UNA MORADA FILOSOFAL EN SANT ANDREU DE LLAVANERES 1ª parte
La expresión “morada filosofal”, la acuñó Fulcanelli a principios del siglo XX, dando este título a uno de sus libros. Para él, una morada filosofal era todo soporte simbólico de la verdad hermética, cualquiera que fuese su naturaleza y su importancia, por ejemplo, la minúscula figurilla conservada en una vitrina, la pieza iconográfica dibujada en una simple hoja o en un cuadro, el monumento de arquitectura, ya sea detalle, vestigio, vivienda, castillo o iglesia en su integridad.
Pues bien, en la localidad de Sant Andreu de Llavaneres, en la provincia de Barcelona, se encuentra una vivienda que se manifiesta como una auténtica morada filosofal. Su primer propietario, el que ordenó su construcción, un famoso pintor del siglo XIX llamado Nicolás Alfaro Brieva (Santa Cruz de Tenerife 1837-1905 Barcelona), estuvo vinculado con las corrientes modernistas de la época, entonces centradas en Barcelona.
Gracias a estas vinculaciones modernistas, el pintor debió entrar en contacto con alguna de las sociedades esotéricas barceloninas, muy arraigadas entonces en el ámbito cultural. El pintor debió adherirse a alguna sociedad de perfil masónico, pues así lo manifiesta la simbología de la que fue su vivienda.
Lamentablemente este chalet estuvo abandonado durante algunos años y ya no queda resquicio ni de la capilla que existía en su segundo piso, ni de los preciosos vitrales que adornaban el interior de la casa, hoy tan sólo queda uno, precisamente el de la ventana de la capilla. Gracias a Dios, el Ayuntamiento se quedó la propiedad de la finca y procedió a restaurarla. Esta finca, destinada al veraneo del pintor y a servir de fruto a su creatividad, manifiesta diversa simbología hermética que pasa desapercibida al distraído paseante.
Una vez habitada en el año 1885, el pintor decide construir años después, una torre de tipo románico, cuadrada, de planta baja y tres plantas, que anexará a la casa. La tercera planta, de tres vientos y nueve ventanas, era la preferida del pintor para crear sus pinturas, principalmente paisajísticas. Es en esta torre donde se encuentra el núcleo central de nuestro artículo.
Sin embargo, fuera de la torre también existen otros símbolos de no menor interés. Por ejemplo el de la entrada principal, que accede a un jardín, a pocos metros de la vivienda. A la izquierda de dicha entrada, a escasos dos metros, una acacia saluda al visitante.
LA ACACIA
La acacia era un árbol sagrado para los egipcios. Para la franmasoneria, simboliza la inmortalidad del alma, pues fue de acacia la madera de la cruz que sirvió de martirio a Jesús. El arte cristinano, particularmente el románico, la utiliza para simbolizar al alma y a la inmortalidad.
Esta acacia en la entrada ¿no parece un guiño del pintor a sus colegas masones?. A pocos metros de esta entrada se encuentra la torre cuarada comentada. Entre la planta baja y la primera planta se encuentra una inscripción que bordea la tres paredes exteriores. Para nuestro gozo, la reforma de la vivienda conservó, raro es en nuestros días, la inscripción latina que sobre fondo azul celeste y letras negras escribe:
““NISI DOMINUS AEDIVICAVERIT DOMUN IN VANO LABORAVERUNT QUI AEDIFICANT EAM”.
“Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican”.
Precioso salmo, referencia velada, dirigida al arquitecto del universo, al gran constructor, otro signo masónico.
La estrecha y alta torre dispone de entrada propia, su puerta está acompañada de una pequeña ventana. Sobre ambos elementos se ubican dos arcos góticos que finalizan en tres capiteles, que aunque ya seriamente deteriorados muestran aún su simbología. Uno de ellos esculpe una salamandra, otro un dragón o serpiente que se muerde la cola y el tercero varios trabajadores, campesinos por sus vestimentas, vaciando el producto de su trabajo, que llevan en unos sacos, en el interior de un recipiente, mientras, otro trabajador machaca o remueve el producto previamente volcado. Desgraciadamente el grave deterioro de este último capitel ha eliminado pruebas importantes sobre su real significado.
