Día 10
Ayer fui a recoger algunas cosas a la casa en la que, teóricamente, aún vivo. Es decir, la casa en la que vive VN y en la que vive nuestro compañero de piso, DV. Y me encontré a DV en el sofá, enfermo (y con cara de enfermo):
- Bueno, DV, que me voy a ir del piso.
- Ah, vale.
Es cierto que no somos amigos del alma, que tiene unos horarios de lo más raros y que casi nunca coincidimos en casa, que tampoco hemos tenido nuca una conversación (seria)... pero llevo seis meses viviendo con ellos, y dos años saliendo con uno de sus mejores amigos. Y yo que sé, me esperaba algo así como estás bien?
En fin. Eso me pasa por esperar cosas.
- Bueno, DV, que me voy a ir del piso.
- Ah, vale.
Es cierto que no somos amigos del alma, que tiene unos horarios de lo más raros y que casi nunca coincidimos en casa, que tampoco hemos tenido nuca una conversación (seria)... pero llevo seis meses viviendo con ellos, y dos años saliendo con uno de sus mejores amigos. Y yo que sé, me esperaba algo así como estás bien?
En fin. Eso me pasa por esperar cosas.
Etiquetas: esperanza
(curiosidad)
Estoy en el trabajo, aburrida, en el google: buscando mi nombre (y su nombre), qué hacer con mi vida (y todo mi nuevo tiempo libre), cursos, sacarme el carnet, universidad a distancia, regalos originales, escapadas de fin de semana, qué he hecho yo para merecer esto... a saber.
Le pregunto: vale la pena volver a intentarlo?
Google me contesta: intentarlo vale la pena.
Asombroso, me digo.
Le pregunto: vale la pena volver a intentarlo?
Google me contesta: intentarlo vale la pena.
Asombroso, me digo.
Día 9
Digamos que sacrificas dos años de tu vida... otra vez, y acaba resultando que sales con un gilipollas. Cuando tu pensabas aquello de: seguro que en el fondo me quiere, lo que pasaba (en el fondo) es que el muy cabrón se estaba riendo de ti... Es que yo nunca digo cosas bonitas, es que trato mal a la gente que más quiero (que tengo más confianza, que suerte la mía), es que yo chateo y me mando fotos con chicas (medio desnudas) para divertirme, es que yo no digo que tengo novia tan facilmente, es que no vivimos juntos, cariño, compartimos piso... Y definitivamente, es que he perdido la ilusión, porque todo te molesta.
Vete a tomar por el culo, cariño, tanto que te empeñas.
Vete a tomar por el culo, cariño, tanto que te empeñas.
Etiquetas: colmo
Día 8
Como cuando te metes en la ducha, y no te duchas para nadie. Y nadie olerá lo bien que hueles ni saboreará lo bien que sabes.
Nadie que te espere a la salida del trabajo, nadie a quien llamar cuando te pasa eso tan importante (o cuando no te ha pasado aún), nadie con quien pasar las horas muertas. Nadie que te disfrute tal y como eres. Nadie que quiera entenderte o a quien quieras entender. Nadie a quien explicarle lo incomprendida que te sientes, a quien querer regalarle flores una mañana de sol.
Nadie a quien comprarle chocolate o a quien llevar a ese sitio que tanto te gusta y que solamente conoces tu. Nadie con quien tumbarte a hablar en aquel banco, que se de que te has cambiado la raya del pelo o de que estás pero no escuchas.
Nadie que te mueva el sillín de la bici. Nadie que te llame para saber que has llegado a casa sana y salva, que te lo estás pasando bien o que te aburres soberanamente. Nadie en quien pensar cuando te vas a dormir. Nadie con quien compartir tu vaso, tu toalla y tu cama.
Nadie.
Porque si hay algo peor que llorar sola, es llorar y que nadie te escuche.
Nadie que te espere a la salida del trabajo, nadie a quien llamar cuando te pasa eso tan importante (o cuando no te ha pasado aún), nadie con quien pasar las horas muertas. Nadie que te disfrute tal y como eres. Nadie que quiera entenderte o a quien quieras entender. Nadie a quien explicarle lo incomprendida que te sientes, a quien querer regalarle flores una mañana de sol.
