Día 16
No es que odie, ni mucho menos, la Navidad. Es una época que me gusta dependiendo de la gente que tenga alrededor (recuerdo unas Navidades estupendas en las que vivía con mi amiga del alma y montamos un arbol que estuvo todo el año por casa, llenamos la parte de abajo de regalos, y salimos los días menos pensados... y nos lo pasamos de miedo). Pero vamos, hace dos Navidades que mi-novio-de-la-vida me dejó y me vi encerrada en un piso de 90m2 a 40km de toda mi familia, amigos y demás. Y casi me muero de la depresión. Las Navidades del año pasado, en cambio, fueron bien hasta el 2 de enero, pero eso ya es otra historia (ya estaba con VN, mi actual novio o como se le quiera llamar, y lo de dejarlo no era nada nuevo...).
El caso es que este año está siendo horrible, en esencia.
Primero, mi querido se ha ido sí o sí a ver a su madre, a 1000km, pese a mis pataletas, lloros, pucheros, enfados, rabietas, ultimatums, enfados y charlas interminables. Va a ser que lo que le digo le entra por una oreja y le sale por la misma. De manera que, ya que no me había tocado ni una triste devolución en la lotería (y mis planes de fuga se han visto truncados), hice la maleta, a 22 de Diciembre (fum, fum, fum) y desfilé para casa de mi madre.
Le llevé dos botellas de cava, intentando tener la fiesta en paz. Recogí un poco el piso, compré comida (de la que acostumbro a comer y no sé porqué mi madre acostumbra, a su vez, a no tener), mantita, y al sofá. Había pensado ir al cine con mi hermano (que me ha regalado un abrigo pre-cioso, de verdad), hablar con la familia, en fin, tener la fiesta en paz. Pero a las dos horas de estar allí, acurrucadita en el sofá, empecé a estornudar y no he parado hasta volver a mi casa, tres días después. Me pasé la cena de Nochebuena en la cama (que no se hacía en casa de mi madre), y el 25 de Diciembre (fum, fum, fum) estaba en urgencias rogándole al médico de guardia que me drogara para dejar de estornudar, de toser, y de ver y oír a cámara lenta. Vamos, que he llegado a un récord personal de 30 estornudos al minuto, gastando cuatro paquetes de paquetes de kleenex en la peor Navidad que recuerdo. Ni si quiera podía hablar más de 10 minutos con la gente que me ha llamado para felicitarme... Ha sido terrible, de verdad.
A día de hoy, cuando él ya está en casa, ya hemos tenido pequeña pelea, reconciliación, y ya volvemos a estar los tres delante de la tele como hipnotizados viendo (creo) una de James Bond, lo único que me queda es la nariz un poco seca y alguna herida en el labio (nada grave de cara a fin de año). Así que mañana ya estaré preparada para ir a comprarme la falda de bruja que he visto para Nochevieja, y algo de color mostaza que nunca volveré a ponerme.
Al menos no estoy empachada porque llevo cuatro días bebiendo infusiones para desayunar y sopa para comer y cenar.
De todas formas, Feliz Navidad! (de corazón)
El caso es que este año está siendo horrible, en esencia.
Primero, mi querido se ha ido sí o sí a ver a su madre, a 1000km, pese a mis pataletas, lloros, pucheros, enfados, rabietas, ultimatums, enfados y charlas interminables. Va a ser que lo que le digo le entra por una oreja y le sale por la misma. De manera que, ya que no me había tocado ni una triste devolución en la lotería (y mis planes de fuga se han visto truncados), hice la maleta, a 22 de Diciembre (fum, fum, fum) y desfilé para casa de mi madre.
Le llevé dos botellas de cava, intentando tener la fiesta en paz. Recogí un poco el piso, compré comida (de la que acostumbro a comer y no sé porqué mi madre acostumbra, a su vez, a no tener), mantita, y al sofá. Había pensado ir al cine con mi hermano (que me ha regalado un abrigo pre-cioso, de verdad), hablar con la familia, en fin, tener la fiesta en paz. Pero a las dos horas de estar allí, acurrucadita en el sofá, empecé a estornudar y no he parado hasta volver a mi casa, tres días después. Me pasé la cena de Nochebuena en la cama (que no se hacía en casa de mi madre), y el 25 de Diciembre (fum, fum, fum) estaba en urgencias rogándole al médico de guardia que me drogara para dejar de estornudar, de toser, y de ver y oír a cámara lenta. Vamos, que he llegado a un récord personal de 30 estornudos al minuto, gastando cuatro paquetes de paquetes de kleenex en la peor Navidad que recuerdo. Ni si quiera podía hablar más de 10 minutos con la gente que me ha llamado para felicitarme... Ha sido terrible, de verdad.
