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Alonso Quijano, 400 años de palabras
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José María Barreda presenta en Sigüenza el programa para el IV centenario de la novela



Fuente El Pais Desde un congreso de "molinología" a las exposiciones Don Quijote en la cerámica o El arte en la época de Don Quijote, además del teatro, la música y la danza programados al aire libre dentro del llamado Festival Quijote. El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, presentó ayer en Sigüenza la programación de la región para el IV centenario. "Queremos conmemorar una tierra, una región y un libro. La Mancha ya no es un sitio de paso", aseguró. Sigüenza, el primer pueblo manchego que se cita en el Quijote, fue ayer el lugar elegido para la presentación de los actos de la Junta de Castilla-La Mancha para el IV centenario. José María Barreda aseguró que para 2005 se están organizando más de 2.000 actividades culturales. Una programación (www.donquijotedelamancha2005.com) marcada por tres ejes: exposiciones, espectáculos y publicaciones. El presupuesto de la Empresa Pública Don Quijote de la Mancha 2005, SA, encargada de gestionar y coordinar todos los eventos, contará con unos cincuenta millones de euros.
Así, el año que viene se inaugurarán, entre otras, las exposiciones Don Quijote. La sombra del caballero, centrada en el mundo de la caballería; La Mancha del Quijote, de carácter etnográfico y que se ordenará en torno a siete grandes temas de la vida cotidiana en tiempos de Cervantes; Don Quijote en la cerámica, que mostrará la influencia de la figura cervantina en la decoración de la cerámica tradicional de Talavera y Puente del Arzobispo; Don Quijote en el arte contemporáneo, que analizará los ejemplos de la influencia de esta obra en las manifestaciones artísticas contemporáneas; El arte en la época del Quijote, con más de un centenar de piezas del arte europeo del primer cuarto del siglo XVII; Dalí y el Quijote, que contará con las acuarelas originalmente realizadas por Dalí para ilustrar el Quijote en 1945.
El festival de teatro de Almagro tendrá una programación cervantina especial, que también estará reflejada en la programación de la red de teatros regionales, pero el plato fuerte del año será el llamado Festival Quijote, dentro del cual se programarán 30 espectáculos de teatro, música o danza en lugares al aire libre. Además de conciertos de rock y pop que ocuparán plazas mayores, claustros y patios de lugares como Esquivias, Argamasilla de Alba o El Toboso. Durante el verano, un camión recorrerá y presentará en los pueblos que no tengan escenario un espectáculo teatral. "Queremos seguir", señaló ayer José María Barreda, "el camino de las lagunas de Ruidera, de los molinos de Campo de Criptana, de la Cueva de Medrano o la de Montesinos, y que todo el mundo pueda vivir la conocida anécdota de Jean Cocteau, que cuando se encaramó al Cerro Calderico de Consuegra y vio, entre el castillo y los molinos, el inmenso paisaje manchego, exclamó: 'Por fin he visto el planeta".
Barreda recordó, por último, que la intención del Ejecutivo de Castilla-La Mancha es aprovechar el "escaparate" de la obra de Cervantes para incrementar la capacidad de "la inversión empresarial y cultural" en la zona.
 
Nueva edicion de lujo ilustrada por Mingote



Fuente www.donquijotedelamancha2005.com/ news Con prólogo de honor de S. M. El Rey de España, el dibujante Antonio Mingote ilustra el Quijote en una edición de lujo en dos volúmenes, limitada y numerada

Esta edición especial limitada cuenta con más de 60 láminas a tamaño real, numerada cada una de ellas en una serie del 1 al 50 y firmadas a lápiz por Mingote. Estas ilustraciones habian sido realizadas por Mingote para una edicion especial de sellos sobre el Quijote, y se recuperan ahora en esta edición.
Los poseedores de "Don Quijote de la Mancha" recibirán una de estas láminas firmadas por el artista. Además, se ha levantado un acta notarial que certifica las características especiales de esta edición, como única e irrepetible.

Mingote, que dedicó casi dos años a crear estos dibujos a diferente tamaño, las letras capitulares y la numeración de cada capitulo, utilizó materiales como lápiz, tinta china y acuarela gris. "El Quijote, que es una obra de humor, por primera vez aparece ilustrada por un humorista", en palabras del escritor y crítico Martín de Riquer, que anota el texto de esta edición.

Mingote, durante el acto de presentación de esta edición, explicó haber "reflejado las actitudes y los sentimientos de los personajes recalcando lo cómico, y suscitar en el espectador el deseo de leer un libro como éste".

Antonio Mingote, que procuró ser fiel a las descripciones del ingenioso hidalgo, comentó la ausencia de rigurosidad en Cervantes, por lo que "no he dibujado algo que me parece indigno del personaje". "Me he negado a dibujar a Don Quijote desdentado", y añadió que Sancho Panza es un personaje ágil, y "aunque Don Quijote le llame gordo alguna vez", se trata de una gordura del "siglo XVII", por lo que no se muestra como "el campesino obeso en el se suele pensar", aclaró.

Además, el ilustrador aseguró haber disfrutado mucho con este trabajo, "me lo he pasado muy bien dibujando cada lámina, cada letra, para mi dibujar el Quijote ha sido una fiesta".
"Es una obra a la que guardo amor y afición".
 
Disertaciones poéticas sobre el Quijote


Bajo este cuadro que Picasso pintó sobre el Quijote volvamos a las tierras de la Mancha donde dejamos a nuestro valiente hidalgo. Volvamos a la literatura. En este espacio nos olvidaremos de la fingida vejez del Quijote para volver de nuevo a su vida, a vivir su vida, y a ver como la viven otros...

La prosa del mundo

Supongo que nadie se sorprende de que los molinos de Don Quijote existen, son reales, como es real y existe Macondo. Mas allá de la Mancha, de la selva Americana o de las imaginativas ilustraciones de las tapas de los ejemplares que se tengan de estas dos obras, tituladas Don Quijote de la Mancha y Cien años de soledad, existe atrapado algo de vida en sus papeles.

A los ojos de cualquiera estas dos obras muestran un extenso y elaborado trabajo, pero no por ello dejan de ser dos obras de imaginación. Dos imaginaciones que nos muestran algo tan primitivo y simple como la vida. Una afirmación de vida. Y la vida, ¿es realidad o utopía?
Por un lado son utópicas, porqué las utopías consuelan ante el continuo naufragio del mundo y de sus valores. Y estas utopías cuando no tienen un lugar real se desarrollan en un espacio maravilloso, Macondo o las nuevas leyes de caballería del Quijote, mundos que nos permiten escapar y soñar. Soñar que esta coincidencia de coordenadas puede darse en algún lugar del mundo o en alguna persona.
Por otro son un retrato de la vida. Una explicación de porque las cosas son como son, de lo humano. Pero no es un retrato realista, un intento de daguerrotipo, sino que surge una reacción de lo vital y lo espontáneo de dos grandes autores, de su imaginación por trasformar el mundo.

En el siglo XVI los libros de caballería, llenos de fantasía, dicen ser el lenguaje del mundo, pero la realidad que muestran es un absurdo despropósito. Y así, nace el Quijote, que quiere conseguir ser ese verdadero lenguaje del mundo, humanizando esos mitos, llenándolos de belleza, gracias a la extraordinaria pluma de Cervantes.
Por otro lado el mundo de los Buendía demuestra que es real y existe esa América de fantasía y de dura realidad, la América de Gabriel García Márquez o la América real.
Estas dos obras intentan escapar del pesimismo y ser una afirmación de vida. Y esta afirmación de vida se representa en la “locura” de Don Quijote y en la estirpe “condenada” a cien años de soledad.