Nadie a quien comprarle chocolate o a quien llevar a ese sitio que tanto te gusta y que solamente conoces tu. Nadie con quien tumbarte a hablar en aquel banco, que se de que te has cambiado la raya del pelo o de que estás pero no escuchas.
Nadie que te mueva el sillín de la bici. Nadie que te llame para saber que has llegado a casa sana y salva, que te lo estás pasando bien o que te aburres soberanamente. Nadie en quien pensar cuando te vas a dormir. Nadie con quien compartir tu vaso, tu toalla y tu cama.
Nadie.
Porque si hay algo peor que llorar sola, es llorar y que nadie te escuche.
Día 7
A mi también me gustaría estar (y querer, y que me quisiera) con alguien que fuera perfecto. Alguien que me entendiese a la perfección, que me diera exactamente lo que necesito, que me escuchara, que me quisiera, que me tratara como yo creo que debe hacerlo... pero no creo que exista esa persona. No creo que la perfección exista más de seis meses.
En realidad, es casi más bonito (me consuelo) querer a alguien, con sus defectos y sus virtudes, y darte cuenta de que eres capaz de darle algo a alguien a cambio de nada (a mi me parece bonito eso de sentirse tan bien con alguien que decides tratarle como se merece, o como crees que se merece, bla, bla, bla).
Pero nos enamoramos de quien nos enamoramos, y el único consuelo que nos queda es que esté dispuesto a entendernos (y ayudarnos, en la medida de lo posible).
Y si pasan los días y sigues teniendo ganas de dormirte en un abrazo (más que cualquier otra cosa), y si cada vez que te toca, aunque sea para secarte una lágrima de la mejilla, sigues teniendo cosquillas, después de tanto tiempo, tantos desengaños, discusiones y desilusiones, yo creo que es por algo: porque te compensa, como mínimo.
En realidad, es casi más bonito (me consuelo) querer a alguien, con sus defectos y sus virtudes, y darte cuenta de que eres capaz de darle algo a alguien a cambio de nada (a mi me parece bonito eso de sentirse tan bien con alguien que decides tratarle como se merece, o como crees que se merece, bla, bla, bla).
Pero nos enamoramos de quien nos enamoramos, y el único consuelo que nos queda es que esté dispuesto a entendernos (y ayudarnos, en la medida de lo posible).
Y si pasan los días y sigues teniendo ganas de dormirte en un abrazo (más que cualquier otra cosa), y si cada vez que te toca, aunque sea para secarte una lágrima de la mejilla, sigues teniendo cosquillas, después de tanto tiempo, tantos desengaños, discusiones y desilusiones, yo creo que es por algo: porque te compensa, como mínimo.
Día 6
Ahora mismo vuelvo a tener esa sensación de incertidumbre que tanto me incomoda y que tantas otras veces he sentido a lo largo de mi vida: y ahora qué? dónde me voy a vivir? que hago con mis cosas? vuelvo con mi madre? me atrevo con el cambio con el que nunca me atreveré pero que tanta falta me hace?
Lejos. Quiero irme bien lejos. Lo más lejos posible de todo este mundo corrupto que me lleva rodeando demasiados años. Demasiados, tantos... a saber, lo único que me apetece es sentarme a oscuras, en un silencioso rincón, y agarrarme las rodillas, meter(me) la cabeza dentro, y cerrar los ojos. Sin ver nada. Sin oir nada.
Sin sentir nada.

Lejos. Quiero irme bien lejos. Lo más lejos posible de todo este mundo corrupto que me lleva rodeando demasiados años. Demasiados, tantos... a saber, lo único que me apetece es sentarme a oscuras, en un silencioso rincón, y agarrarme las rodillas, meter(me) la cabeza dentro, y cerrar los ojos. Sin ver nada. Sin oir nada.
Sin sentir nada.

Día 5
Definitivamente, nos hemos rendido. Supongo que las cosas, a medida que va pasando el tiempo, se van desgastando. Y si no tienes la ilusión de verlo tan bonito como al principio, lo vas apartando poquito a poco (de tu vida) y llega un día en el que ni si quiera sabes dónde puede estar (esos días en los que te das cuenta de lo mucho que lo echas de menos).
Nos hemos rendido, como decía. La felicidad, al menos la aparente, no puede durar siempre. Y la infelicidad tampoco, me consuelo.
