.
En fin, cosas de la vida.
... bautizado así por Lü, supongo, para no llamarlo Frodo, ó también, por no llamarlo Electrodo ya que su despeinado eléctrico es perpetuo. Llegó a casa casi sin ser anunciado. La alegría de su llegada a casa fué inversamente proporcional a la pena que digerí a trancas y barrancas por la muerte (sacrificio de Mopa
).Hasta la vida gatuna, parece un culebrón.
Os cuento:
Mopa, cuyo nombre viene de ese instrumento utilizado por las amas de casa hacendosas y esmeradas que revisan el brillo del suelo para que dejen de ser suelo y se convierta en un espejo, ó bien, el que usa ese incansable personal de limpieza de los aeropuertos empecinados en no dejar por los pasillos rastros de colillas, semejante a un campo de minas nutrido de decenas de colillas tacaqueras, a punto de extinguirse.
Mopa de color gris ceniza, persa, chata y de mirada miel de romero, era tímida, muy cariñosa y escurridiza con los visitantes. Siempre los mantenía a su vista, a no menos de dos metros de distancia. Apareció en mi vida una mala noche de invierno en el patio de casa. Pensé que a algún vecino del lugar se le había extraviado, y, en vez de callar el tesoro encontrado intenté buscar su compañía humana que de la cual se había alejado. Fué inútil. Nadie conocía a ese espectacular animal y fué adoptado "en provisional", mientras aparecía el personaje anónimo del que se separó. Pasó el tiempo y se quedó en casa. Tan tranquilo el animal, ama y señora de todos los lugares, preferentemente las sábanas limpias, la ropa planchada y sobre todo, el armario, su perdición y la mía... nunca la encontraba. Raro era oirla maullar. Pensé, en más de una ocasión, que era muda. Exquisita como ella sola; no comía cualquier comida de gatos, prefería la mía y si era comida para gatos la suya era tipo Gourmet. Vivió a gusto como quiso. Cierto día, el amor apareció por la ventana. Otro persa color negro, muy atractivo por cierto. Y le dió por cantar serenatas versión sirena vikinga. Y el amor le costó la vida. Una noche aprovechando la despedida de una visita interpretó su especial toccatta y fuga. Desapareció de la misma forma que apareció en casa. No dejó rastro durante cinco días. Junté a todos los niños de la urbanización (los mejores rastreadores del mundo) y sólo pudieron localizar a su Romeo... Julieta se había desvanecido como la sombra de un fantasma cuando rompe el alba. Regresó en Diciembre como Robert Falcon Scott al ver que el explorador noruego Amundsen ya había llegado al Polo Sur
: exausta y fracasada. Llena de bichitos deseando alimentarse de carne fresca y de ácaros invisibles que la redujeron a un manojo de pelos con ojos. Tornó su preciosa melena gris ceniza a marrón roble seco. La primera actuación para volverla a la vida fué llevarla a un médico gatuno que la operó, antes de sanarla. Yo no creía que se operara a los humanos si están griposos, por ejemplo. Mopa era para mí como un humano. Tuvo difícil post operatorio. Estuvo convaleciente más días de lo normal. Y lo llevó con la misma dignidad que la un hidalgo caballero de la edad media, hasta que no pudo más. En su lomo se instaló una especie de filete de ternera que crecía en su piel y no dejaba morirse por medicina alguna en detrimento de la vida de Mopa. Rabió en silencio, como siempre. Era una presencia ausente.
Mopa era una gata culta e intelectual: disfrutaba de la lectura (se colocaba entre mi lectura y yo), de mis miradas a la pantalla informática (allí enmedio estaba para ponerse al día), del humo de la buena yerba y de su mini muestra láctea de la cena (los yogures eran su perdición).Mopa
< dejó de hacer todas esas cosas que hacen los gatos. Y se encerró en su mundo gatuno misterioso quemando sus siete vidas en silencio. Probó todas las medicinas posibles. El filete se redujo notablemente, pero llegó el esplendor de la primavera que lo reaviva todo y, a la vez, apagando a
Mopa. Julio fué su último mes. Sin querer y viéndonos en la tesitura de la vida y no vida, obligados por la cruz que le costó el amor, su mejor médico, -no el que la operó- y su ultima compañía humana -yo- decidimos tomar la decisión más dura que se puede tomar: Plantearnos si lo que llevaba encima era vida ó sólo inercia de ella. Y hicimos lo que no queríamos hacer. Habíamos fracasado, como el inglés Scott.
Le conté a un amigo del final de Mopa y quiso enseñarme algo, que en un pricipio no quería mostrarme pero que pensó era lo mejor. Allí apareció un manojillo de nervios con forma de pelusa despeinada rubia y me dijo: Recuerda a Mopa siempre y disfruta de este. Que Mopa no signifique para tí pena ni tristeza. Y me dijo que el mejor consuelo era regalarle TODO el amor de Mopa a este, que se llamaría Trodo
. Trodo es felíz, es como Mopa, aprende a leer, estudia informática y además se coloca sobre el televisor: El es la noticia.
Es la alegría.
Vivan los gatos... y sus
. Lo romántico de este triste historia gatuna es que Trodo es hijo del gato del que Mopa se enamoró. Trodo es el hijo que Mopa no llegó a tener.
En fin, cosas de la vida.
Comentario:
Muy bonita la historia de mopa, y a la vez triste. Cosas que pasan. Yo tengo una gatita persa que es la leche y ya me ha dado varios sustos. Gracias a dios solo han sido sustos y desde entonces tengo que estar ojo aviizor para que no se me escape jeje. Si algo le ocurriera me daria algo... y no quiero pensar en el dia que se muera.. pero bueno, de mientras disfrutare con ella. Me da mucha alegria y estoy feliz de tenerla. Es bastante jugetona y un poco pasota ala vez. Le gustan el queso y el jamon! y no hablemos de la jalea.... 1beso!
Comentario:
Bienvenida a Trodo y a ese mundo por descubrir.. mi gata se llama Hada