Don Quijote y José Arcadio Buendía, son rebeldía y esperanza. Se crean a sí mismos frente a todo tipo de corrupción del mundo. Se encuentran en una desesperada búsqueda y sustentación del “yo” frente a la alienación que busca el exterior. Su contacto con el mundo vendrá determinado por la aparición de dos personajes: Sancho Panza, sin el cual Don Quijote no es entendido; y los gitanos, representados por Melquiades, deslumbrante personaje, que tendrá un papel fundamental.

Don Quijote nace, con la excusa de la locura, producida por haber leído muchos libros de caballerías. Y esta excusa le permitirá sobrevivir en este mundo. Un mundo que en ese momento entra en agonía.
Se produce una crisis general provocada por el fin del imperialismo español. Y ante esto tenemos la suerte de que surge un interprete de la talla de la crisis, Cervantes, que con su obra crea un adiós irónico, cruel y tierno a aquel modo de vivir. Así, en 1605, nace un hombre encantado, que vive fuera de todo orden natural aunque los demás intentan por todos los medios alienarlo a lo que ellos consideran realidad. Las diferencias sociales se hacían notar, y la literatura, con el género picaresco, es solo supervivencia lo criticaba pero sus personajes aceptaban pronto una aparente derrota. Sin embargo el Quijote es la expresión de la acción. Él sabe lo que quiere ser, conoce su esencia, y mediante los libros de caballerías lleva esa esencia su existencia. Así consigue su realización superando todos los obstáculos, menos uno, la muerte.
Lo único que lo detiene es la realidad del tiempo. Horas, minutos y segundos que nos conducen al hecho de que el hombre se muere algún día.

Pero el drama en el que vive Don Quijote, es un drama que durará, y dura todavía, y aunque el Quijote continua siendo un símbolo, libros como “Cien años de soledad” le toman un simbólico relevo en el siglo XX, José Arcadio Buendia, gracias a su desorbitada imaginación o locura, va a ofrecer no cien años de soledad, sino cien años de hermosa vida a su familia y a los habitantes de Macondo. Crean un lugar imperfectamente ideal, lleno de hermosura y tolerancia, fuera de lo que se impone exteriormente.
En ese lugar habita la familia Buendía, y Ursula será la encargada de mantenerla, a pesar de que todos nazcan con una expresión especial, la de la soledad. Pero por suerte todos los Buendía acaban haciendo un pacto honrado con la soledad, no con la esperanza de derrotarla, sino todo lo contrario, para sustentarla.
Pero la soledad del Quijote, combatida por la compañía de Sancho, y la soledad de los Buendía, apagada por la compañía callada de los propios familiares, no impide que se nos muestre una vida bella y fantástica. Y esto lo consiguen gracias a que los personajes se encuentran a ellos mismos. Viven.

Sin embargo sus vidas se encuentran ante el conflicto de reafirmar el yo, frente a un mundo reconocidamente hostil. Al principio Don Quijote es interpretado por loco. No se entiende su bondad y locura, aunque suele despertar ternura.
Sin embargo solo busca la felicidad y gracias a los libros de caballerías logra escapar de lo que la sociedad le impone. Pero en sus aventuras no consigue escapar de la triste realidad y por eso Sancho lo bautiza como el caballero de la triste figura.
El mundo no entiende a Don Quijote. Él, buscando la felicidad colma de realidad el lenguaje de los libros de caballerías. Su vida es real pero fantástica. Sus aventuras le pintan como un ser abrumado por los golpes y cargado de sueños, al defender el honor, la flaqueza, la amistad, un solo amor, en un mundo donde ya empiezan a importar ya mas las bolsas llenas de monedas de oro.

En la segunda parte su mundo cambia. Así el mundo no solo interpreta a Don Quijote encontrándoselo, sino también al leer la primera parte. Don Quijote es carne y hueso pero se ha convertido en un libro, y debe sé fiel a ese libro. La realidad del Quijote esta así en el lenguaje y en el interior de las palabras. Pero no son palabras inventadas, sino que pertenecen a la imaginación real, al interior de un personaje vivo. Y ese lenguaje debe guardar relación con las cosas, con el ser humano y su forma de vivir el mundo, convirtiéndose así en la prosa del mundo.

Macondo, intenta escapar del mundo exterior, pero no consigue evitar el contacto. Así aparece el conflicto de los liberales y los conservadores, que conduce al coronel a treinta y dos guerras, todas perdidas, o la plantación bananera que acorraló y ametralló a tres mil trabajadores llevados como cadáveres, en un tren con doscientos vagones, para echarlos al mar.

Todo el ser de estas dos obras, su pintura, no es otra cosa que lenguaje, textos, hojas impresas, historia ya transcrita, en los pergaminos de Cide Hamete Benengeli y Melquiades. Los dos dejan un fin escrito que no es otro que la muerte.

En fin, llego el último suspiro de Don Quijote, después de haber abominado con muchas y eficaces razones los libros de caballerías, según él cuerdo ahora y antes loco. Pero como el mismo dice muere Alonso Quijano, el bueno, y pervive Don Quijote en esta obra. “Entre compasiones y lagrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu, quiero decir que se murió”. Pero en realidad esa cordura es un engaño, muere el cuerdo, pero no el loco”

“La ciudad de los espejos(o de los espejismos) seria arrasada por el viento y desterrada de la memoria en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad en la tierra”.

Estos finales además de dejar cerrado el intento de tomar la idea para hacer una nueva obra, imitan una muerte real...
Era común en el siglo XVI el tomar las ideas de otros y así la primera parte del Quijote de Cervantes sufrió una segunda, el Quijote apócrifo de Avellaneda. A partir de aquí el personaje parece hacerse vivo, así deja de pertenecer a un Cervantes, que pasa a ser “sólo” el cronista de su vida. Cervantes al escribir su segunda parte, critica en el prólogo esta obra por haber maltratado su idea. También El propio Quijote se encuentra esta obra y tiene la ocasión de leer un fragmento, y por no ser cierta la envía a los abismos del infierno. La calidad literaria y el dominio del personaje de Cervantes eran insuperables, y por eso esta obra fue un error, aunque forma parte de la magia del Quijote. El problema radica en que estas dos obras, prodigios de imaginación y belleza en el lenguaje, son las dos obras que todo escritor desearía escribir.

Por eso la propia pluma que nació para escribir el Quijote, y por la que el Quijote nació solamente, engaña dejando reposar a Alonso Quijano en la sepultura, para que nadie pueda volver a tomarlo y contar una historia falsa, pero quien no puede encontrarse con algún Don Quijote por la calle. Y así también Aureliano descifra que todo lo escrito en los pergaminos era irrepetible para siempre, porque no habría otra familia condenada a cien años de soledad. Pero los pueblos en América del sur aparecen y desaparecen como las estaciones...

