Los Júas, fuego y mar
Los Júas prenden llama en las Hogueras de San Juan. Es la bienvenida al verano, a la luz, a los días largos, a las vacaciones y, cómo no, al calor.
Los barrios se llenaban de tirillas multicolores recortadas por los niños del barrio, que estrenaban vacaciones. Las enganchabamos con finos cordones de pared a pared, y las tirillas de papel las pegabamos con aquella "masa" que nuestros papis usaban de pequeños como pegamento. Agua con harina. En los portales de los bloques de vecinos se preparaban unos muñecotes rellenos de ropas viejas, de cohetes y petardos, que figuaban cómicamente algún personajillo popular del momento. Eran los Júas que serían sacrificados a las doce.
Los pequeños aglutinaban en montoneras enormes ramas secas y maderas viejas para quemarlas la noche de San Juan.
San Juan era la bandera verde a las vacaciones. ¡¡¡Qué lejos quedan aquellas noches de vacaciones infantiles!!!.. y que cerca también. Explotábamos petardos toda la tarde y la solinera era potente, insufrible para los mayores con problemas bronquiales.
Al caer la tarde, la cena era lo más rápido posible, para "bajarse a la calle de nuevo" y ver el tugurio de niños y adultos alredor de esa enorme hoguera que "siempre" tenía el mismo lugar reservado de un año para otro. Los más valientes, saltaban de un lado a otro, como símbolo pagano de la purificación a través del fuego. El juego era tener la hoguera más grande que los de la calle de al lado. La ciudad era toda una hoguera.
Años después, en la misma ciudad pero en el margen que la limita al mar, otra tradición más, las moragas. Las moragas son una especie de barbacoa en la playa pero sin la barbacoa. Se excava un boquete amplio donde se prepara una candela y se colocan, una vez convertida en ascuas ardientes esa candela, unas parrillas para cocinar carnes a la brasa. Alrededor de la moraga, jóvenes, mayores y niños charlan, ríen, cantan y conversan hasta las mil. Este año el Ayuntamiento sólo permite realizar moragas en dos playas, a ambos extremos costeros de la ciudad y no sé si alguien ha osado mantener la tradición en las playas de enmedio.
Dice la tradición marenga que la noche de San Juan dá suerte a quien moja los pies en la orilla del mar. Ahora y en la costa, es el agua la que purifica.
Los hay con más ganas, y se dan un baño; que por cierto, es un gusto, si llevas una toalla y no te meten con vaqueros. Alrededor de la hoguera, tragando humo unos y riendo otros, no debíamos olvidar tirar nuestro papel anual lleno de deseos que el fuego hará realidad. El olor a madera quemada, la brisa nocturna, el mar cantando de fondo... y la música de decenas de casettes sonando al unísono decenas de canciones y ritmos diferentes.

El mar también ha cambiado. La otra noche preferí que la "tradición" de mojar los pies quedara aplazada porque la "depuradora" que trata las aguas chungas, fecales, está averiada... y nuestro mar mediterráneo muere, poco a poco... y más que traer buena suerte puede traer una infección a quien lo intentara. Y los niños tienen poca información-formación porque no comprenden porqué ondea la bandera roja en la playa si no hay olas. Están ya tan acostumbrados a ver la orilla "amarronada", que no "entienden". Qué pena.
La candela con su duende de fuego es una magia constante de formas irrepetibles de colores encendidos, de una luz que absorbe la mirada hacia un fondo que no logras ver.
Hoy no suenan petardos sencillos de niños. Petardos de esos con estrellitas y una mecha de tres segundos, ó aquellos otros verdes más rápidos que los mayores sujetaban con la mano. O aquel petardo que aquella noche "reventó" mis pequeños dedos para evitar que le cayera a los amigos de juego que me rodeaban. Ahora los ruidos de petardos, son fuegos artificiales. Juegos municipalizados, no de barrio.
Sencillez cambiada. Tradición adaptada a un presente que varía a golpe de normativa, que no critico pero desnaturaliza.
Me gusta San Juan, me gusta la noche de los júas de mi memoria.
Todo se transforma. Las noches de San Juan parecían mágicas.
Sigo aprendiendo a disfrutar. A veces, cuesta.
Los grillos aún cantan cuando todos, o casi todos, duermen.
