Cuando miras a los ojos de la gente
Ayer me crucé contigo. Iba distraída, sin pensar en nada concreto, sólo caminaba hacia el punto de encuentro “B”, ya que el inicial fue cambiado debido a mis habitual descompás con el reloj. Esta vez el cúmulo de segundos a mi contra fue motivado por la cantidad de personas con autos que salimos a la calle, antes que los murciélagos.
Mi corazón dormido dio un vuelco cuando mi mirada quedó congelada en la tuya, adhesiva, de ojos penetrantes. Intentabas radiografiar no sé que de mi interior.
No esperes nada, la nevara anda vacía.
Pero tú no eras gente. Eres tú, aunque no sepa quien eres. Me creo capaz de dibujar tu rostro, tu cabello, trazar tu figura, a pesar de mis dificultades retentivas y de la fugacidad de nuestra radiografía óptica.
Siento que te robé, o me regalaste, una veta de tu energía incandescente que descubrí, ó me descubriste, solapada tras tus ojos miel de caña. El revulsivo fue tremendo, me vibraron todas las telarañas corporales y mi simpático puso en alerta hasta el último de mis vellos corporales. Quise disimularlo pero era inevitable, no me dejabas retirar los ojos de los tuyos. Te sentí, en décimas de segundo, ausente de la conversación que te daban. Vieron como nos mirábamos y, ajena en el fondo del suceso la disertadora continuaba con su monólogo. Tu y yo, retando y encañonándonos visualmente.

Me sentí fuera de mi juego y dentro del tuyo, con todo el placer del mundo concentrado enjuagándose en nuestros líquidos. Mutaste mis vellos en escarpias, erizaste las defensas de mi maltrecho corazón y un suspiro de aire bajó el exceso de temperatura que portaba mi cuerpo, transformándolo en calor bajo mi camisa.
Había olvidado la vibración volcánica que unos ojos pueden causar en el alma. Has removido esencias que ahora aromatizan como un fantasma espiritual toda la habitación y los lugares donde mis pasos me llevan.
Sé que no es la primera vez que te veo e impediré que se sea la última, soy opticadependiente.
Llevo el mono y surgen necesidades internas que me piden la práctica de nuevas composiciones para vestir a mis ojos, hasta ahora con atuendos informales y despistados vestidos de cualquier manera. Lo que hoy en ti he visto quisiera ser capaz de vestirlo y desvestirlo con mis ojos, tatuarlo en el alma y sentirlo vibrar en mi cuerpo. Me obligo a explorar los sentidos, ordenar el cajón de sastre y ordenar el desastre de mi cajón. Has invadido mi espacio con una sigilosa mirada. Llegas y ocupas con ingenio mis distracciones mundanas, sin pedir permiso y como siempre me dejo enriqueciendo sombras del Olimpo.
Continué mi senda hacia el camino al punto “B”. Deambulando por la misma ruta, todo cambió por completo. Las hojas dejaron de estar secas y mustias mutándose en piel vegetal morena de sol. La brisa tenue y suave, ausente en mi primitivo caminar, se hizo presente y sutil aterciopelada. Mis pasos danzaban en un allegro ma non troppo y el encuentro con las dos flores que pacientemente esperaban mi presencia silenció la ambrosía de mi piel, de mi pensamiento y de mi alma guardándolo todo en otra caja de Pandora etiquetada de sentimientos que explosionaran cuando menos lo espere, no sé cuando. Revulsivo colmado de sensaciones. Miedo me doy cuando me siento temblar. De quien seré victima ó verdugo. Sicaria de vasos rotos en descomposición.
¿Dónde está el epicentro?
El corazón no está inactivo, ni ya dormido.
La verdad, no sé si echarle la culpa a los días de fiebre ó a esta osadía de mirar a los ojos de la gente.
Mi corazón dormido dio un vuelco cuando mi mirada quedó congelada en la tuya, adhesiva, de ojos penetrantes. Intentabas radiografiar no sé que de mi interior.
No esperes nada, la nevara anda vacía.