Otro de los puntos comunes de las obras es el tema del amor y la belleza.
El Quijote cuando nace pinta en su imaginación como desearía a su amada, Dulcinea del Toboso. Él esta enamorado porque es forzoso que los hombres y los caballeros andantes lo estén. Y este amor, es imaginario pero necesario. Amor que le va a ocasionar muchos disgustos. El vive y respira en ella, y en ella tiene vida, pero ella no es real. Además la burla de Sancho, que muestra encantada a Dulcinea, ocasiona otra burla de los Duques en la que cae el propio Sancho. Un personaje que muestra lo fácil que es caer en un mundo imaginario hasta para alguien como él.

Pero en El Quijote hay muchas historias de amor, que muestran que es una parte sencilla de la vida. Son muy hermosas las historias del propio autor o historias noveladas, intercaladas a la narración principal. Con esto se muestra como la escritura de Cervantes, como el hilo principal de la vida, tiende siempre a escribir un capítulo o más de uno sobre el amor. Además dan una visión optimista de la vida, ya que el amor puede, casi siempre, superar obstáculos y barreras.

En cuanto a Cien años de Soledad nos muestra el amor como el sentimiento más primitivo y humilde. Todos los personajes muestran un amor sin medidas, que incluso a veces les lleva ante una cobardía invencible, señal inequívoca para Gabo de incapacidad para el amor. A los Buendía, el amor les hunde en la dulce soledad o llega a ser el paraíso de la soledad compartida. Una soledad compartida, en la que a veces en el libro, la única realidad cotidiana y eterna es el amor, de nuevo capítulos enteros de la obra son solo eso.

El texto nos muestran que las personas son personajes de extraordinaria hermosura, humanidad, imperfectos: tanto del alma como del cuerpo, y por eso deben, creen en el amor.
Estas dos obras son un homenaje a la belleza del mundo y de las personas.
Dos personajes: Marcela, la pastora y Remedios, la bella. Dos mujeres a las que hicieron tan hermosas que cuando alguien contempla sus rostros angelicales, no es conducido a otra cosa que a amarlas. Sin embargo ellas están incapacitadas para el amor porque su vida no es otra que la de vivir en perpetua soledad. Las dos, desaparecen de la historia, pareciéndonos cosa más divina que humana.Pero los dos escritores muestran estar enamorados de esa belleza, del instante que no se escapa, que se encuentra en los lugares más singulares. La amistad entre Rocinante y el asno de Sancho, el placer de una buena comida, las ventas y los palacios, la hermosura de las personas, el vestuario de la época, los paisajes de España, la impasible figura de un bandolero catalán, el día, la noche, la locura; o los pescaditos de oro, las mariposas amarillas, la siesta al atardecer, las relaciones carnales, la soledad...

Dos obras de fantasía. Dos obras de literatura en las que se absorben influencias y surge una nueva, pero madura, original e impensada obra de creación.

Cervantes toma los libros de caballerías, que en esa época estaban de moda y se marca como objetivo desde el principio el deshacer su autoridad, y hacer volver a la literatura a la realidad del mundo.
Para ello toma pasajes de los caballeros andantes y los ofrece con uno de lo mayores prodigios de imaginación de la literatura: Don Quijote de la Mancha. Sin embargo al dotar de realidad estos pasajes y gracias a su forma de escribir, lo que hace Cervantes es llenar de hermosura los libros de caballerías, haciéndoles así, un gran homenaje.
Gabriel García Márquez también toma una realidad, América del Sur, y escribe sobre ella con una extraordinaria capacidad. Y consigue expresar los sentimientos de este continente, unos sentimientos que apenas parece que puedan pensarse, así que menos escribirse, aunque él si parece acercarse a mostrarnos la violencia y la ternura de este corte de tierra.

En definitiva son dos obras que nos permiten escapar y soñar. Obras ante las que el lector no puede permanecer impasible, porque despertaran en él multitud de sentimientos. Dos obras de arte, que ante todo, son literatura.
Este articulo, no ha querido llevar a que Cien años de Soledad fuera El Quijote del siglo XX, quizás eso se diga algún día, sino que uno de los mayores prodigios de imaginación, una obra insólita, no puede huir de la gran obra de la literatura española, Don Quijote de la Mancha, y esto es lo primero que las une.

Por otra parte el desocupado lector, la propia literatura, agradece a Cervantes, y más tarde a Gabriel García Márquez, por unir el lenguaje con las cosas, es decir, ser la prosa del mundo.

Gracias por el mayor protagonista de la novela española: el ingenioso hidalgo. Podemos al leer, oír y mirar lo que él, sentir como él, entrar en sus pensamientos. Un personaje que esta sólo preocupado de vencer a los gigantes o encantadores que se pongan en su camino. Preocupado de conseguir que todo el mundo rinda pleitesía a su amada. Pero es un personaje que madura, y pasa a tener un conflicto consigo mismo. Muestra dudas sobre la realidad externa y sobre su conducta. Poco a poco nace en nosotros la ternura al ver como cae en la tristeza y en la confusión. El autor enriquece así la figura de Don Quijote. La aventura de la cueva de Motesinos nos descubre la razón de su locura. Solo quiere vivir una vida más bella. Su derrota en la playa de Barcelona, es nuestra derrota. La cordura vence a la locura.
Gracias a una historia ejemplar, la de cien años de inigualable soledad de una familia. Una novela que nos permite escapar del tiempo, para sumergirnos en un tiempo fabuloso, en un lugar buscado por muchos.

Unos personajes, nacidos por el poder de creación del novelista, una creación imaginaria, pueden librarse de jugar a la vida, haciendo un pacto honrado con la soledad.
De nuevo gracias, por las palabras que nos hacen un hermoso retrato de la misma vida que nosotros vivimos

Antonio León Díaz, alumno de Filología Hispánica
 
Carmen Calvo presenta los actos sobre 'El Quijote' ante la Comision del IV centenario



Fuente Agencias La celebración en 2005 del cuarto centenario de la publicación de El Quijote supondrá al Estado unos 30 millones de euros, según ha anunciado hoy la ministra de Cultura, Carmen Calvo, durante la presentación del programa que ha elaborado su departamento para esta conmemoración. De los 30 millones, la mitad procederá de la financiación directa vía presupuestos del Ministerio de Cultura y de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, y la otra mitad será con cargo a las desgravaciones fiscales que se apliquen a las instituciones que participantes.

"Tal día como hoy hace 400 años, en 1604, salió a la imprenta el primer ejemplar de 'El ingenioso hidalgo de la Mancha' -comienza ese discurso-. Hoy por tanto, cumple años aquella primera edición, que es el motivo de esta Comisión, que velará porque el IV Centenario irradie entre nosotros una viva fuerza creadora".

Calvo ha presentado el programa a la Ejecutiva de la Comisión para la Conmemoración del IV Centenario, en sustitución de José Luis Rodríguez Zapatero, que finalmente no ha acudido a la cita por problemas de agenda, éste acudió a la Ejecutiva del PSOE) a pesar de que así lo había anunciado Cultura.