A día de hoy, cuando él ya está en casa, ya hemos tenido pequeña pelea, reconciliación, y ya volvemos a estar los tres delante de la tele como hipnotizados viendo (creo) una de James Bond, lo único que me queda es la nariz un poco seca y alguna herida en el labio (nada grave de cara a fin de año). Así que mañana ya estaré preparada para ir a comprarme la falda de bruja que he visto para Nochevieja, y algo de color mostaza que nunca volveré a ponerme.
Al menos no estoy empachada porque llevo cuatro días bebiendo infusiones para desayunar y sopa para comer y cenar.
De todas formas, Feliz Navidad! (de corazón)
Día 15
Hoy, en el ascensor, subiendo de desayunar, hemos tenido la típica conversación:
- Pues si a mi me tocara la Lotería de Navidad, me compraba un coche...
- O pagaba la hipoteca...
- O me pasaba las Navidades esquiando...
- O me compraba una casita de piedra en un pueblo perdido de los Pirineos...
- Pues yo (yo), aprovenchado la coyuntura (de que está fuera, visitando a la familia), me fugaba. Ni si quiera recogía mis cosas.
- Fírmalo.
- (...) No, no puedo.
Se me va la fuerza por la boca, qué le vamos a hacer.
- Pues si a mi me tocara la Lotería de Navidad, me compraba un coche...
- O pagaba la hipoteca...
- O me pasaba las Navidades esquiando...
- O me compraba una casita de piedra en un pueblo perdido de los Pirineos...
- Pues yo (yo), aprovenchado la coyuntura (de que está fuera, visitando a la familia), me fugaba. Ni si quiera recogía mis cosas.
- Fírmalo.
- (...) No, no puedo.
Se me va la fuerza por la boca, qué le vamos a hacer.
Día 14
(o la historia, que se repite)
- Cariño, que no voy a pasar el fin de año contigo.
- Pero es que ya le he pedido las entradas a LX...
- Pues le avisas. O es que no me crees? Es decir, te digo que si te vas tu solo te dejo y me voy a vivir con mi madre (aunque sea), y me compras entradas para la Fiesta de Fin de Año???? Puedes tomarme un poquito más en serio, por favor???
- Pero es que estamos bien, no entiendo por qué quieres dejarlo ahora...
- Porque no me llevas contigo. Yo también creo que estamos bien, por eso mismo pensaba que al final me dirías: pues vente conmigo!!
- Es que ya te lo he explicado (mil veces): no te llevo porque quiero desconectar y salir con mis amigos (que hace mucho que no los veo) y estar en mi salsa con ellos. Si tu vas, como no los conoces, voy a tener que estar pendiente de ti, de que estés bien, y no voy a pasármelo del todo bien.
- Ya, pero es que te vas seis días, y me estás hablando de una cena.
- Pero el resto del tiempo me lo pasaré encerrado en casa de mi madre, sin salir, y tu querrás salir, y tendrás que irte sola...
- Como he hecho otras veces??
- Si
- Y qué problema hay?
- Pues que discutiremos, y no me lo perdonaría...
- Pero si nunca hemos discutido por eso!!!
- (...)
- Y por qué quieres que pase Fin de Año contigo?
- Porque quiero estar contigo, porque te quiero (y eso).
- Y eso no vale para el día de Navidad? Es que no me gustaría salir contigo y tus amigos y que, por mi culpa, no te lo pases bien.
- No es lo mismo, ya lo sabes.
- No, no lo sé.
- Es que si no duermes en casa me va a tocar dormir en el sofá o algo de eso, que se quedan LX y LC a dormir, y ya sabes como son...
- Pues duerme con alguna.
- Vale, tu lo has dicho.
Y así, hasta el infinito.
- Cariño, que no voy a pasar el fin de año contigo.
- Pero es que ya le he pedido las entradas a LX...