Pero tú no eras gente. Eres tú, aunque no sepa quien eres. Me creo capaz de dibujar tu rostro, tu cabello, trazar tu figura, a pesar de mis dificultades retentivas y de la fugacidad de nuestra radiografía óptica.
Siento que te robé, o me regalaste, una veta de tu energía incandescente que descubrí, ó me descubriste, solapada tras tus ojos miel de caña. El revulsivo fue tremendo, me vibraron todas las telarañas corporales y mi simpático puso en alerta hasta el último de mis vellos corporales. Quise disimularlo pero era inevitable, no me dejabas retirar los ojos de los tuyos. Te sentí, en décimas de segundo, ausente de la conversación que te daban. Vieron como nos mirábamos y, ajena en el fondo del suceso la disertadora continuaba con su monólogo. Tu y yo, retando y encañonándonos visualmente.

Me sentí fuera de mi juego y dentro del tuyo, con todo el placer del mundo concentrado enjuagándose en nuestros líquidos. Mutaste mis vellos en escarpias, erizaste las defensas de mi maltrecho corazón y un suspiro de aire bajó el exceso de temperatura que portaba mi cuerpo, transformándolo en calor bajo mi camisa.
Había olvidado la vibración volcánica que unos ojos pueden causar en el alma. Has removido esencias que ahora aromatizan como un fantasma espiritual toda la habitación y los lugares donde mis pasos me llevan.
Sé que no es la primera vez que te veo e impediré que se sea la última, soy opticadependiente.
Llevo el mono y surgen necesidades internas que me piden la práctica de nuevas composiciones para vestir a mis ojos, hasta ahora con atuendos informales y despistados vestidos de cualquier manera. Lo que hoy en ti he visto quisiera ser capaz de vestirlo y desvestirlo con mis ojos, tatuarlo en el alma y sentirlo vibrar en mi cuerpo. Me obligo a explorar los sentidos, ordenar el cajón de sastre y ordenar el desastre de mi cajón. Has invadido mi espacio con una sigilosa mirada. Llegas y ocupas con ingenio mis distracciones mundanas, sin pedir permiso y como siempre me dejo enriqueciendo sombras del Olimpo.
Continué mi senda hacia el camino al punto “B”. Deambulando por la misma ruta, todo cambió por completo. Las hojas dejaron de estar secas y mustias mutándose en piel vegetal morena de sol. La brisa tenue y suave, ausente en mi primitivo caminar, se hizo presente y sutil aterciopelada. Mis pasos danzaban en un allegro ma non troppo y el encuentro con las dos flores que pacientemente esperaban mi presencia silenció la ambrosía de mi piel, de mi pensamiento y de mi alma guardándolo todo en otra caja de Pandora etiquetada de sentimientos que explosionaran cuando menos lo espere, no sé cuando. Revulsivo colmado de sensaciones. Miedo me doy cuando me siento temblar. De quien seré victima ó verdugo. Sicaria de vasos rotos en descomposición.
¿Dónde está el epicentro?
El corazón no está inactivo, ni ya dormido.
La verdad, no sé si echarle la culpa a los días de fiebre ó a esta osadía de mirar a los ojos de la gente.
Comentario:
Me he quedado obnubilado con este despertar visual... qué bonito, que buenos escalofríos produces con tus palabras y no son de fiebre.
Besotes.
Besotes.
Comentario:
Me encanta tu osadia...
Comentario:
Gracias de corazón, criaturas.
Voy regresando al ritmo mental que perdí no sé donde y que recupero, poco a poco.
Voy regresando al ritmo mental que perdí no sé donde y que recupero, poco a poco.
Comentario:
madre mia! q maravilla!!...
preciosa osadía esa de mirar a los ojos... no la pierdas nunca.
un beso!
preciosa osadía esa de mirar a los ojos... no la pierdas nunca.
un beso!
Comentario:
Chica, y yo que creía que andabas de bajón. Pues como estos sean los textos que eres capaz de escribir en tales circunstancias... Felicidades por este post monumental, Alobadita.
Abrazo orgiástico.
Abrazo orgiástico.
Comentario:
Ummm....ópticadependiente...me gusta. con tu permiso me la guardo en mi diccionario de palabras que citan sentimientos...
miau!
miau!