LA SALAMANDRA (extracto el libro “Tratado de Philosoteria. Alquimia Real Desvelada”)
Este urodelo (del griego uron, orina y delos visible) terrestre manifiesta uno de los símbolos más destacados en la literatura alquímica. Fulcanelli le dedicó un capítulo en sus “Moradas Filosofales” que tituló “La Salamandra de Lisieux”.
En la tradición alquímica, la salamandra es el animal que vive en el fuego y se alimenta de él. Para los cabalistas, este ser fantástico era considerado el espíritu elemental del fuego. Por equivalencia se llamó también salamandra al Atanor u horno alquímico, transformado con los años en una estufa de combustión lenta que solía quemar antracita y que aún hoy se llama salamandra. En definitiva, es el símbolo tanto del Azufre de los metales, como del fuego secreto o filosófico, una sal que no sólo resiste al fuego, sino que se alimenta de él hasta convertirse, mediante una operación secreta, en la piedra filosofal. Así, la simbología de la salamandra incombustible al fuego se equipara al símbolo del ave fénix, el ave que renace de sus cenizas, otro símbolo de la piedra filosofal. Salamandra deriva del nombre persa “samandra”, que significa veneno(1). Fulcanelli hace derivar el término de las palabras latinas sal y mandra (establo, hueco de roca, ermita), es pues la sal del establo, sal de roca o sal solitaria. Concluye Fulcanelli diciendo que esta sal, espíritu o fuego, nace en un establo, en el hueco de una roca, en una gruta… (2).
Esta sal no es otra que el salitre, salnitre en catalán, es decir sal Nitro. Sal que nace tanto en las tierras, cuevas (en Cataluña se encuentran las minas de salnitre en la localidad de Cardona, hoy convertidas en museo, que son un buen ejemplo), como en las rocas y piedras, sobre todo las de los viejos edificios y sus ruinas (Salitre es Salpêtre en francés, es decir sal de la piedra o Nitro). También puede obtenerse de la orina, especialmente de la de los rumiantes, de ahí que sea también llamada sal del establo o de las letrinas.
Sobre este Nitro, los antiguos alquimistas distinguían dos tipos, el terrestre y el celeste. Canseliet,(3) nos dice al respecto que “es posible enriquecer el nitro (el terrestre) por su isómero celeste…”. Alexander Von Bernus (4), el gran espagirista y fundador de los en su día muy prestigiosos laboratorios SOLUNA, nos comenta:
“Cuando este dragón volador (nitro celeste), desciende de las esferas superiores sobre el dragón terrestre que no posee alas (el nitro terrestre), y lo consume, entonces el volátil deviene fijo y el fijo volátil…Este símbolo del dragón alado de lo alto y el dragón de abajo sin alas que se devoran mutuamente, es uno de los más profundos y más ricos de sentido de todo el simbolismo hermético. Quien lo comprende tiene entre sus manos la clave de todo el proceso alquímico”.
Dejemos hablar a los antiguos maestros.
El Nitro terrestre
“La sal Nitro y el Salitre son la misma cosa y si hay diferencia es que el Nitro es un salitre más fino y más puro”(5). Resumiendo, el Nitro terrestre es un salitre muy purificado, sublimado, es decir vuelto sublime mediante las operaciones del magisterio. Así trabajado, este Nitro se convierte en un imán terrestre que atrae hacia abajo, y succiona, por así decir, al dragón volador, para incorporarlo y no hacer más que un todo, conforme a ese gran aforismo de la tabla esmeralda "el superior y lo inferior no son más que una misma esencia, El sol es su padre, la luna es su madre, la tierra es su nodriza y el aire lo lleva y lo distribuye por todos los lados.
La purificación del Salitre para convertirlo en el Nitro terrestre requiere de una serie de operaciones que podemos dividir en dos partes, la primera o purificación filosófica del Nitro, requiere su cristalización, que se produce en forma de agujas. A continuación, se redisuelven varias veces los cristales para separar y extraer las sales extrañas que contienen. La segunda parte, más ingrata, se destina a extraer la quintaesencia del nitro, una verdadera medicina según Denis de Copponay de Grimaldi, quien fuera gran espagirista, primer médico del rey de Cerdeña.
Finalizaremos este apartado con una frase del Caballero Digby (6): “la sal nitro es un imán que atrae sin cesar una sal parecida del aire que la vuelve fecunda y vivificante”.
