Te echo de menos
¿Dóndes estás? Echo de menos estar en tus brazos y saborear el placer que nos das con tu presencia invisible.
Anoche tuve el síndrome de la lavadora, dando vueltas sin parar.
Te llamaba en cada uno de mis largos bostezos y no apareces.
¿por dónde andas?
No has hecho la guardia por la zona, lo sé. Abandonaste los minúsculos granitos de tu reloj de arena que ya no juega con la ley de la gravedad. Ellos descansan, yo no.
Ponía 4.07 cuando miré por primera vez la tabla numérica que escondo con un pañuelo a mi lado. Si la veo de cambiar, cuento sesenta y manteniendo el mismo ritmo la maldita máquina eleva su cifra una unidad, un minuto.
El silencio es el imperio absoluto en la habitación. Nada oigo, quizás un levisimo murmullo en la respiración relajada de la persona que me da amor, calor y me transmite parte de su energía con su suave mano. Marcaban 7:12 cuando bostezó el gorrión que habita en la chimenea de la casa y trinaba contento. ¡Qué suerte, a volar!!!
Minutos después el monótono uuu uuu-uuu uuu de la tórtola indicaba que el amanecer comenzaba a romper la noche. El grifo de la ducha de mi vecino refrescaba su nuevo día.
¿Llegué tarde ó marchaste antes? Sé que estuviste. No dijiste nada, como siempre.
Conseguí dormitar justo después del canto de un despertador. Vino Trodo con su roneo matinal y no paró de hurgar con su hocico hasta encontrar mi mano para que le acaricie su rubia cabeza de lince.
Cambia la cosa a mejor cuando recibo un dulce beso acaricia mi cara. Un regalo que me acelera el corazón. Gracias Hada.
Por favor, no te pierdas tanto. Somos muchos seres los que te echamos de menos y necesitamos sentirnos entre tu regazo.

Morfeo, te echamos de menos.
Pd.: Cuando vengas dále un abrazo orgiástico a ella, ya sabes, tampoco la visitas a menudo.
Anoche tuve el síndrome de la lavadora, dando vueltas sin parar.
Te llamaba en cada uno de mis largos bostezos y no apareces.
¿por dónde andas?
No has hecho la guardia por la zona, lo sé. Abandonaste los minúsculos granitos de tu reloj de arena que ya no juega con la ley de la gravedad. Ellos descansan, yo no.
Ponía 4.07 cuando miré por primera vez la tabla numérica que escondo con un pañuelo a mi lado. Si la veo de cambiar, cuento sesenta y manteniendo el mismo ritmo la maldita máquina eleva su cifra una unidad, un minuto.
El silencio es el imperio absoluto en la habitación. Nada oigo, quizás un levisimo murmullo en la respiración relajada de la persona que me da amor, calor y me transmite parte de su energía con su suave mano. Marcaban 7:12 cuando bostezó el gorrión que habita en la chimenea de la casa y trinaba contento. ¡Qué suerte, a volar!!!
Minutos después el monótono uuu uuu-uuu uuu de la tórtola indicaba que el amanecer comenzaba a romper la noche. El grifo de la ducha de mi vecino refrescaba su nuevo día.
¿Llegué tarde ó marchaste antes? Sé que estuviste. No dijiste nada, como siempre.
Conseguí dormitar justo después del canto de un despertador. Vino Trodo con su roneo matinal y no paró de hurgar con su hocico hasta encontrar mi mano para que le acaricie su rubia cabeza de lince.
Cambia la cosa a mejor cuando recibo un dulce beso acaricia mi cara. Un regalo que me acelera el corazón. Gracias Hada.
Por favor, no te pierdas tanto. Somos muchos seres los que te echamos de menos y necesitamos sentirnos entre tu regazo.

Morfeo, te echamos de menos.
Pd.: Cuando vengas dále un abrazo orgiástico a ella, ya sabes, tampoco la visitas a menudo.