Ambigüedad
Desafiando a Einstein me atrevo a asegurar
que todo en la vida es relativo
Mi filosofía
Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti. Yo sólo le pido a dios que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente porque todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Escucha caminante que no hay caminos, que se hace camino al andar y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Pero si en tu camino sólo existe la tristeza y el llanto amargo de la soledad completa y si no encuentras en esta tierra la alegría, búscala hermano más allá de las estrellas, mientras tanto saca de paseo tus instintos y ventílalos al sol y no dosifiques tus placeres, si puedes ¡Derróchalos!
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Sindicación




Caer está permitido, levantarse es una obligación
 
60.
Sentimientos imposibles de definir

Miles de preguntas sin respuestas que no cesan de rondar mi cabecita

A veces arriba

A veces abajo

Pero me estoy dejando llevar…

Como el camarón que se durmió



¿Dónde me llevará la corriente?
 
El rey Ciclotímico
Había una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era un buen rey. Pero el monarca tenía un problema: era un rey con dos personalidades. Había días en que se levantaba exultante, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos. Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.

En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos. Esos eran días en que el rey rebajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.

Sin embargo, había también otros días. Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado. Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aun más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. La idea de recibir gente en su despacho le aumentaba su dolor de cabeza. Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores...

Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO. Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.

—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera. Necesito de ustedes, señores, que trabajéis juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.

Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey. Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso. Esa noche el rey lloró.

A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia. Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio. Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero. El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.

—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo... Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.

El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:

Debes saber que ESTO también pasará.


Este cuento no lo he escrito yo, sino Jorge Bucay pero desde que lo leí me sentí identificada con el rey. Tantos altibajos y ningún anillo para recordar que todo pasará... a veces no hace falta, lo sabemos, pero nos dejamos llevar por el momento.

Hacía mucho que no publicaba nada que no hubiese escrito yo pero creo que le hace falta a alguien… Espero que sirva de algo ;)

Todo pasa...
 
Quien no arriesga... ¿no gana?
Siento que estoy aprendiendo a vivir, por fin estoy siguiendo ese consejo que tanto se me ha dado durante toda mi vida… “Quien no arriesga no gana” pero el miedo no me abandona. Sigo teniendo miedo de que alguien salga herido, de no dar todo lo que se espera de mí, de defraudar, de dañar.

Se que desde el principio dejamos claros los términos, pero ¿los dos pensábamos exactamente lo mismo? ¿Aceptábamos los dos las mismas condiciones? No voy a echarme atrás, no me arrepiento de nada, volvería a hacer lo mismo que hice una y mil veces más, pero sigo teniendo miedo…

¿Miedo a vivir?

 
Sola
Y nadie creyó que fuese un angel hasta que abrí mis alas

Rodeada de gente, tanta que la marea humana me llevaba, pero no dejaba de pensar que estaba sola.
 
Todo se tambalea bajo mis pies.
Vuelve un miedo que no sentía desde hace 3 años, un miedo que no creí sentir nunca a tu lado. Y es que el tiempo parece que cada vez me da la razón, la vida es cíclica y lo que te ocurre una vez te ocurrirá más veces a lo largo de tu vida. Solo me queda ya aprender como superarlo para que la próxima vez no me sorprenda tanto y no me deje con cara de tonta y pensando “¿otra vez?”.

No creí que volvería a temer quedarme sola, en aquel momento estabas tú pero ahora no sé quien estará para sostenerme y no caer o para ayudarme a levantar de la caída. No te reprocho nada, no has hecho nada malo pero creo que ambas sentimos cosas que no podemos evitar, tú amor y yo miedo. Espero que como la mayoría de mis temores este también sea infundado, pero algo dentro me dice que no.

Y es que tres son siempre multitud… imagina cinco!

Siempre me haces sonreir

Y ojo! Que no estoy depre ni mucho menos, tampoco hay un rollobollo ni nada que se le parezca, pero cuando te das cuenta de cosas inevitablemente tristes.. qué menos que un mini-réquiem por lo que un día fue. Si algún día muere de verdad... le haré el homenaje que merece.