El Nitro celeste
Es sobre éste nitro celeste o fuego celeste al que se refiere también Ireneo
Filaleteo(7) cuando dice que se encuentra oculto en el vientre de Aries, (es
decir, en la primavera). Pero Aries, o carnero, es tanto símbolo del fuego, pues es el Agnus, Agni, como del Aire. “El viento la lleva en su vientre” dice la tabla esmeralda. Es el viento o aire el que lleva en su vientre al fuego creador. "El carnero encierra en él al acero màgico" nos dice también Filaleteo. El término "acer" en latín expresa algo cortante, penetrante, agrio, ardiente, enérgico, violento, cruel, palabras que expresan claramente la virtud del fuego secreto, cuyo poder disolvente permitiría reincrudar cualquier metal hasta llevarlo a sus principios, Azufre y Mercurio. Recordemos nuevamente a Von Bernus: “El comienzo y el fin del secreto alquímico reside en la apertura verdadera de las substancias minerales.”
Dom Pernety (8) nos habla de un nitro infundido en el aire impregnado de la virtud de los astros y Nicolás Valois:(9) “Dios... también ha hecho el sol, la Luna y las
estrellas, que lanzan sus influencias en el vientre del viento como si un
primer vaso de Naturaleza se tratara.” Y el Cosmopolita nos enseña que existe dentro del aire una invisible y secreta substancia de vida. “El espíritu del Señor está encerrado en el aire”. Sal dulce y balsámica que contribuye a la vida de los animales, de los hombres y de las plantas, constituyéndose en su verdadero alimento(10).
El matrimonio salino
“La reunión del superior con el inferior, no es una imaginación, es real y efectiva, es el matrimonio del cielo y de la tierra, por el que nacen todas las producciones minerales, vegetales y animales. Esta sal exaltada y puesta en movimiento, por los nacientes calores de la primavera, se mezcla con la savia de las plantas, con la sangre de los animales y en el seno de la tierra. Lleva a los unos y a los otros a la reproducción y a la multiplicación de su género y de sus especies. Hay que estar de acuerdo en que los antiguos ser refieren a un nitro aéreo, que es atraído en forma de sal más blanca que la nieve por la fuerza de los rayos del sol y de la luna, por un imán que atrae al espíritu invisible. Es la magnesia de los filósofos y el agente del que componen su disolvente o mercurio filosófico que abre el mixto (es decir, los cuerpos compuestos) justo hasta su centro” (11).
“Nuestro Nitro es un trabajo puro del Arte y está compuesto de dos elementos
o principios, de los que uno es una sal muy simple, universal, ácida y
primordial, contenida en el aire y la otra una tierra alcalina, sulfurosa y
grasa que, semejante a una matriz o una piedra imán, atrae y recibe al
espíritu universal alojado en el aire... “(12)
Este ácido universal…, al que no podemos llamar sino un Nitro incorpóreo
sumamente sutil, es interiormente fuego y exteriormente frío. Este Nitro espiritual o Ácido universal... se vuelve gradualmente más y más material, hasta que encuentra un principio pasivo alcalino donde se fija. Así decimos que los rayos solares de luz, no son otra cosa que un Nitro espiritual sumamente sutil que gradualmente se vuelve más y más nitroso conforme se aproxima a la tierra... Nuestro Nitro es un trabajo puro del Arte y está compuesto de dos elementos o principios, de los que uno es una sal muy simple, universal, ácida y primordial, contenida en el aire y la otra una tierra alcalina, sulfurosa y grasa. que, semejante a una matriz o una piedra imán, atrae y recibe al espíritu universal alojado en el aire...(13)
En la piedra Dios duerme
En la planta respira
En el animal sueña
Y en el hombre se despierta
(Dicho alemán)