En el programa del Gobierno para el Año del Quijote ocupan un espacio destacado las exposiciones, los congresos, los conciertos musicales y las representaciones teatrales. En el capítulo de exposiciones, la ministra ha destacado la muestra Los tapices de El Quijote, que podrá verse entre el 8 de septiembre y el 15 de noviembre en Dallas (Estados Unidos) y que luego se exhibirá en una ciudad europea aún por determinar.
Habrá también una exposición itinerante, Cuatrocientos años de Don Quijote por el mundo, que viajará a las principales ferias internacionales del libro. La Biblioteca Nacional acogerá la muestra El Quijote, biografía de un libro, el Centro Cultural de la Villa de Madrid enseñará El mundo que vivió Cervantes, y el Museo Reina Sofía, su influencia en el arte contemporáneo. En Ciudad Real se inaugurará El arte en la España de El Quijote, y en Almagro se exhibirán sus Trajes y tipos. En el terreno musical, el Teatro de la Zarzuela ofrecerá una programación especial con La venta de Don Quijote, de Ruperto Chapí, y el Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla. El 14 de abril tendrá lugar el estreno mundial de una partitura de Fernández Guerra que acompañará a la proyección de Don Quixotte (1933), de G. W. Pabst. El Auditorio Nacional, con dos conciertos extraordinarios, y la Konzerthaus de Berlín, con otros dos, también tendrán un espacio para el IV Centenario.

A esta primera reunión de la Comisión asistieron, además de la ministra y el presidente ejecutivo, el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda; la presidenta de Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; el presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria, Francisco Javier López Marcano, y los consejeros de Cultura de todas las comunidades autónomas, más Ceuta y Melilla.
Así como el alcalde de Barcelona, Joan Clos, los rectores de las universidades de Alcalá y Castilla la Mancha, los tres presidentes de las academias de la Historia, la Lengua y las Bellas Artes, el director del centro de estudios cervantinos de Alcalá, así como los creadores Francisco Nieva, Manuel Gutiérrez Aragón, Nélida Piñón y Eduardo Arroyo, entre otros muchos.

Desde hoy, Cultura tiene abierto un portal en el que se recogerá toda la información. La dirección, a la que se podrá acceder dentro de unos días, es www.centenarioquijote.es, y hasta entonces parte de su contenido se podrá ver en la web de Cultura, www.mcu.es. Calvo ha señalado que el programa está abierto y se irá agrandando con nuevas propuestas.
 
Nuevas disertaciones poéticas sobre el Quijote



Volvemos al viaje del Quijote que se pierde ahora con Sancho a través de una mesa llena de un montones de papeles y libros que se caen por no tener espacio... Pero sobre todo, llena de literatura. La del poeta que escribe en ella y la de todos los libros, porque los leyó todos, que le dejaron ese poso de viejo lector, o de viejo personaje de todos los libros, a Bórges. Esto se veia en sus ojos, y esto es lo que veian sus ojos.

Mi entrañable señor Cervantes

Puede parecer una tarea estéril e ingrata discutir una vez más el tema de Don Quijote, ya que se han escrito sobre él tantos libros, bibliotecas enteras, bibliotecas aún más abundantes que la que fue incendiada por el piadoso celo del sacristán y el barbero. Sin embargo, siempre hay placer, siempre hay una suerte de felicidad cuando se habla de un amigo. Y creo que todos podemos considerar a Don Quijote como un amigo. Esto no ocurre con todos los personajes de ficción. Supongo que Agamenón y Beowulf resultan más bien distantes. Y me pregunto si el príncipe Hamlet no nos hubiera menospreciado si le hubiéramos hablado como amigos, del mismo modo en que desairó a Rosencrantz y Guildenstern. Porque hay ciertos personajes, y esos son, creo, los más altos de la ficción, a los que con seguridad y humildemente podemos llamar amigos. Pienso en Huckleberry Finn, en Mr. Pickwick, en Peer Gynt y en no muchos más.

Pero ahora hablaremos de nuestro amigo Don Quijote. Primero digamos que el libro ha tenido un extraño destino. Pues de algún modo, apenas si podemos entender por qué los gramáticos y académicos le han tomado tanto aprecio a Don Quijote. Y en el siglo XIX fue alabado y elogiado, diría yo, por las razones equivocadas. Por ejemplo, si consideramos un libro como el ejercicio de Montalvo, Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, descubrimos que Cervantes fue admirado por la gran cantidad de proverbios que conocía. Y el hecho es que, como todos sabemos, Cervantes se burló de los proverbios haciendo que su rechoncho Sancho los repitiera profusamente. Entonces, la gente consideraba a Cervantes un escritor ornamental. Y debo decir que a Cervantes no le interesaba para nada la escritura ornamental; la escritura refinada no le agradaba demasiado, y leí en alguna parte que la famosa dedicatoria de su libro al Conde de Lemos fue escrita por un amigo de Cervantes o copiada de algún libro, ya que él mismo no estaba especialmente interesado en escribir esa clase de cosas. Cervantes fue admirado por su «buen estilo», y por supuesto las palabras «buen estilo» significan muchas cosas. Si pensamos que Cervantes nos transmitió el personaje y el destino del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, tenemos que admitir su buen estilo, o, más bien, algo más que un buen estilo, porque cuando hablamos de buen estilo pensamos en algo meramente verbal.

Me pregunto cómo hizo Cervantes para lograr ese milagro, pero de algún modo lo logró. Y recuerdo ahora una de las cosas más notables que he leído, algo que me produjo tristeza. Stevenson dijo: «¿Qué es el personaje de un libro?». Y respondió: «Después de todo, un personaje es tan sólo una ristra de palabras».
Es cierto, y sin embargo, lo consideramos una blasfemia. Porque cuando pensamos, digamos, en Don Quijote o en Huckleberry Finn o en Peer Gynt o en Lord Jim, sin duda no pensamos en ristras de palabras. También podríamos decir que nuestros amigos están hechos de ristras de palabras y, por supuesto, de percepciones visuales. Cuando en la ficción nos encontramos con un verdadero personaje, sabemos que ese personaje existe más allá del mundo que lo creó. Sabemos que hay cientos de cosas que no conocemos, y que sin embargo existen. De hecho, hay personajes de ficción que cobran vida en una sola frase. Y tal vez no sepamos demasiadas cosas sobre ellos, pero, especialmente, lo sabemos todo. Por ejemplo, ese personaje creado por el gran contemporáneo de Cervantes. Shakespeare: Yorick; el pobre Yorick, es creado, diría, en unas pocas líneas. Cobra vida. No volvemos a saber nada de él, y sin embargo sentimos que lo conocemos. Y tal vez, después de leer Ulises, conocemos cientos de cosas, cientos de hechos, cientos de circunstancias acerca de Stephen Dedalus y de Leopold Bloom. Pero no los conocemos como a Don Quijote, de quien sabemos mucho menos.

Ahora voy al libro mismo. Podemos decir que es un conflicto entre los sueños y la realidad. Esta afirmación es, por supuesto, errónea, ya que no hay causa para que consideremos que un sueño es menos real que el contenido del diario de hoy o que las cosas registradas en el diario de hoy. No obstante, como debemos hablar de sueños y realidad, porque también podríamos, pensando en Goethe, hablar de Wahrheit und Dichtung, de verdad y poesía. Pero cuando Cervantes pensó escribir este libro, supongo que consideró la idea del conflicto entre los sueños y la realidad, entre las proezas consignadas en los romances que Don Quijote leyó y que fueron tomadas del Matière de Bretagne, del Matière France y demás y la monótona realidad de la vida española a principios del siglo XVII. Y encontramos este conflicto en el título mismo del libro. Creo que, tal vez, algunos traductores ingleses se han equivocado al traducir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha como The ingenious knight: Don Quijote de la Mancha, porque las palabras «Knight» y «Don» son lo mismo. Yo diría tal vez «the ingenious country gentleman», y allí está el conflicto.
Pero, por supuesto, durante todo el libro, especialmente en la primera parte, el conflicto es muy brutal y obvio. Vemos a un caballero que vaga en sus empresas filantrópicas a través de los polvorientos caminos de España, siempre apelado y en apuros. Además de eso, encontramos muchos indicios de la misma idea.

