logotipo

img_google
Alumbrando la ciudad
Mi vida en fascículos
Acerca de
"...Sed como la fuente que se derrama y no como el tanque que siempre contiene la misma agua..."
Sindicación
 
Mente
Quizá solo se necesite un mal día para convertir al hombre más iluminado y cuerdo en un lunático monstruo oscuro.

Eso es todo lo que se necesita para llegar a donde estoy. Un mal día.
Nuestra realidad... es para los otros la irrealidad.

¿Hasta donde es capáz de soportar la razón el dolor o la sorpresa? ¿La vida o la muerte?.

¿Fuimos diseñados para conocer lo que aún desconocemos? ¿Hasta donde soporta la mente una presión tal por algo como para no ceder ante lo que no es?

Hay vivencias, hechos y sentimientos que dibujan una realidad alterna. Una realidad que no es, pero sentimos que debería ser o creemos que está aquí. Y no es así. Es cuando el sueño no lo es, si no pesadilla, y aumenta hasta hacerse real.

Hay locura que hasta cierto grado parece tranquila, en donde el ser escapa a un lugar tranquilo. Apacible a simple vista. No hay por que alarmarse.

Todo parece estar tranquilo.

Es como haber llegado al lugar de tranquilidad y paz que te contaban cuando eras niño. No hay por que preocuparse. Tu mente se encierra en tu mundo ideal, donde parece no haber nada malo. Nada que te lastime.

Y le temes al dolor.

Sin embargo existe un lugar... perdido en tu mente y en tu memoria. Existe un infierno peor que como lo pintan tus familiares ó amigos religiosos.

Es un lugar en donde hay frío, y hay fantasmas.

En donde te atormentan las visiones, en donde no puedes respirar, en donde hay seres grotescos de apariencia terrible fornicando con tu dolor más profundo. Donde la única víctima de tu dolor eres tú.

Tus neuronas te encierran y tu Locus Niger se ve bailando con el diablo por las noches que ha creado tu conciencia.

En donde las velas se han extinguido y la noche no te ayuda. Te lastima. Y tienes pesadillas.

Y le temes al dolor.

Ese lugar que es donde habitan todos tus miedos... está dentro de tí.

Y el que originó todo el dolor... fué tu propio pensamiento y tu realidad.

La mente... ¿es tu amiga o tu némesis?
Hasta donde la empujes con tus actos.

Donde la razón se esconde y el dolor ó lo intangible se hacen realidad tactil o ingenuamente hirientes.

Esa locura, esa manera de ser lo que no eres y vivir lo que deseas... o vivir diariamente a lado de monstruos a los que les temes tanto.

Vivir a lado de muerte y sangre.

De podredumbre y aroma a vieja piel quemada.

Lo peor es que te está quemando a tí.

¿Hasta dónde puede soportar el alma y tus neuronas el dolor?

A la muerte o a la locura. Al dolor o a la distancia, al aroma de tus muertos, al apacible ardor del fuego eterno quemando cada uno de tus huesos, de cada uno de tus tejidos ó al aroma de tu eterno sufrimiento. A lado de todo lo inconcluso y lo intangible. A lado de lo más irreal, de lo más absurdo... al desconcierto de tu soledad, de tu odio. Tu perdición la formó tu mente, por que bloquea lo que no soporta, y no te soporta a tí, ni a lo que sientes, a lo que vives y a lo que crees, no soporta nada, ni la luz ni la oscuridad, ni a la vida ni a la muerte. ¿Por qué no bloquear la realidad?

Parece una idea tan buena ahora...

Y al final... lo tranquilo.

Sentir finalmente las gotas de lluvia sobre tu rostro boca arriba en una alcantarilla subconciente... donde huele muy mal y vives muriendo día... tras día... tras día...

Hasta que mueres en tu mente y soledad y tu cerebro se abandona a sí mismo.

Abandonas tu mundo... y tu mundo te abandona a tí...

¿Dónde te refugiarás de tus fantasmas ahora?

Ya nada más cabe ahí adentro...

¿Qué vas a hacer? Quieren regresarte. Pero no saben como traerte.

Puedes contigo mismo, pero no contra tu mente.

Contra ella... solo ella misma.

La verdad nunca es lo que parece... y las imágenes no siempre son lo que vives, muchas veces son una broma maldita que te orilla a retroceder.

No hay nada peor que una ilusión óptica ante los ojos del alma, por que esa está siempre ahí y no se olvida.
A veces lloverá, pero no para cualquiera. Solo para los que son lo que eres.

Y el viento seguirá burlándose de sus rostros.

Hasta que deje de soplar.

Gibrán Jalil Gibrán
No