La vida sigue, hay muchas personas ahí fuera (o aquí dentro, quien sabe) y seguro que alguna es mejor para mí, me hace más feliz, me quiere más y me da lo que (más) necesito. Seguramente.
Pero yo tengo un (horrible) nudo en la garganta (otra vez), la piel de gallina de llorar en silencio y los pies fríos. Helados. Y ya no se acurruca a mi lado en la cama para que se me calienten. Ya no vale la pena hacerlo...
Nos hemos rendido, como decía. La felicidad, al menos la aparente, no puede durar siempre. Y la infelicidad tampoco, me consuelo.
La vida sigue, hay muchas personas ahí fuera (o aquí dentro, quien sabe) y seguro que alguna es mejor para mí, me hace más feliz, me quiere más y me da lo que (más) necesito. Seguramente.
Pero yo tengo un (horrible) nudo en la garganta (otra vez), la piel de gallina de llorar en silencio y los pies fríos. Helados. Y ya no se acurruca a mi lado en la cama para que se me calienten. Ya no vale la pena hacerlo...
Etiquetas: fin
Día 4
Yo soy celosa, pero supongo que celosa, como todo el mundo. Es decir, en plan charlita cada cierto tiempo de: oye, cariño, es que yo creo que si MN no tuviera novio y corriera a tus brazos, me dejarías incluso por teléfono. A saber, las posibilidades de que A lo deje con su novio son remotas. Y mucho más remotas son las de que corra a los brazos de VN.
Pero simplemente, supongo, igual que le pasa a todo el mundo: que tiene un mal día en el trabajo, o que algo le ha salido fatal, tiene un principio de crisis, o su madre le ha llamado para contarle no-se-que rollo familiar.
Porque lo único que me apetece cuando se lo digo (y que conste que lo digo cuando me lleva más de una semana rondando por la cabeza) es que me diga: caiñi, si yo te adoro.
Pero no.
Me estoy enfadando, me dice. Y ya no me apetece acostarme contigo. Ni hablar. Ni acercarme a ti. Ni te voy a dirigir la palabra en toda la noche. Ni mañana por la mañana. Ni mañana durante el día. Y cuando lleguemos a casa, a eso de las siete de la tarde, ya veremos si me apetece. Porque si le apetece, pues aqui no ha pasado nada, todos contentos, y yo me tengo que tragar mi mal día, mis neuras y ponerle buena cara. Y sonríe cariño, que siempre estás seria (claro, es que soy muy depresiva).
Y así siempre, cíclicamente, hasta que le mande a tomar viento (o él a mí).
Alguien dijo una vez: una relación termina cuando sacrificarse ya no vale la pena.
Pues eso.
Pero simplemente, supongo, igual que le pasa a todo el mundo: que tiene un mal día en el trabajo, o que algo le ha salido fatal, tiene un principio de crisis, o su madre le ha llamado para contarle no-se-que rollo familiar.
Porque lo único que me apetece cuando se lo digo (y que conste que lo digo cuando me lleva más de una semana rondando por la cabeza) es que me diga: caiñi, si yo te adoro.
Pero no.
Me estoy enfadando, me dice. Y ya no me apetece acostarme contigo. Ni hablar. Ni acercarme a ti. Ni te voy a dirigir la palabra en toda la noche. Ni mañana por la mañana. Ni mañana durante el día. Y cuando lleguemos a casa, a eso de las siete de la tarde, ya veremos si me apetece. Porque si le apetece, pues aqui no ha pasado nada, todos contentos, y yo me tengo que tragar mi mal día, mis neuras y ponerle buena cara. Y sonríe cariño, que siempre estás seria (claro, es que soy muy depresiva).
Y así siempre, cíclicamente, hasta que le mande a tomar viento (o él a mí).
Alguien dijo una vez: una relación termina cuando sacrificarse ya no vale la pena.
Pues eso.
Día 3
A veces pasan cosas que no pueden explicarse (ni verse, no razonarse o entenderse). Pero pasan, y ya está. Y cuando tienes la sensación de que algo es así... es difícil sacártelo de la cabeza.