Porque por supuesto, Cervantes era un hombre demasiado sabio como para no saber que, aun cuando opusiera los sueños y la realidad, la realidad no era, digamos, la verdadera realidad, o la monótona realidad común. Era una realidad creada por él; es decir, la gente que representa la realidad en Don Quijote forma parte del sueño de Cervantes tanto como Don Quijote y sus infladas ideas de la caballerosidad, de defender a los inocentes y demás. Y a lo largo de todo el libro hay una suerte de mezcla de los sueños y la realidad.
Por ejemplo, se puede señalar un hecho, y me atrevo a decir que ha sido señalado con mucha frecuencia, ya que se han escrito tantas cosas sobre Don Quijote. Es el hecho de que, tal como la gente habla todo el tiempo del teatro en Hamlet, la gente habla todo el tiempo de libros en Don Quijote. Cuando el párroco y el barbero revisan la biblioteca de Don Quijote, descubrimos, para nuestro asombro, que uno de los libros ha sido escrito por Cervantes, y sentimos que en cualquier momento el barbero y el párroco pueden encontrarse con un volumen del mismo libro que estamos leyendo. En realidad eso es lo que pasa, tal vez lo recuerden, en ese otro espléndido sueño de la humanidad, el libro de Las mil y una noches. Pues en medio de la noche Scherezade empieza a contar distraídamente una historia y esa historia es la historia de Scherezade. Y podríamos seguir hasta el infinito. Por supuesto, esto se debe a, bueno, a un simple error del copista que vacila ante ese hecho, si Scherezade contando la historia de Scherezade es tan maravilloso como cualquier otro de los maravillosos cuentos de las Noches.

Además, también tenemos en Don Quijote el hecho de que muchas historias están entrelazadas. Al principio podemos pensar que se debe a que Cervantes puede haber pensado que sus lectores podrían cansarse de la compañía de Don Quijote y de Sancho y entonces trató de entretenerlos entrelazando otras historias. Pero yo creo que lo hizo por otra razón. Y esa otra razón sería que esas historias, la Novela del curioso impertinente, el cuento del cautivo y demás, son otras historias. Y por eso está esa relación de sueños y realidad, que es la esencia del libro. Por ejemplo, cuando el cautivo nos cuenta su cautiverio, habla de un compañero. Y ese compañero, se nos hace sentir, es finalmente nada menos que Miguel de Cervantes Saavedra, que escribió el libro. Así hay un personaje que es un sueño de Cervantes y que, a su vez, sueña con Cervantes y lo convierte en un sueño. Después, en la segunda parte del libro, descubrimos, para nuestro asombro, que los personajes han leído la primera parte y que también han leído la imitación del libro que ha escrito un rival. Y no escatiman juicios literarios y se ponen del lado de Cervantes. Así que es como si Cervantes estuviera todo el tiempo entrando y saliendo fugazmente de su propio libro y, por supuesto, debe haber disfrutado mucho de su juego.

Por supuesto, desde entonces otros escritores han jugado ese juego (permítanme que recuerde a Pirandello) y también una vez lo ha jugado uno de mis escritores favoritos, Henrik Ibsen. No sé si recordarán que al final del tercer acto de Peer Gynt hay un naufragio. Peer Gynt está a punto de ahogarse. Está por caer el telón. Y entonces Peer Gynt dice: «Después de todo, nada puede ocurrirme, porque, ¿cómo puedo morir al final del tercer acto?». Y encontramos un chiste similar en uno de los prólogos de Bernard Shaw. Dice que de nada le serviría a un novelista escribir «se le llenaron los ojos de lágrimas, pues vio que a su hijo sólo le quedaban unos pocos capítulos de vida». Y yo diría que fue Cervantes quien inventó este juego. Salvo que, por supuesto, nadie inventa nada, porque siempre hay algunos malditos antecesores que han inventado muchísimas cosas antes que nosotros.

Entonces tenemos en Don Quijote un doble carácter. Realidad y sueño. Pero al mismo tiempo Cervantes sabía que la realidad estaba hecha de la misma materia que los sueños. Es lo que debe haber sentido. Todos los hombres lo sienten en algún momento de su vida. Pero él se divirtió recordándonos que aquello que tomamos como pura realidad era también un sueño. Y así todo el libro es una suerte de sueño. Y al final sentimos que, después de todo también nosotros podemos ser un sueño.

Y hay otro hecho que me gustaría recordarles: cuando Cervantes habló de La Mancha, cuando habló de los caminos polvorientos, de las posadas de España a principios del siglo XVII, pensaba en ellas como cosas aburridas, como cosas muy ordinarias. Algo muy semejante sentía Sinclair Lewis al hablar de Main Street, y cosas así. Y sin embargo ahora palabras como La Mancha tienen una significación romántica porque Cervantes se burló de ellas.

Y hay otro hecho que me gustaría recordarles. Cervantes, como él mismo dijo dos o tres veces, quería que el mundo olvidara los romances de caballería que él acostumbraba leer. Y sin embargo si hoy se recuerdan nombres tales como Palmerín de Inglaterra, Tirant lo Blanc, Amadís de Gaula y otros, es porque Cervantes se burló de ellos. Y de algún modo esos nombres ahora son inmortales. Entonces uno no debe quejarse si la gente se ríe de nosotros, porque por lo que sabemos, esa gente puede inmortalizarnos con su risa.
Por supuesto, no creo que tengamos la suerte de que se ría de nosotros un hombre como Cervantes. Pero seamos optimistas y pensemos que podría ocurrir.

Y ahora llegamos a otra cosa. Algo que es tal vez tan importante como otros hechos que ya les he recordado. Bernard Shaw dijo que un escritor sólo podía tener tanto tiempo como el que le diera su poder de convicción. Y, en el caso de Don Quijote, creo que todos estamos seguros de conocerlo. Creo que no hay duda posible de nuestra convicción en cuanto a su realidad. Por supuesto, Coleridge escribió sobre una voluntaria suspensión del descreimiento. Ahora me gustaría entrar en detalles acerca de mi afirmación.
Creo que todos nosotros creemos en Alonso Quijano. Y, por raro que parezca, creemos en él desde el primer momento en que nos es presentado. Es decir, desde la primera página del primer capítulo. Y sin embargo, cuando Cervantes lo presentó ante nosotros, supongo que sabía muy poco de él. Cervantes debe haber sabido tan poco como nosotros. Debe haber pensado en él como héroe, o como el eje de una novela de humor, pero no se ve ningún intento de entrar en lo que podríamos llamar su psicología. Por ejemplo, si otro escritor hubiera tomado el tema de Alonso Quijano, o de cómo Alonso Quijano se volvió loco por leer demasiado, hubiera entrado en detalles acerca de su locura. Nos hubiera mostrado el lento oscurecimiento de su razón. Nos hubiera mostrado cómo todo empezó con una alucinación, cómo al principio jugó con la idea de ser un caballero errante, cómo por fin se lo tomó en serio, y tal vez todo eso no le hubiera servido de nada a ese escritor. Pero Cervantes meramente nos dice que se volvió loco. Y nosotros le creemos.