Bibliografía de este artículo referente a la salamandra
1. Alquimia, enciclopedia de una ciencia hermética. Ed. Herder
2. Moradas Filosofales. Cap. La Salamandra de Lisieux. Ed. Índigo
3. La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos. Ed. Luis Cárcamo
4. Alquimia y Medicina. Ed. Luis Cárcamo
5. Obras póstumas de Denis de Copponay de Grimaldi (1745) Biblioteca Nacional Francesa.
6. Discurso del Caballero Digby (1666). Biblioteca Nacional Francesa
7. Introitus Apertus de Filaleteo. Ed. 7 ½
8. Diccionario Mito hermético de Pernety. ED. Índigo
9. Los 5 libros de Valois. Ed. Índigo
10. Nueva Luz Química. Ed. J. Fonfría
11. Ídem Obras Póstumas
12. Historia y análisis químico del Nitro. De F. Hoffman en la “Tabla redonda de los alquimistas” Ed. Luis Cárcamo
13. Cadena Aurea de Homero en la “Tabla redonda de los alquimistas”
Pues bien, en la localidad de Sant Andreu de Llavaneres, en la provincia de Barcelona, se encuentra una vivienda que se manifiesta como una auténtica morada filosofal. Su primer propietario, el que ordenó su construcción, un famoso pintor del siglo XIX llamado Nicolás Alfaro Brieva (Santa Cruz de Tenerife 1837-1905 Barcelona), estuvo vinculado con las corrientes modernistas de la época, entonces centradas en Barcelona.
Gracias a estas vinculaciones modernistas, el pintor debió entrar en contacto con alguna de las sociedades esotéricas barceloninas, muy arraigadas entonces en el ámbito cultural. El pintor debió adherirse a alguna sociedad de perfil masónico, pues así lo manifiesta la simbología de la que fue su vivienda.
Lamentablemente este chalet estuvo abandonado durante algunos años y ya no queda resquicio ni de la capilla que existía en su segundo piso, ni de los preciosos vitrales que adornaban el interior de la casa, hoy tan sólo queda uno, precisamente el de la ventana de la capilla. Gracias a Dios, el Ayuntamiento se quedó la propiedad de la finca y procedió a restaurarla. Esta finca, destinada al veraneo del pintor y a servir de fruto a su creatividad, manifiesta diversa simbología hermética que pasa desapercibida al distraído paseante.
Una vez habitada en el año 1885, el pintor decide construir años después, una torre de tipo románico, cuadrada, de planta baja y tres plantas, que anexará a la casa. La tercera planta, de tres vientos y nueve ventanas, era la preferida del pintor para crear sus pinturas, principalmente paisajísticas. Es en esta torre donde se encuentra el núcleo central de nuestro artículo.
Sin embargo, fuera de la torre también existen otros símbolos de no menor interés. Por ejemplo el de la entrada principal, que accede a un jardín, a pocos metros de la vivienda. A la izquierda de dicha entrada, a escasos dos metros, una acacia saluda al visitante.
LA ACACIA
La acacia era un árbol sagrado para los egipcios. Para la franmasoneria, simboliza la inmortalidad del alma, pues fue de acacia la madera de la cruz que sirvió de martirio a Jesús. El arte cristinano, particularmente el románico, la utiliza para simbolizar al alma y a la inmortalidad.
Esta acacia en la entrada ¿no parece un guiño del pintor a sus colegas masones?. A pocos metros de esta entrada se encuentra la torre cuarada comentada. Entre la planta baja y la primera planta se encuentra una inscripción que bordea la tres paredes exteriores. Para nuestro gozo, la reforma de la vivienda conservó, raro es en nuestros días, la inscripción latina que sobre fondo azul celeste y letras negras escribe:
““NISI DOMINUS AEDIVICAVERIT DOMUN IN VANO LABORAVERUNT QUI AEDIFICANT EAM”.
“Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican”.
Precioso salmo, referencia velada, dirigida al arquitecto del universo, al gran constructor, otro signo masónico.
La estrecha y alta torre dispone de entrada propia, su puerta está acompañada de una pequeña ventana. Sobre ambos elementos se ubican dos arcos góticos que finalizan en tres capiteles, que aunque ya seriamente deteriorados muestran aún su simbología. Uno de ellos esculpe una salamandra, otro un dragón o serpiente que se muerde la cola y el tercero varios trabajadores, campesinos por sus vestimentas, vaciando el producto de su trabajo, que llevan en unos sacos, en el interior de un recipiente, mientras, otro trabajador machaca o remueve el producto previamente volcado. Desgraciadamente el grave deterioro de este último capitel ha eliminado pruebas importantes sobre su real significado.
LA SALAMANDRA (extracto el libro “Tratado de Philosoteria. Alquimia Real Desvelada”)
Este urodelo (del griego uron, orina y delos visible) terrestre manifiesta uno de los símbolos más destacados en la literatura alquímica. Fulcanelli le dedicó un capítulo en sus “Moradas Filosofales” que tituló “La Salamandra de Lisieux”.