- Pues le avisas. O es que no me crees? Es decir, te digo que si te vas tu solo te dejo y me voy a vivir con mi madre (aunque sea), y me compras entradas para la Fiesta de Fin de Año???? Puedes tomarme un poquito más en serio, por favor???
- Pero es que estamos bien, no entiendo por qué quieres dejarlo ahora...
- Porque no me llevas contigo. Yo también creo que estamos bien, por eso mismo pensaba que al final me dirías: pues vente conmigo!!
- Es que ya te lo he explicado (mil veces): no te llevo porque quiero desconectar y salir con mis amigos (que hace mucho que no los veo) y estar en mi salsa con ellos. Si tu vas, como no los conoces, voy a tener que estar pendiente de ti, de que estés bien, y no voy a pasármelo del todo bien.
- Ya, pero es que te vas seis días, y me estás hablando de una cena.
- Pero el resto del tiempo me lo pasaré encerrado en casa de mi madre, sin salir, y tu querrás salir, y tendrás que irte sola...
- Como he hecho otras veces??
- Si
- Y qué problema hay?
- Pues que discutiremos, y no me lo perdonaría...
- Pero si nunca hemos discutido por eso!!!
- (...)
- Y por qué quieres que pase Fin de Año contigo?
- Porque quiero estar contigo, porque te quiero (y eso).
- Y eso no vale para el día de Navidad? Es que no me gustaría salir contigo y tus amigos y que, por mi culpa, no te lo pases bien.
- No es lo mismo, ya lo sabes.
- No, no lo sé.
- Es que si no duermes en casa me va a tocar dormir en el sofá o algo de eso, que se quedan LX y LC a dormir, y ya sabes como son...
- Pues duerme con alguna.
- Vale, tu lo has dicho.
Y así, hasta el infinito.
Día 13
El otro día se me ocurrió ir al cine. No sé por qué elegí la última película de Ang Lee (con el momento tan sensible que tengo). Supongo que es porque me encantan las atípicas historias de amor que acaban mal. Dos horas treinta y ocho minutos, tengo que avisar. Y me gustó bastante. Y lloré bastante también.
El caso es que estoy en un punto muerto. Punto muerto porque vuelve a casa por Navidad y, en principio, iba a llevarme. Luego, un buen día, llegó a la conclusión de que prefería no hacerlo (porque tiene el presentimiento de que vamos a discutir) Yo por mi parte le dije que si se iba solo, me buscaba cualquier habitación en cualquier piso y me iba de casa (y de su vida, y para siempre, bla, bla, bla). Esto es un chantaje? Me contestó, y el sábado compró su billete.
Y yo me fui al cine, por no ponerme a llorar viendo el partido, con el compañero de piso a mi lado (y a su lado) en el sofá. Por sentirme libre, supongo, y descargar, pensar en otra cosa, y llorar por una relación que no sea la mía (o la nuestra, la de todos).
Y estas Navidades me quedo sola, con mi semana de vacaciones, con el compañero de piso y mi madre llamándome cada tres por cuatro para que vaya a su casa a pasar unos días y deje ya a este novio que tengo, que no me trae más que disgustos. También tiene cosas buenas, le explico. Pero ya se sabe, a las madres a cabezotas no las gana nadie.
Es cierto que nos va mal, un poco mal, al menos. No sabemos por qué, porque nos queremos bastante tirando a mucho, y nos echamos de menos, y lo que más nos gusta en el mundo es meternos en la cama, desnudos, juntos, y abrazarnos bien fuerte. Mejor si cerramos los ojos. Yo, incluso, echo de menos esa sensación cuando estoy en el trabajo, en medio de una horrible reunión. Pero eso ya son manías mías, supongo.
Pero yo creo que si nos va mal, pues nos aguantamos. Si nos va mal y queremos que nos vaya bien, pues hacemos esfuerzos, y pasamos tiempo juntos, y cuando salimos a divertinos, pues lo hacemos juntos. Porque si no, poco a poco, solamente pasaremos juntos los ratos en los que no sabemos qué (más) hacer, cuando no tenemos dinero, los domingos por la tarde que llueve y hace tanto frío que ni si quiera bajas a por tabaco. Y esos momentos no son buenos, ni se convertirán en los mejores, ni llegaremos a nada en ningún momento.