Ahora bien, ¿qué significa creer en Don Quijote? Supongo que significa creer en la realidad de su personaje, de su mente. Porque una cosa es creer en un personaje, y otra muy diferente es creer en la realidad de las cosas que le ocurrieron. En el caso de Shakespeare es muy claro. Supongo que todos creemos en el príncipe Hamlet, que todos creemos en Macbeth. Pero no estoy seguro de que las cosas ocurrieran tal como Shakespeare nos cuenta en la corte de Dinamarca, ni tampoco que creemos en las tres brujas de Macbeth.

En el caso de Don Quijote, estoy seguro de que creemos en su realidad. No estoy seguro -tal vez sea una blasfemia, pero después de todo, estamos hablando entre amigos, les estoy hablando a todos ustedes; es algo diferente, ¿no?, estoy hablando en confianza-, no estoy del todo seguro de que creo en Sancho como creo en Don Quijote. Pues a veces siento, que pienso en Sancho como un mero contraste de Don Quijote. Y después están los otros personajes. Me parece que creo en Sansón Carrasco, creo en el cura, en el barbero, tal vez en el duque, pero después de todo no tengo que pensar mucho en ellos, y cuando leo Don Quijote tengo una sensación extraña. Me pregunto si compartirán esta sensación conmigo.

Cuando leo Don Quijote, siento que esas aventuras no están allí por sí mismas. Coleridge comentó que cuando leemos Don Quijote nunca nos preguntamos «¿y ahora qué sigue?», sino que nos preguntamos qué ocurrió antes, y que estamos más dispuestos a releer un capítulo que a continuar con uno nuevo.

¿Cuál es la causa? La causa, supongo, es que sentimos, al menos yo siento, que las aventuras de Don Quijote son meros adjetivos de Don Quijote. Es una argucia del autor para que conozcamos profundamente al personaje. Es por eso que libros como La ruta de Don Quijote, de Azorín, o la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno, nos parecen de algún modo innecesarios. Porque toman las aventuras o la geografía de las historias demasiado en serio. Mientras que nosotros realmente creemos en Don Quijote y sabemos que el autor inventó las aventuras para que nosotros pudiéramos conocerlo mejor.

Y no sé si esto no es cierto con respecto a toda la literatura. No sé si podemos encontrar un solo libro, un buen libro, del que aceptemos el argumento aunque no aceptemos a los personajes. Creo que eso no ocurre nunca, creo que para aceptar un libro tenemos que aceptar a su personaje central. Y podemos pensar que estamos interesados en las aventuras, pero en realidad estamos más interesados en el héroe. Por ejemplo, aun en el caso de otro gran amigo nuestro -y le pido disculpas a él y ustedes por no haberlo mencionado-, Mr. Sherlock Holmes, no sé si creemos verdaderamente en El perro de los Baskerville. No lo creo, al menos yo creo en Sherlock Holmes, creo en el Dr. Watson, creo en esa amistad.

Y lo mismo ocurre con Don Quijote. Por ejemplo, cuando cuenta las extrañas cosas que vio en la cueva de Montesinos. Y sin embargo, yo siento que él es un personaje muy real. Las historias no tienen nada especial, no se ve ninguna ansiedad especial en la urdimbre que las une, pero son, en cierto sentido, como espejos, como espejos en los que podemos ver a Don Quijote. Y sin embargo, al final, cuando él vuelve, cuando vuelve a su pueblo natal para morir, sentimos lástima de él porque tenemos que creer en esa aventura. El siempre había sido un hombre valiente. Fue un hombre valiente cuando le dijo estas palabras al caballero enmascarado que lo derribó: «Dulcinea del Toboso es la dama más bella del mundo, y yo el más miserable de los caballeros». Y sin embargo, al final, descubrió que toda su vida había sido una ilusión, una necedad, y murió de la manera más triste del mundo, sabiendo que había estado equivocado.

Ahora llegamos a lo que tal vez sea la escena más grande de ese gran libro: la verdadera muerte de Alonso Quijano. Tal vez sea una lástima que sepamos tan poco de Alonso Quijano. Sólo nos es mostrado en una o dos páginas antes de que se vuelva loco. Y sin embargo, tal vez no sea una lástima, porque sentimos que sus amigos lo abandonaron. Y entonces también podemos amarlo. Y al final, cuando Alonso Quijano descubre que nunca ha sido Don Quijote, que Don Quijote es una mera ilusión, y que está por morirse, la tristeza nos arrasa, y también a Cervantes.

Cualquier otro escritor hubiera cedido a la tentación de escribir un «pasaje florido». Después de todo, debemos pensar que Don Quijote había acompañado a Cervantes muchos años. Y, cuando le llega el momento de morir, Cervantes debe haber sentido que se estaba despidiendo de un viejo y querido amigo. Y, si hubiera sido peor escritor, o tal vez si hubiera sentido menos pena por lo que estaba pasando, se hubiera lanzado a una «escritura florida».
Ahora estoy al borde de la blasfemia, pero creo que cuando Hamlet está por morir, creo que tendría que haber dicho algo mejor que «el resto es silencio». Porque eso me impresiona como escritura florida y bastante falsa. Amo a Shakespeare, lo amo tanto que puedo decir estas cosas de él y esperar que me perdone. Pero bien, también diré: Hamlet, «el resto es silencio»... no hay otro que pueda decir eso antes de morir. Después de todo, era un dandy y le encantaba lucirse.
Pero en el caso de Don Quijote, Cervantes se sintió tan sobrecogido por lo que estaba ocurriendo que escribió: «El cual entre suspiros y lágrimas de quienes lo rodeaban», y no recuerdo exactamente las palabras, pero el sentido es «dio el espíritu, quiero decir que se murió». Ahora bien, supongo que cuando Cervantes releyó esa oración debe haber sentido que no estaba a la altura de lo que se esperaba de él. Y sin embargo, también debe haber sentido que se había producido un gran milagro.

De algún modo sentimos que Cervantes lo lamenta mucho, que Cervantes está tan triste como nosotros. Y por eso se le puede perdonar una oración imperfecta, una oración tentativa, una oración que en realidad no es imperfecta ni tentativa sino un resquicio a través del cual podemos ver lo que él sentía.
Ahora, si me hacen algunas preguntas trataré de responderlas. Siento que no he hecho justicia al tema, pero después de todo, estoy un poco conmovido. He vuelto a Austin después de seis años. Y tal vez ese sentimiento ha superado lo que siento por Cervantes y por Don Quijote. Creo que los hombres seguirán pensando en Don Quijote porque después de todo hay una cosa que no queremos olvidar: una cosa que nos da vida de tanto en tanto, y que tal vez nos la quita, y esa cosa es la felicidad. Y, a pesar de los muchos infortunios de Don Quijote, el libro nos da como sentimiento final la felicidad. Y sé que seguirá dándoles felicidad a los hombres. Y para repetir una frase trillada y famosa, pero por supuesto todas las expresiones famosas se vuelven trilladas: «Algo bello es una dicha eterna». Y de algún modo Don Quijote -más allá del hecho de que nos hemos puesto un poco mórbidos, de que todos hemos sido sentimentales con respecto a él- es esencialmente una causa de dicha. Siempre pienso que una de las cosas felices que me han ocurrido en la vida es haber conocido a Don Quijote

Jorge Luis Borges
 
Woody Allen y su banda de Jazz abieron anoche el programa de actividades de la junta de Castilla- La Mancha



Fuente El Pais No es el mejor clarinetista del mundo. Hay quien opina que ni siquiera es un buen músico de jazz. Él mismo se define como un mero aficionado que se toma en serio su hobby. Y, sin embargo, Woody Allen llena los locales donde toca junto a la New Orleans Jazz Band. Woody Allen abrió, anoche, con su concierto en
la ciudad de Guadalajara, el programa de actividades de la Junta de Castilla-La Mancha para conmemorar el IV centenario del Quijote. La actuación en el teatro Antonio Buero Vallejo, anet un auditorio lleno, mostro que el director se entrega pero no llega a las aptitudes que tiene como director.