En la tradición alquímica, la salamandra es el animal que vive en el fuego y se alimenta de él. Para los cabalistas, este ser fantástico era considerado el espíritu elemental del fuego. Por equivalencia se llamó también salamandra al Atanor u horno alquímico, transformado con los años en una estufa de combustión lenta que solía quemar antracita y que aún hoy se llama salamandra. En definitiva, es el símbolo tanto del Azufre de los metales, como del fuego secreto o filosófico, una sal que no sólo resiste al fuego, sino que se alimenta de él hasta convertirse, mediante una operación secreta, en la piedra filosofal. Así, la simbología de la salamandra incombustible al fuego se equipara al símbolo del ave fénix, el ave que renace de sus cenizas, otro símbolo de la piedra filosofal. Salamandra deriva del nombre persa “samandra”, que significa veneno(1). Fulcanelli hace derivar el término de las palabras latinas sal y mandra (establo, hueco de roca, ermita), es pues la sal del establo, sal de roca o sal solitaria. Concluye Fulcanelli diciendo que esta sal, espíritu o fuego, nace en un establo, en el hueco de una roca, en una gruta… (2).
Esta sal no es otra que el salitre, salnitre en catalán, es decir sal Nitro. Sal que nace tanto en las tierras, cuevas (en Cataluña se encuentran las minas de salnitre en la localidad de Cardona, hoy convertidas en museo, que son un buen ejemplo), como en las rocas y piedras, sobre todo las de los viejos edificios y sus ruinas (Salitre es Salpêtre en francés, es decir sal de la piedra o Nitro). También puede obtenerse de la orina, especialmente de la de los rumiantes, de ahí que sea también llamada sal del establo o de las letrinas.
Sobre este Nitro, los antiguos alquimistas distinguían dos tipos, el terrestre y el celeste. Canseliet,(3) nos dice al respecto que “es posible enriquecer el nitro (el terrestre) por su isómero celeste…”. Alexander Von Bernus (4), el gran espagirista y fundador de los en su día muy prestigiosos laboratorios SOLUNA, nos comenta:
“Cuando este dragón volador (nitro celeste), desciende de las esferas superiores sobre el dragón terrestre que no posee alas (el nitro terrestre), y lo consume, entonces el volátil deviene fijo y el fijo volátil…Este símbolo del dragón alado de lo alto y el dragón de abajo sin alas que se devoran mutuamente, es uno de los más profundos y más ricos de sentido de todo el simbolismo hermético. Quien lo comprende tiene entre sus manos la clave de todo el proceso alquímico”.
Dejemos hablar a los antiguos maestros.
El Nitro terrestre
“La sal Nitro y el Salitre son la misma cosa y si hay diferencia es que el Nitro es un salitre más fino y más puro”(5). Resumiendo, el Nitro terrestre es un salitre muy purificado, sublimado, es decir vuelto sublime mediante las operaciones del magisterio. Así trabajado, este Nitro se convierte en un imán terrestre que atrae hacia abajo, y succiona, por así decir, al dragón volador, para incorporarlo y no hacer más que un todo, conforme a ese gran aforismo de la tabla esmeralda "el superior y lo inferior no son más que una misma esencia, El sol es su padre, la luna es su madre, la tierra es su nodriza y el aire lo lleva y lo distribuye por todos los lados.
La purificación del Salitre para convertirlo en el Nitro terrestre requiere de una serie de operaciones que podemos dividir en dos partes, la primera o purificación filosófica del Nitro, requiere su cristalización, que se produce en forma de agujas. A continuación, se redisuelven varias veces los cristales para separar y extraer las sales extrañas que contienen. La segunda parte, más ingrata, se destina a extraer la quintaesencia del nitro, una verdadera medicina según Denis de Copponay de Grimaldi, quien fuera gran espagirista, primer médico del rey de Cerdeña.
Finalizaremos este apartado con una frase del Caballero Digby (6): “la sal nitro es un imán que atrae sin cesar una sal parecida del aire que la vuelve fecunda y vivificante”.
