Sí
Laura, estoy de acuerdo contigo: a mi también me parece muy triste, me encantaría poder decir
“no me convienes así que hasta aquí hemos llegado, ya no voy a pensar más en ti ni me voy a plantear nunca más volver a estar contigo cuando quedemos o nos llamemos”. Pero es difícil, no soy fuerte ni valiente, nunca lo he sido y lo más sensato que puedo hacer es sacar a esa persona de mi vida voluntariamente y a costa de un disgusto. A pesar de que es algo complicado cuando ambos vivimos en una ciudad de 20km2, y con el agravante de vivir en el mismo barrio, salir por los mismos locales e incluso conocer a gente en común.
En palabras de Lucía Etxebarria (y creo que de algún que otro psicólogo) soy una persona emocionalmente dependiente, es una de mis múltiples limitaciones, pero me alegro de conocerla y aceptarla porque así podré llevarla mejor que luchando contra ella. Para ilustrar un poco cómo me siento voy a usar una metáfora (que ya veis que me gustan un poquito) que leí también en un libro de Lucía, aunque ya antes me habían hablado de ella…
gracias ;)Mi relación con mis ex’s es como la de una ex-alcohólica con el alcohol. Si fuese exalcohólica no pretenderíais que estuviese una hora delante de un vaso de whisky y que no le diese ni un sorbo ¿verdad? A pesar de que alguien que ha sido adicto al alcohol sabe que a la larga será malo para él o ella, también sabe que éste le va a dar un placer momentáneo y tiene que ser capaz de pensar en ese mal antes que en el momento ¿no?. Pues yo soy incapaz de estar en una misma sala con Mr.X y no pensar en darle un beso, porque me atrae, y aunque sé que a la larga será malo para mí es mayor la tentación, el placer del momento, pensar a medio/largo plazo es más complicado de lo que yo creía.
También me resulta difícil tener su número en mi móvil y no llamarle para vernos, cuando sé a ciencia cierta que dirá que sí, o tenerlo en mi Messenger y no estar todo el rato mirando qué nicks se pone o si cambia la foto (sería como tener botellas en el mueble bar y estar todo el día mirándolas a ver si se ha evaporado algo de alcohol). Para mí estar así es una tortura... así que prefiero no tenerlo tan a mano. Es cierto que tengo su número apuntado en una agenda pero también es verdad que un exalcohólico solo tiene que bajar al bar para tomarse un lingotazo… ya está en mí el no ir a mirar esa agenda para mandarle un sms.
¿Que me gustaría poder ser su amiga y quedar con él sin sentirme débil? Claro que sí, pero más me gustaría que él hubiese querido lo mismo que yo, estar juntos, y que ahora no tuviese que estar desenganchándome de él como de la droga. Ojala no tuviera que pasar nunca…
Pero una no siempre tiene lo que quiere ¿no?
Escribiendo esto he recordado un artículo de Paulo Cohelo que leí hace tiempo y que habla más o menos de lo mismo…
”Cerrando Círculos” se llamaba…