Cuando nos fuimos a dormir, después del cine, me dijo que no me fuera. Que no quería que me fuera. Que me quería. Pero que estaba triste, que todo le salía mal, y que quería desconectar unos días sin tener que preocuparse de nada más. Lo que no entiendo, le dije, es que si hay alguien que puede hacerte feliz, si puede irte bien en algo, quieras estropearlo y no lo tengas en cuenta.
Desde aquella conversación, estamos "como novios", felices y (casi) encantados de la vida: salimos y vamos de compras y de paseo y a comer por ahí, y hablamos y jugamos al Trivial y dormimos la siesta y nos abrazamos y me mira con ojitos y me explica que no va a hacer nada en Madrid, que no es que no me quiera, que no es que quiera que no vaya.
Pero no voy, le digo. Y lo peor de todo es que no sé por qué te haces elegir.
El caso es que estoy en un punto muerto. Punto muerto porque vuelve a casa por Navidad y, en principio, iba a llevarme. Luego, un buen día, llegó a la conclusión de que prefería no hacerlo (porque tiene el presentimiento de que vamos a discutir) Yo por mi parte le dije que si se iba solo, me buscaba cualquier habitación en cualquier piso y me iba de casa (y de su vida, y para siempre, bla, bla, bla). Esto es un chantaje? Me contestó, y el sábado compró su billete.
Y yo me fui al cine, por no ponerme a llorar viendo el partido, con el compañero de piso a mi lado (y a su lado) en el sofá. Por sentirme libre, supongo, y descargar, pensar en otra cosa, y llorar por una relación que no sea la mía (o la nuestra, la de todos).
Y estas Navidades me quedo sola, con mi semana de vacaciones, con el compañero de piso y mi madre llamándome cada tres por cuatro para que vaya a su casa a pasar unos días y deje ya a este novio que tengo, que no me trae más que disgustos. También tiene cosas buenas, le explico. Pero ya se sabe, a las madres a cabezotas no las gana nadie.
Es cierto que nos va mal, un poco mal, al menos. No sabemos por qué, porque nos queremos bastante tirando a mucho, y nos echamos de menos, y lo que más nos gusta en el mundo es meternos en la cama, desnudos, juntos, y abrazarnos bien fuerte. Mejor si cerramos los ojos. Yo, incluso, echo de menos esa sensación cuando estoy en el trabajo, en medio de una horrible reunión. Pero eso ya son manías mías, supongo.
Pero yo creo que si nos va mal, pues nos aguantamos. Si nos va mal y queremos que nos vaya bien, pues hacemos esfuerzos, y pasamos tiempo juntos, y cuando salimos a divertinos, pues lo hacemos juntos. Porque si no, poco a poco, solamente pasaremos juntos los ratos en los que no sabemos qué (más) hacer, cuando no tenemos dinero, los domingos por la tarde que llueve y hace tanto frío que ni si quiera bajas a por tabaco. Y esos momentos no son buenos, ni se convertirán en los mejores, ni llegaremos a nada en ningún momento.
Cuando nos fuimos a dormir, después del cine, me dijo que no me fuera. Que no quería que me fuera. Que me quería. Pero que estaba triste, que todo le salía mal, y que quería desconectar unos días sin tener que preocuparse de nada más. Lo que no entiendo, le dije, es que si hay alguien que puede hacerte feliz, si puede irte bien en algo, quieras estropearlo y no lo tengas en cuenta.
Desde aquella conversación, estamos "como novios", felices y (casi) encantados de la vida: salimos y vamos de compras y de paseo y a comer por ahí, y hablamos y jugamos al Trivial y dormimos la siesta y nos abrazamos y me mira con ojitos y me explica que no va a hacer nada en Madrid, que no es que no me quiera, que no es que quiera que no vaya.
Pero no voy, le digo. Y lo peor de todo es que no sé por qué te haces elegir.
Día 12
Perder las ganas, o la ilusión, o acostumbrarse o como quiera que se llame. Es como cuando tu hermano pica con el tenedor en la mesa, mientras la familia entera come, y solamente te molesta a ti. Te molesta muchísimo. Pero solamente a ti.