Los barrios se llenaban de tirillas multicolores recortadas por los niños del barrio, que estrenaban vacaciones. Las enganchabamos con finos cordones de pared a pared, y las tirillas de papel las pegabamos con aquella "masa" que nuestros papis usaban de pequeños como pegamento. Agua con harina. En los portales de los bloques de vecinos se preparaban unos muñecotes rellenos de ropas viejas, de cohetes y petardos, que figuaban cómicamente algún personajillo popular del momento. Eran los Júas que serían sacrificados a las doce.
Los pequeños aglutinaban en montoneras enormes ramas secas y maderas viejas para quemarlas la noche de San Juan.
San Juan era la bandera verde a las vacaciones. ¡¡¡Qué lejos quedan aquellas noches de vacaciones infantiles!!!.. y que cerca también. Explotábamos petardos toda la tarde y la solinera era potente, insufrible para los mayores con problemas bronquiales.
Al caer la tarde, la cena era lo más rápido posible, para "bajarse a la calle de nuevo" y ver el tugurio de niños y adultos alredor de esa enorme hoguera que "siempre" tenía el mismo lugar reservado de un año para otro. Los más valientes, saltaban de un lado a otro, como símbolo pagano de la purificación a través del fuego. El juego era tener la hoguera más grande que los de la calle de al lado. La ciudad era toda una hoguera.
Años después, en la misma ciudad pero en el margen que la limita al mar, otra tradición más, las moragas. Las moragas son una especie de barbacoa en la playa pero sin la barbacoa. Se excava un boquete amplio donde se prepara una candela y se colocan, una vez convertida en ascuas ardientes esa candela, unas parrillas para cocinar carnes a la brasa. Alrededor de la moraga, jóvenes, mayores y niños charlan, ríen, cantan y conversan hasta las mil. Este año el Ayuntamiento sólo permite realizar moragas en dos playas, a ambos extremos costeros de la ciudad y no sé si alguien ha osado mantener la tradición en las playas de enmedio.
Dice la tradición marenga que la noche de San Juan dá suerte a quien moja los pies en la orilla del mar. Ahora y en la costa, es el agua la que purifica.
Los hay con más ganas, y se dan un baño; que por cierto, es un gusto, si llevas una toalla y no te meten con vaqueros. Alrededor de la hoguera, tragando humo unos y riendo otros, no debíamos olvidar tirar nuestro papel anual lleno de deseos que el fuego hará realidad. El olor a madera quemada, la brisa nocturna, el mar cantando de fondo... y la música de decenas de casettes sonando al unísono decenas de canciones y ritmos diferentes.

El mar también ha cambiado. La otra noche preferí que la "tradición" de mojar los pies quedara aplazada porque la "depuradora" que trata las aguas chungas, fecales, está averiada... y nuestro mar mediterráneo muere, poco a poco... y más que traer buena suerte puede traer una infección a quien lo intentara. Y los niños tienen poca información-formación porque no comprenden porqué ondea la bandera roja en la playa si no hay olas. Están ya tan acostumbrados a ver la orilla "amarronada", que no "entienden". Qué pena.
La candela con su duende de fuego es una magia constante de formas irrepetibles de colores encendidos, de una luz que absorbe la mirada hacia un fondo que no logras ver.
Hoy no suenan petardos sencillos de niños. Petardos de esos con estrellitas y una mecha de tres segundos, ó aquellos otros verdes más rápidos que los mayores sujetaban con la mano. O aquel petardo que aquella noche "reventó" mis pequeños dedos para evitar que le cayera a los amigos de juego que me rodeaban. Ahora los ruidos de petardos, son fuegos artificiales. Juegos municipalizados, no de barrio.
Sencillez cambiada. Tradición adaptada a un presente que varía a golpe de normativa, que no critico pero desnaturaliza.
Me gusta San Juan, me gusta la noche de los júas de mi memoria.
Todo se transforma. Las noches de San Juan parecían mágicas.
Sigo aprendiendo a disfrutar. A veces, cuesta.
Los grillos aún cantan cuando todos, o casi todos, duermen.
Comentario:
Un placer conocerte.
La noche de San Juan sigue siendo magica
La noche de San Juan sigue siendo magica
Comentario:
^^
oo
( )
""
oo
( )
""
Comentario:
Y esos niños de hoy dirán lo mismo en las fiestas de mañana, y menos mal, que las cosas, a veces cambian. A veces no estamos a gusto con los cambios, a veces, no todos son buenos. Pero las cosas han de cambiar mientras se mantengan los pilares de referencia, como esos grillos cantando.
Saludos escandinavos
Saludos escandinavos