El Nitro celeste
Es sobre éste nitro celeste o fuego celeste al que se refiere también Ireneo
Filaleteo(7) cuando dice que se encuentra oculto en el vientre de Aries, (es
decir, en la primavera). Pero Aries, o carnero, es tanto símbolo del fuego, pues es el Agnus, Agni, como del Aire. “El viento la lleva en su vientre” dice la tabla esmeralda. Es el viento o aire el que lleva en su vientre al fuego creador. "El carnero encierra en él al acero màgico" nos dice también Filaleteo. El término "acer" en latín expresa algo cortante, penetrante, agrio, ardiente, enérgico, violento, cruel, palabras que expresan claramente la virtud del fuego secreto, cuyo poder disolvente permitiría reincrudar cualquier metal hasta llevarlo a sus principios, Azufre y Mercurio. Recordemos nuevamente a Von Bernus: “El comienzo y el fin del secreto alquímico reside en la apertura verdadera de las substancias minerales.”
Dom Pernety (8) nos habla de un nitro infundido en el aire impregnado de la virtud de los astros y Nicolás Valois:(9) “Dios... también ha hecho el sol, la Luna y las
estrellas, que lanzan sus influencias en el vientre del viento como si un
primer vaso de Naturaleza se tratara.” Y el Cosmopolita nos enseña que existe dentro del aire una invisible y secreta substancia de vida. “El espíritu del Señor está encerrado en el aire”. Sal dulce y balsámica que contribuye a la vida de los animales, de los hombres y de las plantas, constituyéndose en su verdadero alimento(10).
El matrimonio salino
“La reunión del superior con el inferior, no es una imaginación, es real y efectiva, es el matrimonio del cielo y de la tierra, por el que nacen todas las producciones minerales, vegetales y animales. Esta sal exaltada y puesta en movimiento, por los nacientes calores de la primavera, se mezcla con la savia de las plantas, con la sangre de los animales y en el seno de la tierra. Lleva a los unos y a los otros a la reproducción y a la multiplicación de su género y de sus especies. Hay que estar de acuerdo en que los antiguos ser refieren a un nitro aéreo, que es atraído en forma de sal más blanca que la nieve por la fuerza de los rayos del sol y de la luna, por un imán que atrae al espíritu invisible. Es la magnesia de los filósofos y el agente del que componen su disolvente o mercurio filosófico que abre el mixto (es decir, los cuerpos compuestos) justo hasta su centro” (11).
“Nuestro Nitro es un trabajo puro del Arte y está compuesto de dos elementos
o principios, de los que uno es una sal muy simple, universal, ácida y
primordial, contenida en el aire y la otra una tierra alcalina, sulfurosa y
grasa que, semejante a una matriz o una piedra imán, atrae y recibe al
espíritu universal alojado en el aire... “(12)
Este ácido universal…, al que no podemos llamar sino un Nitro incorpóreo
sumamente sutil, es interiormente fuego y exteriormente frío. Este Nitro espiritual o Ácido universal... se vuelve gradualmente más y más material, hasta que encuentra un principio pasivo alcalino donde se fija. Así decimos que los rayos solares de luz, no son otra cosa que un Nitro espiritual sumamente sutil que gradualmente se vuelve más y más nitroso conforme se aproxima a la tierra... Nuestro Nitro es un trabajo puro del Arte y está compuesto de dos elementos o principios, de los que uno es una sal muy simple, universal, ácida y primordial, contenida en el aire y la otra una tierra alcalina, sulfurosa y grasa. que, semejante a una matriz o una piedra imán, atrae y recibe al espíritu universal alojado en el aire...(13)
En la piedra Dios duerme
En la planta respira
En el animal sueña
Y en el hombre se despierta
(Dicho alemán)
Bibliografía de este artículo referente a la salamandra
1. Alquimia, enciclopedia de una ciencia hermética. Ed. Herder
2. Moradas Filosofales. Cap. La Salamandra de Lisieux. Ed. Índigo
3. La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos. Ed. Luis Cárcamo
4. Alquimia y Medicina. Ed. Luis Cárcamo
5. Obras póstumas de Denis de Copponay de Grimaldi (1745) Biblioteca Nacional Francesa.
6. Discurso del Caballero Digby (1666). Biblioteca Nacional Francesa
7. Introitus Apertus de Filaleteo. Ed. 7 ½
8. Diccionario Mito hermético de Pernety. ED. Índigo
9. Los 5 libros de Valois. Ed. Índigo
10. Nueva Luz Química. Ed. J. Fonfría
11. Ídem Obras Póstumas
12. Historia y análisis químico del Nitro. De F. Hoffman en la “Tabla redonda de los alquimistas” Ed. Luis Cárcamo
13. Cadena Aurea de Homero en la “Tabla redonda de los alquimistas”