Supongo que llega un día en el que, aunque no le has dejado de querer, sí has dejado de hacerlo incondicionalmente. Ese es el día en el que la relación se ha terminado. Puedes llevarte bien con él, llegar a cierta armonía en (casi) todos los ámbitos. En la cama, todo puede ser estupendo. Con su familia, con la tuya, con los amigos, en cenas, en casa, haciendo la compra en el supermercado, yendo al cine a ver esas películas que tanto te gustan... Pero tus ganas de irte con él al fin del mundo, de perderos todo un mes por las montañas de vete a saber dónde con una tienda de campaña, han desaparecido. Y ya no van a volver. Por eso, la relación (como tal) ha terminado. Ahora sois amigos con derecho a roce. Muy amigos, y con mucho roce (dependiendo del caso), pero ya.
Ya no hay vuelta atrás.
Es el punto (kafkiano) de no retorno.
A partir de entonces, ¿qué sentido tienen las cosas?
Es cierto que soy una persona que adora los extremos porque es incapaz de tener un término medio, pero si a mi las parejas me han duran dos años, es porque cuando llego a esta especie de punto muerto, las cosas dejan de tener interés, y gracia, si me apuras.
Con lo estupendo que es querer a alguien incondicionalmente, que te llega el estómago de no-se-que-cosas, y te llena de cosquillas cada vez que te abraza, te besa, o te coloca el pelo...
Supongo que llega un día en el que, aunque no le has dejado de querer, sí has dejado de hacerlo incondicionalmente. Ese es el día en el que la relación se ha terminado. Puedes llevarte bien con él, llegar a cierta armonía en (casi) todos los ámbitos. En la cama, todo puede ser estupendo. Con su familia, con la tuya, con los amigos, en cenas, en casa, haciendo la compra en el supermercado, yendo al cine a ver esas películas que tanto te gustan... Pero tus ganas de irte con él al fin del mundo, de perderos todo un mes por las montañas de vete a saber dónde con una tienda de campaña, han desaparecido. Y ya no van a volver. Por eso, la relación (como tal) ha terminado. Ahora sois amigos con derecho a roce. Muy amigos, y con mucho roce (dependiendo del caso), pero ya.
Ya no hay vuelta atrás.
Es el punto (kafkiano) de no retorno.
A partir de entonces, ¿qué sentido tienen las cosas?
Es cierto que soy una persona que adora los extremos porque es incapaz de tener un término medio, pero si a mi las parejas me han duran dos años, es porque cuando llego a esta especie de punto muerto, las cosas dejan de tener interés, y gracia, si me apuras.
Con lo estupendo que es querer a alguien incondicionalmente, que te llega el estómago de no-se-que-cosas, y te llena de cosquillas cada vez que te abraza, te besa, o te coloca el pelo...
Día 11
Como la vida da muchas vueltas, ayer pasamos un día estupendo. Le compré y preparé su regalo de cumpleaños, fuimos como de compras y acabamos en una tienda de segunda mano con un nuevo (es un decir) mando para la play y un juego de descubrir cosas.
Luego fuimos a comprar chucherías, y acabamos comiendo peta-zeta con ocho galletas de la suerte (a 0.10 €) y nubes por todas partes.
Y nos animamos y fuimos a cenar a un japonés que nos encanta. Nos dieron la mesa de la entrada, pero la comida está buenísima! (yakisoba, tempura, makis, sushi y de postre, pastel de castañas, y para beber, Viña Esmeralda).
Al llegar a casa le di su regalo (le encantó, es lo más bonito que nadie ha hecho por mí en años, me dijo) y a jugar. Yo me quedé dormida, pero es que ando bastante cansada últimamente.
Y yo no me explico por qué tenemos tantos problemas y nos cuesta tanto querernos del todo.
Luego fuimos a comprar chucherías, y acabamos comiendo peta-zeta con ocho galletas de la suerte (a 0.10 €) y nubes por todas partes.
Y nos animamos y fuimos a cenar a un japonés que nos encanta. Nos dieron la mesa de la entrada, pero la comida está buenísima! (yakisoba, tempura, makis, sushi y de postre, pastel de castañas, y para beber, Viña Esmeralda).
Al llegar a casa le di su regalo (le encantó, es lo más bonito que nadie ha hecho por mí en años, me dijo) y a jugar. Yo me quedé dormida, pero es que ando bastante cansada últimamente.
Y yo no me explico por qué tenemos tantos problemas y nos cuesta tanto querernos del todo.