La pasión del cineasta de origen judío por la música de jazz no es ningún secreto, puesto que en ninguna de sus películas falta la referencia al género, presente en la banda sonora o formando parte el jazz del meollo argumental, el caso de Sweet and lowdown (Acordes y desacuerdos). Al Woody Allen jazzístico se han dedicado prolijos estudios -el último, aparecido en la revista Nickelodeon- y un documental, Wild man blues, el cual recoge la gira europea que llevó a cabo el neoyorquino en el año 1998, cuyo arranque tuvo lugar en Madrid.

Lejos de la caricatura que del primitivo jazz de Nueva Orleans realizan los conjuntos del llamado dixieland, el jazz que interpreta Allen remite con un rigor historicista a los tiempos pretéritos en que esta música era interpretada por conjuntos de seis a siete instrumentistas en los que no había un solista sino que todos lo eran. Es el jazz de los pioneros, el de Jelly Roll Morton, el inventor del jazz, pues así figuraba en sus tarjetas de visita, y el de King Oliver, quien dio la alternativa al mismísimo Louis Armstrong; el jazz genuino que, en los cuarenta, retomaron los revivalistas como Eddie Condon, Bunk Johnson y Sidney Bechet, en oposición al jazz modernista de los be-boppers.
En su calidad de "aficionado disciplinado" (Allen apenas maneja los rudimentos del solfeo), no admite la menor concesión en lo que tiene que ver con su pasatiempo y su pasión: interpretar el tipo de jazz tradicional que nadie, o muy pocos, tocan, salvo él y los miembros de su banda: Eddy Davis, el líder nominal de la misma, al banjo; Simon Wettenhall,a la trompeta; Cynthia Swayer, al piano; Conal Fowkes, al contrabajo, y Robert García, a la batería.

En el caso de Allen, se da el caso de que no sólo toca el clarinete, instrumento desasistido de practicantes en el jazz contemporáneo, sino que utiliza un tipo de instrumento del denominado sistema Albert, que los propios clarinetistas de Nueva Orleans desecharon por su dificultad de ejecución. Oscar Font, autor del libro-disco Woody Allen & Jazz, de reciente aparición, y músico de jazz por sí mismo, cuenta en el mismo que, puesto a documentarse sobre dicho sistema, sólo halló a un músico en activo que persistiera en su ejecución: el propio Woody Allen.

Como músico, la actitud del Allen es equiparable a la del intérprete de música europea antigua, con la diferencia de que éste, con excepciones, toca su música para el selecto grupo de los connoseiurs y Allen lo hace ante audiencias multitudinarias. Como si su mera presencia fuera motivo suficiente para mantener la atención de un espectador que le tolera lo que sea, por ser él quien es. Un tipo de espectador que, también con excepciones, no es el habitual del jazz, sino otro muy distinto. Si Woody Allen no toca en los festivales de jazz por una mera cuestión de prudencia, o por evitar comparaciones odiosas, tampoco es requerido para hacerlo en su país. Aún hoy, sus apariciones en el modesto auditorio del café del hotel Carlyle, en Nueva York, concitan un mayor interés entre las hordas de turistas japoneses de paso por la ciudad de los rascacielos que entre sus paisanos.
 
Más poesía sobre el Quijote



Un poeta y la prosa de la vida. Este no puede reconocer que en ella sin mas, haya poesía, porque se quedaría sin trabajo y por eso la acusa de lo único que puede de prosaica, aunque al final vuelve a perderse en el misterio. Las prosas dispersas de Machado, son sólo eso prosa, sin desvelar lo que el mismo diría nada de su alma.

A propósito de Las Meditaciones del Quijote de José Ortega y Gasset (Fragmento)

Para mí,el Quijote es, en primer término, un libro español; en segundo término, un problema apenas planteado o, si queréis, un misterio. Fue Cervantes, ante todo, un gran pescador de lenguaje, de lenguaje vivo, hablado y escrito; a grandes redadas aprisionó Cervantes enorme cantidad de lengua hecha, es decir, que contenía ya una expresión acabada de la mentalidad de un pueblo. El material con que Cervantes trabaja, el elemento simple de su obra, no es el vocablo, sino el refrán, el proverbio, la frase hecha, el donaire, la anécdota, el modismo, el lugar corriente, la lengua popular, en suma, incluyendo en ella la cultura media de Universidades y Seminarios. Con dificultad encontraréis en el Quijote una ocurrencia original, un pensamiento que lleve la mella del alma de su autor. A primera vista parece que Cervantes se ahorra el trabajo de pensar. Deja que la lengua de los arrieros y de los bachilleres, de los pastores y de los soldados, de los golillas, de los buhoneros y vagabundos piensen por él. Desde este punto de vista, el Quijote viene a ser como la enciclopedia del sentido común español, contenida en la lengua española de principios del siglo XVII. No es la cazurrería de Sancho ni la locura de Don Quijote lo que nos asombra y abruma en la lectura del libro inmortal, sino la estupenda discreción de ambos. Con esta primera y superficial visión del Quijote bien se puede decir que la característica de Cervantes es el buen sentido. Don Quijote y Sancho son dos encantadores charlatanes, que derrochan conceptos como el pródigo su riqueza y se recrean en la fácil sabiduría que fluye de sus labios. Hay cierta elocuencia en ambos, cierta complacencia en la verbosidad que revela la falta de esfuerzo mental, la ausencia de reflexión, la alegría de disparar con pólvora ajena, si se me permite la frase. Jamás descubriréis ni en Don Quijote ni en Sancho el esfuerzo para calcar fielmente la línea sinuosa del propio sentimiento. ¿Para qué este esfuerzo? A una anécdota se contesta con otra, a un concepto con el contrario, contra dos refranes hay siempre a mano otros dos, una sentencia se refuta con otra. Cervantes es, en este primer plano de su obra, la antítesis de Teresa de Ávila. En la Santa, lo rico no es el lenguaje, sino lo que pretende expresarse con él; la materia con que labora Teresa es su propia alma; la materia cervantina es el alma española, objetivada ya en la lengua de su siglo. Es en vano buscar a Cervantes, rebuscando en su léxico, con un criterio filológico o meramente lógico y gramatical. Cervantes no aparece entonces por ninguna parte —y esto ha creado el equívoco cervantino—, sino la mentalidad omnibus de la España de su tiempo.