Como por ejemplo, cuando escuchas a alguien hablando con alguien. Y notas cómo de especial es ese alguien para la otra persona, le llama niña, y se refiere a tí (la persona con la que vives porque, supuestamente, compartís vuestra vida y vuestro tiempo, bla, bla, bla) como esta. Pero no ha sonado despectivo, verdad? No, cariño, simplemente es que aún no eres capaz de ponerme nombre. No eres capaz de decir, cuando alguien te pregunta que qué tal te va la vida, que sales con alguien o, mejor, que vives con alguien. Que planeáis cosas, que os queréis, y que tenéis una pequeña casa llena de gatos, lavadoras, tuppers y toallas bordadas.
Y yo no soy capaz de entenderlo, me vas a perdonar.
Es que a mi no me sale decir esas cosas, cariño, ya lo sabes... Ya, claro, pero decirle a tus queridas-amigas lo guapas que estan, o lo mucho que las quieres, que las echas de menos, o llamalas niña sí que te sale, verdad? Es que han pasado muchas cosas juntos, me dice.
Igual el problema es ese.
Como por ejemplo, cuando escuchas a alguien hablando con alguien. Y notas cómo de especial es ese alguien para la otra persona, le llama niña, y se refiere a tí (la persona con la que vives porque, supuestamente, compartís vuestra vida y vuestro tiempo, bla, bla, bla) como esta. Pero no ha sonado despectivo, verdad? No, cariño, simplemente es que aún no eres capaz de ponerme nombre. No eres capaz de decir, cuando alguien te pregunta que qué tal te va la vida, que sales con alguien o, mejor, que vives con alguien. Que planeáis cosas, que os queréis, y que tenéis una pequeña casa llena de gatos, lavadoras, tuppers y toallas bordadas.
Y yo no soy capaz de entenderlo, me vas a perdonar.
Es que a mi no me sale decir esas cosas, cariño, ya lo sabes... Ya, claro, pero decirle a tus queridas-amigas lo guapas que estan, o lo mucho que las quieres, que las echas de menos, o llamalas niña sí que te sale, verdad? Es que han pasado muchas cosas juntos, me dice.
Igual el problema es ese.
Día 2
Llevo todo el día mordiéndome (lo que supongo que se llama) el carrillo. Igual es que me está saliendo una muela (y eso explicaría la fiebre de estos últimos días, la sangre al enjuagarme la boca, y la docena de mordiscos que llevo) y, en parte, eso me deja mucho más tranquila.
Mañana tenemos un cumpleaños al que no quiero ir. Porque quien cumple años MN, que es la típica amiga per-fec-ta de mi no-tan-perfecto novio, guapa y simpática (y delgada) a la que todo el mundo adora. Menos yo. De la que todo el mundo ha estado enamorado al menos una vez en la vida y por la que VN se recorría 700 km. un fin de semana sí y otro también. Porque somos amigos me dice. Pues bueno, le digo yo. Pero a mi no me apetece ir nada en absoluto.
Por otra parte, mañana mi madre nos ha invitado a comer. Aunque suene extraño (vivimos juntos desde hace ya cinco meses) será la primera vez que los siento a comer en la misma mesa (y que pasan más de media hora juntos en la misma habitación).
Cuando en realidad, lo que a mi me apetece hacer mañana es nada en absoluto. Es dormir hasta las tantas, desayunar a las tres de la tarde, coger la bici para dar un paseo hasta la playa, ir al cine a ver una de esas películas que necesita que me ponga las gafas, y pasear por la ciudad porque seguro que hace buen tiempo. O mejor, llamar a cualquiera de mis amigas, las que tengo olvidadas desde que trabajo tan en serio, e irnos de compras (pero de mentira), a cotillear toda la tarde para acabar comprándonos unas medias color mostaza que no nos pondremos nunca, y un bolso que acabará en el fondo del armario (pero, es que, era tan barato...) y luego, lo mejor: irnos a cenar, a tomar algo, y acabar medio borrachas hablando de cualquier guarrería.
Pero no. Me levantaré, me iré a comer a casa de mi (querida) madre, luego iremos a casa a ver qué me puedo poner (digamos que he engordado bastante últimamente y casi no me cabe la ropa que tengo en el armario) para salir, morirme del asco, poner buena cara, intentar hablar con alguien a quien vea despistado por ahí, y beber hasta perder el conocimiento o, al menos, la sensación de que no encajo en el antro de turno con el cumpleaños de turno. Antisocial, me llama el muy gracioso.
