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Caminaba por los pasillos de la universidad al lado de uno de sus numerosos ex novios, si bien este era el de mayor importancia y el único con el que todavía mantenía amistad, debido no se sabe muy bien a qué... Pero ahí resistía todavía un interés mutuo de saber del uno por el otro.
Mientras, le confesaba su descubrimiento: Era capaz de recordar con todo detalle las características de cada uno de ellos. Tanto las físicas: tipo de piel, altura, anchura de espalda, cantidad de bello, manos, pies, olor y textura del cabello... como las de carácter: su grado de neurosis, inteligencia, gustos, impulsos, obsesiones, relación con los padres, respuestas, motivaciones...
Se preguntaba si no sería esta su mayor afición, la de coleccionar arquetipos para después, en la intimidad, proyectar en su mente, de forma secreta, al novio ideal.
Nunca los había buscado. Ellos siempre acudían, de una forma u otra. Siempre les venía venir. Solo tenía que descartar un par de posibilidades y si el sujeto encajaba en un 75% con lo que podría ser un buen compañero, entonces se acercaba, dejaba "caer el pañuelo cerca". La mayoría de las veces, funcionaba. ¿Era este un ejercicio de manipulación? ¿O tan solo el desarrollo del mecanismo de la madre naturaleza?
Evidentemente ninguna de las relaciones superó los tres meses. Era a partir de la quinta semana cuando ellos comenzaban a darse cuenta de lo escalofriante que era aquello que habían llamado "atracción por la locura" y se daban de bruces con la realidad.
Ella era, sin lugar a dudas, una archivadora de fracasos. Empezaba a sentirse orgullosa de ello, aunque
por dentro la duda le carcomía. ¿Valía la pena enfrentarse a esta situación otra vez? ¿Se cansaría algún día de echar a perder los anzuelos? ¿Existía de verdad el amor? Mira - le decía - con aquel de la mesa del fondo duré dos semanas, y con este - decía bajando la voz - dos días... me pilló en muy mal momento. La operación... ya sabes. Aunque antes todavía estuve peor... pero ahora ya estoy bien, sí.
El otro intentaba calcular la cantidad de veces que había escuchado esas palabras salir de su boca. Había perdido la cuenta, como de las veces que había emitido su respuesta:
-
Es que tú, cuando estás en mal momento, lo arrastras todo detrás de ti. Hablaba desde el conocimiento en primera persona.
-
Si- dijo con un suspiro -
ninguno aguanta... ¿Y tú qué? ¿Cómo vas?
Se sentaron en una de las mesas y él sacó su teléfono móvil. En el fondo de pantalla estaba la foto de una chica.
- Pues ya ves... la verdad es que ella se te parece, ya sabes, ojos grandes, alta...
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No lo he escrito yo, sino
Mireia Pérez, pero bien podría salvo en unos puntos.
· A día de hoy no he conseguido mantener amistad con ningún chico con el que haya estado, puede que algo de contacto, pero no amistad.
· Mi memoria es nefasta, no soy capaz de recordar casi nada, sólo sensaciones y las cosas buenas, las malas en ocasiones me las tienen que recordar.
· Que no huyen ellos, huyo yo y aún tengo que descubrir por qué me acojona tanto una relación real y sólo soy capaz de embarcarme en relaciones sin sentido que no llegan a ninguna parte, puede que fuese un padre ausente en la infancia, algún que otro compañero de clase cabrón, malas experiencias, comienzo tardío en la materia... a saber, seguiremos investigando.
· Orgullosa no es la palabra. Yo elegiría atormentada.
· Que mis ojos no son grandes, creo que es lo único que no tengo grande, eso y el pecho pero siempre hay trucos para enmascarar la realidad ;)