Pero la lengua hablada en España, con su castizo contenido mental, es la materia en que Cervantes ha trabajado, no su obra; como una estatua no es la piedra en la cual se la ha esculpido, sino las líneas ideales que en el mármol fue trazando un cincel. Hombres muy sutiles —Gracián, por ejemplo— desdeñaron el Quijote porque, sin duda, no vieron la obra, sino su materia bruta. No es, ciertamente, en la vida de Cervantes, en sus andanzas de pretendiente despreciado, de soldado sin fortuna o de mísero alcabalero, donde es preciso buscar el secreto del Quijote; pero no es tampoco en su libro, entendiendo por tal el abundante caudal de castizos lugares comunes de que está formado. El Quijote es preciso verlo, abarcarlo con una visión mental, representárnoslo, para darnos cuenta de la obra cervantina, y formularnos esta pregunta: ¿Qué hizo Cervantes con la lengua española en ese monumento único que se llama el Quijote? No se pregunta lo que haya pretendido hacer. La obra de un poeta desborda y supera infinitamente su propósito. Cervantes, acaso, pretendió no más que poner en ridículo los libros de caballerías, empresa al alcance de un Pérez Zúñiga de su tiempo; propósito trivialísimo muy propio de un ingenio de tercer orden, que nos da, tal vez, la medida del valor en que Cervantes se tasaba a sí mismo al comenzar su obra. Cierto que la mezquindad del propósito inicial contribuirá a mantener el equívoco cervantino. Pero aquí se pregunta por lo que hizo Cervantes en su libro, y esta interrogación no contestada forma parte, a su vez, de la inmortalidad del Quijote.

Antonio Machado
 
Los divertidos muñecos del guiñol comenzaron el año con un especial del Quijote



Fuente El Pais.es/ www.donquijotedelamancha2005.com En un especial en abierto de media hora en el que los muñecos de látex firmaron su homenaje en clave de humor mordaz al cuarto centenario de la edición de la obra de Cervantes. El equipo de Las noticias del guiñol (lunes a viernes, 21.50) trabajo los últimos ocho meses en este proyecto, que, como el resto de sus producciones extras, "se hace en los ratos libres que nos deja el programa diario, que no son muchos", explica su director, Antonio Martínez, y bajo esa rúbrica de "televisión muy artesana" que practican.

Don Quijote... ha necesitado de 30 días de rodaje, "una jornada por menos de un minuto de emisión", precisa Martínez, al mando de un equipo de medio centenar de técnicos y artistas, entre manipuladores de cerca de 35 muñecos, maquilladores, sastres, actores de doblaje... En agosto se rodó en exteriores, que en esta ocasión se localizaron en la provincia de Madrid (El Pardo, Rascafría, Hoyo de Manzanares y Torrejón de Ardoz) y en Ciudad Real, ya que en Campo de Criptana se grabó el pasaje de los molinos de viento.
Los guionistas tenían claro a quién asignar el personaje de Alonso Quijano: al "caballero del buen talante", José Luis Rodríguez Zapatero, cuenta el director. Y después de superar un exigente casting -al que se presentaron otros socialistas próximos al presidente del Gobierno, como Jesús Caldera, José Blanco o María Teresa Fernández de la Vega-, el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, consiguió el papel de fiel escudero, en una suerte de pareja que Martínez compara con "Peter Pan y el capitán Garfio" y que "nos va a dar muchas tardes de alegría". Don Quijote... propone una interpretación "popular" de la célebre novela de caballería, y actualiza el debate entre el idealismo (los buenos propósitos antes de las elecciones del 14 de marzo) y el pragmatismo (la realidad del Gobierno).
La vicepresidenta primera del Gobierno ha observado que José Luis Rodríguez Zapatero se ha vuelto loco de tanto leer El Quijote en La Moncloa. Mientras elabora los Presupuestos Generales del Estado, Zapatero convence a su ministro de Economía, Pedro Solbes, para salir a cabalgar en busca de una época y un universo míticos: los años setenta. Así arranca la versión contemporánea del clásico de caballería que esta noche nos presentan los divertidos muñecos.Enfundado en una armadura de todo a cien y a lomos de un corcel de nombre Pajarito, Zapatero es la viva imagen del ingenioso hidalgo, pero en moderno. Siempre a su lado, Solbes es una afinada réplica de Sancho Panza.

Con una interpretación contemporánea, Canal + rinde su particular homenaje al Quijote en vísperas de la celebración del cuarto centenario (2005) de la publicación de la primera parte del clásico de caballería. La película, de 30 minutos de duración, se rueda estos días en las cercanías de Madrid, en un paisaje lo más parecido a La Mancha. Como es tradicional en los guiñoles, el argumento viene tejido por la actualidad. De modo que la trama de la película estará abierta a las noticias que se produzcan hasta minutos antes de cerrar el guión definitivo.
Por el especial desfilarán los personajes más relevantes de la irreverente familia de látex, integrada por un centenar de guiñoles. El peso recae en el presidente del Gobierno y en su vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda. "Zapatero es el héroe, y Solbes se ha ganado el papel a pulso: corrige a todos sus ministros y asume el papel de la sensatez", comenta Antonio Martínez, director de Las noticias del guiñol. Zapatero y Solbes viven aventuras y episodios parecidos a los del hidalgo caballero Alonso Quijano y su escudero, Sancho Cordero.

En su periplo en busca de aventuras van tropezando con sus viejos compañeros del informativo satírico. Ejemplos: el cocinero Ferran Adrià es el dueño de la venta a la que se acercan los caballeros andantes para reponer energías, donde tropiezan con el mismísimo Santiago Segura. En la cueva de Montesinos aparece el caballero encantado, que no es otro que Felipe González. En una de sus recurrentes alucinaciones se le aparecerá Bush y en otra de sus delirantes aventuras intentará liberar a los dirigentes del PP (Rajoy, Zaplana, Acebes) que permanecen encadenados al pasado.
"Pretendemos adaptar El Quijote al lenguaje del guiñol, y nos planteamos cómo construir una teleserie con el argumento de la novela pero pegado a la actualidad", dice Martínez. De hecho, hay episodios que son "de una actualidad rabiosa", como el acalorado debate sobre las armas y las letras que mantienen el ministro de Defensa, José Bono, y la ministra de Cultura, Carmen Calvo. "Trasladado al momento actual, la disyuntiva sería si el Estado debería dedicar mayores inversiones a la defensa o a la educación", sostiene el director.
El episodio en el que un labrador apaliza a un adolescente está protagonizado por el nuevo entrenador del Real Madrid, José Antonio Camacho, que la emprende a golpes contra Ronaldo, Beckham y Raúl. El Quijote-Zapatero acudirá en ayuda de los jugadores porque al fin y al cabo "son trabajadores en precario", según la visión de los guionistas. Zapatero y Solbes se verán enredados en un frenético e histriónico debate sobre las novelas de caballería que bien pudiera ser proyectado hacia el estado de la televisión. Mantienen que los programas "son engañosos y tienen al pueblo víctima de una cultura zafia", apunta Martínez.

Por otro lado las doce campanadas de fin de año se retrasmitieron en telecinco desde Castilla-La Mancha. Con cada campanada se iluminó uno de los once molinos ubicados en el Cerro Calderico de Consuegra (Toledo), proyectándose diferentes mensajes de la celebración del IV Centenario de El Quijote sobre los mismos. Además 192 luminarias rindieron un respetuoso homenaje en recuerdo a las víctimas del 11-M. A lo largo de más de kilómetro y medio, estas luminarias unieron simbólicamente los mensajes proyectados sobre los molinos, al ser iluminados, con las primeras edificaciones de la localidad.