Para colmo, ya es invierno, ya se acerca el frío (aunque aún no haga frío), ya no sabes qué ropa ponerte para no acabar con la chaqueta de tres quilos en la mano, o con "las largas puestas", ya han cambiado la hora (y cuando salgo de trabajar es de noche), y ni si quiera tengo un buen libro que me enganche. Para colmo caí en la trampa de ver Saw IV (es que no aprendo, de verdad), lo que me hace ir perdiendo la fe (poquito a poco) en el cine de terror (hoy he leído que Eli Roth va a hacer una película de un libro-cuento-relato de Stephen King, a ver que tal). Y para colmo mi móvil prácticamente no funciona y estoy como incomunicada. Y mi novio, querido, está en la etapa de es mejor disfrutar del silencio, cariño, que decir cosas que no tienen interés.
Pero hoy me ha encantado la frase promocional de una película, 53 días de invierno (creo recordar), que dice:
“Si te das por vencido en invierno, te habrás perdido la primavera, el verano y el otoño“.
Cuánta razón.
Mañana tenemos un cumpleaños al que no quiero ir. Porque quien cumple años MN, que es la típica amiga per-fec-ta de mi no-tan-perfecto novio, guapa y simpática (y delgada) a la que todo el mundo adora. Menos yo. De la que todo el mundo ha estado enamorado al menos una vez en la vida y por la que VN se recorría 700 km. un fin de semana sí y otro también. Porque somos amigos me dice. Pues bueno, le digo yo. Pero a mi no me apetece ir nada en absoluto.
Por otra parte, mañana mi madre nos ha invitado a comer. Aunque suene extraño (vivimos juntos desde hace ya cinco meses) será la primera vez que los siento a comer en la misma mesa (y que pasan más de media hora juntos en la misma habitación).
Cuando en realidad, lo que a mi me apetece hacer mañana es nada en absoluto. Es dormir hasta las tantas, desayunar a las tres de la tarde, coger la bici para dar un paseo hasta la playa, ir al cine a ver una de esas películas que necesita que me ponga las gafas, y pasear por la ciudad porque seguro que hace buen tiempo. O mejor, llamar a cualquiera de mis amigas, las que tengo olvidadas desde que trabajo tan en serio, e irnos de compras (pero de mentira), a cotillear toda la tarde para acabar comprándonos unas medias color mostaza que no nos pondremos nunca, y un bolso que acabará en el fondo del armario (pero, es que, era tan barato...) y luego, lo mejor: irnos a cenar, a tomar algo, y acabar medio borrachas hablando de cualquier guarrería.
Pero no. Me levantaré, me iré a comer a casa de mi (querida) madre, luego iremos a casa a ver qué me puedo poner (digamos que he engordado bastante últimamente y casi no me cabe la ropa que tengo en el armario) para salir, morirme del asco, poner buena cara, intentar hablar con alguien a quien vea despistado por ahí, y beber hasta perder el conocimiento o, al menos, la sensación de que no encajo en el antro de turno con el cumpleaños de turno. Antisocial, me llama el muy gracioso.
Para colmo, ya es invierno, ya se acerca el frío (aunque aún no haga frío), ya no sabes qué ropa ponerte para no acabar con la chaqueta de tres quilos en la mano, o con "las largas puestas", ya han cambiado la hora (y cuando salgo de trabajar es de noche), y ni si quiera tengo un buen libro que me enganche. Para colmo caí en la trampa de ver Saw IV (es que no aprendo, de verdad), lo que me hace ir perdiendo la fe (poquito a poco) en el cine de terror (hoy he leído que Eli Roth va a hacer una película de un libro-cuento-relato de Stephen King, a ver que tal). Y para colmo mi móvil prácticamente no funciona y estoy como incomunicada. Y mi novio, querido, está en la etapa de es mejor disfrutar del silencio, cariño, que decir cosas que no tienen interés.
Pero hoy me ha encantado la frase promocional de una película, 53 días de invierno (creo recordar), que dice:
“Si te das por vencido en invierno, te habrás perdido la primavera, el verano y el otoño“.
Cuánta razón.





